He comenzado a escribir una historia... y supongo que queda bastante claro de que va ¿verdad?
Os voy a dejar aquí el inicio porque me gustaría saber vuestra opinión porque poco a poco está creciendo y puede que se convierta dentro de poco, en algo lo bastante grande como para sacarla a la venta.
Comenzó como un fanfic, pero luego me tocará cambiar algunas cosas, entre ellas, los nombres.
Capítulo 01
12 de Noviembre de 2009
Hola, TK.
¿Debería llamarte Tyler o de un modo diferente? ¿TK es demasiado cercano? A lo mejor no te gusta que use ese nombre porque no nos conocemos.
Lo siento, sé que suena muy extraño, pero no se me ocurría cómo empezar a escribirte. Después de todo eres un extraño que vive en el otro extremo del país y esto no es más que una tarea para el instituto.
Pero bueno, perdón de nuevo porque no me he presentado. Me llamo Carlos Reyes y voy al instituto aquí en Austin… aunque tú no estás aquí. Vale, da igual. Encantado de conocerte (si quieres responderme, claro).
El profesor nos ha dicho que contemos a nuestro “nuevo amigo” algo de nosotros, pero sabes, es muy raro. Porque no te conozco y no sé por qué tengo que contarte mi vida. ¿Y si eres un psicópata que ahora viene a mi casa para hacernos daño a mi familia y a mí?
Pues para que lo sepas, mi padre es ranger y yo voy a ser policía, así que si eres un psicópata no vengas a mi casa, acabarás en la cárcel… o peor.
Creo que me he pasado un poco para ser el primer mail que te mando.
¿Demasiado, verdad?
Bueno, al menos ya sabes que soy un controlador nato o por lo menos eso dice mi padre, que ha hecho muchos cursos de psicología en el trabajo y que me pongo nervioso con las cosas nuevas y de las que no entiendo mucho.
Ya está, ya sabes algo sobre mí y ahora soy yo el que parezco un psicópata o por lo menos eso me parece a mi. ¿Qué crees tú? Mierda estoy hablando con una pantalla de ordenador y te imagino riéndote de mí y mandando este correo a la basura porque no quieres saber nada de mi.
¿Debería decirte algo más? ¿Qué más puedo contarte? Tenemos la misma edad… creo. Soy pésimo en arte, pero soy el más rápido de mi clase para resolver los problemas de matemáticas. Gano todas las pruebas de atletismo, porque soy el más rápido de mi año también corriendo. Creo que pillaré a todos los delincuentes cuando intenten darse a la fuga.
Me gusta mucho leer, eso sí.
¿Me puedes recomendar algún libro nuevo que estés leyendo? Dicen que las novedades salen primero en New York.
¿New York es tan fantástica como dicen? Desde aquí, oímos hablar de New York y parece un sitio increíble y de fantasía como si fuera de la Tierra Media. Pero en realidad, está a dos horas de avión. No está tan lejos y cuando tenga dinero, tengo intención de ir y visitarla bien.
Ahora mismo estoy muy interesado en conocer mejor las culturas anteriores a la colonización europea y he visto que hay varios museos en New York donde hay cosas muy interesantes. ¿Es así?.
¿Compartimos algún gusto? El señor Taylor dice que nos han juntado por afinidades.
La verdad es que, si te soy sincero, tengo mucha curiosidad por saber quién eres.
Un saludo,
Carlos
13 de Noviembre de 2009
¡Hola, Carlos!
Encantado de hablar contigo. TK Strand, aquí, en el piso número 20 del centro de New York. ¿Eres de Texas? He visto muchas películas; bueno, a mi padre le gustan mucho los western, así que no he visto cómo es Texas hoy. Pero igualmente suena exótico para mí.
Vale, TK, puedes llamarme TK porque no me gusta que me llamen Tyler; cuando lo hacen pienso que he hecho algo malo. Así me llaman mis padres y los profesores, así que imagínate. Se me ponen los pelos de punta cuando lo escucho. La he cagado cuando alguien pronuncia ese “Tyler” y además con ese tono de que nada bueno ha ocurrido.
Así que por favor, TK, nada de Tyler, o Ty o Tigre o… cualquier otra cosa que se te pueda ocurrir. Siempre pienso que ya han sacado todos los motes posibles con mi nombre y mi diminutivo en el instituto y siempre sale el listo de turno con una nueva variante, una que hace gracia a todo el mundo y de la que todo el mundo se ríe de mí.
Perdona. Tú serás un controlador nato, pero yo me pongo a divagar con cosas... con cualquier cosa. Mi madre dice que tengo que centrarme en los estudios. Mi padre suele estar más tranquilo, porque su gran sueño es que siga sus pasos.
¿Quién es mi padre? Para mí es un héroe y para todos los que salvó el 9/11 y en sus años de bombero también. ¿Sabes que cuando era niño pensaba que mi padre era un superhéroe? Por eso empecé a leer cómics. ¿Te gustan los cómics? Este último año no he podido leer mucho, tenía la cabeza en otras cosas; pero tengo un armario lleno.
No te he dicho nada personal todavía sobre mí, ¿verdad? Me dedico a hablar de otras personas y al final, suelo no hablar de mi.
Vamos a ver. Me preguntas lo qué me gusta. Me gustan mucho los cómics, pero eso ya lo sabes. Los estudios… Bueno, sé cómo suena, pero soy sincero si te digo que estudiar no es lo mío. Eso está volviendo loca a mi madre.
Pero soy bueno en Educación Física, eso ya lo tenemos en común, y a mí el Arte se me da bien, me gusta dibujar y a lo mejor…. es bastante complicado, pero a lo mejor podría dedicarme a algo por el estilo. Siempre me ha gustado dibujar y cantar tampoco se me da nada mal; pero no es que le haga mucha ilusión a mi padre imaginarme haciendo ninguna de las dos cosas.
Dice que solo unos pocos pueden dedicarse a la música o a lo de dibujar y pintar, que hay que ser el mejor y meterle muchas horas… No es que me llame vago, no pienses eso, pero si que soy poco constante a la hora de mantener rutinas. Como he dicho antes, me disperso con facilidad.
Además, ponerme delante de un libro me aburre mucho. Si tengo que estudiar, puedo aprenderme lo que haga falta y saco la mejor nota, pero leer… sinceramente no es lo mío.
A mí también me dijeron que nos juntaban por afinidades, pero la verdad es que nos veo muy diferentes.
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También os podréis llegar gratis o a un precio muy económico estos días la primera parte de mi saga de licántropos, con un poco de ayuda y apoyo, sacaré pronto la segunda parte. ¿Queréis saber como va a seguir la vida de nuestros muchachos?
Estoy que lo tiro con varias de mis historias porque estoy trabajando en dos historias más y que os puedo comentar si os pasáis por este Tumblr y me seguís.
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Michelle sacó dos cervezas de la nevera y le entregó una a Carlos. Sin embargo, su amigo se quedó mirando la botella y la dejó en la mesa de café.
“¿Cómo sabes si le gustas a alguien que ha salido corriendo al despedirse de ti?”
“¿Qué tal si me das un poco más de contexto?” le dijo su amiga, tras sentarse en el sofá a su lado.
“He tomado café con alguien hoy.”
“Oh, ¿Cómo una cita? Finalmente, ya era hora.”
“Bueno, no era una cita exactamente…” Carlos se puso a pensar, tomar algo con el padre de uno de tus alumnos mientras hablas de los miedos del niño no podía ser considerado una cita. “No, desde luego no era una cita, ha sido una reunión de padres tomando café.”
Michelle le lanzó una mirada asesina y Carlos se echó a reír hasta casi escupir la cerveza. Dejó la botella sobre la mesa y se cruzó de brazos. No era muy amigo de hablar sobre sus intimidades, ni siquiera cuando estaba con su mejor amiga, pero Michelle tenía la capacidad de sonsacarle cualquier cosa.
“¿Qué tal si dejas de ser tan críptico y me dices de qué estás hablando y qué ha pasado en esa no cita tan profesional? En primer lugar, ¿quién es el misterioso desconocido que te ha comido el cerebro y hace que te brillen los ojos?”
“En realidad ya le conoces, trabaja contigo, en la 126. TK Strand.”
Michelle le dio un golpecito en el hombro a su amigo, se acercó a la mesa y le ofreció la botella de cerveza de nuevo, mientras dejaba salir una risita divertida.
“Tienes buen gusto, TK Strand es muy guapo.”
“Lo sé, es un 10, Michelle.” Carlos le dio un largo trago a la cerveza. “Pero no puedo salir con el padre de uno de mis alumnos, no sería ético.” Dejó escapar un suspiro, apoyó la cabeza en el sofá y miró las gotitas de agua helada recorrer la botella de arriba abajo. “Cassie es un crío maravilloso y no quiero que se haga ideas raras y tampoco quiero… no sé, creo que he metido la pata y he hecho a su padre salir corriendo.”
Carlos le contó cómo habían ido las cosas con TK durante su encuentro, todo lo que habían hablado y cómo al final, las cosas se habían vuelto extrañas y como TK había escapado de su intento por conocerle mejor.
“¿De que estábais hablando para que se sintiera incómodo?”
“No lo sé… bueno, en realidad sí. Creo que, sin querer, le presioné para que me contara qué era lo que le tiene tan angustiado estos días.”
“Oh no.” Dijo Michelle y bebió su cerveza hasta casi terminarla.
“Oh sí. Sabes como soy, quiero ayudar a todo el mundo y más cuando se trata de alguien que me importa. Puedo ser muy pesado.”
“Pesado y agobiante, a veces.”
“¡No era mi intención!” Protestó Carlos, subió los pies descalzos al sofá de su amiga y se abrazó a sus rodillas. Luego apoyó la barbilla en ellas y miró al infinito.
“Lo sé cariño, es tu forma de ser, necesitas ser de ayuda para todo el que tienes a tu alrededor.”
Carlos protestó pero sabía que su amiga tenía razón. Cuando se volcaba con alguien podía ser demasiado intenso, sus padres se lo habían dicho, Michelle. Cualquier que le conociera, le decía de vez en cuando, que debía ir más despacio con algunas personas. TK era una de ellas.
“TK no ha contado mucho sobre sí mismo, pero se nota que necesita tiempo, cariño. Por lo que nos ha dicho, su pasado no ha sido en absoluto fácil y todavía le pesa, no fue bonito. Así que probablemente, solo tienes que ir despacio. Conociéndote, seguro que logras abrir un agujero en su coraza.”
“Sabes algo, ¿verdad?” Preguntó Carlos nervioso.
Michelle respiró con fuerza y se puso un poco más cómoda en el sofá. “Sé un poco, pero no es una historia que yo deba o pueda contar. Solo te diré que Cassie no llegó al mundo en las mejores de las situaciones.”
“El otro padre de Cassie… le hizo daño a TK ¿verdad?” dijo por no usar las palabras que realmente estaban pasando por su cabeza. Michelle lo miró seria. “No me ha dicho nada, TK tiene miedo de su pasado, teme que vuelva a pasar y teme lo que la gente pueda pensar si lo cuenta. Sus ojos lo dicen todo.”
Los dos se mantuvieron en silencio un momento.
“Por lo que sé, no fue un acto consentido.”
“Joder y yo voy y le presiono para tener una cita cuando seguramente está dándole vueltas en la cabeza a lo que pasó. Soy un cretino y es normal que TK no quiera volver a verme más que en reuniones de padres.”
Michelle se echó a reír y le dio unos golpecitos en la pierna a su amigo.
“A veces nadie diría que eres un tío tan inteligente. TK necesita un amigo, alguien que no le mire y le reconozca como el hijo del capitán Strand, no como la víctima de lo que le pasó entonces. Sé su amigo, acércate a él sin pretensiones, sin asustarle.”
“¿Y cómo se supone que hago eso?” Carlos dejó salir un pequeño bufido de desesperación. “Me gustaría ser algo más que amigos con TK.” Carlos se rascó la cabeza porque de pronto esas palabras sonaban muy mal.
Si lo pensaba bien, apenas conocía al padre de Cassie. Podía decir que le gustaba, como le gustaba cualquier tipo al que veía y le parecía especialmente guapo. Le gustaba porque mirarle era muy fácil y le hacía sonreír.
Sus ojos verdes mostraban ternura y obviamente había tristeza en ellos. TK era, al menos físicamente, el tío perfecto para Carlos y ahora no podía quitárselo de la cabeza. Desde luego, tenía un enorme bagaje emocional y una parte de su pasado tan pesada, que una nueva relación para TK, con quien fuera, iba a ser muy complicada.
De pronto, el pensamiento de Carlos decidió ser, especialmente pedante.
¿Por qué no ser esa persona que se encontraba ahí para TK? ¿Por qué no ser la persona que se lo ponía fácil y le servía de hombro en el que llorar, cuando hacía falta? También estaba dispuesto a ser el compañero con el que comer pizza los sábados por la noche junto con Cassie, o el que le pusiera fácil dar el primer paso para sentirse dispuesto a dar un beso a alguien.
“Te has quedado embobado.”
“¿Qué?” Preguntó Carlos mirando a su amiga, con una enorme sonrisa dibujada en los labios.
“Que por lo visto se te pone cara muy tontorrona cuando piensas en TK.”
“No estaba… Vale, sí, estaba pensando en él, pero solo porque me ha dejado preocupado, pero apenas le conozco y quiero ayudarle, sé que tiene gente en el cuartel, pero hablando con él, no sé, parece estar solo, parece no tener a nadie en quien confiar de verdad. ¿Cómo me hago su amigo?”
“Ven al firehouse mañana. TK tiene turno, pero si no aparece ninguna emergencia pasaremos todo el día en el cuartel. Se sentirá cómodo con el equipo y tendrás oportunidad de hablar con él.”
Carlos abrió los ojos como platos.
“Michelle, ¿Qué dices? No conozco a nadie allí y sé cómo me van a mirar cuando me acerque a TK, su padre y todos me van a mirar con ese gesto de juzgarme y pensar que soy un peligro para él.”
“No te van a morder, si eso es lo que te preocupa, tranquilo. El 126 es un buen equipo, protector, mucho, pero una gente estupenda.”
“Bueno supongo que debería hacerte caso, tú los conoces.”
*
Después de un día complicado y lleno de malos recuerdos, TK se despertó de buen humor escuchando las risitas de Cassie mientras preparaba el desayuno con su abuelo. Se apoyó en la puerta de la cocina y los observó a los dos.
No culpaba a Carlos por las pesadillas o por no poder sacarse a Dennis y sus colegas de la cabeza. Tarde o temprano siempre volvía. El doctor Franklin le decía que le acompañarían toda la vida, pero debía aprender a convivir con ellos como una parte de su pasado.
Todavía, a pesar de que habían pasado años, le hacía daño ver la cara de Alex en su memoria, pero estaba aprendiendo a dejarlo marchar con el paso de las horas. Cuando aparecían en sus sueños solía ser peor, porque le acompañaban durante toda la noche y se despertaba empapado en sudor.
Aquella mañana por suerte, tenía motivos para sonreír.
Owen y su nieto se parecían mucho, todo el mundo decía que Cassie era la versión pequeña de Owen, hablaba como él, hacía los mismos gestos y empezaba a tener los mismos gustos en la cocina que su abuelo. Sin embargo, si había una parte que a TK le gustaba de sí mismo, eran sus ojos y Cassie tenía esos mismos ojos verdes y su sonrisa; aunque TK no dejaba salir la suya muy a menudo.
“¡Papá!” dijo el niño corriendo hasta él y le enseñó el plato de tortitas que tenía en las manos y que acababa de preparar con Owen.
“Buenos días hijo.” Owen le hizo un gesto para que se acercara. “Anoche parecías tan cansado cuando te fuiste a dormir que no quería molestarte esta mañana. Además le había prometido a este bichito hacer tortitas con él.”
“Papá,” comenzó a decir TK.
Le costaba hablar de sus sentimientos con todo el mundo y por mucho que quería darle las gracias por estar siempre ahí cuando lo necesitaba, siempre había una parte de él que sentía que cualquier persona podía usar cualquier cosa que pensara o sintiera en su contra.
La última vez que había abierto su corazón a alguien, Alex, ese tío que creía podía quererle, le traicionó y le hizo vivir la peor pesadilla imaginable. Cassie había sido el resultado, el mejor que podía haber sacado de aquella noche de película terror de las malas. Pero el precio personal que había tenido que pagar a nivel personal había sido extremadamente alto y todavía lo estaba sufriendo.
Alex suponía ahora no confíar en nadie, temer que cualquier persona le iba a hacer daño, imaginar lo peor de todo el que se le acercaba. Había conocido un poco mejor a Carlos, el profesor de su hijo el día anterior y deseaba creer que era la gran persona que su corazón le decía. Pero su parte más racional y temerosa le decía que tuviera mucho cuidado porque había pensado lo mismo de Alex una vez y las cosas habían terminado muy mal.
Pero ver a su hijo feliz correteando por la cocina intentando evitar que su abuelo le acertara cada vez que lanzaba harina contra él, valía siempre la pena.
“Si quieres decirme algo hijo, te recuerdo que todavía no he perfeccionado mis capacidades telepáticas.”
TK se echó a reír.
“Tienes razón, lo siento. Estaba pensando…” Agitó la cabeza, sus pensamientos no eran los mejores y no merecía la pena volver a ellos. “Cassie, papá, quería daros las gracias por estar ahí por mi ayer.” Cassie dejó caer los hombros y recibió el último disparo de harina de su abuelo, pero Owen le ayudó a subir a uno de los taburetes de la cocina. “Los dos sabéis mejor que nadie que a veces tengo malos días… sueños malos por la noche.” Los dos asintieron, pero le dejaron seguir hablando. “Pero vosotros, mi padre y mi hijo siempre estáis ahí para protegerme y yo sin embargo apenas os doy las gracias u os digo nada al respecto.”
“Oh mira Cassie, tu papá se ha levantado melancólico,” dijo Owen para intentar quitarle importancia al momento y que Cassie no se diera cuenta de lo profundo de lo que estaba diciendo su padre.
“¿Qué significa melancólico?”
“Qué si tu padre no se toma pronto el desayuno, llegará tarde al trabajo y su capitán, que resulto ser yo, se va a enfadar.”
TK le hizo una mueca y tomó asiento justo antes de que Owen le pusiera delante una taza de café.
“¿Has hablado con Jenny?”
“TK, desayuna tranquilo. Jenny vendrá en veinte minutos y se quedará con Cassie, irán al parque, le hará la comida y le traerá por la tarde al cuartel para que podamos ir a tomar el helado favorito de tu hijo. Lo tengo todo pensado, así que termina de desayunar, vete a por tus cosas…”
“Y date una ducha.” Los dos se quedaron mirando a Cassie de rodillas en su taburete. “¿Qué? Es lo que siempre me decís vosotros, que me tengo que dar una ducha antes de ponerme la ropa limpia.”
“Y luego dicen que se parece más a su abuelo; pero si es una copia tuya en miniatura.” protestó Owen intentando parecer ofendido, pero en realidad estaba sonriendo, orgulloso de sus dos muchachos. “Vamos, todos tenemos que prepararnos.”
Fue un día tranquilo en el firehouse. Mucha gente pensaba que ser bombero significaba siempre una vida apasionante, llena de peligros, pero en realidad, la mitad del tiempo estaban tranquilos, limpiando las herramientas, rellenando papeleo y pasaban el rato hablando y charlando.
Por eso, cuando Carlos apareció allí, con una enorme caja de donuts en las manos, las miradas de todo el mundo se centraron en él. Michelle lo miró desde su despacho en la parte de arriba del cuartel, Paul estaba en la cocina, Mateo estudiaba con Marjan para el examen de bombero que estaba cada vez más cerca. Judd por su parte tenía un libro entre manos y Owen contestaba a unos mails.
Pero todos, pasados unos segundos, estaban mirando con curiosidad al recién llegado.
TK se acercó al profesor de su hijo, sin saber cómo debía reaccionar a la visita.
“¿Qué haces aquí?”
“Quería pedirte perdón por cómo me comporté ayer.”
Todos los miembros de la 126 simulaban estar haciendo otra cosa pero como había sospechado Carlos, eran extremadamente protectores con TK y no paraban de moverse a su alrededor para poder prestar atención a lo que estaba ocurriendo entre ellos.
Carlos se dio cuenta que Judd, con su gran altura y su aspecto de guardaespaldas y hermano mayor, se ponía tenso y Owen dejaba de teclear en el ordenador; ambos preocupados por lo que sus palabras podían significar, si había hecho o dicho algo que molestara a TK.
“No te preocupes por eso, Carlos. No pasó nada, tuve un mal día y…”
“Te hice sentir incómodo y lo siento. Debería haberme focalizado a hablar de tu hijo en el colegio. En lugar de eso intenté que me dijeras cosas de las que no estabas preparado para hablar, como si yo fuera un psicólogo o yo que sé quién. De verdad persona, solo pretendía ser amistoso contigo.”
Carlos podía notar ahora las miradas de todo el equipo puestas en él, aunque la de Judd era más bien la mirada amenazante de alguien que estaba a punto de tirársele encima si TK se lo pedía y Owen le miraba como el padre protector al que no le gustan las amistades de su hijo y estuvo a punto de salir corriendo, pero cogió con más fuerza la caja de donuts y la extendió hacia TK.
“Carlos, no hacía falta. Te prometo que lo de ayer fue… un mal día que tuve. Está todo perdonado.” TK se dio cuenta que Carlos estaba histérico y miraba a su alrededor y luego a él, casi pidiéndole auxilio, así que miró también, en torno a sí mismo y se dio cuenta que eran el centro de atención. Se echó a reír y decidió romper la tensión. “Ya que estás aquí y que nos has traído la merienda, puedo invitarte a tomar un café o a lo mejor prefieres un té y si te ganas a mi padre, puede que te deje hacerte un chocolate caliente en su máquina italiana, profesional y extremadamente cara.”
Carlos levantó la mirada hacia donde había visto que se encontraba el despacho del capitán, le había visto un par de veces en el colegio cuando había ido a dejar o a recoger a Cassie. Prefería no llamar su atención, porque ya había visto que no le había quitado la vista de encima desde que había puesto un pie en el cuartel.
“Gracias pero con un café normal y corriente estaré bien.”
Pero Owen estaba ya bajando las escaleras y como si de un gran Mufasa en los primeros minutos del Rey León, enseñando a todos cuáles eran sus dominios y sobretodo quien mandaba a allí y quien le arrancaría la cabeza si le hacía algún daño a su familia, se acercó a él antes de permitirle escapar.
“De eso nada.” Le dijo con voz grave y segura. “En mi casa no se toma café de sobre ni de microondas mientras pueda evitarlo. Para eso, encargué esta máquina a la fábrica de Florencia. Quiero pensar que por eso hace un café tan bueno.”
TK se volvió hacia su padre y luego hacia Judd y les hizo un gesto para que se quedaran tranquilos. Todavía le sorprendía lo rápido que había cambiado Judd a la hora de tratarle. Ahora era su hermano mayor y como tal, el trabajo del otro bombero era cuidar de él y partirle la cara a cualquier cretino que se acercara a él.
Carlos y TK se mantuvieron en silencio un momento, Carlos no sabía qué decir o cómo comenzar una conversación por miedo a asustar de nuevo a TK y el bombero había perdido la costumbre de tener una conversación con otro hombre, sobre todo uno tan atractivo como Carlos.
“No debería haberme marchado así ayer. Seguro que pensaste que soy un poco paranóico.”
Carlos negó con la cabeza tras dar un primer trago al café que acababa de ponerle delante Owen.
“No soy tan idiota y superficial como pude parecer ayer. Me di cuenta que hay algo que te hace daño, algo personal y yo solo te hice más doloroso el momento con mis preguntas. No espero que me cuentes nada. Soy el profesor de tu hijo y me tengo que centrar en eso. El resto, no es algo donde debo meterme.”
TK respiró profundamente y dejó caer los hombros. Aquella mañana había tenido una revelación, estúpida por otra parte porque debería tenerlo claro ya. Pero el caso era que había gente que se preocupaba por él, como su equipo en la 126, gente que le quería como su padre y Cassie y gente a quien debía darle una oportunidad si quería dejar, en algún momento de estar solo vivir alrededor de un pasado traumático.
Carlos podía entrar en el tercer grupo si se lo permitía, por mucho que, en un primer momento, le diera miedo.
“No me siento cómodo hablando de mi mismo, pero imagino que es importante que tú sepas el tipo de familia de tus alumnos, si su ambiente es estable y…”
“TK, no pretendía. Lo siento. Me pasé, no debí acosarte a preguntas y no volverá a pasar, pero me preguntaba si para disculparme podía invitaros a Cassie y a ti a tomar un helado un día de estos.”
Se escuchó un murmullo en el cuartel y a ninguno de los dos les pasaron desapercibidas las risitas del resto del equipo.
“Eres el profesor favorito de Cassie de todos los que ha tenido desde la guardería.”
“No tengo mucho mérito, seguro que no recuerda ni los nombres de sus profesores en la guardería.”
“Te aseguro que mi hijo tiene una memoria increíble y hablará de ti durante muchos años. Le hará mucha ilusión quedar contigo fuera de la clase y tenerte todo para él.”
Michelle apareció en la cocina, con la excusa de que quería prepararse un té.
“Creo que Mr Carlos, como le llama tu hijo, quiere quedar con los dos, con Cassie y contigo. Es totalmente inofensivo, te lo prometo, le conozco bien y si hace o dice algo que no debe, te prometo que tendremos una conversación, en mi casa y con mi madre delante o se lo diré directamente a su padre, que por cierto, me adora.”
Carlos hizo una mueca y se puso pálido al escuchar eso, lo cual hizo que TK perdiera la tensión del momento y se echara a reír.
“Vale, sabiendo que voy a estar protegido por todo un ranger y por mi propia capitana, acepto la invitación al helado, pero tenemos que ir a River Jump, es el sitio favorito de Cassie. Es peligroso para él por todas las camas elásticas y piscinas de bolas, pero está todo recubierto de goma espuma. Tendrás que compartir conmigo los ataques de pánico porque mi hijo se pueda hacer daño.”
“Me encanta la idea,” respondió Carlos pero se dio cuenta rápidamente de lo que acababa de decir. “No que tu hijo se haga daño, claro, pero pasar la tarde con vosotros.”
Se despidieron y TK lo vio marchar al mismo tiempo que todo el equipo se acercaban para robar un donut de la caja que había traído Carlos. Judd le puso una mano en el hombro y TK se volvió.
Prompt: Su prompt es muy simple y al mismo tiempo muy complicado, pero en cuanto lo leí, apareció en mi mente. Se trataba de coger mi momento favorito y hacerlo más angsty todavía. ¿Con qué he decido jugar? Pues con un capítulo que creo que no se aprovechó del todo en lo que a potencial de Hurt Carlos posible se trata. El secuestro de Carlos en el 4x04. Supongo que sabéis de lo que estoy hablando.
Resumen: Tras una fuerte discusión, Carlos se había ido para investigar pero TK no había vuelto a saber de él. Sabía que estaban detrás de un asesino en serie y una sensación dentro de él le decía que algo horrible le había pasado a Carlos. Tenía que encontrarlo antes de que fuera demasiado tarde; porque el aire se acababa allí abajo, no había mucho entre tanta tierra que le estaba asfixiando.
TK había perdido ya la cuenta de las horas que Carlos llevaba desaparecido. No había dormido la noche anterior, desde que no había regresado a casa y ahora se acercaba el atardecer del segundo día sin más pistas que el caso en el que estaba metido su novio.
¿Por qué tenían que haber peleado? ¿Por qué tantas inseguridades? La sola idea de no volver a Carlos y saber que la última conversación que había mantenido con él había desembocado en todo aquello, le revolvía el estómago.
Ahora Gabriel hablaba de un asesino en serie y de víctimas que no habían encontrado nunca. El esfuerzo de no pensar en que Carlos podía ser la siguiente víctima a la que nunca encontraría, le estaba provocando una terrible migraña.
Para cuando TK quiso darse cuenta, las pistas le habían llevado al farmacéutico, a su casa, a su madre y la idea de que esa mujer era cómplice de todo lo que había hecho su hijo; igual que lo era ahora de la desaparición de Carlos.
Si había alguien que pudiera decirles donde estaba su prometido, era esa gente, pero por lo visto esa gente estaba lo bastante mal de la cabeza como para dejarle morir delante de su propio padre y ranger.
Gabriel estaba demasiado calmado y TK no lo comprendía. Ese hombre había secuestrado a su hijo; no tenían pruebas para demostrarlo, pero tanto él como TK lo sabían, lo tenían delante. ¿Cómo era posible que no pudieran hacer nada?
TK había conseguido convencer a Gabriel de volver a pesar de no saber por donde tirar o qué decirle a ese hombre o a su madre.
“Déjame hablar por favor.” Le pidió TK.
“Sabes que no hay nada que podemos hacer, mijo.”
“No hay nada que puedas hacer como ranger. Yo quiero hablar con esa mujer como una madre y mostrarle como me siento de verdad. Que estoy asustado por Carlos, que le quiero tener de vuelta.”
Tras un momento de duda, Gabriel aceptó.
*
Carlos intentó abrir los ojos, pero en seguida la tierra y la porquería que le rodeaba le cayeron encima y tuvo que cerrarlos de nuevo. Lo mismo le pasó con la boca. Quiso gritar para intentar pedir ayuda, pero no pudo, porque la tierra que le habían echado encima, penetraba hasta el fondo de su garganta.
