Una declaración de intenciones
Vivimos en un mundo en el que podemos trabajar desde cualquier parte con una simple conexión a internet, una pantalla y un teclado. Un mundo en el que va al alza el teletrabajo, dominado por eso que llamamos “la nube”, y en el que las compañías tecnológicas nos proporcionan herramientas cada vez más sofisticadas a la vez que sencillas de manejar. Un mundo en el que una mínima inversión puede abrirte las puertas a un sinfín de oportunidades, pero del que es sumamente fácil descabalgar si no sigues las evoluciones tecnológicas del día a día, tal es el ritmo de innovaciones constantes e infinitas al que nos someten.
También es un mundo en el que están de moda palabras como “minimalismo”, “simplicidad”. La precariedad de nuestro entorno nos obliga a sobrevivir con los mínimos recursos y no faltan gurús que nos venden espiritualidad para llenar una existencia en la que aparentemente todo está a nuestro alcance pero en la que la mayor parte de las metas devienen irrealizables. No queda otra que buscarse la vida, apañarse con lo que tenemos e intentar prosperar a base de ingenio, “resiliencia” (otra palabra de nuestros tiempos) y maximizando las posibilidades que tenemos más a mano.
Este blog nace con la vocación de ayudar tanto a los que trabajan por cuenta propia como a los empleados de grandes y pequeñas empresas, o a los que simplemente quieren aprovechar mejor las posibilidades tecnológicas que nos brinda el presente para maximizar su productividad y disponer de otra de esas utopías que dicen que nos mejoran la vida: el tiempo libre. Aquí no vamos a descubrir nada nuevo, hay páginas tecnológicas que ahondarán mucho mejor en las especificidades de cada gadget o de cada nueva aplicación. La idea por la que me he decidido a abrirlo nace de la constatación de que la mayoría de personas de mi entorno laboral, gente que va de los treinta a los sesenta, no entiende las enormes posibilidades que ofrecen esos cacharros frente a los que se sientan cada día, desaprovecha muchas herramientas que se hallan a su disposición pero que no son evidentes, y en general se encuentran encallados en una forma de trabajar que depende de la tecnología pero que para ellos no ha evolucionado desde hace lustros. Es aquello de “si así me funciona, ¿para qué voy a esforzarme en aprender nuevas formas de trabajar?”
Desde siempre me ha gustado lo que los anglosajones denominan “low-cost tech”. Cuando era joven y todo el mundo iba con relojes sofisticados a mí me gustaban los Swatch, por baratos, divertidos e intercambiables. Mi móvil favorito de siempre es el Nexus 5 de Google y la tableta de la que guardo mejor recuerdo es el primer Nexus 7 (el de Asus de plástico, no el metalizado que vino después). Objetos poco costosos, de un material resistente, que si se arañaban o se estropeaban no suponía ningún descalabro, y durables como el que más. Con el tiempo me he ido sofisticando y ahora mis herramientas de trabajo son un iPad Pro del 2018 y un iPhone, pero no utilizo nada más, ni siquiera un portátil, y soy capaz de realizar mi trabajo con la misma calidad y eficiencia (incluso mayor) que mis compañeros que disponen de laptop, sobremesa, pantallas de 27’’ y teclados con ratones ergonómicos. Obviamente no me dedico ni al diseño gráfico ni soy arquitecto, ni tampoco edito videos de alta resolución que subo a Youtube tres veces al día. Soy como la gran mayoría de la gente de ahí fuera: contesto mails, hago videoconferencias, construyo Excels, Power Points y PDFs, utilizo SAP como ERP de empresa, manejo una agenda laboral y personal, entro en webs de bancos, hago las compras online y mi entretenimiento básico consiste en leer libros electrónicos y alguna que otra serie de streaming. Y, aunque parezca imposible, disfruto de mi tiempo libre.
Si eres de los míos y quieres aprender algún que otro truco para perder menos el tiempo y aumentar tu productividad con la mínima inversión, sígueme y entre todos intercambiaremos técnicas que nos ayuden a rentabilizar el tiempo que dedicamos a nuestras tareas cotidianas, apoyándonos en las posibilidades tecnológicas y las analógicas (también existen) que ignoramos a pesar de saber que están ahí. La idea es simplificar nuestro día a día para llegar a simplificar nuestra vida, reducir el estrés en la medida de lo posible e intentar no haceros perder el tiempo si leéis esta página. El hecho de que me haya decidido por Tumblr en vez de por su hermano mayor, Wordpress, ya es toda una declaración de intenciones: sencillo de publicar, fácil de seguir y de intercambiar opiniones, sin mucha de la parafernalia que adorna los websites más complejos. Bienvenido.