Quiso toser, pero no pudo, se imaginó que con cada bocanada de aire que intentaba tomar, cada respiración, cada segundo que pasaba, la tierra, cada grano de tierra se iba apoderando de su cuerpo.
Dejó de respirar un momento para hacer memoria.
Recordaba el caso, recordaba, el túnel, las chicas desaparecidas, Iris. Todas las imágenes volvían él unas encima de otras. Luego había llegado ese hombre, no le había visto bien, había aparecido por detrás le había golpeado y le había secuestrado.
Había despertado atado a la cocina. Había pasado un buen rato, horas seguramente, hablando con su madre y casi había convencido que le soltara. Se la había ganado hablándole de su madre y de TK. Se había mostrado una mujer comprensible y cariñosa.
Luego… No pudo seguir pensando, necesitaba respirar, pero le habían dejado ahí metido, bajo tierra… lo cual le hizo entrar en pánico, estaba oscuro y la tierra lo cubría todo. Pero también estaba el malestar y lo complicado que era pensar.
Conocía la sensación, al menos en teoría. Lo había estudiado, porque jamás había probado las drogas. Pero había estudiado mucho, sobre todo desde que TK había entrado a formar parte de su vida. Quería estar preparado para ayudarle.
Así que ahora sabía que le habían drogado y sabía que su cuerpo estaba sufriendo las consecuencias de una sobredosis de algo preparado para matarle.
Se preguntó qué era lo que le mataría primero, lo que le hubieran inyectado, la falta de aire o simplemente el tiempo haría su trabajo y moriría de todas formas.
Pensó en TK en que la última vez que se habían visto habían peleado y decidió que no podía ser ese el último recuerdo que su novio tuviera de él. Así que tenía que luchar, como fuera, por mucho que le costara, por muy grande que fuera el sufrimiento.
Iba a volver con TK, porque TK le iba a encontrar.
*
La mujer les abrió la puerta de la casa con un gesto de sorpresa. Tenía un delantal manchado de harina y una música proveniente de un antiguo tocadiscos sonaba en el salón.
“Oh, vaya, ranger Reyes, no esperaba que regresara tan pronto. ¿Ha encontrado alguna pista sobre el caso?”
TK dio un paso adelante, miró a los ojos a la mujer y rozó su mano con la suya.
“No tenemos pruebas, pero sabemos que su hijo ha hecho algo malo a Carlos, el policía que vino investigando ayer, mi prometido; igual que ha matado a todas esas chicas por las que vino preguntando.”
“Ah, Carlos, sí, me acuerdo de él. Era un joven muy guapo y muy listo.” Dijo la mujer, mientras se limpiaba las manos en el delantal y se tomaba su tiempo para pensar las palabras que iba a decir a continuación. “Demasiado creo y sé que no debería decir esto, pero supongo que si habéis vuelto…”
“Señora, Carlos lleva más de un día desaparecido, sabemos que estuvo aquí, desapareció aquí y su hijo… nos falta solo una prueba para detenerle por secuestro y asesinato de varias jóvenes. ¿Quiere ser usted cómplice? ¿Quiere ser cómplice de la muerte de un policía?”
TK sintió que se le cerraba la garganta al decir esas palabras.
La expresión de la mujer también cambió. Dio un paso adelante, miró al exterior, a ambos lados de la calle y luego acarició la mejilla de TK, en un silencio demasiado largo para que pudiera soportarlo.
“Ranger Reyes supongo que entenderá lo que supone proteger a un hijo ¿verdad? Eso es lo que estoy haciendo por mi hijo.”
“Lo que está haciendo es proteger a un asesino.” Respondió TK. “Por favor, ¿Carlos le habló de mi? ¿Tuvo ocasión de decirle algo de nosotros?”
“Claro que sí, cielo, Carlos me dijo tantas cosas de ti, de lo mucho que te quería. Por eso me da tanta pena decirte ahora que llegas demasiado tarde.”
TK sintió que se le doblaban las piernas, pero logró quedarse en pie, mirando fijamente a la mujer a la espera de una respuesta.
La respuesta llegó cuando la mujer les puso delante una pequeña cesta de mimbre con los restos de un teléfono móvil y les entregó una camiseta ensangrentada. No era más que una camiseta blanca, pero se parecía mucho a la que llevaba Carlos cuando se había marchado de casa la noche anterior.
“¿Qué significa todo esto? ¿Dónde está Carlos?”
“Mi hijo se ocupó de él, como de todas las otras chicas.”
TK no dejó de mirar la sangre y solo pudo imaginar lo que ese hombre había hecho con Carlos. Estaba seguro que su novio se había defendido; no se lo habría puesto fácil y aún así necesitaba ver su cuerpo, si realmente estaba muerto, necesitaba recuperarlo y enterrarlo si de verdad le había ocurrido lo que esa mujer decía.
“No, Carlos no puede estar muerto, yo lo sabría. Su padre lo sabría.” Dijo TK señalando a Gabriel detrás de él.
*
Estaba casi seguro que tenía la pierna atrapada, pero lo cierto era que todo su cuerpo estaba atrapado entre una montaña de tierra. Quería moverse, intentarlo por lo menos, pero se sentía momificado, solo que las vendas eran litros y litros que alguien le había echado encima.
Mientras intentaba pensar con el poco aire con el que contaba y las menos fuerzas que le restaban el cuerpo, imaginó que su atacante había hecho las cosas deprisa y corriendo. Después de todo, con un poco más de tiempo, habría sido más cuidadoso y le habría dejado completamente enterrado.
Habría sido muy sencillo enterrarle del todo.
No habría llegado a despertar. Se habría asfixiado antes de abrir los ojos.
En cierto modo habría sido una muerte más dulce y tranquila que lo que le esperaba ahora.
La agonía del tiempo que tenía por delante solo iba a retrasar lo inevitable si TK y su padre no llegaban a tiempo. Podía tener unos minutos más de aire, tal vez más, tal vez menos; difícil de calcular en la oscuridad y el silencio.
Estaba agotado, herido, asustado y ya le costaba respirar. Además las drogas o lo que estuviera recorriendo su cuerpo, discurría con total libertad y a sus anchas.
“TK… si puedes…. si pudieras oírme… lo siento.”
*
Pero las pruebas llegaron desde la farmacia en la que trabajaba aquel hombre, TK había dado en el clavo al decir que las víctimas debían tener algo en concreto y que la receta debía ser la clave.
Ese hombre se confiaba demasiado, se creía muy listo, pero se le había acabado la fiesta.
Gabriel recibió la llamada desde la comisaría de que lo habían detenido en su camino a la farmacia. Se movía con naturalidad, no temía ser descubierto, no le importaba haber secuestrado, ni haber hecho daño a un policía. Estaba de camino al trabajo cuando lo habían detenido y su madre hablaba del delito como si se tratara de un entrenamiento de fútbol o algo de igual importancia.
Nada de lo que estaba ocurriendo tenía sentido y tanto madre como hijo tenían un grave problema mental. Pero en cualquier caso, en ese momento, lo más importante era dar con Carlos. Porque nada se lo quitaba de la cabeza a TK, Carlos estaba vivo y precisamente por eso no podían perder más tiempo y dar con él cuanto antes.
“Señora, acabamos de detener a su hijo por todos los crímenes que ha cometido.” Dijo Gabriel. TK lo conocía bien y sabía que estaba haciendo un gran esfuerzo para ocultar el miedo y la desesperación que sentía y que necesitaba estampar en alguien. “Usted sabe también como nosotros que su hijo es un hombre muy peligroso y que ha hecho cosas horribles.”
“Esas chicas… intenté ayudarlas, pero ellas no entendieron que todo era por su bien. Mi hijo solo les quitó el sufrimiento. Vivía en la calle.”
TK asintió, deseaba gritarle y decirle que eran una familia de asesinos psicópatas y que debían encerrarlos para toda la vida y tirar la calle al fondo de un volcán. Pero simplemente asintió por el bien de Carlos y por tenerle de vuelta, con vida.
“¿Y Carlos? ¿También él se lo merecía? ¿Se lo merece?” Lo único que podía repetirse era que Carlos no estaba muerto.
Gabriel se apartó un poco al recibir una llamada, pero volvió un momento más tarde, llamó la atención de TK con su mano en el hombro y esperó a que se volviera.
“Tengo a ese desgraciado al teléfono.”
“¿Es mi hijo? ¿Puedo hablar con él?” Los dos miraron a la mujer, pero ninguno contestó.
“¿Quieres hablar tú o prefieres dejar que lo haga yo?”
TK le hizo un gesto a su suegro para que pusiera el manos libres en el teléfono.
“¿Dónde has metido a Carlos?” Dijo sin más miramientos.
“Créeme, muchacho, no quieres saberlo.” La voz sonaba fría y confiada. “No sería bonito encontrarlo ahora.”
“¡No te he preguntado tu opinión, maldito bastardo! Has hecho daño a Carlos. Dinos dónde está y qué has hecho con él.”
Gabriel agarró a TK del brazo para que se calamara, conocía muchos criminales como ese hombre. Sabía cómo dominar la situación, cómo hacerles perder los nervios y así, cómo evitar contestar a sus preguntas y darles la información que ellos querían.
“Carlos está vivo, lo sé y tú puedes evitar una muerte más.” Consiguió decir TK un poco más calmado. “Dinos dónde está, por favor.”
“Me han dicho que estáis en mi casa, con mi madre. Estáis más cerca de él de lo que pensáis.”
TK no esperaba que Gabriel perdiera el control tan pronto, pero lo cierto era que el ranger llevaba aguantando la presión el mismo tiempo que él, viendo las fotos de las chicas muertas, sabiendo que aquel hombre había asesinado a todas esas muchachas y que su hijo seguramente había sido el siguiente, había corrido la misma suerte.
Lo que era de extrañas era, en realidad, que hubiera aguantado tanto tiempo sin saltar.
“¡Maldito cabrón! Déjate de rodeos y dinos de una puta vez donde está mi hijo. Vas a pasarte el resto de tu vida en la vida en la cárcel, no añadas motivos para pasarlo mal allí dentro. ”
“Tu hijo no debería haberse metido en medio.”
“Pero lo hizo.” Contestó TK. “Ese es Carlos, el que siempre intenta hacer el bien. No se merece sufrir más por tu culpa. Dinos lo que le ha pasado y dónde está.”
Se hizo un momento de silencio y por un momento, tanto TK como Gabriel temieron que aquel hombre no quisiera decirles nada más.
*
Era el final, lo sentía, su cuerpo se apagaba y lo peor era que no lo estaba haciendo despacio, no. Parecía que su propio cuerpo quería que se diera cuenta que se estaba muriendo y que no iba a salir de allí… donde quisiera que fuera allí.
La oscuridad iba a ser el único testigo de su fin y por mucho que gritara, que no podía, nadie le iba a escuchar.
TK no le iba a escuchar, no se iban a ver nunca más. No podría decirle a la cara lo mucho que sentía esa última discusión. Estaba nervioso y podría haber hecho mil cosas en lugar de discutir con la persona que más necesitaba tener cerca.
Pero ya no había remedio, ahora solo le quedaba esperar los momentos finales y ver que ocurría primero; la falta de aire, las drogas, un ataque al corazón o todo al mismo tiempo y desde luego, sin TK.
“Adiós, baby. Te quiero.”
*
“Hizo demasiadas preguntas, las equivocadas, y tuve que improvisar un poco, no me gusta improvisar.” Dijo por fin el hombre al otro lado del teléfono.
“¿Donde está, joder? Dinos dónde está o te mataré.”
Gabriel arrebató el teléfono de manos de TK.
“¡TK no! No puedes decir algo así.”
“Me da igual. Carlos no está muerto, pero si perdemos más tiempo, lo estará.”
Había perdido de vista a la anciana, pero la señora seguía en la puerta de la casa. Dio un paso hacia él y le tomó las manos.
“Lo siento cielo, pero tu prometido ya no está con nosotros, no podría ahí abajo, mi hijo se ha asegurado de ello.” TK abrió la boca para decir algo, pero la mujer siguió hablando. “Por eso le cerró a cal y canto por el camino por el que vino a nuestra casa, para que nadie más pueda venir.”
“¡Mamá, cállate!”
Entonces, de repente TK recordó lo que la policía había estado investigando sobre aquella casa y la casa de al lado donde había desaparecido Iris. No se podía creer que se le hubiera pasado.
Pero finalmente lo había recordado y eso significaba que estaban a pocos instantes de dar con Carlos.
“Gabriel, el túnel. Hay un túnel en la otra casa y si no me equivoco, está unido a esta casa. Carlos está ahí abajo.”
La pesadilla de Carlos comenzó cuando TK no regresó a casa una hora después de terminar el turno. Algo iba mal, lo sentía. Él lo llamaba instinto, de policía, Andrea, maternal, Owen, experiencia y lo peor era odiar no estar equivocado y saber que algo malo le había ocurrido a TK cuando Sam le llamó.
“Sam, dime que has encontrado a TK; dime que está bien.”
“Veo que esperabas malas noticias,” dijo su compañero al otro lado del teléfono.
Pairing/Fandom: Tarlos - 9-1-1 Lone Star
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Hurt TK StrandEmotional Hurt/ComfortHurt/ComfortEstablished Carlos Reyes/TK StrandSoft Carlos Reyes/TK StrandTK Strand Loves Carlos ReyesTK Strand Needs A Hugtarlos familyRapeDrugsReferences to DrugsRape/Non-con Elements
Notas:
Como ya sabéis he vuelto a reabrir mi cuenta, así que estoy volviendo a publicar mis historias. Por eso que no os sorprenda que vuelvo a publicar fics que ha publiqué, unos ya terminados en su momento, otros que a lo mejor se quedaron sin final.
En este caso, me han sido pedidos un par de historias, así que por orden de petición aquí os dejo el primer capítulo de esta historia que muchos habréis leído ya, pero que tiene un toque de adaptación, por lo que la he alineado con el final de la serie, con Jonah como parte de la familia, Sam como compañero de Carlos, Gabriel ya no está entre nosotros, pero Owen no se ha ido a ninguna parte.
**Aviso**
Como hago siempre que pongo temas complicados, pongo el aviso para los corazones a los que nos les gusten historias sobre non/con, abuso sexual, drogas y similares... si ya me vais conociendo y seguís por aquí, entonces sabéis a lo que ateneros.
Pero para la gente nueva que comienza a leerle, por favor mucho cuidado, no asustaros y que sepáis que si no os gustan las cosas para +18 y duras, no comencéis esta historia.
Avisados quedáis.
Carlos miró el reloj. Conocía perfectamente el tiempo que le costaba a TK llegar a casa desde el cuartel, a veces había un poco más de tráfico y el autobús se retrasaba quince minutos. Pero había pasado más de una hora y su marido todavía no había llegado, aunque lo peor era que no contestaba al teléfono ni a sus mensajes.
Le había escrito un par de mensajes y ni siquiera los había leído. Le había llamado y no le había contestado. Carlos no era el tipo de persona que se dejaba llevar sin motivo por la angustia, no siendo policía y sobre todo cuando se trataba de TK; pero, en esta ocasión, lo sentía dentro, sentía que algo iba mal, algo le había ocurrido a su marido.
Llamó a Owen con la esperanza de que se hubiera quedado en el cuartel hablando con él, bromeando con los compañeros, incluso esperaba que se hubiera quedado dormido después de un día demasiado largo.
“Hey, Carlos.” Había sorpresa en el tono de la voz de su suegro. Eso solo podía significar que no sabía dónde estaba su hijo.
“Hola, Owen, dime que sabes dónde está TK, dime que está todavía por allí.”
“No, la verdad es que TK se marchó para casa en cuanto terminó el turno. Ya ha sido bastante complicado el día para él. ¿Por qué? ¿No ha llegado a casa?”
“No, le estoy esperando desde hace un buen rato pero nada. Le he escrito, le he llamado… Owen TK no contesta.”
“Oh, mierda. Voy a preguntar a Tommy, Nancy y los demás.”
“Owen, cuando has dicho que ha sido un día complicado para TK, ¿a qué te referías?”
“Su última llamada ha sido dura. Un chaval, menos de veinticinco, sobredosis, han hecho todo lo que han podido, pero lo han perdido.”
“Oh, no.”
“Exacto. Cuando ha vuelto, estaba, ya sabes… callado, se le veía triste, tocado, pero no ha querido hablar del tema. Ha cogido sus cosas y en cuanto ha llegado la hora, se ha marchado. Ha dicho que iba directamente a casa.”
“Mierda… voy a salir a buscarlo, tal vez ha querido venir andando y no quiere hablar con nadie.”
Entre las muchas opciones que tenía por la cabeza, Carlos pensó que esa era la mejor por la que TK no quería contestar le a sus mensajes y llamadas sin ponerse en peor.
Mientras hablaban, Carlos escuchó una nueva llamada entrante en el teléfono. Lo miró y al ver el nombre de Sam sintió que dejaba de respirar. Cómo odiaba saber que su instinto siempre era correcto.
Por un momento había pensado estar exagerando por ponerse en contacto primero con su compañero que con su suegro o por pensar cosas horribles. Ahora sin embargo se daba cuenta, que en realidad, no se había preocupado lo suficiente.
Le dijo a Owen que lo llamaría en cuanto supiera algo, aunque sabía, por mucho que intentara creer lo contrario, que no le iban a dar buenas noticias.
“Sam, dime que has encontrado a TK; dime que está bien.”
“Veo que esperabas malas noticias,” dijo su compañero al otro lado del teléfono.
“Joder, Sam, corta el rollo,”Dijo Carlos con tono seco y seguramente más duro de lo que pretendía. “no espero malas noticias, solo quiero que mi marido vuelva casa. ¿Dónde está? ¿Qué ha pasado?”
“Estamos a dos manzanas de tu casa, el callejón de atrás del Target Market.” Carlos sabía que eso estaba a diez minutos del loft. ¿Por qué TK no había llegado a casa entonces? “No sé cómo decirte esto de un modo que suene menos terrible de lo que es,” El ranger hizo un silencio, un par de segundos pero eternos para Carlos y agradeció que Jonah estuviera pasando el fin de semana con su madre. “pero alguien le ha dado una paliza a tu marido, Carlos. Ya he pedido una ambulancia, pero la cosa es seria.”
Carlos salió de casa como un rayo, con el móvil como único acompañante en el bolsillo y casi se dejó las llaves. Echó a correr, no recordaba haber llegado jamás a ningún sitio tan rápido. En cuanto llegó, reconoció la ambulancia de la 126 y las figuras de Nancy y Taylor, el nuevo compañero que tenían en la ambulancia, allí.
Se miraron, había terror en los ojos de los tres, pero ninguno dijo nada. Carlos fue el primero en llegar al fondo del callejón, donde tres agentes de policía habían hecho un círculo y en medio estaba TK, tirado en el suelo, sollozando y hecho un ovillo con su propio cuerpo.
En cuanto lo vio aparecer, Sam se acercó y le hizo apartarse un momento, antes de que llegara hasta TK para poder hablar con él. Sabía gestionar el protocolo, pero también sabía ser un buen amigo.
“Déjame pasar.”
“Ahora, pero escucha. No nos ha dejado acercarnos a ninguno de nosotros, nos tiene miedo… a todos a Gillian y su compañero. Espero que contigo sea diferente, pero tienes que ir con pies de plomo.”
“Tiene miedo a nuestros uniformes,” dijo uno de los policías con el tono de quien no entiende cómo eso era posible, incluso parecía ofendido.
Carlos los hizo apartarse, a Sam también. Poco le importaba quién más estuviera allí. Se arrodilló delante de TK, aunque también con él su marido dio un respingo, pero se calmó al reconocerlo. Carlos le ofreció las manos y TK las cogió, con las suyas temblorosas, los ojos enrojecidos, uno medio cerrado por haber recibido más de algún golpe y pequeños gemidos de animal herido y aterrorizado en medio de la una cuneta.
“TK, mi amor, soy yo, Carlos.”
“.Car..Los.” Dijo TK desviando la mirada rápidamente. Había algún motivo por el que TK no se atrevía a mirarle a los ojos.
“Sí, soy yo.” Carlos alargó la mano lentamente y acarició la mejilla de TK, como si de un perro herido en medio de la carretera se tratara, “¿Puedes mirarme?”
“Duele mucho,” gimió TK y levantó la vista. Le habían golpeado en la cara, tenía un par de moratones serios y un golpe en la sien, además del ojo amoratado cerrado.
Carlos se movió lentamente, sabía que no asustaría a TK con su presencia, pero su marido estaba sufriendo un terrible ataque de pánico. Se puso junto a él y lo atrajo mientras le hizo un gesto a Nancy para que se acercara para examinarle antes de llevarle a la ambulancia.
“Mira quién está aquí para ayudarte.”
“Hola, cariño,” dijo la capitana y dejó su bolsa en el suelo. “¿Puedes dejar que Taylor y yo te echemos un vistazo?”
TK asintió.
“Creo que tengo la muñeca rota, me han dado golpes… gritaban y se reían… me han dejado inconsciente… creo…” Uno de los policías se acercó al grupo y TK se apretó contra la pared entre gemidos,al mismo tiempo que buscaba el contacto de Carlos y tiraba de él.
“Hey, Tyler, mi amor, ¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?”
“No… no… policías no… estoy limpio, lo prometo… Carlos, diles que estoy limpio… no más golpes por favor. Diles que no me hagan daño.”
Los recuerdos comenzaron a aparecer en su memoria rápidamente, agolpándose, saltando de una cosa a otra, no terminaba uno que venía otro. Había miedo, golpes, terror; todo era malo en la memoria de TK, pero no había modo de darle forma.
Sin embargo, sí que había una cosa que recordaba bien de lo ocurrido. Había un uniforme, un uniforme de policía entre las risas y los golpes. Volver a tener policías cerca sin saber lo que había pasado, no era algo que podía soportar.
“¿Eres Carlos Reyes, verdad?” Dijo uno de los agentes “Estamos aquí para ayudar.” Sin embargo, Carlos lo asesinó con la mirada.
Además, Sam le dio un golpe en la espalda y le hizo dar un paso atrás.
“Nadie te va a hacer daño, TK, no mientras yo esté contigo.” Carlos le acarició la mejilla a su marido y TK se dejó caer sobre él.
“Duele… mucho…”
“Dinos dónde te duele, Tee.” Nancy le puso una pequeña luz en los ojos. “Pupilas dilatadas, Taylor, tiene una conmoción, mucho cuidado. ¿Vale?”
TK gruñó cuando le hicieron recostarse en el suelo y, cuando Nancy le levantó la sudadera para comprobar otros daños, intentó evitarlo, cubrirse y luchar y lo habría conseguido si no fuera porque todo le dolía demasiado y porque Carlos le tomó las manos, las besó y le dijo que todo estaba bien.
“Estamos cuidando de ti.”
Al moverse, dejó ver los moratones en su costado, en su vientre y abdomen. Nancy miró a Carlos, ninguno de los dos dijo nada, pero ambos temían lo que esos golpes podían significar y más que nada, les daba miedo que no fueran los únicos daños.
Sin embargo, era mejor que fueran los médicos los que les dieran las malas noticias si era necesario.
“Tú crees que estoy limpio, ¿verdad, Carlos?” Repitó TK, haciendo lo posible por agarrar el brazo y la ropa de Carlos. “Ha sido un mal día, pero no he hecho nada, no me he metido nada.” TK sonaba nervioso, casi histérico y no hacía más que moverse, lo cual estaba haciendo que se hiciera daño. “Ellos… me han insultado… creían que había tomado… no sé… me han pegado para que les dijera lo que había tomado. No me han creído.” Sollozó enterrando la cabeza contra el pecho de Carlos
“Los que te han hecho esto son unos cabrones y van a pagar por ello, pero sé que tú no has hecho absolutamente nada malo.”
Finalmente convenció a TK para que permitiera que Nancy y Tayler se ocuparan de él. Una vez en la ambulancia fue hasta Sam y los otros policías.
“Temo que realmente le hayan hecho esto policías, si es así, venid sin uniforme al hospital a tomarle declaración, quiero gente de confianza con él, preferiría rangers.” Cuando su compañero asintió volvió a la ambulancia, habían puesto a TK el oxígeno y en cuanto se pusieron en marcha estaba agotado y apenas consciente.
El viaje se hizo corto, pero interminable al mismo tiempo. Carlos no apartó la mirada de su marido ni un segundo y desde luego no liberó la mano que TK le había cogido en cuanto le habían puesto en la camilla.
Una vez en urgencias, no le quedó más remedio que quedarse fuera mientras los médicos le hacían los primeros análisis y pruebas. Le sabía muy mal dejarlo allí dentro solo y asustado pero Nancy le había dicho que era lo mejor. Además, eran las reglas
“Confía en mi experiencia, Carlos. Le han dado una buena paliza, es posible que se hayan sobrepasado de muchas formas y es mejor que dejes que los médicos hagan su trabajo sin tener al marido muerto de miedo y con ganas de matar a sus agresores alrededor, haciendo preguntas o lanzando insultos. En cuanto sepan algo saldrán a darnos información.”
No le quedó más remedio que aceptar y tomar asiento en la sala de espera. Aprovechó para llamar a su madre y de paso para hablar Jonah, aunque no iba a contarle al niño lo que había ocurrido neceistaba hablar con él y tranquilizarse un poco escuchando lo que el pequeño había hecho ese día con su abuela.
“¡Papa Los! Abuela Andrea y yo tenemos una sorpresa para papa bro y para ti.” Sonaba tan animado y feliz, como si no hubiera pasado nada, como si en el mundo no ocurrieran cosas malas.
“¿Ah sí?” Carlos tenía ganas de llorar, pero las contuvo para que Jonah no se enterara de nada. “¿Me puedes dar alguna pista?”
“No, abuela Andrea ha dicho que no.”
“Porfa Jojo, está siendo un día complicado en el trabajo.”
“¿Estás triste papa Los?”
“Un poco y preocupado también.”
“Abuela Andrea y yo hemos hecho galletas, las que te hacía cuando estás malito.”
“Dale las gacias a la abuela de mi parte, pero puedes pasármela otra vez, necesito decirle una cosa importante.”
Desde luego, hablar con su madre era algo muy diferente.
“Hola mamá, ¿está Jonah por ahí?”
“No, ya no, se ha ido a jugar, canturreando porque te ha hecho feliz por las galletas. ¿Qué pasa? Suenas muy preocupado.”
“No digas nada, pero estoy en el hospital.” Carlos le contó a su madre lo poco sabía sobre lo ocurrido a TK. “¿Puedes quedarte con Jonah?”
“”Por spuesto, el tiempo que haga falta y dime cualquier cosa.”
Nancy por su parte se encargó de llamar al cuartel y hablar con Owen, que se había quedado allí y el resto del equipo. Carlos agradeció no tener que dar más explicaciones, cuando apenas sabía que decir y contar una historia de la que le faltaba demasiada información más veces de la necesaria.
Todavía tuvo que pasar más de media hora para que un médico saliera de la sala de urgencias y se acercara a ellos. En ese rato toda la 126 había terminado el turno y se plantó en el hsopital junto a él. También lo hizo Tommy a la que le habían dicho lo que había ocurrido y Andrea llamó un par de veces para informarse.
Carlos agradeció sentirse arropado por toda su familia y amigos. Nancy se había sentado a su lado y, como ya hiciera tras el accidente de TK en el hielo, le cogió la mano y no la soltó hasta que Carlos se puso en pie y se acercó al médico.
“¿Cómo está, doctor?”
“Le diré todo, señor Strand-Reyes, pero TK necesita verle, está muy alterado y casi no permite que nadie, ni médicos ni enfermeras, se acerquen a él más de unos segundos seguidos. No hace más que preguntar por usted.”
Carlos entró en la sala de urgencias. Le habían dado una habitación aparte a TK, que estaba hecho un ovillo abrazando a su propio cuerpo. El médico había recomendado ponerle algún tipo de calmante.
“Vamos a evitarlo, doctor.”
Se acercó a él y se sentó en el borde de la cama. Tenía una mano y medio brazo vendados, Nancy ya le había dicho que seguramente necesitaría cirugía. Los moratones en la cara, estaban tomando un color casi negro, y el de la cabeza no se le veía por las vendas. Visiblemente no había nada más, pero Carlos sabía que aquella gente le había hecho mucho daño.
“Carlos.” Gimió TK
“Estoy aquí, tigre, estoy aquí.”
“Duele mucho.” TK estaba alargando las palabras, incluso las letras. No se había permitido dejarse ir todavía y sabía que no tardaría en hacerlo. “Tengo miedo… no me dejes… solo.”
“Nunca vas a estar solo, además, tu padre, mis padres, Tommy, todo el equipo está fuera. Nunca estarás solo.”
“No dejes que vuelvan a tocarme… me han hecho mucho daño… me han… no, por favor, Carlos, no dejes que me toquen más. ¿Jojo está bien?”
“Está con mi madre ¿recuerdas?”
TK asintió.
Carlos sabía lo que significaban las palabras de TK y como policía sentía todavía más terror por lo que esa gente le había hecho a su marido.
TK se lo quedó mirando un segundo y luego cerró los ojos, necesitaba descansar y su cuerpo estaba hecho polvo. Las caricias de Carlos en su cabeza, y su voz que simplemente le decía que todo iba a salir bien, pronto le hicieron quedarse dormido y su respiración se fue relajando entre sus brazos.
Unos minutos más tarde, Carlos aprovechó el momento para salir y hablar con el médico, mientras Owen entraba en la habitación y cerraba la puerta para que TK pudiera dormir tranquilo y a acompañado.
"Dígame, doctor, ¿cómo está realmente? ¿Algún hueso roto además de la muñeca? ¿Hay—” Le costaba mucho decirlo en voz alta, “—alguna posibilidad de que esos bastardos... ya sabe... cree que tenemos que hacer una prueba de violación?"
El médico se lo quedó mirando, tenía poca información buena que decirle.
"Tiene la nariz rota, fracturas importantes de 3 costillas y varias más magulladas, hematomas en el abdomen que probablemente le causen mucho dolor y náuseas durante días. Tiene además una conmoción cerebral importante, así que aunque le demos el alta pronto, tendrá que hacer reposo absoluto al menos una semana.” Carlos sintió que estaba a punto de vomitar y lo peor era que el médico no había terminado, su cara decía que lo peor estaba por venir. “Su muñeca izquierda está rota también y necesita cirugía.” El médico se detuvo de nuevo, para luego seguir hablando, con un tono de voz más bajo. “Hay un traumatismo rectal y parece que probablemente usaron un objeto largo y duro. El kit de violación es probablemente más trauma que beneficio.”
El mundo se detuvo alrededor de Carlos y comenzó a escuchar un fuerte pitido que hizo desaparecer todo lo demás e hizo el mundo girar a toda velocidad.
Esos desgraciados no solo habían golpeado y torturado a su marido. Quería matarlos, los mataría, porque, aparte de todo lo demás, sus atacantes habían violado a TK.
Sin embargo, tenía que estar seguro de haber oído bien.
“¿Qué…? Espere… Doctor. Ha dicho… rectal… ¿Está diciendo que esa gente…?” Las náuseas se hicieron más fuertes. “¿Está seguro de que le han… le han… metido… no puede haber pasado otra cosa?”
Su pregunta era estúpida, lo sabía, pero necesitaba hacerla.
“Carlos, siéntate. Sé lo duro que suena lo que estoy diciendo. El examen rectal nos ha dejado ver trauma, pero no el que se esperaría de una violación… normal. ¿Puedo ser completamente franco?” Carlos asintió; en ese punto, no había nada pudiera ser peor de lo que ya había escuchado. “Sospecho que fue causado al ser sodomizado con un objeto largo y duro, posiblemente… una porra o algo que hubiera cerca de donde lo encontrásteis.”
“Oh, dios mío… perdón… necesito…” Carlos apenas tuvo tiempo de llegar hasta la papelera más cercana antes de vomitar violentamente. “¿Qué puedo hacer… para… ayudar a TK? ¿Hay algo que pueda hacer?”
"Sé paciente y comprensivo. Está claro que va a tener mucho dolor físico y mental. Para el dolor no podemos hacer mucho, está tomando Toradol cada 6 horas y se le enviará a casa con una receta. Para las náuseas está recibiendo Zofran cada 6-8 horas. Hay una orden de Imitrex para el dolor de cabeza. Intenta que coma todos los días, aquello que pueda, en un primer momento y que beba mucho. Una dieta blanda será lo mejor por el momento y muchos fluidos."
“¿Cuándo podría ir a casa? Tenemos un niño, estoy seguro que estar con él, le ayudará.”
“Si todo va bien, mañana antes de la cena, pero tenemos que ver como va la muñeca y si es capaz de mantener algo en el estómago.”
TK dormía cuando regresó. Parecía tranquilo, pero solo podía imaginarse las pesadillas que estaba sufriendo. Owen estaba apoyado en la cama, con la cabeza entre las manos y parecía rezar.
Carlos nunca le había visto rezarhacerlo. Le hizo un gesto para que se acercara, el médico le había preguntado si quería que le dijera cómo estaba TK, pero prefería hacerlo él mismo.
“Tenemos que hablar, en privado,” le dijo al capitán. “Tengo noticias… pero lo que te tengo que decir es duro.”
“Carlos, muchacho, tienes un aspecto horrible,” le dijo Owen apoyando una mano sobre su hombro. “¿Qué te ha dicho el médico? ¿Va todo bien? No, claro que no va bien, pero… ya me entiendes.”
“No, nada va bien. Nada tiene sentido, Owen. Esos desgraciados, los que han hecho daño a TK, probablemente son policías y han jugado con él como si fuera… No sé… no puedo decirlo.”
Carlos comenzó a moverse, a dar vueltas nervioso, intentando buscar la mejor forma de contarle a Owen el infierno en el que estaba metido su hijo y del que no estaba seguro si algún día sería capaz de salir.
Owen se acercó a él y le hizo sentar, pero Carlos odiaba las sillas del hospital, odiaba el hospital y lo que ese lugar representaba. “Tómate tu tiempo.”
“No necesito tiempo, necesito el estómago suficiente para decirte que… le han golpeado brutalmente, Owen, le han… Dios, no, no puedo decirlo… no puedo… necesito aire.” Carlos se levantó y fue hasta la ventana del pasillo, intentó abrirla inútilmente, ya sabía que no se podían abrir las ventanas del hospitales pero tenía que intentarlo de todas formas. “Le han… No… ¿Cómo se supone que puedo ayudarle después de algo así?”
“Respira, Carlos respira.” Carlos estaba temblando, Owen jamás lo había visto así, ni siquiera tras el accidente del hielo. “Es terrible pero TK saldrá de esta.”
“Es peor, Owen, mucho peor. Esa gente le ha… básicamente le han… le han violado con algo…es muy probable que sean policías y todo porque parecía… porque han pensado que se había metido algo.”
Tras decir eso, Carlos enterró la cabeza entre las manos, quería desaparecer.
“¿Qué?” dijo Owen, su cerebro se negaba a procesar lo que acababa de oír. “No… tal vez son las pesadillas o el miedo. ¿Eso es lo que te ha dicho el médico, que han violado a mi hijo? ¿Y lo de las drogas?”
“Sí, me ha confirmado que hay daños rectales. Dice que le ataron y sodomizaron con algo y TK no hace más que decirme que estaba limpio, que no se había metido nada..”
“Espera, ¿has dicho que eran policías? ¿Estás diciendo que han sido policías los que lo han dejado así? ¿Qué… qué… podemos hacer?”
“Ahora… después de hablar contigo, hablaré con Sam. En cuanto a TK, ser pacientes y quererle mucho. Van a operarle la muñeca y tenemos que hacer que coma… Traumas como el suyo suelen hacer que la persona deje de hacerlo. Por lo demás, solo el tiempo dirá.”
“¿Qué pasa con el trauma emocional y mental?” Owen temía preguntar.
“Recomiendan terapia pero cada caso es diferente.”
Los dos se encaminaron de vuelta a la habitación de TK, lo miraron desde fuera un momento, Andrea tenía su rosario en la mano, igual que había hecho antes Owen ella también estaba rezando. Carlos sabía que rezar no iba a hacer que su marido sanara antes, no estaba seguro de si algún día sanaría de aquel trauma, tenían un largo camino por delante.
El resto del equipo llegó a su encuentro, abrazaron a Carlos y Owen, Grace y Judd traían comida para todo el mundo. Iban a quedarse con ellos porque TK era su familia, su hermano, su compañero, alguien a quien todos querían mucho.
TK no estaba solo para salir de aquella pesadilla.
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Resumen: Habían roto hacía semanas... meses ya incluso, pero para TK no había pasado tanto tiempo y no se podía imaginar que hubieran cambiado tantas cosas, tantas como para enterarse que la Carlos tuviera una alergia que le hiciera llamar al 911. Por supuesto tenía que ser su ambulancia, la de TK la que acudiera a la llamada y la situación no iba a ser fácil ni cómoda. Desde luego no para Carlos que ya lo estaba pasando mal.
Notas: Aunque debía ser algo sobre veneno, he decidido irme un poco más hacia las alergias y regodearme un poco en ese momento tan angst que suposo la ruptura de TK y Carlos. Espero que os guste, espero vuestros comentarios como siempre y nos vemos en el segundo capítulo.
TK podía decir que odiaba trabajar en Paragon y no era porque no fuera lo mismo que la 126, porque el resto del equipo fueran malas personas, que no lo eran, ni porque le miraran mal, que no lo hacía, o porque echara de menos a su familia con su padre al mando… que desde luego, les echaba de menos.
No, era algo personal.
Sus padres le habían enseñado que ser médico, bombero, paramédico, todas esas personas que estaban a pie de calle para ayudar en un primer momento al resto de la gente, no debían trabajar para el sector privado.
Era algo personal, pero de lo personal no se comía y la 126 ya no existía. El mundo que conocía había desaparecido y tenía que seguir adelante. Todo se le había venido abajo, incluida su relación con Carlos y todo por haber sido estúpido, impulsivo y haber tenido miedo al compromiso y a ser feliz.
Por eso, necesitaba trabajar y cuando Tommy le había dicho que había una oportunidad para que todo el equipo de paramédicos trabajara juntos, aunque fuera en el sector privado; pensó que era lo mejor que podía hacer.
La llamada de aquel día pareció darle la razón. Debía estar allí.
“Chicos, necesito que salga una ambulancia, tengo un policía que al parecer ha sufrido un ataque de alergia o algo parecido.” Dijo su jefe, con ese tono que parecía ser de alegría cuando pensaba que un paciente podía suponerle un ingreso importante.
TK se preocupaba cuando escuchaba que le ocurría algo a un policía. Desde que Carlos y él habían roto, no sabía mucho de su ex, ni de su trabajo. Aun así, seguía poniéndole nervioso la idea de que le ocurriera algo por culpa del trabajo.
“Capitana, podemos ocuparnos nosotros.”
“No tiene porque ser Carlos.” Le dijo Nancy.
“Lo sé, pero, alguien tiene que atender esa llamada ¿no?”
Nancy chasqueó la lengua.
“De verdad que sigo sin entender porque habéis rotó. Estás pensando en Carlos todo el día y no quiero meterme donde no me llaman, pero no sois muy diferentes el uno del otro, tampoco cuando se trata de ser igual de testarudos.”
TK sonrió con tristeza. No podía negar que su amiga tuviera razón. Pero había sido él quien la había cagado a la grande con Carlos. Él había salido corriendo, él había dejado plantado al amor de su vida cuando Carlos había hecho el gran gesto de comprar una casa para compartir su vida con él.
Sentía y sabía que lo había hecho mal, pero no sabía cómo arreglarlo.
Sin embargo el trabajo era el trabajo, lo suyo era la ambulancia, salvar vidas y fuera o no Carlos el policía en problemas, era su deber ayudarle. Así que aceptaron salir.
TK asumió que era cosa del destino encontrarse con Carlos y si no fuera porque estaba pálido, con cierto tono verdoso, porque se retorcía de dolor en asiento del pasajero de su coche patrulla, con los manos apretados contra el vientre y porque le costaba respirar; TK se sentiría contento de tener la oportunidad de verle.
“Carlos, ¿Qué ha pasado?”
“TK ¿De verdad tenías que ser tú?” Protestó Carlos, pero dejó que el equipo se ocupara de él.
“No lo he hecho a idea. Nos ha llegado el aviso.”
Carlos cerró los ojos, conocía los síntomas ya, no le gustaba pero comenzaba a acostumbrarse. Había aprendido a tener mucho cuidado, así que no comprendía cómo había pasado.
“¿Y tenía que ser…?”
“Carlos, necesito que te concentres en mí.” Le dijo Tommy y él lo agradeció para evitar seguir hablando. Asintió y dejó caer la tensión, aunque significara volver a concentrarse en lo mal que se sentía. “¿Tienes idea de lo que ha pasado?”
De nuevo asintió.
“Alergia, creo.”
“¿Alergia?” Saltó TK por el inesperado comentario. “¿Desde cuándo tienes alergia a algo?”
Carlos se lo quedó mirando, de haber podido le habría fulminado, pero no se sentía con fuerzas para lograr tanto efecto.
“¿Algo que has comido?”
“Eso creo. Alguien ha traído brownie a la comisaría. Decían que era sin frutos secos.”
“¿Desde cuando un brownie no lleva frutos secos?” Volvió a saltar a TK que se movía nervioso, como un animal en busca de algo que seguía por el olfato, mientras sus compañeras trabajaban. “Si tienes alergia a los frutos secos, deberías haber tenido más cuidado Carlos.”
“TK, por favor. No es el momento.” Le dijo Tommy intentando que se calmara.
Quería salir corriendo, pero también quería abrazar a Carlos y protegerle. Deseaba hacerle sentir bien y decirle que haría cualquier cosa por recuperar lo que tenían. Pero Tommy le obligó a ser un profesional, le dio las órdenes necesarias, le dijo que hacer como si fuera su primer día de paramédico.
Cualquier cosa para concentrarse en su trabajo y en Carlos como paciente.
El silencio de camino al hospital fue molesto. Como siempre, Nancy conducía, por algún motivo, no quiso dejar que TK lo hiciera y salió corriendo para no quedarse allí, entre los dos. Tommy por su parte, estaba ocupada tomando datos y controlando el estado de Carlos en todo momento.
Eso, sin embargo, dejó a TK sin mucho que hacer, más que estar sentado junto a su ex.
Todavía le costaba pensar que Carlos era algo semejante. No le gustaba nada ese término. Exnovio, expareja, ex en general era algo que le ponía el vello de punta desde que había roto con Alex… Aunque en realidad había sido Alex el que había roto con él, poniéndole los cuernos con otro tío, al que TK ni siquiera había visto la cara.
De todas formas, tenía esperanzas de que las cosas con Carlos se arreglaran.
Hacía tiempo que no lo tenía tan cerca y al fijarse en él, se dio cuenta rápidamente de que le costaba respirar. Le recordaba a esos días tan húmedos en los que Carlos se iba a correr y volvía exhausto.
Ahora además, se le unía el dolor.
No dijo nada, por miedo a meter más la pata, aunque los ojos de Carlos se encontraron con los suyos cuando notó las fuertes ralladas en el estómago y por un momento, vio que movía la mano, pensó que le buscaba y estaría dispuesto a recostarse en la camilla con él si se lo pedía.
Pero al final, Carlos no le dijo nada, se arrebujó lo mejor que pudo en la camilla y se quedó ahí, hecho un ovillo hasta que llegaron al hospital.
TK no quería perderle de vista, pero no tuvo más remedio que verlo desaparecer letras las puertas de urgencias y que se lo llevaron los médicos para hacerle las primeras pruebas; para averiguar lo que le ocurría.
Carlos era alérgico a algo. A los frutos secos y eso le hacía sentir, como si hubieran pasado toda una vida separados.
“Una reacción alérgica es normal, Tee” Le dijo Tommy, que había prometido quedarse con él hasta que supieran que Carlos se encontraba bien. “Sabes tan bien como yo, que puede aparecer en cualquier momento.”
“Pero se encontraba tan mal ahí sentado y en la ambulancia.”
“Lo sé, cariño, pero se va a poner bien, está en el hospital con una reacción alérgica, a la que parece que está acostumbrado.”
“Tantas cosas han cambiado…” Murmulló TK.
Sin embargo, había algo que no había cambiado, algo en lo que TK no había pensado, pero tampoco se había esperado.
Vio aparecer al médico y sabía que no tenía obligación de contarle nada y si preguntaba cómo se encontraba Carlos podía quedarse con un palmo de narices. Pero el médico de urgencias se acercó a él.
“Sígame por favor, le informaré cómo se encuentra Carlos y podrá estar con él.”
“¿Puedo pasar? Quiero decir… ¿Carlos quiere que esté con él?”
“No nos lo ha dicho, pero eres su contacto de emergencia.”
“Ah, no sabía que… pensaba que me había quitado como su contacto.”
Tampoco tenía por qué sorprenderle en realidad, tampoco él había quitado a Carlos como su propio contacto de emergencia y lo cierto era que le alegraba saber que Carlos tampoco lo había hecho, eso significaba que todavía podían quedar esperanzas para recuperar lo que había entre ellos.
“¿Viene?” Le insistió el médico.
Antes de moverse, TK intentó averiguar si había preocupación en el rostro del médico, si lo que le ocurría a Carlos era más serio de lo que había visto en la ambulancia. Sin embargo, el médico parecía estar tranquilo.
“Sí, por supuesto. ¿Cómo está?”
“Bueno, todavía se siente bastante incómodo. Estamos esperando el análisis toxicológico antes de darle nada más que fluidos y oxígeno, pero dice que en la ambulancia le habéis leído la mente sobre lo que podía pasarle con la alergia.”
“Entonces se pondrá bien.”
“Sí, pero hoy será complicado y necesita alguien a su lado.”
TK caminó hasta el cubículo en el que se encontraba Carlos. No estaba seguro si entrar era una buena idea. Tal vez era mejor quedarse fuera y esperar, darle espacio a su ex y dejar que fuera él quien le pidiera verle.
Pero si él era capaz de verle a través de las cortinas blancas de urgencias, Carlos también podía verle a él y le estaba mirando fijamente.
“Puedes entrar, hemos roto, no te voy a morder.”
Carlos estaba sentado en la camilla; le habían quitado la chaqueta y la camisa del uniforme. Lo habían dejado doblado sobre la silla. Habían dejado levantada la cabecera de la cama para que pudiera recostarse si quería, pero se había quedado sentado, con la cánula nasal y el IV en el brazo.
Seguía estando pálido. Ahora que no llevaba ropa en la parte superior de su cuerpo, TK se dio cuenta que la urticaria le cubría los brazos y el cuello y eso le estaba poniendo ansioso e incómodo, intentando no rascarse. La enfermera que le atendía estaba terminando de controlar sus constantes y controlando sus síntomas.
“¿Seguro? No sabía que seguía siendo tu contacto de emergencia.”
“Por favor… está bien.” Susurró Carlos, al que le faltaba el aire, incluso con el oxígeno puesto.
La enfermera les dejó solos y TK entró del todo. Se sentó junto a la cama; también él estaba incómodo y no sabía qué hacer o decir o lo que Carlos quería que hiciera realmente.
“¿Qué ha pasado? Quiero decir, ya sé, bueno ahora lo sé, que sufres alergia a los frutos secos. Pero…” TK respiró con fuerza para calmarse. “Lo siento, verte sentado en el coche, pasándolo mal, me ha hecho sentirme fatal. Me cuesta mucho vivir sin ti.”
“Tyler…”
“Lo siento, no debería haberlo dicho.”
“No pasa nada. Lo que quiero decir es que no tienes porqué preocuparte, no es nada, es solo una alergia, se pasará enseguida.”
“¿Y cómo ha pasado? ¿Por un brownie? ¿Estás así por un brownie?”
Carlos se echó a reír, casi había olvidado lo protector que podía llegar a ser TK cuando se trataba de él y se lo imaginaba teniendo un duelo a muerte con un brownie gigante por su honor o para meter al pastelito en la cárcel.
De cualquier manera le hacía gracia y tenía ganas de reír a pesar de encontrarse mal.
“No te rías. Las alergias son cosas muy serias Carlos, lo pueden ser si te pasan cuando estás solo y tienes una reacción secundaria.”
“Tranquilo, Tigre.” Hacía mucho que Carlos no decía eso y a los dos les pareció raro, pero ninguno dijo nada. Carlos simplemente siguió hablando. “Ya ves que estoy en el hospital y aunque no estoy del todo bien, esto está controlado. Fue una tontería en realidad, un compañero trajo brownies por su cumpleaños…”
Carlos no terminó de hablar, su cuerpo pareció querer darle la razón a TK y demostrar lo seria que podía llegar ser una reacción alérgica.
Cerró los ojos al notar el dolor que comenzaba a subir desde su abdomen hasta tomar el control de todo su cuerpo; pero lo peor estaba ahí, en el medio, dentro de él, dándole la sensación de estar a punto de explotar.
“Hey,” TK se levantó y se abalanzó sobre la cama, con más énfasis del que le hubiera gustado demostrar para tratarse de su ex. “¿Te duele? ¿Donde te duele?”
“Tyler… por favor.” Gimió Carlos. “Estoy en el hospital, de verdad. No tienes que preocuparte tanto. Solo llama a la enfermera.”
“Te recuerdo que soy paramédico y puedo seguir siendo tu amigo. Sé que ya no soy tu novio, pero me sigo preocupando por ti. Así que por favor, dime donde te duele, seguro que puedo ayudar.”
Carlos se lo quedó mirando un momento, se mordió el labio y respiró con toda la fuerza que pudo.
“El estómago, me duele el estómago y…” Gimió de nuevo. “Vale no me encuentro bien.” TK se lo quedó mirando, se conocían demasiado bien, no hacía falta palabras para que Carlos supiera que estaba esperando que le contara lo que iba mal y lo que le hacía poner esa cara de miedo. “Tengo náuseas.”
“Odias tener náuseas.”
Carlos sonrió. “Calambres intestinales también. Pero lo que más me preocupa es que creo que siento que se acerca una migraña una de las feas.”
“Oh no.” Dijo TK sin importarle sonar preocupado y Carlos asintió igualmente preocupado. “Sabes que conozco tus migrañas y sé lo feas que se pueden poner, sobre todo si no dejas que alguien se preocupe y te cuide.”
“TK… de verdad. No estamos juntos, no hace falta que hagas nada de esto. Dicen que esté alguien conmigo por si tengo algún efecto adverso a la medicación o si la alergia se vuelve peor, pero mi madre vendrá pronto.”
“Si quieres, puedo esperar fuera, solo dilo.”
Se miraron en silencio y Carlos odiaba que su ex le conociera tanto, porque no podía mentirle, tampoco cuando se trataba de esconderle que estaba nervioso y angustiado por muchas más cosas que una maldita alergia, una migraña y un dolor de estómago.
TK lo sabía, lo veía escrito en sus ojos y como apartaba la mirada de él, en cómo apretaba las manos y en cómo respiraba con más dificultad de lo que ya le costaba.
Sin embargo, la alergia decidió ponérselo más complicado, al cerrarle la garganta y poner su piel casi azul.
Notas: Prometo que no esperaba que fuera tan angst, pero los que me habéis leído antes sabéis que tipo de historias puedo llegar a hacer y bueno, cuando dejo volar mi imaginación, puedo llegar muy lejos y eso es lo que me ha pasado. Una cosa ha llevado a otra y...
**Aviso**
Esta historia es bastante dura, muy dura en realidad, así que si sois sensibles al abuso y al sexo no consentido, al abuso de drogas y demás, por favor no sigáis leyendo, no os va a gustar.
Os prometo que Jonah estará bien, a nivel físico por lo menos, aunque pasará un poco por el psicólogo, claro. TK ya es otra cosa.
Pero si lo vuestro es el Hurt Carlos, y sobre todo el Hurt TK, aquí me tenéis.
Resumen: Eran unas vacaciones, unos días en familia ahora que Jonah estaba con ellos. Carlos lo había preparado todo, la caravana, una cabaña, el sitio perfecto y la ruta que siempre había deseado hacer cuando tuviera una familia... y eso que Carlos nunca se había imaginado teniendo hijos.
Pero les estaban esperando, decían que trabajaban para Enzo, decían que el jefe estaba muy cabreado con ellos porque se habían quedado con la custodia de Jonah y se lo iban a devolver a toda costa.
No les importaba el daño que les hicieran... les gustaba la idea incluso.
“¿Qué me dices?”
TK miró las fotos que le estaba mostrando Carlos. Cuando su marido le había dicho que tenía un sorpresa preparada para ellos, no se imaginaba un fin de semana en caravana fuera de la ciudad y pasar un par de noches en una cabaña, ellos con Jonah.
“¿Lo dices en serio?”
“Sé que no es un viaje a Hawaii ni nada parecido.” Respondió Carlos. “Lo siento, llevamos mucho tiempo de hacer un viaje en familia, uno de verdad, uno largo y de los caros.”
“Oye, nunca te pediría algo así.” TK dejó a un lado las fotos, al mismo tiempo que su rostro se iluminaba. “No soy estúpido. Me encantaría hacer las maletas y poder ir con vosotros dos al hotel más caro de Hawaii, pero ahora mismo no veo mejor idea que subirnos en esa caravana durante un fin de semana entero.”
Carlos estaba seguro que era una gran idea tomarse el fin de semana libre. Jonah llevaba ya un tiempo con ellos. Se había adaptado muy bien a su nueva vida y sin duda les había hecho muy felices, formando una familia con ellos.
Sin embargo, había pasado por mucho casi desde que había nacido y se merecía al menos dos días fuera de la normalidad, en el campo, en la carretera con ellos.
Además, el pequeño fue quien más emocionado se mostró con la idea de estar fuera esos días.
Todo parecía perfecto y Carlos había preparado el viaje hasta el último detalle, porque era una de las cosas que mejor se le daban, organizar, decidir horarios, hacer rutas, localizar los mejores restaurantes locales donde comer y abastecer la caravana con comida sana y chucherías apropiadas para Jonah… y para TK también. Porque por mucho que él quería llevar comida sana, fruta y verdura para esos días, TK necesitaba patatas fritas, palomitas y hasta una nevera con helado.
“Son vacaciones.” Había dicho su marido con tono infantil. “No hay vacaciones sin refrescos con azúcar, helado y todo tipo de chucherías.”
Carlos vio como los ojos de TK se encendían más que los de Jonah imaginando cómo iban a pasar esos días. No tuvo más remedio que aceptar que se había casado con un niño grande encantador que estaba emocionado con su excursión.
Era su primera salida juntos, la primera vez en una caravana, tanto para TK como para Jonah y la primera en que Carlos se dio cuenta lo mucho que los dos hermanos se parecían tanto, a pesar de todos los años que les separaban.
Sus gestos eran los mismos, se reían de las mismas cosas y eso le hizo recordar a Carlos que se había enamorado de un niño grande capaz de preocuparse por todo y por todos los que quería.
La primera noche Jonah les suplicó dormir bajo las estrellas.
“No hemos traído sacos de dormir ni tiendas de campaña peque. No estaba preparado.” Dijo Carlos.
“Por en casa de papá y mamá no se veían las estrellas.”
“En eso Jojo tiene razón.”
Carlos suspiró mientras los miraba a los dos y se dio cuenta que no podía luchar contra dos fuerzas iguales que se unían.
“Bueno supongo que tendremos que retroceder un poco. He visto una tienda de camino que vendía cosas para acampadas.”
La felicidad de Jonah fue máxima, también la de TK y Carlos se sintió satisfecho y orgulloso de hacer sentir bien a su familia. Por ello, no le importó dar la vuelta y cambiar sus planes, a pesar de que una parte de dentro de él, una vocecilla que más tenía de deformación profesional que otra cosa, le decía que sería mejor seguir el viaje tal y como lo había planeado.
Aquella noche, apenas hubo forma de conseguir hacer dormir a Jonah.
Era un niño de ciudad y como había dicho apenas había visto nunca un cielo estrellado, no había pasado ninguna noche escuchando los grillos u otros animales del campo y no sabía lo que era una noche de acampada.
Sin embargo, al final se quedó dormido entre los dos, pasada la medianoche.
Carlos tuvo un mal sueño aquella noche o tal vez fue un presentimiento, no podía estar seguro, pero prefirió no pensar en la oscuridad que le persiguió buena parte de aquella noche y disfrutar del resto del viaje con TK y Jonah.
Se estaba preocupando por nada, demasiado seguramente porque era lo que siempre hacía; solo que era elevado a la máxima potencia con que Jonah estaba con ellos. Decidió pensar así, se estaba preocupando sin motivo y necesitaba disfrutar de sus días libres con su marido y su hijo.
No tenía por qué pasar nada.
No iba a pasar nada… pero pasó.
*
“911 ¿Cuál es su emergencia?” Dijo Wyatt mientras acomodaba la taza de café en su mesa entre sus cosas.
Grace le había enseñado todo lo que sabía sobre el trabajo y la gente decía que era una pequeña copia de ella. Se sentía orgulloso de ello.
No escuchó nada al otro lado de la línea.
“911 ¿Cuál es su emergencia?” Dijo de nuevo y una vez más lo que escuchó al otro fue silencio y ruidos que no pudo entender si era una voz, estática o tal vez sonidos de la naturaleza o de una ciudad. “¿Hola? ¿Puede alguien oírme?”
Carlos escuchó la voz del chico un momento, luego dejó de escucharlo, la escuchó de forma entrecortada por un segundo para luego notar que se cortaba.
“¡Joder!” Gritó con lágrimas corriendo por sus mejillas y la desesperación rasgando su garganta como si de mil cuchillos se tratara.
Poco después de despertar, en cuanto había recuperado plenamente la consciencia, había buscado el móvil con desesperación. Temía que se lo hubieran llevado, del mismo modo que se habían llevado a TK y a Jonah.
No podía decir que hubiera ocurrido todo muy rápido o que no se hubiera dado cuenta.
Esa gente lo había planeado. Les habían seguido y estaba convencido que no importaba lo que hubieran hecho, dormir bajo las estrellas, ir directamente a la cabaña, incluso quedarse en casa, seguramente, allí les habrían encontrado también.
Les rodearon con tres coches en cuanto recogieron las cosas por la mañana. Cuando el primer vehículo apareció, Carlos pensó que eran adolescentes haciendo el estúpido. Pero el segundo detrás y el tercero que les cerró el paso solo podían significar que era una encerrona.
No, nada pasó rápidamente, tampoco el miedo.
Los primeros bandazos que les obligaron dar con la caravana, casi hicieron que Carlos perdiera el control del vehículo, era más grande que los coches que estaba acostumbrado a conducir normalmente. Sin embargo los gritos de Jonah le hicieron mantener la mente fría.
“¿Qué quiere esa gente?” Preguntó TK aterrorizado.
“Ni lo sé, ni me importa, solo quiero dejarlos atrás.”
Pero, eso fue imposible, a esa gente poco le importaba el estado en el que quedara la caravana o incluso el daño que les causaran a ellos o a Jonah. El caso era sacarlos de la carretera, hacer que se tuvieran de un modo u otro. Aunque para eso uno de sus vehículos tuviera que dar una vuelta de campana o que la caravana tuviera que salirse en la siguiente curva y quedar tendida en el terraplén.
Los recuerdos iban y venían y eso que había ocurrido hacía poco… o eso creía Carlos, porque acababa de despertar de lo que fuera que le hubieran dado y podían haber pasado horas.
“No… horas no…”
Porque si habían pasado horas entonces solo dios sabía donde estaban ahora esos desgraciados con TK y Jonah, donde se los habían llevado y lo que estaban haciendo con ellos.
Le temblaban las manos; se le había caído el teléfono y hasta ese momento no se dio cuenta de la incómoda posición en la que se encontraba. Habían aplastado su puerta de la caravana al hacer chocar uno de los coches y habían roto su cristal en mil pedazos.
Al mirarlo recordó los brazos que habían entrado por ahí y por los otros cristales rotos, por las puertas traseras. No tenía claro que era lo que más le dolía ahora mismo. El dolor físico era terrible y no sabía por donde comenzar a hacer el recuento de todo lo que estaba mal.
Se había roto la pierna o se la habían roto; en cualquier caso la tenía hecha trizas. las vueltas de la caravana le habían dejado magullado por todas partes.
Volvió a concentrarse en llamar a emergencias. Los recuerdos volverían solos y las heridas, los golpes y todo lo malo que sentía en su interior, iba a seguir estando en el mismo sitio. Lo primero y lo único que le preocupaba era recuperar a su familia y ponerlos a salvo.
“Papá, tienes… tienes que ayudarme.” Susurró pensando en Gabriel, rogándole por su familia, como si del mismo dios se tratara. “Se los han llevado, se han llevado a TK y Jonah y yo… tienes que ayudarme a controlar mi cuerpo.”
Lo sentía, le habían dado algo, algo fuerte, algo extremo, estaba drogado y apenas era capaz de pensar con claridad, sin sentir una niebla que lo envolvía todo. Debía estar en su mente, estaba seguro, pero podía notar ese humo insoportable entrando por su garganta.
No podía respirar, no podía hacer nada más que rezar y rogarle a su padre para que le ayudara.
Wyatt recibió de nuevo la llamada, provenía del mismo número de teléfono, así que, preocupado porque fuera algo importante o que alguien estuviera realmente en apuros, contestó, preparado para no perder la conexión esta vez.
“911 ¿Cuál es su emergencia?”
“Wyatt.”
“Carlos, ¿Eres tú? ¿Qué ocurre? ¿Va todo bien?”
“Sí, necesito tu ayuda.”
No hacía falta ser un gran experto ni llevar media vida sentado en ese escritorio para reconocer cuando alguien estaba en apuros en cuanto Wyatt escuchó la voz ahogada del buen amigo de su padre.
“Claro, ¿Te encuentras bien?”
“No… no sé qué ha… se los han llevado.”
“¿A quién se han llevado? Carlos…”
“TK y Jonah… no ha sido un accidente…”
“Carlos, espera, ¿accidente? ¿TK? ¿Qué ha pasado?”
“No… se… sabían donde estábamos… vinieron… los querían… duele.”
“Carlos dime…”
Antes de que Wyatt pudiera terminar de hablar, dejó de escuchar nada al otro lado, la llamada se había cortado, la cobertura había desaparecido y solo podía pensar que gente muy importante para él y sobre todo para su padre estaba en problemas.
Intentó llamar de nuevo, pero el teléfono de Carlos no dio señal, por ello, sin pensárselo dos veces, dio la voz de alarma a la persona que mejor se le ocurrió.
“Papá, tengo… tenía a Carlos en la otra línea, ha pasado algo malo, sé que les ha ocurrido algo a Carlos y TK, pero la llamada se ha cortado y no sé donde están.”
“¿Has conseguido alguna información sobre su localización?”
“No, lo siento, papá. Ha pasado muy rápido y Carlos sonaba tan asustado que yo solo intentaba calmarlo. Sonaba… desesperado y lleno de dolor. Ha pasado algo terrible.”
Judd respiró con fuerza al otro lado del teléfono. Sabía de las pequeñas vacaciones de sus amigos. No se podía imaginar que podía haber ocurrido para que las cosas hubieran terminado mal.
“Intenta volver a contactar con él y habla con la policía o con los equipos de emergencia. Yo intentaré contactar con TK por si se han separado.” Dijo Judd, haciendo un gran esfuerzo para no mostrar los nervios que ya sentía por dentro.
Carlos no era de los que se dejaba llevar por sus propios nervios y el miedo. Si como decía Wyatt estaba asustado, las cosas eran realmente serias.
Justo como temía, la llamada fue directa al buzón de voz de TK.
Lo último que quería era llamar a Owen después de no haber hablado con él en dos semanas y decirle que probablemente TK y Jonah estaban desaparecidos, Carlos herido y todos perdidos… en alguna parte.
“Owen, ¿Puedes hablar?” Dijo Judd en cuanto Owen contestó.
“Estoy preparando un papeleo, pero tengo el manos libres puesto. Cuéntame.”
“¿Te ha llamado TK estos dos últimos días?”
“No desde el fin de semana. Me dijo que Jonah se había quedado fatal después de la video llamada con Enzo, imagínate, Enzo no hace más que volver con la idea de recuperarlo aunque lo tiene todo perdido y le mete ideas en la cabeza de lo que puede ofrecerle y que TK y Carlos no pueden darle. Estuvimos hablando con él hasta que el pobre crío se calmó. Pero desde entonces, estaban los tres muy ocupados con sus pequeñas vacaciones. ¿Por qué? ¿Ha pasado algo?”
Judd gruñó, odiaba tener que decirle aquello, pero no le quedaba más remedio.
“No estoy seguro, Owen, pero por lo visto Wyatt acaba de recibir una llamada de Carlos al 911. Ha sido algo rápido, pero ha dejado a Wyatt preocupado. Parecía asustado y lo estaba pasando mal y después de unos segundos la llamada se ha cortado por falta de cobertura.”
Judd escuchó el silencio, solo cortado por la respiración de su amigo y se imaginaba la desesperación que podía estar sintiendo Owen en ese momento.
Ahora que cada uno estaba en una punta del país, hablaban mucho menos que antes, pero cuando tenía un hueco para hacerlo, habían hablado de Enzo y de las amistades que había hecho en la cárcel, así como de las conversaciones que tenía con TK o de la poca gracia que le había hecho que Carlos y TK se quedaran con custodia total de Jonah.
“Carlos habló con los rangers de Enzo y TK con el DCFS del tema, sobre todo ahora que Jonah era el centro de la cuestión pero no creo que… no pensé que Enzo fuera capaz de hacerles daño. ¿Les ha hecho algo?”
“¿Owen, de qué estamos hablando?”
*
Estar tirado en medio de los restos de un vehículo, lleno de dolor y arrastrado por la niebla de las drogas no formaba parte del carácter de Carlos, ni siquiera cuando apenas podía permanecer con los ojos abiertos y no perder el conocimiento.
A pesar de lo mucho que le temblaban las manos y que notaba los dedos agarrotados como si se le fueran a romper si los movía, volvió a coger el móvil. Solo necesitaba unos segundos de cobertura.
Necesitaba llamar, pero no lo hizo al 911, sino a la única persona que estaba seguro podía ayudarle y que haría cualquier cosa por ellos y por Jonah.
“Owen…”
“Madre mía, Carlos, hijo ¿Estás bien? ¿Dónde estáis?”
“No… estoy seguro… Duele… me drogaron… No sé con qué… Duele y me cuesta respirar… pensar… Pero no están, Owen… les ha hecho daño y se los han llevado.”
“¿Quién se ha llevado a TK y Jonah?”
Cuanto más intentaba pensar en lo que había sucedido y como había pasado, más le dolía la cabeza y más ganas de vomitar sentía. Todo el cuerpo le ardía y estaba completamente seguro de que tenía la pierna rota porque cualquier movimiento era imposible.
“Owen… Necesito ayuda.”
“Por supuesto, Judd me acaba de llamar, Wyatt te está buscando. Todos os están buscando, pero necesitamos saber donde estáis.”
Carlos gimió, quería vomitar, pero logró no hacerlo, por el único motivo de no echarse el móvil encima y no sentirse todavía peor.
“Fuera de la 71... en la reserva... Oigo agua... tal vez el río.”
“Vale, avisaré a Judd. Intenta mantenerte al teléfono, habla conmigo, la ayuda está en camino y llegará en seguida.”
Carlos ya sabía que no había mucha cobertura, sabía que la llamada se podía cortar en cualquier momento y si tenía mala suerte, podría quedarse abandonado y solo, bajo el terror de morir o peor aún, el miedo a que su familia pudiera morir o no volver a saber de ellos.
No lo digo en voz alta, pero rezó de nuevo a su padre para que todo saliera bien.
“Dime cómo estás tú, Carlos.”
“No importa… Encontradles… Ellos primero.”
Owen iba a decir algo más, pero la línea se cortó. No hacía falta que lo dijera, pero tenía que hacerlo, tenía que rogarle a Judd para que diera con su familia. Tenía que encontrar a Carlos porque sonaba a punto de darse por vencido y Carlos no era uno de los que hacía eso y tenía que encontrar alguna pista sobre TK y Jonah porque tenía el presentimiento, el terrible presentimiento de que les estaba ocurriendo algo horrible y él estaba demasiado lejos en ese preciso instante para hacer algo de utilidad.
Poco importaba el precio del billete a Austin, ni siquiera miró la hora a la que salía el vuelo o el tiempo que tenía para llegar al aeropuerto.
Todo daba igual, porque su hijo estaba en peligro. Su nieto, porque Jonah era su nieto, ya que no había podido llegar a ser su hijo, estaba en peligro y Carlos estaba en un terrible peligro.
Los tres le necesitaban, como tantas otras veces, le necesitaban y él estaba demasiado lejos para hacer nada por ellos; así que todo lo que no fuera estar allí para ayudarles, daba igual.
Todo el equipo se puso a trabajar a destajo para ayudar a sus hermanos y amigos, tanto como Wyatt, que casi era quien se sentía más culpable por no ser capaz de recuperar el contacto con Carlos.
…Hasta que finalmente consiguió hacerlo.
“¿Wyatt?” Dijo Carlos con un doloroso gemido.
“Hey, Carlos. ¿Puedes decirme cómo te encuentras? Mi padre necesita saberlo.”
Carlos tosió y farfulló para intentar mantener el control de su propio cuerpo y mente.
“No muy bien, la verdad. El capitán Strand ya lo sabe, pero estoy casi seguro que tengo la pierna rota… muy rota. Picor, urticaria,... me cuesta respirar.... me siento fatal. Tengo miedo de desmayarme y no despertar.”
“No pasará, Carlos. Estoy aquí hasta que llegue la ayuda, lo prometo. ¿Puedes recordar lo que ha pasado?” Preguntó Wyatt para asegurarse de que Carlos siguiera hablando.
“Nos sacaron de la carretera… Dos vehículos… tres… no sé. Me drogaron… Nos drogaron.”
“Perdona que pregunte, pero es importante. ¿drogaron también a Jonah?”
El sollozo de Carlos, rompió el corazón de Wyatt en pedazos en cuestión de dos segundos, pero había aprendido a ser un profesional y ya no solo eso, le debía mucho a Carlos por todas las veces que le había ayudado, así que ahora tenía que dar lo mejor de sí mismo para ayudarle.
“Eran muchos. Se los llevaron. Nos drogaron a todos. Jonah lloraba y gritaba buscándonos a TK y a mi. Había una furgoneta amarilla y una minivan… Espera… recuerdo una matrícula de Texas ZR… 4, creo… R85 S.”
“Lo importante es que ahora lo sabemos y Judd y todos los equipos de rescates estarán preparados para ayudarle en cuanto les encontremos.”
“Wyatt.” Volvió a llamarle Carlos, al mismo tiempo que unos gemidos de náuseas se le escaparon. “Creo que soy alérgico a lo que me han dado… Necesito ayuda… No puedo más.”
“Carlos, no, no dejes de hablar, ya no falta nada.”
Lo escuchó, creyó que estaba soñando o que era justo lo que quería escuchar, pero Carlos estaba seguro que estaba escuchando la sirena de un coche de emergencias acercándose.
Luego escuchó voces.
Los reconoció sin problemas y aunque no podía hacerlo porque gritar no era algo que su cuerpo se sentía capaz de hacer por culpa del dolor y el frío que sentía por todas fuerzas; gritó con todas sus fuerzas.
Resumen: Gwyn había muerto y el avión podía estrellarse, TK no se sentía bien, quería hacer algo y no sabía que. Una parte de él tenía ganas de abrir la puerta del maldito avión y saltar, otra se arrepentía de no haber cogido esas drogas y otra la más fuerte pero que ahora se notaba lejana, quería sentirse en los brazos de Carlos.
Pero todo ello le hacía sentir culpable y ni siquiera sabía por qué, no controlaba su propio cuerpo y el avión parecía la repuesta perfecta, en forma de turbulencias que le hicieron golpearse en la cabeza, lo que vino de después... fue complicado de poner en orden.
TK pensó que había llegado su momento. Parecía tan fácil y nadie en el interior de aquel avión podría hacer nada por evitarlo, si tenían que morir, el avión se vendría abajo, se estrellaría y todo acabaría en cuestión de minutos.
El motor saltó por los aires, literalmente y el avión comenzó a vibrar y zarandearse como si fuera a hacerse caer en cuestión de segundos. Las personas que estaban en pie, un par de azafatas, un hombre que salía del baño, un padre que discutía con su hijo, dos mujeres y TK que estaba nervioso para parar quieto; tuvieron que agarrarse donde pudieron para no ser lanzados al techo o contra otros asientos cuando comenzaron las turbulencias.
La mayoría tuvieron suerte, la asistente de vuelo logró sentarse, también los otros pasajeros, aunque el hombre que estaba discutiendo con su hijo terminó clavándose el reposabrazos en las costillas y seguramente se hizo daño.
TK sin embargo, tenía demasiadas cosas en la cabeza; se sentía culpable por no haber llamado a su madre cuando le había dicho que lo haría, por no haber viajado a New York cuando había tenido un par de días libres o por no haberla invitado a pasar el último acción de gracias con ellos. Todo había sido un continuo “ya lo haré”, un “tengo tiempo”. El corazón se había detenido hacía ya dos días cuando había recibido la llamada de Enzo y de pronto; durante el continuo golpeteo del avión, una parte de él deseó que fuera el final.
No quería que nadie más tuviera que pagar por su desesperación. No quería arrastrar a nadie, así el golpe y el dolor que le produjo el avió al zarandearlo en medio del pasillo le hizo sentir que lo merecía.
Decir que agradeció el golpe en la cabeza, habría sonado mal, pero por un momento pensó que era cosa del destino, por haber estado a punto de hacerse con esas drogas. Todo fallo conllevaba una consecuencia y esa era la suya.
Cayó contra el asiento que tenía delante, se golpéo con fuerza en la sién y sintió que rebotaba. Quisó agarrarse a algo pero la explosión del motor hizo que avión se moviera con violencia y furia, la misma que sentía él hacia su vida en ese momento, hacía el universo por arrebatarle a su madre.
El dolor físico estaba bien, porque le evitaba sentir cualquier otro tipo de dolor. Los golpes de un lado y de otro, rápidos, contundentes y fuertes, le hacían sentirse libre; cada uno le libraba de uno de sus propio pecados. Un golpe le quitaba la culpa de querer drogarse, otro, la culpa de no poder volver a decirle a su madre que le quería y el tercero, el que le dejó viendo puntos blandos durante unos segundos le hizo imaginarse a Carlos
Fue solo su imagen, un segundo; pero el tiempo suficiente para imaginar que era Carlos el que sufría porque le ocurría algo a él.
“TK, hijo. ¡Tyler!” La voz de su padre le hizo volver a la realidad, tirando de él, como si lo sacara del abismo más profundo.
Estaba en el suelo, tenido, tirado, no estaba seguro, la cabeza le daba vueltas todavía y escuchaba un fuerte pitido que no sabía de donde venía pero que le daba ganas de arrancarse la cabeza.
El avión se movía de nuevo con normalidad, pero había un revuelo que Owen en seguida le explicó que provenía de la mujer herida.
“Deberías sentarte y descansar.” Le dijo su padre, como si pensara que eso le iba a detener de ayudar.
Era paramédico, era su trabajo y por lo visto no había muchas más personas en el avión que pudieran hacer nada. Le dolía la cabeza, era cierto, pero por lo visto no había otros médicos en el avión, nadie que pudiera frenar la hemorragia que podía costarle la vida a esa mujer.
Si él y su padre no hacían algo, moriría.
“¿Estás bien para hacer esto, hijo?” Le preguntó su padre.
TK asintió, era mejor que mentir y desde luego quería ahorrarse tener a su padre encima hasta que avión aterrizara para decirle que tenía ganas de vomitar o que tal vez el golpe en la cabeza había sido más fuerte de lo que le gustaría reconocer.
Así que no dijo nada.
Su prioridad era no pensar en todo el equipaje que había subido en su cabeza al avión y eso lo estaba haciendo, después estaba la mujer y hablando con Tommy, que le estaba ayudando a salvarle la vida, le estaba manteniendo concentrado. Carlos y lo que le esperaba cuando el avión pusiera tierra, le daba sentido a mantenerse alerta todo el tiempo.
Para cuando aquella mujer, de la que TK no lograba recordabar el nombre, aunque estaba seguro que se lo había dicho varias veces, estuvo a salvo, mantener los ojos abiertos era complicado, tenía una banda de música entera en el interior de la cabeza y las náuseas eran horribles.
Pero el capitán les había dicho a su padre y él que se pusieran cómodos en el suelo, porque iban a llevar a cabo un aterrizaje de emergencia. Así que solo le quedaba esperar un poco más y estaría de camino a casa.
De pronto, todo acabó, la tensión desapareció más rápido de lo que había llegado, su padre le ayudó a ponerse en pie y TK tuvo que escuchar a su cuerpo.
“Estás mareado.” Escuchó decir a su voz interior.
Caminó de la forma más mecánica posible, dejando que sus piernas fueran solas, un paso después de otro por la pista de aterrizaje. Vio que varias personas pasaba a su lado, algunas lloraba, todavía asustadas, otras llamaban con gestos a sus seres queridos.
“Si no paras en los próximos… se sincero contigo mismo Tyler… si no dejas de formar la máquina, te vas a venir abajo y sabes lo que pasará entonces.”
Por algún motivo, la voz que escuchaba ahora se había convertido en la de su madre y eso le traía recuerdos del coma. ¿Estaba en coma y no se había dado cuenta? Pero la escena era demasiado real, el aire le daba en la cara, el sitio olía a combustible y era complicado no creer que realmente se encontraba en un aeropuerto.
Y de proto estaba en los brazos de Carlos que le llenaba de besos y estabal luchando por no llorar por culpa del miedo y los nervios que debía haber pasado durante todas aquellas últimas largas horas.
“Hey, estoy bien, babe.”
“¿De verdad vas a mentirle a Carlos?”
TK se preguntó si era normal escuchar una voz el interior de su cabeza.
“No quiero mentirle pero está asustado, no quiero decirle que me encuentro ma y que es posible que necesite ir al hospital.
Para luego preguntarse si tenía algo de normal responderle a la voz en su cabeza.
“¿Y esta sangre?” Le preguntó Carlos al darse cuenta que tenía la camisa cubierta de sangre.
Hubiera sido muy fácil sonreír, tomarle las mejillas y decirle que la sangre no era suya, si no que había sido el héroe del vuelo gracias a la ayuda de Tommy al otro del teléfono. Pero cuando abrió la boca para contestar, se dio cuenta que no recordaba bien lo ocurrido.
“Te duele la cabeza Tyler, estás confuso y si Carlos fuera un paramédico como tú, se daría cuenta que tienes las pupilas dliatadas, que te estás respirando muy rápido y tal vez ya estaría preparado para lo que está a punto de pasar.”
“¿Qué está a punto de pasar?” Se dijo a si mismo… o a la voz de Gwyn que intentaba cuidar de él.
“Vas a tener una hemorragia nasal, pero no se muy bien que es lo que más va a aterrorizar a Carlos, si verte sangrar de repente o…”
“¿O?” Preguntó TK desesperado.
Sin embargo la respuesta llegó a Carlos antes que a él, cuando TK se le desmayó en los brazos.
*
Carlos apoyó la mano en la rodilla de Owen y esperó a que el capitán se volviera y el mirara.
“No fue culpa tuya.”
“Debería haberme dado cuenta?”
“¿Como podrías? Estábais en un avión a punto de estrellarse, intentando salvar la vida de una mujer y claro, TK estaba sufriendo un ataque de pánico, intentando asimilar la muerte de su madre. Es normal.”
El médico les había dicho que TK sufría una conmoción por el golpe sufrido en la cabeza, algo a lo que estaban acostumbrados; no era la primera vez.
“Desde luego el estrés posterior no ha ayudado nada. Ahora TK necesita mucho descanso y tomarse las cosas con calma.”
“Se pondrá bien, ¿Verdad Doctor?” Preguntó Carlos al médico, con cierta inseguridad por lo que fuera a decirle.
“Con tiempo, sí. Desde luego la hemorragia con la que ha llegado, no es buena señal, por eso hay que cuidarle.”
No estaba seguro de gustarle como sonaba eso, pero lo primero era esperar a que TK despertara y no lo hizo hasta varias horas más tarde cuando ya se estaba haciendo de noche, con una migraña que apenas le permitió abrir los ojos.
Título: Ante el peligro de terremotos, no salgáis de casa
Resumen: La alarma había saltado hacía ya un par de días, pero por el momento la tierra se había mantenido tranquila.
Aquel día, con Carlos destinado en el centro del 911, el suelo no dio tregua y entonces y el desastre se echó encima de TK y Jonah en un día tranquilo en el parque.
Notas: Buenos días a todos.
Hoy sigo con la Tarlos Angst Week. Vamos con el día 2:
Day 2 - 25th March
Displaced | “Whatever happens, it’s on me.” | (Un)natural disaster
Tiene un poco de los tres y desde luego no ocurre en la temporada 2, como dije ayer, me he dejado llevar por la inspiración... pero no por la mía, sino por la de mi buen amiga María, así que, digamos que se lo regalo, porque se lo merece porque siempre está ahí.
Eran tiempos movidos, en su sentido más literal. El peligro de seísmo en toda la zona de Austin llevaba dando vueltas por las noticias, redes sociales y por boca de todos desde hacía tiempo, pero durante los últimos días, las cosas se estaban poniendo más serias.
TK lo sabía porque todo el equipo le mantenía informado y una parte de él odiaba estar en casa y no ser ya un bombero o paramédico; una parte de él echaba de menos estar ahí y fuera, preparado para ayudar cuando hiciera falta. No podía negar que le gustaba la adrenalina en el cuerpo esperando la llamada de emergencia y saber que estaba ayudando y salvando gente cuando la ciudad les necesitaba.
Pero al mismo tiempo, una parte que cada vez iba creciendo más dentro de él y que se apoderaba de esa morriña, era la que más le hacía feliz, la que de quedarse en casa y sabe que estaba protegiendo a la personita que más le necesitaba.
Jonah era, junto a Carlos, su prioridad. Pero mientras Carlos era un hombre hecho y derecho, todo un ranger, que pronto lograría ese ascenso que tanto se merecía y tomaría el mando de algún equipo propio, Jonah estaba a punto de cumplir los cuatro años y se había convertido en su hijo y les necesitaba.
Por eso, en cuanto la alarma de terremoto llegó, dejó a un lado la idea de buscar un trabajo, no era algo tan urgente como quitarle las pesadillas a su hermanito, que ya despertaba gritando pensando que se les iba a caer la casa encima.
Además, estaba su propia preocupación por Carlos.
El terremoto podía no llegar nunca, Austin era propensa a las alarmas por seísmos y propensa también a que al final no pasaran.
“No te preocupas tanto por nosotros.” Le decía Judd bromeando, cada día cuando TK pasaba a comer al cuartel con ellos. “Y somos los que más nos pringaremos si se mueve la tierra.”
“Lo siento, tío. Pero me siento atado de manos y pies ahora que estoy fuera de todo esto.”
TK miró a Jonah, al que habían subido a una silla y estaban enseñando a jugar al futbolín entre Paul y Mateo. El niño reía y le costaba mover los largos palos metálicos en los que estaban encastrados los muñequitos, así que tenían que ayudarle.
“Te entiendo muy bien.” Judd le dio una palmada en la espalda y TK se volvió. “Yo estaba igual cuando me marché para estar con Wyatt. Lo echaba mucho de menos y cuando escuchaba que pasaba algo, me daban ganas de dejarlo todo y venir.”
Paul cogió a Jonah en brazos cuando lograron marcar un gol y comenzaron a bailotear por la sala. Marjan se unió a ellos.
“Pero los hijos van primero.” Contestó TK dejando salir un largo suspiro.
“Tú lo has dicho, hermano y no sabes la suerte de tener a Jonah, con su edad, contigo. Tienes toda la vida por delante. Disfrútalo.”
Una enorme sonrisa se dibujó en los labios de TK. Hacía tiempo que soñaba con la idea de ser padre con Carlos y de pronto el milagro se había hecho realidad. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para disfrutarlo y aprovecharlo.
Pero por lo visto, aquel día no era el más adecuado para dejarse llevar por tanta alegría, porque de pronto el suelo comenzó a moverse bajo sus pies.
Tras los primeros momentos de caos, todos sabían lo que tenían que hacer. El temblor había sido pequeño, pero todos sabían que era el aviso de que algo mucho más grande estaba por venir.
Eso no pasó inmediatamente, los siguientes días fueron tranquilos, pero el peligro y las alertas estaban continuamente encendidas. Estar en casa todo el tiempo, era lo que TK y Carlos necesitaban esos días, saber que Jonah estaba bien, protegido y no tenía miedo de lo que pudiera pasar.
Sin embargo, TK no dormía tan tranquilo como el pequeño y aunque pasaba el día jugando con él, le llevaba al parque, cocinaban juntos y le leía los cuentos que quería después de ver la tele o antes de dormir.
“Voy a estar trabajando mucho estos días si el suelo se vuelve a mover.” Le había dicho Carlos cuando la emergencia de los terremotos había saltado.
TK nunca intentaba ocultar el miedo, se conocían demasiado bien y no merecía la pena ocultar sus sentimientos cuando sabía que su marido se había a arriesgar si había más terremotos para salvar la vida de gente… como tantas veces había hecho él mismo.
“Eres ranger, no bombero ni first responder como antes, no deberías…”
Carlos le dio un beso, de esos que sabía darle a su marido para calmarle cuando TK se ponía nervioso, cuando su cerebro iba demasiado rápido y dejaba de pensar para dejarse llevar por el pánico.
“Todo va a ir bien, Tyler. Tú lo has dicho, no soy first responder y no voy hacer lo mismo que hará la 126.” TK lo miró preocupado esperando que le dijera algo más que le quitara el miedo de encima. “Estoy seguro que no pasará nada, voy a pasar unos días en el centro del 911 con Wyatt. Los de arriba quieren que haya uno de nosotros por allí.”
“Por si ocurre algo.” Sentenció TK, mientras se acurrucaba entre los brazos de Carlos, ahora que Jonah se había ido a dormir.
Carlos le besó la cabeza.
“Y también es posible que no pase nada más que los pequeños movimientos de tierra que hemos notado.”
“Prométeme que tendrás cuidado.”
“Sabes que te lo prometo.”
*
Les habían dicho que podían llevar una vida normal, podían salir a la calle y poco a poco los temblores parecían estar desapareciendo y se hacían más esporádicos. Aun así, Carlos seguía trabajando de forma permanente en el centro del 911.
Las jornadas eran tranquilas, después de todo, solo estaba allí como precaución. Eso le daba tiempo para hablar con TK. Sabía que su marido se preocupaba por tenerle lejos o por el riesgo que suponía la idea de un terremoto repentino y lo que podía ocurrirle.
TK: ¿Alguna novedad?
Carlos: No se acerca ningún terremoto, puedes estar tranquilo.
TK: ¿No te estará picando el gusanillo de cambiar de trabajo verdad?
Carlos: Tyler, soy policía desde hace casi diez años. ¿Qué te da tanto miedo ahora?
TK: Lo siento, pero ahora que no soy first responder, tengo miedo que si te pasa algo, no estaré ahí para cuidar de ti.
Carlos: Siempre cuidas de mi, estés donde estés.
TK: Dime cuando vuelvas, te prepararé lo que quieras para comer, aunque sea muy tarde.
Carlos: ¿Qué tal si aprovechas que no hay alarma de terremotos y vas al parque con Jonah?
La idea entusiasmó a Jonah. Desde que había comenzado la alarma de los terremotos, no habían podido salir mucho y el pequeño se sentía como un tigre enjaulado. Él mismo preparó su mochila, aunque tuvo que pedirle a TK que le cogiera la botella de agua de la nevera.
“Tienes que prometerme que estarás atento y si ocurre algo y te digo que debemos marcharnos a casa, debes hacerme caso.” Le dijo TK al niño en cuanto llegaron al parque.
Jonah asintió, pero ya estaba tirando de la mano de su hermano mayor, en dirección a la zona de los columpios, su parte favorita del parque. Estaba a punto de cumplir los cuatro años, le quedaban menos de tres meses y ya era un experto trepando las cuerdas, subiendo el tobogán por la parte que no debía y pidiendo una y otra vez a su padre que le empujara en el columpio.
Merendaron sentados en la hierba unas piezas de fruta antes de seguir jugando y antes de que TK pudiera decidir si era hora de volver a casa, la alarma comenzó a sonar en el teléfono de TK. Lo miró.
Alarma de terremoto.
Tras la alarma el teléfono volvió a sonar, esta vez era una llamada de Carlos.
“Te ha llegado el aviso ¿verdad?”
“¿Es cierto? ¿Se acerca un terremoto?”
“Sí y no tardará mucho. ¿Estáis seguros verdad?”
TK temía decirle la verdad a Carlos, solo iba a conseguir preocuparle si le decía que estaba fuera de casa, en cualquier sitio menos protegidos en casa.
“Sí, claro, ¿todo bien por allí?”
“Sí, de momento tranquilo, pero…”
Carlos no tuvo que decir nada, porque TK también lo notó, aunque no demasiado, pero escuchó el griterío al otro lado y que sonó como la tierra gritando, los muebles moviéndose de un lado a otro y TK aterrorizado por lo que podía estar pasando allí, tuvo que contenerse para no asustar también a Jonah.
“¿Carlos?”
“Estoy aquí, solo ha sido un terremoto un poco más serio. Un susto, pero me tienen al mando. ¿Te lo puedes creer? Parece que se acaba el mundo y yo estoy al mando, salvando a Wyatt? Lo que ocurra corre de mi cuenta.”
“¡Papa Los, eres un superhéroe!”
TK estaba a punto de perder los nervios por lo que se imaginaba que estaba ocurriendo en el centro del 911. Pero Jonah le agarró la mano, la apretó y le miró con ojos brillantes, emocionado ante la sensación de que su hermano mayor y esa figura paterna, era verdaderamente un superhéroe en la ciudad.
“¿Por qué has tenido que salvar a Wyatt? ¿Está bien? ¿Debería avisar a Judd?”
“TK, baby, calma. Wyatt está bien, el suelo ha fallado un poco, justo debajo de la silla de ruedas de Wyatt. Ha estado a punto de caerse, pero le he atrapado a tiempo.”
“¿Has dado un salto de superhéroe papa Los para salvar a Wyatt?”
“No diría tanto, pero lo que quiero ahora es que os quedéis en casa, ¿de acuerdo?”
“Claro, estaremos bien.” TK estaba enseñando desde el inicio que las mentiras estaban mal y mentir a Carlos sobre donde estaban delante del niño era algo que le hacía sentir como una persona horrible. “No nos vamos a mover de casa.”
Jonah le miró mientras terminaba la llamada, con el ceño fruncido y TK simplemente le acarició el cabello.
“Lo sé, peque, pero no quería preocupar a Carlos. Ahora nos ponemos en marcha y volvemos corriendo a casa antes de que haya otro terremoto, ¿de acuerdo?”
El niño asintió con seriedad, se agarró a la mano de TK y los dos se pusieron en marcha. Pero la tierra no se había quedado tranquila con el anterior movimiento: solo que esta vez, el terremoto estaba ocurriendo justo bajo sus pies y con más fuerza e intensidad del que había hecho temblar el centro del 911.
Jonah gritó y se agarró a la cintura y TK se detuvo, se arrodilló y cubrió el cuerpo del pequeño para hacerle sentir bien.
“Haz que paré, papa bro. Tengo miedo.”
“Lo sé, baby lo sé.” TK le besó la cabecita.
La experiencia de ser bombero y haberse encontrado en más de una situación similar, permitió a TK estar tranquilo y preparado para tranquilizar a su hijo. Sin embargo, también necesitaba estar tan seguro de que Jonah no lo pasara mal, que tardó unos segundos demasiado largos en darse que tras ellos había una enorme estructura metálica donde los niños jugaban todos los días, se balanceaba, oscilaba y el terremoto hizo que, irremediablemente, cayera sobre ellos.
TK escuchó el grito de Jonah, lo agarró entre sus brazos y rodó por el suelo. Hizo lo posible para intentar alejarse de todos los hierros de la estructura que caían de un lado a otro; pero no llegó lo bastante lejos, así que cubrió todo el cuerpo del niño con el suyo. Si alguien se llevaba un golpe, sería él, no Jonah.
De pronto, tras el estruendo y entre sus propios gritos, estaba el silencio de Jonah, apretado contra su cuerpo y la oscuridad que podía ver TK, bajo los hierros que había dejado encima de ellos el terremoto.
Resumen: Carlos había conseguido cerrar por fin el horrible capítulo de su vida que suponía el asesinato de su padre. Ya sabía quien se lo había arrebatado, quien le había matado y por qué. Era hora de seguir adelante con su vida y con su familia. TK y Jonah, su hijo, ese maravilloso niño que había entrado a forma parte imprescindible de su día a día le necesitaban.
Pero haber recibido un disparo a unos cuantos cientos de kilómetros y tener que pasar unos innecesarios días allí, solo le hacía estar nervioso y querer salir corriendo.
No fue una genialidad pedir el alta antes de tiempo, mentir y decir que le esperaban en el hospital de Austin. Pero cuando Carlos Reyes se obsesionaba por algo, ni siquiera una herida de bala iba a detenerle y mucho menos para regresar a casa con las dos personas más quería en el mundo.
Notas: Es hora de comenzar la Tarlos Angst Week, así que aquí estoy. He decidido cambiar un poco la idea porque me cuesta bastante escribir en estos días, pero con el Tarlos todo es más fácil, así que nada de buscar por temporadas, simplemente he dejado que las ideas fluyeran y ver por donde salía todo.
CAPÍTULO 1
Dejar el hospital antes de tiempo no había sido la mejor idea, decirle al médico que se encontraba bien y que quería el alta voluntaria, tampoco y desde luego mentirle a TK y a su madre, haciéndoles creer que todo estaba bien, escondiéndoles que le dolía todo el cuerpo, le iba a salir caro si se enteraban en algún momento.
Pero Carlos necesitaba volver a casa.
Le habían dicho que solo serían tres o cuatro días, tiempo que debía estar en la cama de un maldito hospital a cientos de kilómetros lejos de casa, lejos de TK, ahora que el asesino de su padre tenía un rostro, ahora que podía dormir tranquilo.
Pero había terminado herido, con un disparo en el costado y los médicos se habían insistido en permanecer en observación.
“Estoy bien, solo necesito estar en casa.”
“Agente Reyes, la bala ha quedado muy cerca del pulmón, ha tenido mucha suerte que no lo rozara, incluso ha sido afortunado de que no le rompiera la costilla. Necesita descansar y nosotros asegurarnos…”
“Mi familia me está esperando. Le agradezco mucho lo que están haciendo, pero tengo a mi marido en casa con un niño pequeño y me necesitan.”
No podía dejar de pensar que era un gran egoísta si se tomaba esos días de descanso mientras TK se hacía cargo de los primeros días de Jonah con ellos. Los necesitaba a ambos después de separarse de su padre. No debía ser nada fácil para el niño estar lejos de Enzo y tampoco debía serlo para TK hacerse cargo de su hermano pequeño, por mucho que estuviera entusiasmado con la idea.
“Yo solo puedo recomendarle que se quede con nosotros hasta que le hagamos al menos una revisión más de la herida.”
“¿Puedo hacerla en Austin?”
“Por supuesto, no puedo retenerle aquí contra su voluntad agente, pero…”
“Agradezco lo que han hecho por mí estos dos días, pero, me encuentro bien y prefiero continuar la recuperación en casa.”
“¿Querrá decir la rehabilitación?”
Carlos no diría nunca que había desoído las palabras del médico, jamás diría en voz alta que había decidido llevarle la contraría o incluso olvidarse de seguir sus indicaciones, además de no pasar por el hospital para hacerse una revisión de la herida.
Simplemente había decidido no preocupar a TK, ni a su madre ni a ninguna de las personas que le rodeaban y que sabían lo que había ocurrido en el desierto.
La historia oficial, lo que había llegado a oídos de TK, era que el disparo no había sido más que un rasguño, un susto afortunado y que Sam le había salvado la vida. Eso último era una verdad absoluta y desde luego, la herida se había quedado en un susto, solucionado con una rápida operación.
Era normal que doliera, era normal que le costara moverse con normalidad, tampoco había por qué preocupar demasiado a nadie con ello o quedarse más tiempo del necesario en una cama de hospital.
Así que había regresado a casa con medias verdades para todo el mundo y con el terror de enfurecer a su madre y al propio TK si algo iba mal; pero con la sensación de que se había quitado el mayor peso de encima al permitir que su padre descansara finalmente.
Tres días en casa, con la nueva normalidad que suponía ser uno más en su pequeña familia, viendo la sonrisa de Jonah todos los días, incluso cuando había alguna pequeña pelea o cuando alguno de los dos tenía que ponerse serio y reprender al pequeño para que no hiciera algo indebido; Carlos era feliz y sabía que había merecido la pena jugársela dejando el hospital.
La herida dolía y tal vez un poco más de descanso, menos carreras por la casa detrás de Jonah, madrugar menos para seguir el paso del pequeño y de TK o tomarse las cosas con un poco más de calma no le vendría bien.
Pero ahora que se sentía finalmente feliz y ahora que podía decirlo, no quería perder un momento.
Eso significaba también seguir el ritmo de Jonah cuando el juego se trataba de evitar a los tiburones que intentaban subir al barco que había hecho con cojines en medio del salón. A su cuerpo no le hacía demasiada gracia estar sentado en el suelo y tirado dando vueltas como una croqueta cuando el pequeño tiburón martillo, que tanto le gustaba ser a Jonah, intentaba atacarle.
Pero Carlos seguía jugando, porque hacía poco que había descubierto que le gustaban los niños, le encantaban los niños… tal vez no los niños en general, porque la idea de estar rodeado de niños, le ponía nervioso. No sabía moverse entre ellos como TK, que se sentía como un igual entre ellos en el mejor sentido del término.
Carlos tenía problemas con los niños por el mismo motivo que se sentía especialmente cómodo siendo policía. Necesitaba normas, horarios, sentido para todos y los niños adoraban adoraban el caos, el ruido y el sinsentido. Todo era posible para un niño, todo podía ser un juego siempre que su imaginación lo permitiera.
Pero Jonah era diferente. Jonah era parte de TK y eso lo hacía parte de él también.
“¡Cuidado Papa Carlos! ¡Qué viene el tiburón!”
Jonah estaba preparado para jugar en todo momento, mientras que Carlos estaba perdido en los pensamientos que se le habían acumulado, perdidos en su mente desde hacía meses, cuando solo había podido pensar en la muerte de su padre.
De repente lo tenía encima, ahí estaba el pequeño tiburón, dispuesto a atacar, a devolverlo, a demostrar lo fuerte que era, como todo cachorro de la manada, quería demostrar ya que era más fuerte que los mayores.
Carlos solo tuvo tiempo de atraparlo entre sus brazos para que no se le estampara encima, pero el golpe fue igual. No había cumplido todavía los cuatro años, pero ya denotaba que iba a ser un muchacho alto y fuerte y como tal, cuando sus rodillas se estamparon en su vientre, notó que una recaída completamente contra la diana de la herida todavía no curada del disparo.
Si disimuló perfectamente bien el dolor que acababa de dejarle pálido y sin respiración, no pudo estar seguro pero por fortuna, su único testigo era un niño de menos de cuatro años, que no se había dado cuenta de lo que había ocurrido.
TK estaba poniendo en orden el dormitorio y no había visto nada.
Por eso, Carlos quedó tendido en el suelo, las rodillas todo lo pegadas al cuerpo que pudo para soportar el dolor y también para respirar lo mejor que su torturado abdomen se lo permitía; al mismo tiempo que hacía un gran esfuerzo por parecer estar bien delante del niño.
“Jonah, mi amor, ¿Podrías ir a decirle a Papá TK que venga?”
El niño asintió serio, prestando toda la atención posible a las palabras de Carlos, dispuesto a cumplir la nueva misión del tiburón y salió corriendo hacia la habitación. Carlos se preguntó si habría notado algo ya.
Cuando estaba solo, dejó salir un estertor de dolor y casi se echó a llorar, pero fue capaz de controlarse.
“¡Papa bro!” Llamó Jonah a TK en cuanto lo vio en el dormitorio poniendo bien las sábanas de la cama de sus tutores a los que ya consideraba sus padres. “¡Papa bro!”
“Hey, peque, ¿Qué pasa? ¿Va todo bien?”
“No, papá Carlos… se ha hecho pupa.” Dijo Jonah con los ojos cubiertos de lágrimas.
“Vale.” TK besó la cabeza del niño para calmarlo, pero sobre todo para calmarse él mismo. “Necesito que te quedes aquí un momento. Puedes usar mi tablet para llamar al yayo Owen mientras veo cómo está papá.”
Jonah asintió, TK le dio otro besó y fue al salón, intentando simular que no estaba a punto de perder los nervios. Una vez seguro de que el niño no le veía y ya en el salón, se encontró a Carlos en el suelo, todavía hecho una bola; intentaba abrazarse a las piernas, aunque eso no hacía que el dolor fuera menor.
En cuanto se acercó un poco, se dio cuenta que Carlos estaba sudando y estaba extremadamente pálido, porque le costaba respirar, mientras se apretaba el costado con una mano.
“Carlos baby, ¿Qué pasa? ¿Te han saltado los puntos? Dime que necesitas.”
Carlos le agarró la mano y tiró de él para que se sentara a su lado y de paso para recuperar un momento el aliento.
“Duele… mucho… las costillas. Me cuesta respirar.” Dijo entre dientes, mientras todavía temblaba y las lágrimas caían por su mejilla.
“¿Por qué? Quiero decir, ¿Qué ha pasado? ¿Has hecho algún movimiento raro? Mira que te dije que tuvieras cuidado unos días por mucho que te hubieran dado el alta.”
Carlos gimió y todo el rapapolvo que le estaba echando TK dejó de tener importancia al ver el dolor en su rostro.
“Dime qué necesitas.”
“Solo quedarme un momento… y un cojín por favor… pero no te enfades… por favor.”
TK gruñó, no enfadarse iba a ser complicado, porque ya estaba cabreado. Era paramédico y como era capaz de darse cuenta que Carlos se había excedido esos días, se había comportado y movido como si no hubiera pasado nada. Había hecho como si hubiera vuelto de un día cualquiera en el trabajo. Apenas había hablado del hospital, de la herida o de haber sufrido un incidente.
“No quiero preocuparte, ni que Jonah se asuste. Además mi madre ha pasado bastante con lo de mi padre.”
Ahora quería gritarle, pero lo primero era asegurarse que no se hubiera hecho daño de verdad y que los puntos estuvieran en su sitio. Lo primero también era abrazarlo y hacerle sentir bien, por muy enfadado que estuviera con su marido, su bienestar y su seguridad, igual que la de Jonah eran lo primero.
“Vale, vale, no me enfado… de momento.” Sonrió TK. “Quédate donde estás, voy a coger un cojín.” Se lo puso bajo la cabeza y otro contra el pecho. “Voy a coger una bolsa, no se te ocurra moverte.” No podía, así que no lo hizo. “¿Podrías decirme qué es lo que ha pasado?” Siguió diciendo TK, mientras controlaba su respiración.
“Jonah está bien, no pretendía asustarle.” Comenzó a decir Carlos, mientras intentaba evitar llorar.
“Carlos, mi amor, Jonah estaba muerto de miedo y no era para menos viéndote así y tú lo estás pasando fatal porque te duele mucho. Dime qué coño ha pasado para que hayas terminado así.”
Carlos respiró con fuerza cuando TK se lo pidió, aunque eso provocó más dolor en su interior y se dio cuenta que tampoco podía meter demasiado aire en sus pulmones.
“Estábamos jugando, Jonah se lo estaba pasando muy bien y se dejó llevar. Me saltó encima, intenté pararlo, pero cayó encima de la herida.”
“Carlos.” Dijo TK en un suspiro imaginando lo doloroso que debía haber sido ese momento.
“El dolor explotó y me quedé sin aire, pero creo que ahora me siento ya bastante mejor.”
Mentía, Carlos mentía y no hacía falta ser ni un experto médico ni el mejor paramédico del mundo para darse cuenta de que apenas podía respirar y que lo estaba pasando fatal por culpa del dolor.
Después de darle un fuerte analgésico para el dolor, TK se tomó un momento para controlar la herida, no había llegado a abrirse los puntos, pero estaba muy enrojecido y seguía sin gustarle la respiración entrecortada de Carlos. Además aunque la herida estaba más o menos cerrada, desde que había llegado a casa, había sido el propio Carlos el que se había ocupado de curarla después de las duchas o por la mañana y en la noche.
Había estado tan preocupado con Jonah que no se había dado cuenta que Carlos apenas le había permitido ver cómo estaba.
Ahora entendía por qué.
“Por cierto, ¿Por qué te preocupaba que me enfadara? Sé que a Jonah le encanta jugar contigo y no conoce muy bien la fuerza que tiene.” Dijo mientras le ayudaba a ponerse lo más cómodo posible en el sofá.
“Lo siento.”
TK se lo quedó mirando, sentado en la mesa de café. Acarició su mejilla y le dio un beso largo.
“Tyler yo…”
“Esta herida no estaba bien curada del todo cuando saliste del hospital. ¿Cómo te dieron alta en estas condiciones? ¿Por qué no me dijiste nada?”
Carlos se mordió el labio y TK sabía muy bien lo que significaba ese gesto… demasiado bien. Su marido le estaba escondiendo algo y le daba miedo decirlo en voz alta.
“Mentí en el hospital, quería venir a casa lo antes posible. Les dije que estaba bien y que me haría ver en el hospital en cuanto llegara para asegurarme que todo está bien.”
“Carlos…” TK le tomó las mejillas. “¿Te das cuenta de lo peligroso que es lo que has hecho? Esta herida se te podría haber infectado o…”
Carlos se dejó caer un poco hacia delante, sabiendo que TK lo recogería y apoyó la cabeza sobre el pecho de su marido. Le dolía todo y le costaba pensar y sentía que la cabeza estaba a punto de estallar. No respirar parecía ahora el menor de los malos, sobre todo cuando TK lo miraba con esa expresión suya de decepción.
“No quería estar tanto tiempo lejos de casa, de ti… de Jonah.”
Carlos tomó una profunda bocanada de aire para poder seguir hablando, mientras sentía la mano de TK acariciando su cabello y su cuello.
Cerró los ojos y se quedó ahí, todavía temblando, pero dejó que su marido le recostara de nuevo en el sofá y notó ahora sus dos manos levantando su ropa para echar un vistazo a la herida.
“De pronto sabía quién era el asesino de mi padre y sabía por qué lo había hecho. Me había quitado toda esa mierda de encima.” Tosió, dolía, pero TK se lo había pedido.
Gimió y agarró la mano de TK para evitar gritar y llamar la atención de Jonah o asustarle.
“Lo sé, sé que duele pero necesito escuchar tus pulmones. ¿Has pensado lo irresponsable que fue lo que hiciste?”
“Yo solo… de pronto estaba lejos de vosotros y me di cuenta que llevaba mucho tiempo lejos de ti, obsesionado con la muerte de mi padre y me estaba perdiendo la llegada de Jonah aquí a casa.” Carlos gruñó de nuevo, el costado dolía cada vez más, contra más hablaba. “Estos meses han sido… una nube… lo siento… mierda… Solo quería volver a casa con mi familia.” TK iba a decir algo más, probablemente iba a reñirle un poco más y se lo merecía, pero Carlos le agarró la mano y tiró de él. “Tenía… miedo.” Gimió antes de volver a toser y sentir que se rompía algo en su interior que le hacía gritar.
TK no estaba seguro si quería seguir con la reprimenda o llenarle de besos para hacerle sentir bien. Pero ver sus ojos llenos de lágrimas y el dolor en su rostro solo le daba ganas de abrazarse a él y hacerle sentir bien.
“Lo entiendo, pero pusiste tu vida en peligro, babe.”
“No pensé que pasaría nada malo por irme unos días antes del hospital.”
TK sabía la respuesta que le iba a dar Carlos incluso antes de hacer la pregunta, pero aun así tenía que decirlo.
“Bueno, pues lo que necesitas ahora es descansar y tumbarte, ya que imagino que no quieres ir a urgencias a que te vea un médico.”
Desde luego, Carlos quería quejarse, porque Carlos odiaba los hospitales. Odiaba ver a TK en una cama de hospital y había salido corriendo de uno, aunque las consecuencias eran las que estaba sufriendo ahora.
Quería decir que no, que se pasaría y que podía soportar el dolor. Quería preguntarle a TK si él creía necesario llevarle a urgencias. Seguramente estar casado con un paramédico experimentado como TK era más que suficiente para limpiar la herida y hacer lo que hiciera falta.
Pero sentía que algo iba mal. No poder respirar bien no era buena señal, el dolor que sentía en toda la zona intercostal y donde había recibido el disparo tampoco, incluso la fiebre que sentía que empezaba a subirle… aunque tal vez no fuera un poco de paranoia no le ayudaba en absoluto.
“No quiero ir…” Dijo por fin, intentó incorporarse, pero la habitación comenzó a dar vueltas y sintió náuseas. La mano de TK apoyada en su pecho impidió que su pecho se venciera. “Pero no quiero darte… más sustos.”
TK miró un momento al dormitorio, Jonah se reía hablando con Owen, aunque no fuera su hijo, ni directamente su nieto, su padre había conectado en seguida con el niño y había incluido en su familia sin pedir nada, sin preguntar y con la devoción de su verdadero abuelo.
Por lo menos el niño estaba tranquilo, jugando a través de la tablet con sus muñecos de superhéroes y TK estaba escuchando a su padre poner voces al otro lado de la tablet. Estaba todo controlado.
“Si Jonah me deja hablar con mi padre dos minutos, creo que puedo pedirle que venga para cuidar del peque. ¿Cómo de malo es el dolor ahora mismo?”
“TK…”
“Prometo no enfadarme si no te mueres.” Dijo riéndose y le dio un beso largo que logró calmarlo lo suficiente para que pudiera responder.
“Ocho si respiro profundamente… aunque en realidad no puedo hacerlo.” Carlos tosió y se llevó las manos al abdomen. “Mejor… no… hacerlo.”
“Deja que eche otro vistazo, pero algo me dice que vamos a tener que ir a urgencias y que voy a tener que pedirle ayuda a Nancy y el equipo que esté hoy de guardia para llevarte.”
“¿En ambulancia?” Protestó Carlos, casi con tono infantil y además lo remató con esos ojos de cordero degollado con los que TK apenas podía luchar.
“Carlos no me hagas esto, nada de juegos sucios con esa mirada.”
Los dos se echaron a reír, pese a que el miedo y la preocupación recorrían sus cuerpos y sus miradas lo decían todo.
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Sé que estás preocupado por mí, lo he notado en tus últimos emails. Pero no sé por qué, tú lo has dicho, no nos conocemos, no nos hemos visto nunca… Igual debería mandarte una foto. No te preocupes, no soy de ese tipo. Pero me gustaría que supieras la cara que tengo y ver la tuya.
Por curiosidad.
Aquí la tienes.
Y tampoco quiero que te asustes con mi aspecto de estos días.
Creo que estoy enviando un email oculto y mi madre está durmiendo así que puedo ser sincero y espero que no sea demasiado lo que te voy a decir.
Hace… no hace mucho comencé a tomar… cosas que no debía y la verdad es que me lo han preguntado en el hospital unas cuantas veces, pero lo cierto es que no sé por qué lo he hecho.
Estoy hecho un lío, Carlos, y creo que cuanto más lo pienso, menos lo entiendo.
Por cierto, sobre lo de llamarme Tee, me hace mucha gracia cuando lo leo.
Es estúpido, lo sé, pero… desde que tomé pastillas por primera vez, la gente me trata con demasiado cuidado y nadie usa diminutivos conmigo. Solo TK, porque odio lo de Tyler Kennedy.
Cómo tú mismo dices en tu último email, no tienes por qué contestarme si no quieres. Tú lo has dicho, tenemos quince años, no estamos preparados para hablar de ciertos temas.
Si es mucho para ti, lo entenderé.
Me caes bien igualmente.
TK.
18 de Diciembre 2009
Hola, TK.
Primero gracias por la foto.
Te había imaginado, pero no así. Ha sido una sorpresa verte. Echo de menos una sonrisa. Me gustaría poder hacerte reír.
Segundo, si tú me mandas foto, yo te mando foto. No salgo bien en las fotos, pero bueno, mi madre dice que en esta salgo muy guapo. Me voy a fiar de su palabra.
Tercero. ¿Cómo no te voy a contestar por lo que me has contado? Tengo quince años pero no soy insensible.
Además, no quiero sonar pedante pero mi padre me ha contado muchas historias de chicos… bueno, que han hecho lo mismo que tú.
Vale, eso ha sonado a que soy un insensible.
Lo que quiero decir es que sé de qué va y sé que es duro y que necesitas gente en quien confiar a tu alrededor.
No es que esté precisamente a tu alrededor, ni cerca. Pero estoy al otro lado de un email.
Escríbeme cuando quieras, cuéntame lo que quieras, no me asustaré, no dejaré de contestar. Te lo prometo.
¿Puedo contarte algo, Tee?
¿Tu madre sigue leyendo tus emails? Es algo personal y, bueno, no conozco a tu madre, me da vergüenza que lo vea.
Carlos
19 de Diciembre 2009
Querido Carlos,
Mi madre ha prometido no leer nuestros siguientes emails mientras le prometa contarle lo que hablamos. Piensa que eres un buen chico y como vio el último email… creo que le pareces encantador por la foto.
LOL Perdona, pero es verdad. ¿Cómo puedes decir que no sales bien en las fotos? Eres muy guapo.
Cuéntame lo que quieras y si puedo ayudar, estaré encantando.
Yo también quería decirte algo.
Estos días son grises y mis padres no me dejan hacer nada que no sea ir a clase y luego en casa estudiar, comer y dormir. Lo primero me cuesta mucho, lo segundo… no tengo ganas y me pasaría todo el tiempo haciendo lo tercero si no fuera por tus emails.
Creo que nunca me he sentido más contento de hacer un trabajo para el instituto como intercambiar nuestros emails. Solo me gustaría que estuviera más cerca para conocerte y poder tomarnos un café.
Bueno, ahora tú, dime lo que quieras. Nadie lo leerá.
TK
20 de Diciembre 2009
Hola, Tee.
Iré al grano. ¿Recuerdas el tío del que te hablé? ¿El que tiene novia pero viene detrás de mí para enrollarse conmigo cuando nadie le ve? Hoy me ha invitado a salir, el sábado. Dice que quiere tener una cita conmigo. Él y yo, solos.
El problema es que me gusta mucho y no puedo pedirles opinión a mis padres y ninguno de mis amigos sabe que soy gay. No puedo preguntarle a nadie de mi alrededor y me siento perdido.
Tengo miedo de que en el fondo quiera tomarme el pelo y reírse de mi delante de sus amigos. No se que hacer, la verdad.
Carlos
20 de Diciembre de 2009
Hola, Carlos.
Mi primera respuesta es que ni se te ocurra ir a esa cita. Si ese tío sigue con su novia, ya ha tomado su decisión. El armario es muy cómodo para muchos tíos que quieren tenerlo todo.
Mi segunda respuesta es preguntarte si hace falta que le pida dinero a mi madre para coger un vuelo a Austin para evitar que hagas una tontería.
Mi tercera respuesta es que, aunque apenas te conozco, mereces salir con alguien mejor, alguien que no tenga miedo dejarse ver contigo.
Mi cuarta respuesta es…
Mis padres están peleando otra vez y creo que hoy es por mi culpa. Creen que no les oigo, pero están gritando en el dormitorio de mi madre. Creo que es por las pastillas que tomé. Los dos se culpan y no sé cómo decirles que… que no es su culpa, que está todo en mi cabeza, como dice mi psicóloga.
Menuda chapa te estoy dando, y tú que solo querías saber si salir o no con alguien.
Olvida lo que he dicho, pero, por favor, piensa bien lo de salir con ese tío.
Si estuviéramos más cerca, el sábado iríamos primero al cine. ¿Qué tipo de película te gusta? Yo no tengo un género favorito, la verdad, me gustan más las series. Bueno, pues primero una pelí y luego iríamos a cenar.
No es lo que parece, ¿vale? Una cena de pizzas o hamburguesas. ¿No serás vegetariano, verdad?
TK
21 de Diciembre de 2009
Hey, Tee.
LoL, no, no soy vegetariano. Soy texano, me gusta demasiado la carne.
Mis padres dicen que sale más barato comprarme ropa que llevarme a comer porque me gusta demasiado la carne, pero la buena, la cara.Pero también me gusta ir a la pizzería con mis amigos.
Sobre películas. No sé, a mí también me gusta todo, depende de la película. ¿Te gustan las series? Soy un gran fan de las series y no tengo con quien compartirlo.
¿Sabes qué? Tienes razón. Le he dicho a Michael que se olvide de que salgamos el sábado. Tengo una cita mejor.
Carlos.
21 de Diciembre de 2009
Querido Carlos,
¿Una cita mejor? No me digas que has conocido a alguien.
¿Quién es? ¿Es de tu instituto? ¿Cómo se llama? Menuda máquina de ligar estás hecho.
Tiene que contármelo todo, bueno, si quieres claro.
TK
21 de Diciembre 2009
Bueno, pues ya que lo preguntas te diré que es un chico muy simpático. Nos hemos visto un par de veces, pero nos llevamos bien y hablamos casi todos los días.
Tenemos cosas en común, como las series, y creo que encontraremos una película para ver juntos, aunque tendrá que ser cada uno en su casa porque vivimos lejos el uno del otro.
Y además tampoco será una cita porque le estoy pidiendo ahora mismo que comparta conmigo unas horas el sábado.
¿Qué me dices? ¿Te apetece que veamos una película, hacemos palomitas y luego nos pedimos lo mismo para cenar?
Yo opto por un clásico. ¿Star Wars o Aliens 2?
Carlos.
21 de Diciembre 2009
Espera, ¿qué? ¿Quieres que sea tu cita el sábado?
¿Lo dices en serio?
No tengo planes para el sábado. Sobre todo porque mi madre todavía no me deja salir cuando no voy al instituto. Así que me apunto.
Mejor Aliens porque si empezamos con Star Wars, no acabamos hasta la mañana del domingo, que yo si veo una las veo todas.
¿Para cenar podemos pedir pizza? Tengo una pizzería que me encanta al lado de casa.
¿Cómo lo hacemos? Si quieres te puedo dejar mi número de teléfono y me haces una perdida y le damos al play juntos.
TK
21 de Diciembre de 2009
Vale, entonces cojo entradas para Aliens 2. ¿A las 18 te va bien?
Pizza para cenar, genial. No me mates pero me gustan las de supermercado al lado de casa. Esas que tienes de reserva en el congelador por si acaso. Son mis favoritas.
Te paso mejor número y me contestas ahora con una perdida. 683-555-392.
¿Tu madre sigue sin darte dos segundos de libertad? ¿Crees que te dejará ir a algún lado antes de que vayas a la universidad?
Carlos
21 de Diciembre de 2009
Perdida hecha, ahora podemos estar en contacto por teléfono.
Qué ganas de que llegue el sábado. Nunca he tenido una cita a distancia.
Me voy a dormir, se ha hecho tarde.
TK
23 de Diciembre de 2009
TK
No es por ser puntilloso, pero son las 18.03 y no me has dicho nada.
¿Sigue el plan de ver la película y comer una pizza?
Te he llamado pero no contestas al teléfono. Supongo que lo tendrás apagado o sin batería.
Carlos
23 de Diciembre 2009
Ya supongo que te ha surgido algo y no te ha dado tiempo a decirme que no quedábamos.
Pero podías habérmelo dicho, que estoy aquí como un idiota, con lo que me ha costado conseguir la película, y tú no apareces.
Dime algo, solo para no estar preocupado.
Carlos.
23 de Diciembre 2009
Solo te escribo para decirte que me voy a dormir.
Se ha hecho tarde y mañana es Nochebuena y hay cosas que preparar.
Espero que estés bien y, bueno… pasa una buena Navidad por si no hablamos antes.
Tenía muchas ganas de lo de hoy. Otra vez será, espero.
Se hizo el silencio, no solo en la propia Charon, que siempre estaba en la más intensa quietud, pocos sabían los que pusieron el nombre de Mar de tranquilidad en la Luna. Nadie había visto las profundidades del universo en los confines del Sistema Solar, cuando se termine, cuando se llega al final y nadie sabe lo que hay más allá.
Sin embargo, el silencio llegó también al interior de la FF126 cuando Annabeth, tomó aquella decisión y tenía la intención de llevarle la contraría al capitán Strand.
TK miró a su padre. Estaba cargando con el peso del extraño que habían encontrado, pero no le importaba; si el ordenador central no les permitía el acceso al interior de su nave, todo lo demás daría igual.
“Tengo mis instrucciones capitán. Las vidas de mi tripulación son mi prioridad.”
“Lo entiendo Annabeth. Mi prioridad, como capitán, es asegurarme que la misión salga bien, incluyendo mantener con vida a todo… TK, una ayuda con la situación en la que estamos.”
“Annabeth, tus órdenes son cumplar las órdenes que te de mi padre, el capitán Strand ¿Correcto?”
“Eso es correcto, sanitario Strand.”
“Odio cuando me llama así.” Protestó TK. “Annabeth, no soy sanitario, aunque ese no es el tema.”
“Lo lamento, compañero.”
Padre e hijo compañeros, antes de marchar en aquella misión les habían dicho que la IA que habían colocado en su nave aprendía rápido. No estaban seguros si les hacía gracia que lo hiciera tan rápido.
“Entonces, ¿nos vas a dejar entrar?” Preguntó TK.
“Sigo sin poder… colega… TK.”
TK estaba preparado para gritarle al ordenador central, pero en cuanto abrió la boca, su voz quedó cortada por el sonido ahogado del gemido que salió de la garganta del hombre que colgaba de sus brazos.
Padre e hijo se lo quedaron mirando. Seguía inconsciente, con la cabeza echada hacia delante y su cuerpo temblaba. En el primer chequeo rápido que le había hecho TK nada parecía tener sentido por más vueltas que le daba. Su piel no estaba fría, como debería en aquel entorno remoto. En realidad. todo él, debería estar prácticamente muerto. Sin embargo, ya había comprabado hasta tres veces que su temperatura era normal y sintió de nuevo que se estremecía por su contacto, pero hasta ese preciso momento no comenzó a temblar.
“Papá.”
“Me he dado cuenta.” Dijo Owen. “Annabeth, sé que tienes tus órdenes, pero también sé que cuando un capitán da órdenes al IA de la nave estás obligada a escuchar y obedecer ¿verdad’”
“Así es capitán.”
“Entonces te lo voy a poner muy sencillo. TK y yo tenemos que entrar en la 126 en los próximos cinco minutos porque es la reserva de oxígeno que nos queda. Se lo puedes preguntar a Vega si quieres, Annabeth, ella te lo confirmara.”
“Lo veo en mis registros.”
“Entonces sabes que vamos a morir.”
Un nuevo silencio, Annabeth estaba pensando, como lo haría un ser humano, estaba procesando la información que tenía y que era lo más beneficioso para ella y para su nave; un tiempo demasiado largo que estaba poniendo nervioso a Owen y TK.
“Capitán, quiere que hagamos algo.” Dijo, Judd por el intercomunicador. La voz sonaba un poco entrecortada, señal de que estaba hablando por el canal privado al que Annabeth no tenía acceso. “Puedo pedirle a Mateo que desconecte la IA durante unos minutos y solucionado.”
“Espera, dame dos minutos, veamos si realmente la vida de la tripulación es lo más valioso para nuestra IA.”
TK conocía a su padre y sabía que llegado el momento, carecía de límites con tal de hacer las cosas como debían ser hechas. No era gran amigo de usar demasiada tecnología en las misiones y desde luego no le gustaba la idea de dejar las decisiones en manos de un ordenador.
No dudaba que el capitán estaba a punto de tomar una decisión, cuanto menos, peligrosa.
“Annabeth la seguridad de la tripulación es lo primero ¿verdad?” Dijo de nuevo Owen y luego miró a su hijo.
“¿Papá?”
“Tú solo tienes que conseguir entrar en la 126 y poner a nuestro misterioso invitado en la enfermería, del resto… tal vez necesite que avises a Judd para que me ayude a entrar porque tal vez esté inconsciente o casi pero…”
“Papá por favor, creo que sé lo que pretendes y no es una buena idea… no es ni siquiera una idea. Deberíamos seguir el plan de Judd.”
“Disculpa colega” interrumpió la voz de Annabeth a TK. “No he oído hablar al teniente Ryder. ¿Cuando ha dicho algo?”
“No es algo que haya dicho ahora, tranquila. Lo hemos hablado antes de salir, en privado.”
TK se sentía observado, muchas veces había imaginado o lo había intentado, como sería Annabeth si tuviera un cuerpo y un rostro. La había visualizado pelirroja y con ojos verdes, llena de pecas y con una mirada intensa de esas que atraviesan y que es capaz de sonsacar siempre la información que estaba buscando.
Y esa forma de ser, tratándose de un ordenador, le ponía todavía más nervioso.
“De acuerdo, amigo mío.”
“Puedes llamarle solo TK. En cuanto a lo que te decía papá.”
“Ni una palabra más. Tenemos tres minutos de oxígeno. Annabeth, vamos a entrar los tres en la 126, mi hijo, nuestro invitado y yo.”
“Capitán…”
“No, ahora me escuchas tú. O abres esa puerta y entramos, o me quito el traje de aislamiento y se lo pongo al extraño que nos acompaña, con eso deberías estar tranquila, nada de lo que pueda ser peligroso de él, debería afectarnos hasta que hagamos cualquier tipo de pruebas a su organismos.”
“Eso le pondrá en peligro a usted.”
“Tienes toda la razón, Annabeth.”
Cinco segundos de silencio, fueron suficientes para que el ordenador hiciera los cálculos necesarios y tomara una decisión.
El desconocido gimió y su mano derecha se aferró con violencia al traje de TK, con tanta fuerza, que a pesar de estar inconsciente casi le hizo caer al frío suelo de Charon. Le miró, tenía un gesto extraño; debía estar soñando, aunque más parecido inmerso en una horrible pesadilla, por ese gesto compungido.
Le temblaban también las piernas y había comenzado a sudar.
“Su cuerpo debería resistir un minuto a la atmósfera de Charon.” Dijo de pronto Annabeth. “Tiempo suficiente para ponerle el traje al desconocido y entrar.”
TK sintió que se le paraba el corazón al escuchar eso y apretó el cuerpo del desconocido contra él, sin darse cuenta. Lo escuchó protestar, pero no le importó. No podía dejar de mirar a su padre, porque estaba seguro que el capitán Strand, lo tenía todo pensado. Estaba convencido que todavía era capaz de ir unos pasos por delante que la mente de un ordenador, por mucho que las IAs fueran normalmente más capaces que el cerebro de un ser humano.
“¿Con eso nos dejarás entrar?”
“Papá, por favor, no se te ocurra.”
Owen sonrió a su hijo. Sí, lo tenía planeado.
“Tenemos dos minutos, hijo.”
El desconocido abrió la boca, levantó la cabeza y con los ojos cerrados pareció mirarle o eso creyó TK. No fue más que una sensación, pero en su interior así lo sintió, imaginó sus ojos, oscuros, estaba seguro que eran oscuros y pudo escuchar su voz.
“Ayuda… ayúdame, por favor. Vienen. Volverán.”
Sonaba perfectamente en su cabeza, una voz dulce y si tenía que definirla era la de una voz joven, como él, con un acento de un país diferente al suyo, que al mismo tiempo hablaba su idioma sin problemas. El problema, por supuesto, era que esa voz, tan solo sonaba en su cabeza.
El hombre, todavía inconsciente, tan solo tenía la boca abierta, como si de una bocina apagada se tratara, por extraño y espeluznante que sonara y sus ojos seguían, obviamente cerrados.
Entonces llegaron a su cabeza unas palabras en un lenguaje extraño, imposible de reconocer y que cubrieron todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor y la voz de su padre. Palabras que provenían de aquel extraño, de su voz fantasma.
No las comprendió, sonaban antiguas, un discurso milenario, arcaico que la humanidad podría no haber escuchado desde hacía milenios.
Sabía que eran palabras mágicas o lo habían sido en algún momento, palabras poderosas, místicas… si es que entendía lo que eso significaba.
“Titanes…” Fue lo único que comprendió entre todas las extrañas palabras sin sentido.
“¡TK!” El capitán lo zarandeó con tanta fuerza que casi le hizo perder el cuerpo del desconocido y hacerle caer al suelo de un solo golpe. “No tenemos tiempo. ¿Estás conmigo?”
TK quería preguntarle a su padre si él también lo había escuchado, si había oído la voz del desconocido en su cabeza. Pero Owen tenía razón, el tiempo se les acababa y el oxígeno también.
Quitarse el traje de aislamiento, comenzaría la cuenta atrás de apenas un minuto o menos antes de que su cuerpo sufriera una muerte rápida y agónica, una congelación de todos sus órganos, así como quedase sin oxígeno, que no había para respirar en aquella falta de atmósfera.
El paso del tiempo había hecho que el hombre y la tecnología hubieran sido capaces de hacer un traje casi simbiótico con el cuerpo. Un implante en el cerebro de la persona, otro en la base de la médula y lo que cientos de años antes habrían considerado magia, se producía.
Solo era necesario un juego de manos, un movimiento de dedos, pues bajo la palma de la mano se había creado un implante nervioso para dar la orden de cubrir el cuerpo y protegerlo.
TK se preguntó cómo pretendía su padre, hacer lo mismo con el desconocido, sin que llevara puesto ningún implante.
“¿Cual es el plan?”
“Sólo haz que entremos cuando la puerta se abra.”
“¿Cómo…”
“Solo hazlo.”
No era la primera vez que TK dudaba sobre los métodos de su padre, que temía que un plan no fuera a salir bien o que al final fuera a fallar porque no tuviera todo controlado. Siempre se equivocaba, estaba todo calculado.
Era complicado no tenerlo todo calculado cuando eras alguien como Owen Strand, alguien que pasaba casi todo su tiempo libre leyendo todos los informes que caían en sus manos sobre ciencia, tecnología, adelantos y novedades en la base espacial. Así, un día había descubierto el punto débil de los trajes de aislamiento o como alguien que no tuviera implante podía conseguir uno.
Así, en cuestión de unos segundos, TK vio como su padre movía los dedos, sabía lo que iba a pasar, quería detenerle, pero no lo hizo. El guante desapareció ante la orden del capitán. Owen protestó, por el frío y la presión de Charon, sacó el cuchillo de su bolsillo, se hizo la herida pertinente, lo bastante profunda, como para hacerse sangre, lo bastante como para gruñir, lo bastante, como para que unas cuantas burbujas, comenzaran a salir volando por la falta de atmósfera a su alrededor.
Las cogío, eran una danza macabra de unos pocos segundos, porque el tiempo corría en su contra y de pronto, manchó con ellas la cara y el cuerpo del extraño e hizo lo mismo con su cuerpo, la mano de la que salía sangre.
TK quería evitar mirar, pero no pudo hacerlo, como si de un espectáculo sin sentido se tratara. El capitán volvió a mover la mano, aunque ahora le costaba más y TK temió que se le rompiera algún hueso al hacerlo o algo peor. Sin embargo, por suerte, eso no pasó.
El traje se formó de nuevo, pero aunque lo hizo alrededor de su mano, pasó de ella y siguió haciéndolo alrededor del cuerpo del otro hombre, porque Owen agarró la mano del extraño y por un momento, el implante no entendía lo que tenía que hacer. La sangre seguía brotando de la herida. Sabía que la había hecho profunda y TK empezaba a temer que fuera demasiado profunda. El implante, como Annabeth, no estaban preparados para esa situación.
Unos pocos segundos, dos o tres, aunque para TK parecía ya una eternidad, el traje, que tenía unas dimensiones exactas se estaba retirándose del cuerpo de Owen y tomaba forma sobre el cuerpo del hombre herido.
“Papá ¿Estás seguro de que esto va a terminar bien?”
“Sé que va a terminar cuando Annabeth nos deje entrar.” Sonrió Owen.
“Sabes a lo que me refiero.”
“Lo sé, pero si quiero que tú estés a salvo y que Paul y Marjan que están acercándose por allí,” Dijo el capitán con un gesto de dolor, al notar que su cuerpo se iba a quedando fuera de la protección del traje y notaba ya el hielo de la luna muerta en sus piernas y su cabeza, “algún miembro de la tripulación tiene que estar en peligro para que Annabeth nos abra la puerta.”
“¿Y tienes que ser siempre tú?”
“Por algo soy el capitán.”
“Capitán Strand, noto que sus constantes, erráticas.” Dijo la voz del ordenador central. “¿Debo entender que se encuentra en problemas?”
“¡Te hemos dicho que nos abrieras la puerta!” Protestó TK. “¡Maldita ordenador de mierda! Haz caso a tu capitán. Te está diciendo que nos habrás. ¿Vas a permitir que muera?”
“Mi tripulación es lo primero, pero la orden de capitán choca con la entrada en territorio seguro, de un ente desconocido e imposible. Ningún ser humano podría estar vivo en Charon según mis parámetros, por ende, no es un ser humano, por lo tanto es un peligro para mi tripulación. No puede entrar.”
Estaba tan concentrado queriendo insultar a la IA de la nave, que no se dio cuenta que el traje había pasado de su padre al extraño hasta cubrirlo por completo hasta que lo escuchó lanzar un estertor, como el que lanzaría alguien que sale de debajo del agua y es capaz de volver a respirar.
Su cuerpo cayó hacia delante pero lo sostuvo, sin embargo, fue su padre el que cayó al suelo de golpe, de rodillas y se llevó las manos a la garganta porque no podía respirar.
“¡Annabeth!” Gritó TK. “Si no abres la puerta ya, vas a matar al capitán.”
Los dos segundos siguientes se hicieron interminables para todo el equipo, pero sobre todo para TK, que veía como su padre estaba a punto de morir y el maldito ordenador central no parecía tener intención de hacer nada para impedirlo.
Estaba dispuesto a suplicar si era necesario, aunque tuviera que arrodillarse ante una estúpida inteligencia artificial, pero no estaba dispuesto a perder a su padre, no en una luna perdida en el final del sistema solar, no porque un ordenar hubiera decidido que tenía unas órdenes diferentes y tampoco porque tuviera que decidir qué vida salvar.
Su padre le había enseñado bien y estaba convencido que era lo justo. No era el momento de elegir entre la vida del capitán y la del desconocido que habían encontrado en Charon. No sabían quién era ese hombre o si era un hombre realmente.
“Hijo…” Dijo Owen con un hilo de voz.
“No papá, ni se te ocurra, Annabeth te va a dejar entrar, porque tiene que hacerlo, ¿verdad Annabeth.”
No hubo respuesta en un primer momento.
“Capitán, si quiere, como segundo de abordo,” Dijo Judd. “Tengo toda la responsabilidad de apagar ese ordenador.”
“¡Hazlo!” Gritó TK desesperado.
“Puerta exterior desbloqueada.” Dijo la voz metálica de Annabeth.
TK empujó a su padre al interior de la 126 y cayó casi rondando para que el extraño con el que cargaba él, entrara también. Se quedaron los tres tendidos ahí. El desconocido inconsciente, Owen, a punto de la hipotermia y del infarto y TK, muerto de miedo porque había estado a punto de perder a su padre.
Paul y Marjan entraron justo detrás de ellos, un instante antes de que la puerta se cerrara de nuevo. Un haz de luz que nadie supo de donde salía, pero que provenía del techo, cayó sobre el desconocido.
“Protocolo de emergencia.” Anunció Annabeth. “Transporten al ente alienígena a una zona restringida y tan solo el equipo médico tendrá permiso para aproximarse a él. Disponen de un minuto para cumplir estas instrucciones.”
“¿Un minuto?” Protestó TK, mientras se enderezaba.
“Ya discutiremos los métodos de un dichoso ordenador cuando tengamos la situación bajo control.” Contestó Judd. “Doctora Vega, Enfermera Nancy, ¿pueden llevarse a nuestro invitado a una de las salas de aislamiento hasta que sepamos a qué o quién nos enfrentamos?”
“Por supuesto.” Contestó Tommy, asintió y le hizo un gesto a su compañera para que cogiera una camilla.
Las dos se pusieron en marcha, llevaban tanto tiempo en el mismo equipo, trabajando juntas, que sabían moverse y hacer las cosas, con la capacidad de comunicarse mentalmente hasta cuando no era necesario.
TK se puso de rodillas y se arrastró hasta su padre. Owen por fortuna estaba consciente, tosía y aunque todavía le costaba respirar y estaba muerto de frío, se estaba recuperando.
“No vuelvas a hacer eso, papá, casi te perdemos ahí fuera.”
Owen se echó a reír, se movió hasta la pared y se apoyó para estar lo más cómodo que pudo.
“Lo importante es que todo ha salido bien, aunque ahora nos queda saber de donde ha salido nuestro nuevo amigo.”
TK se sentó a su lado y se mantuvo en silencio durante un momento. Nada de lo que estaba ocurriendo aquel día tenía sentido. Creía que se había despertado en el mundo al revés. Annabeth se estaba comportando de un modo extraño; parecía tener las órdenes cambiadas y su padre empeñado en convertirse en uno de esos antiguos superhéroes de los cómics de otra época.
La aparición de aquel hombre imposible en el lugar más imposible del universo, ponía las cosas más difíciles de creer todavía.
“Lo que tú digas papá, pero como ahora soy el único miembro del equipo médico, estás obligado a hacerme caso.” El capitán lanzó un largo suspiro.
“Tú mandas hijo.”
TK no tardó en ponerse a dar órdenes. No podía quitarse de la cabeza lo que su padre y él acababan de hacer en medio de una luna inhóspita y se preguntó si estaba todavía soñando y no se había levantado.
Pero todo parecía demasiado real. Judd y Mateo se llevaron al capitán a la enfermería y TK les pidió que no le permitieran salir, al menos hasta que hubiera dormido y que toda la tecnología médica de a bordo le diera el visto bueno para volver al trabajo.
Ahora Judd y Paul estaban al mando de la 126 y la expedición de vuelta a la base. TK tenía bastante con preocuparse de su padre y luego saber quién era y de dónde había salido aquel desconocido.
No le llevó mucho hacer que su padre se fuera a su dormitorio. El resto lo hizo el ordenador de abordo. Temía que Annabeth no le hiciera caso o tomara de nuevo decisiones extrañas, pero parecía que alguien había reiniciado el sistema.
Annabeth, de pronto, volvía a ser parte de la tripulación y de nuevo, era fiel a su capitán designado.
“Capitán Strand, sus constantes siguen siendo preocupantemente bajas.” Dijo la voz de Annabeth por los altavoces del dormitorio de Owen. “También he notado que su temperatura no se ha recuperado lo suficiente. Estoy preparando un caldo de pollo en la cocina. Avisaré a un miembro de la tripulación para que lleve a su habitación en cuanto esté hecho.”
“Gracias Annabeth.”
Owen y TK se miraron, esperando que el la IA de la 126 dijera algo más con respecto a todo lo que había ocurrido, pero parecía haberse olvidado.
“De nada capitán.”
“Annabeth.” Dijo TK, para estar seguro que las cosas habían vuelto a la normalidad y que, al menos por el momento, no les esperaban más sorpresas. “¿Qué protocolo estás siguiendo con el hombre al que hemos recogido en Charon?”
“Tengo un protocolo escrito por la federación de la Tierra. El mismo que ha sido grabado y guardado en todas las las IA de las FF, antes de ser enviadas al sistema solar. Debemos seguir instrucciones de nuestro capitán. Sigo las órdenes del capitán Strand.”
“¿Sea cual sea esa orden?”
“Siempre y cuando cumpla la normativa y la legalidad vigente, por supuesto.”
“¿Y traer a este desconocido a la 126 para evitar su muerte lo cumple?”
Owen miró a su hijo con la esperanza de que estuviera haciendo demasiadas preguntas y terminaran enfrentándose a un ordenador convertido en asesino en serie que decidiera deshacerse de su tripulación.
El siguiente silencio los asustó a los dos.
“Me han configurado para salvar toda vida humana. Aparentemente, por los registros que estoy recibiendo de la doctora Vega en mi sistema, el desconocido es un ser humano, por lo tanto, ahora mi deber incluye también salvar su vida.”
Padre e hijo respiraron más tranquilos.
TK vio enseguida que su padre se disponía a levantarse, le señaló con el dedo y luego se cruzó de brazos.
“Ni se te ocurra. Annabeth, asegúrate de que el capitán no se mueve de aquí hasta que todos los parámetros médicos mínimos estén correctos y hasta que ha comido ese caldo que has nombrado antes.”
“Hijo, estoy bien. Solo ha sido un susto.”
“Ya, uno que no deberías haber corrido. Puede que no tenga rango en la federación como tú y que no sea más que aspirante a médico… o lo sea en algún momento.” TK se sentó en la cama y apoyó la mano en la pierna de su padre. “Pero tú lo has dicho, ha sido un susto, un susto que me has dado y que no me va dejar dormir en muchos días. No quiero otro como ese y desde luego quiero estar seguro que estás bien. Judd es un gran segundo para manejar la vuelta a casa y yo voy a ir a ver ese misterio que tenemos en la enfermería.”
“¿Y qué pasa con el otro misterio?”
El capitán le hizo un gesto a su hijo, señalando hacia una de las cámaras desde la que Annabeth tenía controlado todo lo que ocurría en la nave y con la esperanza de que el ordenador no pillara la indirecta.
“Nos ocuparemos de eso cuando volvamos. Tal vez haya sido solo un error. De todas formas, nos quedan un par de días mientras volvemos, seguro que Marjan y Paul se entretienen dándole un par de vueltas.”
“¿Pretendes tenerme estos días en la cama?”
TK dio un par de palmadas a su padre en el brazo, con una enorme sonrisa en los labios.
“Piensa que te haces mayor o que yo soy un adulto al que le gusta cuidar de su padre. Pero el caso es que sí, estos dos días no te voy a quitar la vista de encima. Voy a pasarme el tiempo entre la enfermería con ese tipo y aquí contigo contándote lo que averigüe…”
“Pero…”
“Te guste o no. No te estoy preguntando, capitán. Es una orden del equipo médico.”
Owen lanzó esa mirada asesina a su hijo, la que luego conllevaba una reprimenda cuando era un niño, pero ahora solo le servía para decirle que no le gustaba el camino que tomaban las cosas pero que no podía hacer nada para evitarlo.
Vio que su hijo se ponía en pie y dejaba su habitación, a la espera de que alguien trajera el caldo que le había dicho el ordenador central y con la esperanza de que no estuviera envenenado ni nada parecido.
Su padre le preocupaba, pero sabía que le había dejado en buenas manos con la mitad del equipo rondando su habitación. Además, ahora le preocupaba y le causaba más curiosidad saber que como se encontraba y que le había ocurrido al misterioso desconocido.
Por eso, fue directo a la enfermería.
Tommy estaba sola y se movía de un lado para otro, mientras daba órdenes a los tres o cuatro robots, brazos enfermeros y un androide para que le echaran una mano. Habían colocado al desconocido conectado a tres ordenadores que lo tenían controlando con todos los sensores posibles para que no se les pasara de largo ningún parametro.
TK se acercó más a la cama, sin quitarle la vista de encima.
Lo habían vuelto a desnudar, aunque suponía que el traje de aislamiento había regresado a su padre en el momento en que se habían separado. Entonces comenzaba la cuenta atrás, unos cuarenta y cinco segundos antes del desprendimiento total del traje.
Sabía que era tiempo más que suficiente para llegar a la enfermería, pero igualmente le ponía nervioso saber que estaba desnudo bajo la sábana que le habían puesto encima. No estaba seguro si le gustaban demasiado o si por el contrario odiaba esos nuevos tejidos que parecían ceñirse al cuerpo.
Lo eran así incluso las sábanas que usaban en los hospitales y que permitian intuir sin problemas el cuerpo que cubrían. Por eso, TK no podía dejar de notar que el cuerpo del extraño, le parecía perfecto… porque era perfecto.
Decír que a TK le interesaban los hombres no era un misterio para nadie; pero tampoco quería que se le notara lo rápido que le iba el corazón ahora viendo a alguien que representaba el mayor misterio de la humanidad, que podía ser una amenaza o que simplemente podía morir en cualquier momento.
Nada de eso parecían buenas ideas para sentir ese juego interno que iba a creciendo conforme se acercaba a la cama. Pero no podía dejar de mirarle y se mordió el labio al ver un cuerpo que no podía ser más perfecto.
Ya era una locura pensar como un ser humano, normal y corriente, hubiera parecido en medio de un mundo sin atmósfoera y estuviera vivo. ¿Cómo había aparecido allí por arte de magia? ¿Lo había dejado alguien? ¿Y con qué motivo?
Parecía que lo habían dejado perfectamente colocado sobre el suelo de Charon para alguien lo encontrara, para que ellos dieran con él. Sin embargo, alguien se había preocupado de darle una buena paliza.
Todo eran preguntas y de momento no tenían ninguna respuesta lógica.
Además, TK recordaba esa palabra que había dicho el hombre sin nombre antes de perder el conocimiento.
“Titanes”
No podía tampoco dejar de darle vueltas y tratar de averiguar lo que significaba exactamente o olo que había intestado. Había estudiado cultura antigua de la Tierra y sabía que los titanes formaban parte de muchas culturas. Sabía que eran una parte importante de la mitología griega y que habían luchado contra los dioses.
Pero de eso hacía miles de años. Desde que el ser humano había dejadoa trás la tierra, su cultura, sus historias y leyendas, había quedado relajadas casi al olvido.
Al llegar finalmente a la cama, se dio cuenta que la doctora Vega y todo su equipo médico mécánico habían intubado al desconocido así que por el momento no le sería posible hablar con él.
“He mandado a Nancy a comer algo porque no puede hacer nada aquí.” TK se dio la vuelta y se puso firme al encontrarse a su jefa pegada a su espalda, arreglándose la melena oscura de leona en una coleta. “Deberías hacer lo mismo, ha sido un día muy largo y si logramos estabilizar a nuestro invitado, las cosas se van a poner más interesantes.”
Ella ya tenía aspecto de cansada y aun así se preocupaba por que sus subordinados estuvieran más descansados que ella.
“Gracias jefa, pero la verdad e que no creo que pueda descansar sabiendo lo que tenemos aquí entre manos.”
Tommy sonrió y apoyó ambas manos sobre su cintura para luego lanzar un intenso suspiro.
“Lo se, pero según todos los datos, si despierta, tardará mucho en hacerlo.”
“¿Si despierta? ¿No crees que lo hayamos encontrado a tiempo?”
“Personalmente, no se lo que pasará o si de despertará en algún momento. El ordenador me dice que su estado es… normal aunque vegetativo.”
“¿Qué significa eso jefa?”
Ella se encogió de hombros un momento.
“Ojalá lo supiera. ojalá supiera que es lo que le ocurre. Lo que me dice su cuerpo es que se encuentra en una especie de extasis o hibernando como ciertos animales para mantener su cuerpo protegnido y aislado.”
“Tiene sentido, de lo contrario supongo que no habría soportado las extremas temperaturas de Charon, ni la falta de atmósfera respirable.”
TK se acercó un poco más al desconocido, con la esperanza de que la cercanía tal vez le permitiría entender un poco mejor de que estaba hecho o si era verdaderamente humano.
Cuando era pequeño había leído algunos de los antiguos comics que había encontrado en las bases de datos. Recordaba algunos personajes venidos de otros planetas, seres con superpoderes, extremadamente fuertes, casi indestructibles y que tenían un aspecto, aparentemente, humano.
TK se preguntó si el extraño que tenían en la cama de la enfermería, podría ser uno de esos después de todo.
“¿Qué ha averiguado de las heridas jefa? ¿Qué ha visto en las radiografías?”
“Nada que no supiéramos ya o que no hubieras intuido en Charon. Quien sea esta persona, antes de terminar desnudo e inconsciente en una de las lunas de Plutón, estuvo metido en una pelea con alguien o algo que casi lo mata, le rompio varios huesos y bueno, todavía estamos procesando algunas pruebas sobre los posibles daños internos o que el retrotest pueda darnos un poco más de información sobre lo que ocurrió exactamente.”
El retrotest era una de las herramientas favoritas de TK en el laboratorio médico. Desde que había sido descubierta la posiblidad de retroceder en el tiempo con un visor temporal que permitía crear imágenes lo bastante reales como para averiguar lo que le había ocurrido a un paciente; los científicos y médicos habían conseguido perfeccionarlo.
Contra más severo era el trauma, con más claridad se veían las imagenes del retrotest. El cerebro humano guardaba con mayor fuerza los traumas más severos y dolorosos. Si eso era lo que le había ocurrido algo terrible.
TK no tenía claro si deseaba ver el retrotest funcionar o no. Si les daba alguna informacíón, eso significaría que su desconocido paciente había pasado por algo horrible. Si por el contrario el retrotest no les mostraba nada, entonces seguiría siendo un absoluto misterio para ellos.
“¿Cuanto tardaremos en saber algo más, doctora Vega?”
Tommy se acercó a TK y apoyó la mano en su hombro.
“Por eso mismo te he dicho que fueras a descansar. Esto puede ser un proceso largo. Os avisaré a todos cuando tengamos nueva información.”
TK dudó un momento, sentía que debía quedarse ahí, de algúna forma sentía que aquel desconocido le necesitaba.
Cuando alguien le decía a TK que necesitaban hablar de Cassie, estaba convencido que eran malas noticias. Era lo que le habían dicho muchas veces durante el embarazo. Todavía temblaba cuando recordaba las palabras de los médicos. Unos le habían dicho que lo mejor sería abortar, otros le miraba mal cuando le ponían delante los análisis de sus últimas sobredosis. Estaban los que le mostraban panfletos antiabortistas y finalmente los que le quemarían en el infierno cosas que ni siquiera entendía por los gritos y los insultos que le lanzaban.
Todavía le costaba entender que hubiera gente que insultaba a víctimas de violencia, violaciones y malos tratos por denunciar como lo había hecho él, por enfrentarse a sus agresores.
Luego cuando Cassie había nacido y el pediatra había hablado con él muchas veces en el mismo hospital a pesar de lo duro que había sido el parto y le había dicho lo complicada que iba a ser la vida de su hijo.
Por suerte o simplemente por pena, aquel médico no le había dicho que era culpa suya, no le había dicho que de haber evitado la sobredosis Cassie habría sido un niño completamente sano. Fue el primer médico que no lo hizo, el primer doctor que no le miró y le culpabilizó; pero TK lo sintió.
El doctor Matthews fue sincero, duro pero le dio esperanzas.
“No va a ser fácil, pero tienes toda la vida por delante para cuidar de tu hijo, para aprender con él y para descubrir qué pensar de todas las barreras que el mundo se empeñe en ponerle, juntos podéis saltarlas.”
“¿Cómo de altas serán esas barreras, doctor?”
“Podría decirte, tan altas como quieras verlas tú.”
Recordaba haber reído y también recordaba cómo el médico le había dicho que le gustaba ponerse filosófico para hacer gracia a sus pacientes.
“Esto rebaja siempre las tensiones. Pero si nos ponemos serios otra vez, seré muy claro. Todos los niños son un reto, Cassie, lo será el triple, por muchos motivos más. Tienes que estar preparado para lo que no te puedes imaginar. Tienes gente a tu lado para ayudarte, ¿verdad? No quiero sonar dramático, pero quiero que tu bebé y tú estéis bien y protegidos.”
“Cuento con mis padres.”
Poco sabía TK, que perdería a su madre demasiado pronto. Pero la ayuda de su padre siempre había estado allí.
Nunca le habían dado buenas noticias sobre Cassie cuando un médico o uno de sus maestros le llamaban.
Se puso tenso, carraspeó, sonrió, caminó hacia el profesor al que había visto unas pocas veces, en la primera reunión de padres y las dos o tres veces en las que había tenido reunión con él, cuando le había llamado y alargó la mano para saludarle.
“¿Se encuentra bien, señor Strand? Espero no haberle asustado.”
TK podía decir que Carlos Reyes le ponía nervioso por muchos motivos y algunos no estaban directamente relacionados con Cassie. La primera vez que lo había visto, en la reunión de padres donde todo el mundo parecía conocerse y él era que se sentó solo en primera fila; Carlos Reyes entró, con esa camisa blanca, ligeramente ajustada y el vaquero que TK no pudo evitar mirar más de la cuenta.
Desde sufrir el ataque, no se había fijado en un hombre y tampoco tenía ganas de hacerlo. Pero de pronto, el profesor Reyes tenía un aura especial y sí, no lo podía negar, era un hombre especialmente guapo, muy atractivo y con una sonrisa difícil de evitar mirar.
Su sentido del humor pronto le arrancó una sonrisa y le hizo olvidar que algunos de los padres cuchicheaban de él, porque era el padre soltero, el nuevo y nadie conocía su historia.
Los otros pocos contactos que había tenido con él, habían sido tranquilas y el profesor siempre había dicho lo mucho que Cassie se esforzaba en clase y aprendía.
Medio en broma, medio en serio le gustaba decir que Cassie era su alumno favorito.
“Claro, no hay problema, es que me pone nervioso pensar que le ocurre algo a Cassie.” Dijo TK mientras los otros niños pasaban a su lado y Cassie seguía dibujando tranquilamente sentado en la mesa de su profesor “¿Hay algún problema con Cassie? Le cuestan un poco las novedades y solo hace unas semanas que estamos aquí. Si hay algo que pueda hacer para ayudarle a adaptarse mejor a la clase dígamelo. ¿Tiene algún problema con sus compañeros?”
Carlos sonrió, con ese gesto que conseguía tranquilizarle aunque no le conocía de nada y apoyó ambas manos sobre sus hombros al verle moverse nervioso de un lado para otro. Lo tenía tan cerca, que incluso le pareció impropio de un profesor, pero estaban solos en el aula, lo cual tampoco le pareció del todo normal, aunque le gustaba la idea de sentirse protegido.
“Tranquilo, creo que te he asustado sin motivo. ¿Puedo llamarte Tyler? Suena menos serio y tremendista que Mr Strand.”
“Prefiero TK, me hace parecer también que tenga diez años más que tú.”
“Perfecto.” La sonrisa de Carlos se amplió y los nervios de TK fueron disminuyendo poco a poco. “Lo que quería comentarte, es que Cassie es un crío estupendo, uno de mis mejores alumnos debo decir, con el poco tiempo que lleva aquí. Es solo que estos días lo he visto algo tristón, un poco apagado y hoy he hablado con él durante la hora que tienen en el gimnasio y parece que algo le preocupa.”
“Ya… ahm… estos días están siendo complicados para todos. No llevamos mucho aquí y no sé si Cassie te ha dicho algo, pero mi padre, su abuelo, está luchando con un cáncer.”
“Vaya, no, no me ha dicho nada. Pero Cassie sabe lo que eso significa.”
TK asintió.
“Se lo he explicado del mejor modo posible, dada su edad y parecía llevarlo bien.” TK se quedó mirando a su hijo que se divertía dibujando y pintando con todos los lápices y los colores que le había prestado Carlos. “Está contento con la idea de ayudar a su abuelo, supongo que lo lleva en las venas.”
Carlos había salido un momento y regresó con dos pequeños vasos de cartón humeantes.
Dejó uno delante de TK y comenzó a darle vueltas al otro.
“No sé como te gusta el café, o si te gusta si quiera, si prefieres te traigo otra cosa.”
“Familia de héroes por lo que he oído.” Dijo TK con las mejillas más sonrojadas todavía y nervioso, se concentró en su café. “No, está bien el café, aunque me gusta más el té, un bubble tea en realidad.”
“Bueno, si alguna vez nos vemos fuera de aquí ya sé donde llevarte.”
TK creía estar seguro de lo que significaba el mensaje que acababa de lanzarle Carlos, pero en el interior de aquel aula era el profesor de su hijo y nada más; no era el tío más guapo que jamás había visto; no estaba ligando y tampoco lo pretendía.
Pero maldijo esos ojos color café oscuro, el mismo café que le costó beberse por no pedir más azúcar, o leche o cualquier otra cosa que hiciera que Carlos se acercara a él.
Aunque con un pequeño esfuerzo, cuando Cassie se acercó a él y se sentó en sus piernas, recordó el motivo por el que estaba allí.
“Pero no me había dado cuenta que estaba tan triste.” Abrazó a su pequeño con fuerza y le dio un beso en la cabeza. “¿Puedo preguntarle qué le ha dicho Cassie?” TK se echó a reír. “Bueno, no sé si hay algún tipo de confidencialidad, alumno profesor o algo así y no me lo puede decir.”
Carlos se echó a reír y apoyó una mano sobre el hombro de TK, pero se dio cuenta que el padre de su alumno se ponía tenso y con un movimiento casi involuntario se apartaba y daba unos pasos atrás y luego removió el cabello del niño.
El profesor se frotó las manos nervioso y sin saber muy bien cómo reaccionar.
Era la primera vez que TK también lo veía nervioso.
“Lo siento, todos los que me conocen dicen que soy muy tocón.” Se echó a reír, porque sus palabras sonaron fatal al escucharlas en voz alta. “Mierda, no quería que sonara así.”
“Suena perfecto.” TK le hizo un gesto para que mirara como estaba abrazando a su hijo. “La familia Strand estamos hechos para los abrazos y los achuchones y mi hijo aquí presente es lo más parecido a un oso amoroso.”
Carlos miró al niño que intentaba escaparse de los brazos que su padre había convertido en una trampa mortal de la que no había forma de liberarse. Se echó a reír al imaginárselo como un gato que lucha por quitarse de encima a su humano y no lo consigue, solo que el pequeño no tenía garras que usar.
Eso le hizo comenzar a reír y llamó la atención de padre e hijo.
“¿Qué pasa?” Preguntó TK.
“¿De verdad estás preocupado por tu hijo? Lo que yo veo es un niño completamente feliz que te adora y al que disfrutas haciéndole rabiar un poco.” TK besó en la mejilla a su hijo y un segundo más tarde Cassie se abrazó a él en modo Koala.
“En cuanto a los niños, no hay nada que no podamos decirle a los padres. Es nuestro trabajo manteneros informados de todo. Cassie me ha dicho que está preocupado por ti y… no es mi intención meterme en la vida de nadie pero me ha dicho que no eres feliz desde que os mudasteis.”
“¿Ah sí?” TK movió al niño para poder mirarle a los ojos. “Yo pensaba que había sido lo bastante discreto sobre mis propios sentimientos. Por lo visto tengo un niño todavía más listo de lo que pensaba.”
“TK, sé que no es mi deber decir nada, pero le pedí a Cassie que hiciera un dibujo para ti. ¿Se lo podemos enseñar a papá? ¿Me dejas?” Le preguntó al niño y Cassie asintió con un gesto feliz en el rostro.
Carlos le mostró el folio que tenía en la mano, esperó un segundo a que TK lo viera y luego siguió hablando.
“No somos amigos, lo sé, pero quiero que sepas que estoy aquí por si necesitas hablar o si hay algo que no va bien con Cassie o con cualquier otra cosa, los niños lo ven todo, y sienten mucho más de lo que expresan. Los dibujos son un gran modo de ver lo que hay dentro de ellos.”
TK seguía mirando el dibujo que tenía en las manos. Allí estaba su familia, Owen, su abuelo, sentado en lo que Cassie creía era una de las sillas donde le daban el tratamiento de quimioterapia, TK estaba en una esquina del dibujo llorando solo y Cassie estaba en el medio.
“Oh, wow. Definitivamente, escondo muy mal mis sentimientos y Cassie, mi vida. ¿De verdad es esto lo que ves y lo que sientes?”
“Estás siempre triste.” Dijo el niño y le dio un beso a su padre.
Carlos no pasó por alto lo que le estaba costando a TK no llorar delante de su hijo.
“Yo… No estoy siempre… Intento no estarlo, el trabajo me gusta y soy muy feliz contigo y con el abuelo.”
Bajó la mirada y se mordió el labio para esforzarse por no llorar. Lo último que quería jamás era que sus problemas, su pasado y todo lo que cargaba encima, recayera sobre su hijo. Cassie era su vida, aunque siempre lamentaría no habérselo demostrado correctamente durante el embarazo. Por eso ahora, solo quería lo mejor para él.
“Debes pensar que no somos una buena familia para Cassie,” dijo TK con pena.
“Para nada. Sé que la vida familiar puede ser dura de muchos modos diferentes. Puede que yo solo sea el profesor de tu hijo, pero te repito que estoy aquí por si Cassie o tú me necesitáis. ¿Crees que te vendría bien hablar?”
“No estoy acostumbrado a hablar de mi la verdad. Entre el cáncer de mi padre y bueno… ya sabes que Cassie es un niño muy especial y tiene necesidades muy concretas.” Carlos asintió, siempre leía toda la información que los padres le hacían leer sobre sus hijos, pero cuando había llegado Cassie, un poco más tarde que los demás niños, con el curso ya empezado, se había tomado su tiempo para ver las circunstancias de su llegada.
Le había llamado la atención el trabajo de su familia y la petición especial de TK para que no compartiera con nadie dentro del colegio o con otros padres los orígenes de su hijo.
En seguida entendió el motivo aunque no había muchas explicaciones sobre su otro padre, excepto que se trataba de un asunto especialmente delicado y privado. Desde ese momento había tenido curiosidad, pero también sabía que como había dejado escrito TK, se trataba de una cuestión privada.
“Además estoy todo el día con el trabajo. No tengo mucho tiempo para preocuparme de mí mismo.” TK se echó a reír un poco más nervioso. “Tampoco es que quiera pensar en mí mismo, la verdad.”
Al profesor no le pasó desapercibido el gesto molesto y agobiado de TK, pero en ese momento se aseguró de no preguntar, no era el momento, pero deseaba buscar uno, porque no soportaba saber que alguien necesitaba ayuda y no ser capaz de dársela.
“Si quieres… dime que no, no pasa nada, pero si no tienes nada que hacer ahora y quieres hablar. Hay una cafetería a la vuelta de la esquina y tiene una zona infantil en la terraza, así que Cassie podrá quemar la energía que no ha gastado en la hora que ha estado conmigo.”
TK asintió, le venía bien no ir a casa y sobre todo no pasar tiempo solo ni pensar en sus propias cosas y sus fantasmas de otros tiempos.
“Vale, pero tenemos que echarle un ojo a Cassie en todo momento. Cuando está en un sitio nuevo que no conoce, se pone nervioso y le suele fallar el equilibrio.”
“Sí, me he dado cuenta, puedes estar tranquilo,” dijo Carlos sonriente y los ojos iluminados por lo mucho que le apasionaba ver trabajar a Cassie en clase. “También hacen smoothies muy buenos y seguro que le gustan.”
“No, no me fío de que tome algo en un sitio nuevo. Ya conoces sus alergias ¿verdad?”
“Me leí tres veces toda la información que me mandaste por mail. Creo que nunca, ningún padre ha sido tan amplio y tan explicativo.”
TK carraspeó, se pasó la mano por el pelo y miró para otro lado.
“Lo siento, me pasé, lo sé. Mi padre lo dice siempre, soy sobreprotector con Cassie, siempre pienso que necesito tenerlo en una burbuja y…
Carlos le puso una mano en el hombro, con lo que dejó de hablar y se lo quedó mirando histérico.
“No lo decía por eso, no me malinterpretes. Lo que quería decir es que gracias a lo que me mandaste, tengo claras todas sus alergias y antes de que entrara el primer día en mi clase, sabía perfectamente el tipo de niño que era Cassie, no sabes cuanto te lo agradezco.” Ojalá todos los padres hicieran eso con sus hijos. La mayor parte de las veces se creen que los maestros somos psíquicos o algo así y conoces a unos hijos a los que nos hemos visto en la vida como si fueran de nuestra familia.”
Emocionado y abrumado por las palabras del profesor, TK se echó a reír y se volvió a mirar a Cassie que seguía dibujando y pintando feliz.
Al final TK aceptó tomar ese café y dejar que Cassie jugara no muy lejos de donde estaban ellos, en un castillo de madera. TK se lo quedó mirando un momento, dos meses no era mucho tiempo para estar seguro si a su hijo le gustaba su nuevo hogar y si además el pequeño estaba más preocupado por él que por su día a día.
Pero ahora, viéndolo allí, lo vio reírse, caerse y por un momento estuvo tentado a saltar de la silla de la terraza en la que se habían sentado para ir en su rescate; sin embargo, al mirarle y con la mano de Carlos sobre la suya para que no se moviera, vio que se ponía en pie tras un par de traspiés.
Cassie estaba feliz en clase, con sus compañeros, de los que ya le iba hablando casi todos los días y desde luego, disfrutaba en clase con Carlos. Pero también estaba feliz allí, incluso en aquel sitio en el que no había estado nunca.
Si normalmente no se habría separado de él o le habría pedido que estuviera cerca o de lo contrario no habría ido a jugar, ahora simplemente los miraba, tanto a él como a su maestro y seguía a lo suyo.
Carlos observó el tarrito que el niño había disfrutado con la fruta y el zumo de fruta orgánico que le había traído TK.
“El zumo es cosa de mi padre, encontró un mercado a las afueras, uno de los productos orgánicos y ecológicos. La verdad es que le sienta muy bien a Cassie y nos hemos ahorrado alguna que otra visita a urgencias últimamente.”
Se sentía raro hablando con alguien que no fuera del firehouse. Allí, en Austin nadie conocía su historia completa, nadie que no fuera su padre. Si se lo contaba, seguramente todo sería más fácil, pero odiaba la idea de que le miraran con lástima o incluso que le hicieran preguntas sobre por qué no había denunciado, por qué no se había enfrentado después con aquellos tipos.
Eran muchas preguntas y todavía no estaba preparado para contestarlas.
Muchas veces se había armado de valor y en las reuniones de los días libres en casa, se había propuesto abrirse, contarles como se había quedado embarazado, quien era el padre de Cassie… o quien podía ser en realidad. Pero cuando llegaba el momento de hacerlo, se imaginaba los comentarios, las miradas y no estaba preparado para todo eso.
Así que ahora se sentía raro hablando con un adulto que no sabía nada de él y que no esperaba nada, solo quería hablar con él.
Charlaron tranquilamente sobre lo que le había contado Cassie a Carlos, sobre su vida en Los Angeles; TK sabía que a su hijo le había costado mucho dejar a Christopher atrás, pero por lo visto hablaba de él todos los días en clase. También nombraba a Buck como si fuera su tío y toda la 118, como esa familia a la que tanto anhelaba volver a ver pronto.
Se hizo el silencio, TK sabía perfectamente que su hijo recordaba con mucho cariño su vida en Los Ángeles, lo que no imaginaba era que lo echara tanto de menos.
“Por como habla Cassie parece que era más feliz allí.”
“No digas eso.” Contestó Carlos. “Es un niño y todo lo que ha conocido hasta ahora estaba allí, es normal que diga esas cosas.”
TK se quedó un momento jugando con la cucharilla en el café y luego le dio vueltas dejando pasar sus pensamientos, esos en los que imaginaba el mal padre que había sido por haber sacado a su hijo de la vida que le hacía feliz o preguntándose cómo había podido ser tan egoísta.
“Si te conociera de algo diría que tienes una nube especialmente negra encima de la cabeza.”
TK sonrió con tristeza, debía notársele mucho si alguien que apenas le había visto unas pocas veces a la salida del colegio y ahora que estaban pasando más de diez minutos juntos.
“Sé que le doy demasiadas vueltas a las cosas. Pero, no puedo evitarlo. Cassie nació en Los Angeles, la 118 ha sido siempre su familia y siempre me ha dicho que le encantaba la idea de venirse aquí para estar con el abuelo y cuidar de mi padre; pero se que le costó mucho dejar su vida allí y no lo está pasando del todo bien. A veces preferiría que no se hubiera convertido en un niño tan fuerte.”
“¿Te arrepientes de haberos mudado?”
“Es complicado, todo en mi vida ha sido complicado desde hace mucho.”
“Te entiendo, imagino que con Cassie y su situación.”
TK negó con la cabeza.
“No, no es por Cassie. Ya cuando nació nos hablaron de su situación especial, lo sabía desde antes incluso, así que fue cosa de acostumbrarme. No, es que últimamente tengo pesadillas y malos recuerdos.”
“Me hago una idea, mi padre es ranger y mi mejor amiga es paramédica.” TK abrió los ojos de par en par, sorprendido al escuchar eso. “Creo que la conoces, Michelle Blake. Yo estaba bastante cercano a su hermana, se podría decir que era mi mejor amiga, y cuando Iris desapareció ella y yo nos volvimos casi inseparables.”
“Michelle es estupenda.”
“No sé si preguntar, pero… entonces… ¿no se trata del trabajo? No es por ser entrometido, pero si fuera así, seguro que Michelle podría ayudarte.”
En cuanto dijo eso Carlos se dio cuenta que el lenguaje corporal de TK se volvió cerrado y el que tendría una persona que estuviera defendiéndose de un ataque, protegiéndose de algo que estaba dando vueltas en su cabeza, algo que iba más rápido de lo que Carlos era capaz de entender.
Cuando intentó ponerle una mano sobre el brazo para hacerle sentir bien, TK la apartó con la excusa de que quería darse la vuelta para controlar que Cassie estaba jugando tranquilo. Carlos se dio cuenta de que TK estaba incómodo de repente.
“Oye, no hace falta que me digas nada que no te sientas con fuerzas de compartir con nadie.”
TK se quedó mirando a Cassie un momento más. Hacía mucho tiempo, casi desde que su hijo había nacido y se lo habían puesto en los brazos por primera vez que TK había aprendido que esa criatura, era lo único que conseguía aplacar todos los fantasmas que vivían en su cabeza.
Ya podía escuchar cualquier voz y todas podían gritar al mismo tiempo, podían decirle cosas horribles y proponerle las peores ideas; mirar Cassie, ya estuviera durmiendo, jugando o haciendo un dibujo era suficiente para hacerle sentir bien y centrar su mente en la realidad.
El niño era todo lo que tenía. Su padre le decía que podría contar siempre con él, pero si había alguien en el universo que dependía completamente de él era su hijo. Pero ahora Cassie parecía el adulto de la situación, el que se preocupaba por su padre.
Carraspeó y bebió un trago más largo de su refresco antes de decir nada más.
“Hace dos días tuvimos una llamada complicada que me trajo muy malos recuerdos del fondo de mi memoria. La víctima me recordó a mi… me atacaron hace algunos años y esta llamada, trajo todo de vuelta.”
Respiró con fuerza, se sentía incómodo, más todavía, si eso era posible. Cualquiera que escuchara su historia pensaría cosas horribles de él, de lo que había hecho a Cassie durante el embarazo o como había intentando deshacerse de él al enterarse que estaba en estado.
Era normal que le juzgaran, llevaba años haciéndolo consigo mismo.
Sus visitas semanales con el doctor Franklin ayudaban siempre, le hacían sentir seguro de sí mismo para levantarse de la cama, hacer su trabajo y hacer lo posible para ser el mejor padre del mundo para Cassie.
Pero ninguna sesión le había preparado para conocer a nadie fuera del firehouse, así de repente. Nada le había preparado para tener delante a un tío guapísimo, uno como Carlos, con sus ojos oscuros, que a veces con la luz cobraban ese color más claro e intenso que le traspasaba, su maldito pelo negro y rizado, perfecto que no necesitaba nada para parecer el de un modelo y su ropa, informal pero que le daba el aspecto de un actor salido de una serie de la televisión, con su camisa blanca ceñida, marcando un poco de músculo, pero no demasiado para ser atrevido y los vaqueros que casi obligaban a TK a mirarle el culo más de la cuenta.
Sí, Carlos era su tipo o por lo menos lo habría sido antes de lo sucedido la noche en que aquellas bestias se aprovecharon de él. No habían dejado de gustarle los hombres, pero no había vuelto a tener una relación de verdad desde entonces.
Carlos era su tipo, pero lo era en sus fantasías, porque estaba convencido que no se atrevería a hacer o decirle nada nada.
Se conocían desde hace cinco minutos pero si se fiaba de su instinto, Carlos era simplemente perfecto. Cassie estaba encantado con su profesor y Carlos estaba preocupado por su hijo como si fuera el suyo propio.
Imaginaba que haría lo mismo para cualquier niño de su clase, No pretendía hacerse ilusiones con tonterías ni nada parecido; pero la idea de tener a alguien, un lugar al que Cassie podía correr si lo necesitaba, si necesitaba ayuda y se sentía solo, le hacía sentir mejor.
“Suena a que te ocurrió algo horrible.”
“Tanto que no puedo hablar de ello sin sentirme culpable.”
“Si te atacaron, no fuiste culpable.”
“Lo sé, pero la gente habla, te mira y te juzgan hasta que te lo crees.”
Carlos se movió un poco para ponerle de nuevo la mano encima pero no lo hizo y se quedó donde estaba, simplemente sonriendo.
“No pienses en ello, piensa solo que me debes un café la próxima vez que quedemos.”
Desde luego, TK no esperaba esa respuesta y por eso se echó a reír nervioso, sin controlar el tono de voz, tan alto que hasta Cassie, en lo alto del tobogán, se volvió hacia él y se lo quedó mirando, preguntándose qué le ocurría a su padre.
Le hizo un gesto para decirle que todo estaba bien y aplaudió cuando el niño bajó hasta el suelo.
“Perdona, no estoy acostumbrado a que… mierda, no sé si estabas…” TK quería que se lo tragara la tierra mientras intentaba encontrar las palabras para preguntarle a Carlos si estaba, de alguna forma, ligando con él, pero sin decirlo, por si después de todo, no lo estaba haciendo.
“Me gusta ir a tomar un café o una cerveza con mis amigos,” Dijo por fin Carlos, tras inclinarse hacia delante de la mesa para que tan solo TK escuchara sus palabras y de paso mirarle un poco más cerca. “Pero un café en una terraza o una cerveza en un reservado de un bar, también me parece una cita perfecta.”
“Oh… entonces… sí que lo podrías estar haciendo. Solo que yo… no bebo, así que nada de cerveza y además, no sería muy apropiado teniendo en cuenta que eres el profesor de mi hijo y…”
“TK, calma. Somos adultos y no he dicho nada. Solo que me gusta estar aquí contigo y tomar un café, lo demás lo dirá el tiempo.”
TK asintió, no estaba seguro si los nervios se relajarían antes de aquella velada… encuentro o cita terminara, pero Carlos se había propuesto relajarle y lo estaba haciendo bien.
“Voy a intentar… sé que tengo que hacerlo más por Cassie que por mi, pero voy a hacer lo posible para controlar mis emociones. No quiero que mi hijo piense que estoy siempre triste. Ya es bastante duro saber que le hice daño cuando estaba embarazado.”
Antes estaba nervioso, ahora estaba a punto de sufrir un ataque de pánico.
“Oye, lo siento no quería…”
“Es culpa mía, siempre ha sido culpa mía.” TK se volvió hacia Cassie y vio que se acercaba corriendo con los brazos abiertos, dispuesto a echarse encima de él. “Mira… gracias por este rato, pero lo siento, tenemos que irnos, es casi la hora del baño para este señor que se ha puesto perdido de todo.”
Carlos se puso en pie al mismo tiempo que TK y le puso una mano en el hombro.
“No hace falta que me digas nada. Pero esto ha estado bien, tal vez podríamos hacerlo otra vez la semana que viene si te apetece hablar.”
TK dio un paso atrás y se tropezó con la silla.
“No sé, estoy encantado por lo que estás haciendo por Cassie, por favor cuida de él. Pero yo… no creo que… no estoy listo para… esto. Lo siento. Cassie, cariño, es hora de irse a casa.”
Cassie protestó un poco porque se lo estaba pasando bien y quería quedarse pero en cuanto TK lo sentó en sus piernas y le dijo que iba a dejarle jugar con sus barcos en el baño, se olvidó de cualquier otra cosa.
TK se despidió, recogió las cosas y salió corriendo. Carlos se lo quedó mirando mientras padre e hijo se marchaban.
El resto de la tarde pasó tranquila, Cassie se dio el baño, padre e hijo prepararon juntos la cena, a Cassie le gustaba mucho usar los nuevos cuchillos que le había regalado Paul para practicar en sus primeros pasos en la cocina. Vieron un poco la tele juntos y TK le leyó por décima vez seguida, su libro favorito.
Luego fue la hora de ir a dormir, momento que siempre aprovechaban para hablar de cómo había sido el día para ambos.
“Hoy ha sido muy divertido, papi. Ha sido también muy chulo verte sonreír. ¿Podemos volver a pasar la tarde después del cole con Mr Carlos?”
“Yo sonrío mucho, bichito.”
“No tanto como antes. No desde que nos mudamos.”
TK se quedó mirando a su hijo. No era idiota, se había dado cuenta que le era complicado mostrarse feliz todo el tiempo y hacía lo posible para que, excepto cuando dormía y no podía controlarlo, Cassie no se diera cuenta de que estaba más o menos de bajón.
De nuevo, Cassie era un niño demasiado listo.
“¿Eres feliz aquí con el abuelo? ¿Quieres que cuando el abuelo se ponga bueno, nos volvamos a Los Angeles? ¿Eso te haría feliz?”
El niño se quedó jugando un momento con el peluche de su leopardo, que era su favorito y que le acompañaba a todas partes, su mejor amigo cuando más le asustaba algo. Le hizo bailar apoyado en su pecho. Finalmente levantó la vista y se quedó mirando a su padre.
“¿A ti te haría feliz marcharte papi?”
“No lo sé, bichi, no lo había pensado.”
“Necesitas más amigos.”
“Oye, ¿Quién es el adulto de los dos eh?” TK comenzó a hacerle cosquillas al niño hasta que lo vio revolverse en la cama y reírse entre risas. “Además, tengo amigos, toda la 126 son mis amigos aquí.”
“No, otros amigos, más amigos que no vengan con el abuelo. Alguien como Mr Carlos, con él has sonreído mucho, eras diferente. Necesitas amigos especiales.”
“Bichito.” TK removió el cabello de su hijo y le besó la cabeza. “Mr Carlos es tu profe, eso es diferente. No puede ser también mi amigo… especial.”
“Los profes no llevan a los papás de los otros nenes a tomar café. Eso es porque sois amigos y además creo que Mr Carlos tiene un crush contigo.”
TK se echó a reír y como si le hubieran disparado en el pecho se dejó caer sobre la cama de su hijo.
“¿Dónde has oído esa palabra?”
“Chris me la dijo. Me dijo que es lo que pasa cuando le gustas a alguien especial.”
TK acarició la mejilla de su hijo y le dio un beso en la frente.
“Mr Carlos es tu profesor, mi vida, se preocupa mucho por todos los niños de su clase y nos acabamos de conocer porque estaba preocupado porque hoy estabas preocupado y has llorado por mí.”
“Pero Mr Carlos te ha pedido tomar café otra vez.”
“Eso lo ha hecho porque es simpático y atento.”
Cassie levantó al leopardo y como tantas veces había hecho su padre, cambió la voz e hizo hablar a su peluche. “A Cassie y a mi nos gustan las personas atentas. Vamos a tomar café otra vez con él.”
“Lo que vamos a hacer, amiguito de peluche y Cassie, es dormir porque se ha hecho tarde y mañana hay que madrugar para ir al cole.”
TK le dio un beso en la frente a su hijo y dejó que el pequeño le diera un fuerte abrazo antes de apagar la luz. Adoraba al pequeño, daría su vida por él y le costaba creerse que habría sido capaz de no tenerlo.
Los fantasmas se habían quedado en el pasado de Killian. Había aprendido a ser feliz y a dejar que Joel le hiciera feliz. Aceptar que era un adicto había sido el paso más complicado, aceptar que lo había superado la mayor alegría. Estaba enamorado, tenía al hombre perfecto a su lado, Joe le hacía feliz, tenía un trabajo que le gustaba y estaba estudiando para trabajar en un hospital, como siempre había querido.
Entonces algo ocurrió. Alguien pensó que era demasiado guapo, que su sonrisa era algo más que encantadora y que sus palabras amables aceptaban las copas que no quería tomar. Alguien dio un paso más y luego otro hasta propasarse.
Ese alguien era rico, famoso y con la fachada del hombre perfecto al que todos admiraban y al que todas amaban. Para Killian ese alguien se convirtió en el fantasma del miedo y la vergüenza; para Joel, ese alguien era el peor monstruo a vencer.
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Capítulo 01 - Inocente nunca más
Joel llegó a casa agotado. El día había sido muy largo, pero todo era más fácil cuando Killian estaba ahí, cuando preparaba algo de comer y le recibía con una sonrisa. Killian no era el mejor cocinero, apenas hacía un año que se había dado cuenta que podía ponerse delante de los fogones y no quemar lo que había dentro de sartén y mucho menos tiempo desde que había descubierto que le gustaba cocinar para otros.
Killian era justo lo opuesto a lo que tenía en la oficina todos los días. Le recibía con un beso y alguna anécdota del día, le ofrecía ayudarle con la cena, aunque sabía que Joel estaba cansado. Pero Joel aceptaba, porque adoraba cocinar, adoraba hacer cosas con Killian, adoraba el roce de sus manos sobre la encimera o de cualquier parte de su cuerpo cuando se chocaba junto al horno o en el frigorífico.
Killian era el aire fresco que le faltaba en una oficina de un piso treinta y cinco.
Podría pasar más tiempo en casa y aprovechar que su novio había encontrado un teletrabajo para verle más; pero más horas, significaba más dinero. Podría hacer como él y cambiar de trabajo, muchas veces se lo habían dicho todos los que le conocían. Pero no era fácil encontrar otro puesto de trabajo que le mantuviera el sueldo que tenía ahora empezando otra vez de cero.
Joel había decidido aguantar, le habían prometido un buen ascenso en unos pocos meses, en cuanto las cosas se ajustaran. Confiaba en sus superiores. Le habían dicho que contratarían gente nueva para los puestos inferiores al suyo. Le habían dicho que no se preocupara.
Pero por el momento las cosas no cambiaban… para él.
Estar ocho horas encerrado en la oficina le obligaba a pasar al menos una más en el parque, al aire libre, corriendo, sudando y aprovechando un poco del silencio, para dejar ahí fuera el mal humor de los negocios.
Era necesario alejarse de las cincuenta voces que le rodeaban todos los días, comerciales como él, de siete países diferentes cada, con siete idiomás diferentes, todos desesperados, como él por vender cada mes un poco más.
Killian le decía que no era una vida sana y usaba esas artes brujeriles como le gustaba decir a Joel para leerle la mente. Porque Killian trabajaba como atención al cliente para una consulta médica desde casa, recogía consultas de la gente, atencía cuestiones de enfermería básicas y ayudaba a pacientes a distancia cuando podía para luego derivarlos a los médicos correspondientes.
Había encontrado el trabajo durante la pandemía. Había dejado su trabajo como barista de una gran cadena de cafeterías que nunca le había llenado de verdad y había encontrado su verdadero propósito en la vida.
Mientras tanto aprovechaba a sacarse el título de auténtico enfermero, vocacion que había descubierto gracias a su nuevo trabajo.
El otro propósito era conocer a Joel a la perfección, sin necesidad de palabras. Por eso Killian sabía que la vida de oficina no era la que su novio quería, pero si la que la pareja necesitaba para poder tener un piso juntos y para poder permitirse unas vacaciones de vez en cuando.
También sabía, por desgracia, que era el trabajo, muy bien pagado por otro lado que necesitaban para que Killian pudiera comenzar a estudiar para dar sus primeros paso en la carrera médica, ahora que sabía que su camino estaba allí.
Muchas veces le había pedido a Joel que lo dejara y las mismas veces Joel le había dicho que era hora de que cumpliera su sueño.
Le debía demasiado a su novio, asi que no podía decir nada si Joel necesitaba esa hora para desintoxicarse de la oficina y del follón de todo el día en la oficina. Tiempo que Killian aprovechaba siempre para prepararle algo rico y delicioso para cenar… que en terminos de una persona que supiera cocinar bien significaba que se dejaba comer y era aceoptable.
Por lo menos Joel nunca se le había quejado. También sabía que Joel le quería demasiado para ver sus fallos en la cocina.
Joel entró en casa y un dulce aroma desde la cocina llegó hasta él. Killian estaba cocinando eso solo podía significar que estaba de buen humor… o demasiado triste y necesitaba serenarse.
Dejó la mochila a un lado y fue directo a la ducha, costumbre que había cogido desde el inicio de la pandemia; tantas cosas habían cambiado esos meses que parecía haber pasado años haciendo lo mismo. No hacía nada hasta que se ponía ropa fresca y limpia, ni siquiera darle un beso a su novio. Sin embargo se detuvo al encontrarse a Nilo en el sofá.
Siempre se asustaba al verle, pero nadie podía criticarle por ello. Después de todo la presencia del esponsor de su novio en casa siempre hacía sonar todas las alarmas en su interior.
Hasta que había comenzado su relació con Killian no había conocido a nadie con un pasado relacionado con alguna sustancia, más que en las películas y desde luego se sentía raro con esa idea de los sponsors y lo que signinfican.
Así que, cuando Joel veía aparecer de pronto a Nilo en su casa, lo primero que hacía su cerebro, era imaginarse todas las cosas horrible que podían haberle ocurrido a su novio durante el día y que no lo había contado. Todo lo que había preferido compartir con su sponsor porque estaba costumbrado a escuchar ese tipo de historias.
Sin embargo Killian, que estaba sentado en el sofá junto a Nilo, se volvió y su rostro se iluminó al verle.
“Hola, nene. ¿Qué tal el día?”
“Largo y agotador, hay días en los que parece que la gente no sabe en la empresa para la que trabajan y encima los clientes lo pone más difícil todavía.”
Killian fue hasta él, caminó descalzó por el salón y le dio un beso.
“Entonces, dúchate, tengo una sorpresa en el horno lista para ti. Está calentito y me gustaría decir que lo he hecho yo, pero el horno del negocio francés de la esquina iba a hacerlo perfecto.” Killian le besó de nuevo “Algo me decía que ibas a volver cansado y te merecías algo perfecto. Yo solo puedo decir que lo he calentado muy bien y está crugiente.”
“No tenía hambre pero me has abierto el apetito,” dijo Joel sonriente, se acercó al sofá y tras dar un beso a Killian en la frente saludó a Nilo. “¿Todo bien por aquí?”
“Sí tranquilo, no le he pedido que viniera, estoy bien.” Contestó Killian cuando se dio cuenta que su novio se quedaba mirando fijamente a Nilo con cara de pánico. “No se trata de una crisis ni nada.” contestó Killian y acarició la mejilla de su novio. “Nilo ha venido para proponerme convertirme en sponsor.”
“Oh.” Joel los miró a los dos y esperó una respuesta que no llegó. “Eso es genial ¿no?”
“Killian está más que preparado para dar ese paso.”
“La verdad es que me da un poco de miedo, porque no se si estoy listo o si puedo ser de ayuda a nadie.”
Joel rodeó el cuerpo de su novio desde atrás y le besó el cuello.
“Oye, ¿qué dices? Ayudas todos los días a un montón de gente en el trabajo y te aseguro que me ayudas a mí en el momento en que pongo un pie en casa.”
“No es lo mismo, Joel. Eres mi novio, es mi labor cuidar de ti y lo del trabajo… son mis clientes.”
“¿Lo dices en serio?” dijo Nilo. “Vamos Joel, vuelve a decírselo, lo conoces incluso mejor que yo. Kili,” Joel podía sentir que le rechinaban los dientes cuando no era el único que usaba el se diminutivo para su prometido, pero poca gente tenía tanta confianza con Killian como Nilo, así que había aprendido a disimular y hacía un (gran) esfuerzo para no ponerse celoso… más o menos y aceptarlo. Simplemente siguió escuchando porque Nilo tenía razón. “Has vivido mucho, has pasado por mucho, lo has superado todo y estás aquí. Llevas más de tres años sobrio y sin recaídas. ¿De verdad piensas que no puedes ayudar a mucha gente?”
“Lo mío ha sido con altibajos.” Murmuró Killian y Joel vio que aparecían esas arrugas en la frente que solo dejaba ver cuando la situación le superaba.
Pero esta vez no le iba a permitir venirse abajo, porque esta vez él superaba la situación con creces.
“Como todo el mundo, mi vida. Las drogas y el alcohol, solo ponen algúna piedra más de las normales en el camino.”
Nilo se levantó y le puso la mano en el hombro.
“Si no fuera por lo que pasó con aquella mujer. Aquella llamada que te entró; nadie podría haberlo previsto, tu mismo lo dijiste. Estabas trabajando y la llamada de una mujer hablando de la muerte de su hijo por sobredosis te alteró… le habría afectado a cualquiera, pero a tí te afectó más; es normal.”
“Casi recaigo.”
“Pero no lo hiciste.” Joel le acarició la mejilla sonriente.
“Solo porque llegaste tu.”
Joel negó con la cabeza.
“No, solo porque estoy a punto de casarme con una persona muy fuerte que fue capaz de decirme que tenía unas pastillas en la mano y que tenía intención de tomárselas. Fuiste sincero y me pediste ayuda. Eso solo lo hace una persona fuerte y segura de si mismo; alguien que puede ayudar a los demás.”
Killian asintió, pero se mordió la parte interior del carrillo porque no se sentía fuerte por esos logros; no los habría conseguido realizar solo.
“No has tocado una pastilla, una copa, nada en todo este tiempo.” Añadió Joel. “Eres una de las personas más fuertes que he conocido en mi vida, mi amor. Sé que nadie podría ser más afortunado de tenerte a su lado para ayudarle en este camino.”
Killian los miró a los dos.
Además de su sponsor, Nilo se había convertido en un gran amigo, sabía que sin él y sobre todo sin Joel no habría llegado tan lejos. Se imaginaba muchas veces cometiendo un error, pero entonces pensaba en Joel, lo veía tomándole la mano y Nilo estaba siempre a su lado.
“Entonces ¿los dos pensáis que debería hacer esto? ¿Los dos pensáis que estoy preparado para ayudar a alguien?”
Los dos asintieron al mismo tiempo. Desde que Joel se había dado cuenta y convencido de que Nilo no era ninguna amenaza para su relación con Killian, se habían hecho buenos amigos, le habían invitado a la boda, a él y a toda su familia.
“Vale, entonces, lo haré. Pero no sé… tú eres fantástico haciendo esto, hablando conmigo, desde el día uno. Me lo pusiste fácil desde el primer momento. No se si yo podré hacerlo por otra persona.”
“Kili, perdona que me meta en algo que tal vez no entiendo,” dijo Joel sentándose en el respaldo del sofá. “Pero te escucho trabajar muchas veces cuando te toca turno de noche, se como hablas con la gente que tiene problemas y llama buscando ayuda. Sé que eres el mejor para hacer sentir bien a quien más lo necesita, das confianza y eso es lo que la otra persona va a necesitar. Alguien que le de confianza para hablar cuando piensa que se ha metido en un lío o cuando está segura de que va a cometer el error más grande su vida..”
Besó a Killian en la cabeza y se fue al dormitorio para darse la ducha. Dejó a su novio con Nilo, sabía que haría una estupenda labor como sponsor. Su vida había sido dura, pero había llegado muy lejos y compartir su experiencia otros le haría sentirse bien.
Al salir ya cambiado de ropa, Nilo se había ido y Killian estaba preparando la mesa. No dijo nada y parecía tener la cabeza en otro mundo. Joel se acercó por detrás, le rodeó la cintura y le dio un beso en el cuello.
“¿Te sientes más tranquilo ahora?”
“Sí, bueno, en realidad no. Tengo miedo. Sé que mi experiencia podría ser de mucha ayuda a otra persona. Pero al mismo tiempo, me da miedo pensar que no esté preparado o que esa otra persona me juzgue cuando le hable de mí y de lo que he hecho.”
“Kili, mi amor,” Joel se sentó a su lado y le tomo las dos manos, para que se sentara sobre sus piernas. “si no estás listo para hacer esto, no tienes por qué hacerlo. No es ninguna obligación.”
“Pero quiero hacerlo.” Killian se volvió hacia la mesa y comenzó a jugar con la servilleta que acababa de colocar entre sus dedos, nervioso. “Quiero ayudar, pensar que puedo salvar la vida de alguien me hace sentir… no sé… como si todo lo que he hecho mal, al final, ha servido de algo.”
Joel le acarició la mejilla y le dio un beso.
“Haz solo lo que te diga el corazón. Te prometo que decidas lo que decidas, cambies de opinión o no, estará bien.” Levantó la cabeza y se puso a olisquear a su alrededor como un perro looking for his favorite food. “Has comprado pizza casera en el horno.”
“Tu favorita.”
“Nene ¿Por qué no lo has dicho antes? La ducha podía haber esperado.”
Killian se echó a reír y le devolvió el beso. Le hizo sentar enfrente de él y sacó la pizza del horno. “Lo dicho tu favorita.”
Después de que Killian aceptara convertirse en sponsor, no pasó ni un día entero antes de que Nilo le volviera a llamar.
“Si es muy pronto, dímelo, pero hay un caso especial con el que me han pedido ayuda, pero estoy muy liado y hoy no puedo ir.”
“¿Un caso especial? ¿Has dicho hoy?”
“Es una mierda, lo sé porque nadie debería tener privilegios tratándose de algo así. La adicción no sabe de estatus, pero me lo han pedido así o de lo contrario, él no aceptará empezar este camino.”
“Suena intrigante. Asumo que se trata de alguien importante.”
“No puedo decirte más, por lo visto sus asistentes o como se llamen, no quieren que su nombre se sepa hasta que su nuevo sponsor esté dispuesto a verle.”
“¿Crees que merece la pena?” preguntó Killian a Nilo. “Sé que suena mal decirlo así, pero a veces esos tipos ricos dicen que quieren cambiar, dicen que quieren dejarlo, pero luego, a la primera de cambio deciden olvidarse del tema. No quiero que la primera vez que hago esto sea un fiasco antes de comenzar.”
“Sé cómo te sientes Killian. He tenido un par de casos así. Uno… deberías verle, cambió radicalmente y eso le hizo salvar su carrera. El otro, bueno el otro sigue haciendo el idiota de vez en cuando y si me llama… voy. Se que no servirá de nada. Me dice que esta vez quiere dejarlo, que va en serio. Ya sabes. Pero cada vez pienso que, si hablo con él, si intento ayudarle de nuevo, aunque siempre le digo lo mismo; pienso que tal vez esta es la buena y lo deja de verdad.”
Logró convencerle, porque Killian había estado allí, había sido esa persona que decía que quería cambiar pero no duraba mucho y volvía a caer. De no haber sido porque su madre le había creído cada vez y porque le había obligado siempre a tomar el camino difícil, ese día no estaría hablando con Nilo y no estaría tomando su propia decisión de ayudar a otra persona.
Quería decírselo a Joel en persona, porque estaba nervioso. Era su primera vez haciendo aquello y necesitaba que su marido le dijera que lo iba a hacer bien, que podía hacerlo.
Por suerte, su novio regresó pronto de la oficina, tenía jornada intensiva y tenía ninguna reunión importante con un cliente. En ocasiónes Killian odiaba el horario de trabajo de su novio, no saber siempre si salía a su hora o si debía quedarse porque podía cerrar una venta importante.
En ocasiones Joel se quedaba hasta muy tarde porque le salía un cliente de ultima ahora que podía suponer miles de dólares y no podía dejarlo escapar… luego decía que no le gustaba vender. Killian no había llegado a entender como funcionaba lo que hacía, vendía un software, algo que ayudaba a las empresas a ser más rentables y optimizar su trabajo o eso le había contado Joel, pero lo suyo no eran los ordenadores.
Así que Killian se limitaba a estar contento por su novio cuando Joel estaba contento y apoyarle para dar lo mejor de si mismo en el trabajo. Después de todo, estaba haciendo que no era lo que su idea de trabajo idea para que él pudiera estudiar.
Así que por suerte, ese día, Joel estaba pronto en casa.
“Tengo noticias.” dijo Killian en cuanto entró en casa.
“Espero que sean buenas.”
“Supongo… no lo sé… Estoy de los nervios.”
“Deja que adivine. Hoy te estrenas como sponsor y estás a punto de llamar a Nilo para decir que no puedes hacerlo.”
Killian se echó a reír más nervioso todavía.
“A veces me da miedo lo bien que me conoces. ¿Eres capaz de leer así a tus clientes?”
“No, mis poderes especiales solo funcionan con las personas que más quiero en el mundo.” Joel hizo a Killian sentarse en el sofá y se sentó en la mesa de café enfrente de él. “Ahora en serio. Es normal que tengas miedo. Es algo nuevo y que seguramente traerá recuerdos que no te gustan.”
El rostro de Killian se puso pálido, por algún motivo no había pensado en ello. No sabía si estaba preparado para revivir sus propios recuerdos y encontrarse de nuevo con sus fantasmas.
“Kili mírame, no era mi intención asustarte, ni quitarte las ganas de hacer esto. Lo que quiero decir es que eres una de las personas más fuertes que he conocido en mi vida y sé que puedes hacer esto y todo lo que te propongas.”
“¿Y si me vengo abajo?”
“Entonces vienes a casa, me buscas y te abrazo hasta que te sientas mejor. Seguro que Nilo estará encantado de escucharte y echarte una mano cuando lo necesites. ¿Tienes tu primer encuentro hoy con él?”
“Sí. Además me pone nervioso que no se quien es. Nilo me ha dicho que es alguien, no se, importante, ya sabes alguien que quiere que se sepa su problema, un deportista o un político. No sé si estaré a la altura.”
“Kili, cuando se trata de este tipo de problemas, somos todos iguales. El dinero o el poder que tengas no te hace más fácil salir de ello.”
Joel le besó la cabeza y se fue a la cocina a preparar algo para comer para los dos. Una vez que hubieron terminado, Killian se preparó y se marchó para ir a la cita con el desconocido.
Se despidió dando un beso a su prometido.
Una extraña descarga recorrió el cuerpo de Joel y por un momento tuvo ganas de abrazarlo y no soltarle. Podría no dejarle ir, pero no era justo para Killian. Conocía esas sensaciones que a veces sentía y estaba acostumbrado a hacerles caso. No le gustaba como le hacían sentir; pero no podía encerrar a su novio en casa por el estúpido presentimiento de que algo podía salir del modo equivocado.
Sintió frío cuando lo vio acercarse a la puerta, era el momento decir algo si es que quería evitar que saliera. Pero no lo hizo.
“¿Te espero despierto si llegas tarde?” O por si necesitaba que le reconfotara, por si algo no salía como tenía pensado… pero eso tampoco lo dijo.
“No se cuanto voy a tardar, ya sabes que a veces Nilo se ha quedado conmigo casi toda la noche. Ni siquiera sé lo que hacer. ¿Le invito a tomar un café? ¿Damos un paseo? ¿Dejo que él decida?” Killian lanzó un suspiro casi desesperado. “Madre mía, me va a dar un ataque.”
Joel lo zarandeó ligeramente por los brazos de arriba abajo, como hacía cuando quería hacerle entrar en carlo o animarle. Cuando lo escuchó reír, sabía que había conseguido lo que deseaba.
“Lo vas a hacer bien, sé tú mismo y déjale ver esa sonrisa tuya tan sincera, eso siempre te da puntos y hace que te ganes a cualquiera. Confío en ti y en que este nuevo capítulo en tu vida, va a ser increíble.” Joel se despidió de él con un nuevo beso. “Si estoy dumiendo, despiértame cuando llegues quiero que me lo cuentes todo.”
Killian asintió y se marchó.
*
Cuando Joel abrió los ojos, recordó tenía el día libre y sonrió. Casi había olvidado lo que era eso y más cuando se acercaba el final de trimestre y el bueno de Jordan Rivers, su jefe, team leader Jordan como siempre quería le llamaran para sonar más informal, les metía caña para vender, vender y vender, como si pudieran sacarse los contratos de donde fuera.
Pero Joel, que para eso había sido el mejor vendedor los dos ultimos trimestres seguidos lo había dejado claro, se tomaba el día claro por motivos personales.
“¿Qué es tan importante que no puedes hacer un gran final de trimestre como siempre, Joel?” Le había preguntado Jordan.
No lo había dicho. No tenía porque darle detalles de su vida privada a su jefe y mucho menos de la vida de su novio.
Nunca se tomaba días libres, ni cuando estaba enfermo, pero algo le decía que ese día, Killian le necesitaba. Lo sentía en su estómago, incluso antes de saber que iba a tener su primer día como sponsor. Sentía que debía tomarse un día libre para estar con su novio.
No había dudado en hacerlo.
Se quedó un momento ahí, dormía boca abajo cuando lo hacía tranquilo y profundamente y despertaba buscando el cuerpo de Killian a su lado. Había quitado la alarma del despertador.
Sin embargo esperaba que fuera Killian el que le despertara en algún momento de la noche, tal y como le había pedido al marcharse; pero no lo había hecho. O le había dejado dormir o no le había despertado porque no había regresado todavía.
Se removió en la cama, alargó el brazo buscando el calor de su novio en la mañana fría, pero se encontró con la sábanas vacías y con que Killian no se había metido en la cama en toda la noche.
Alargó la mano y cogió el móvil de la mesilla; esperaba alguna llamada, un aviso de que la velada con su tarea de la noche anterior se alargaba o de que había ocurrido algo. Pensó que tal vez se había quedado a dormir en casa de Nilo. Tal vez se había pasado por allí para contarle como había ido su aventura como sponsor. Pero no encontró en la pantalla ningún mensaje de Killian.
Tampoco le había llamado.
Killian no hacía eso. Daba igual igual lo poco importante que fuera el imprevisto, siempre se avisaban para tranquilizarse.
Se incorporó, le llamó, pero el teléfono de Killian salió desconectado. Eso le puso todavía más en alerta.
“Maldita sea Killian, ¿Dónde estás?”
Prefirió no llamar inmediatamente a Trevor para no preocuparle, diciéndole que su hijo había desaparecido; porque podían haber ocurrido mil cosas. En lugar de eso probó con Nilo, después de todo era quien le había metido en aquella historia de ser sponsor y tal vez sabía algo.
“Joel, buenos días; es temprano ¿va todo bien?”
“No lo sé, dímelo tú. ¿Donde fue Killian anoche?”
“Sabes que no puedo decirte eso.”
“Nilo, joder, no estoy para tecnicismos de privacidad. Killian no ha vuelto a casa, lleva doce horas fuera; no me contesta al teléfono y no me ha llamado ni dejado un solo mensaje. Dime donde fue para saber donde empezar a buscar.”
“Joel… no quiero decir que no te preocupes, pero, puede no haber pasado nada grave.”
Como odiaba cuando Nilo sacaba esa voz de psicólogo capaz de controlar cualquier situación.
“¡Nilo, joder! Eres el único que sabe donde fue mi marido anoche y se por experiencia que no tener noticias de Killian no es bueno y menos cuando cuando iba a encontrarse con alguien con problemas de drogas y alcohol. No me hagas pensar en todo lo que ha podido ocurrirle y dime donde fue.”
Nilo no llegó a decir nada y si lo hizo Joel no le prestó atención. El sonido de la puerta al abrirse le hizo dejar el teléfono en la cama y salir corriendo hasta la puerta del apartamento.
Killian estaba ahí delante de él, tenía el rostro desencajado, estaba pálido y tenía sangre en el labio además de un par de moratones en la cara. Los ojos enrojecidos de haber llorado y uno de ellos parecía abultado, casi amoratado, la ropa estaba sucia y rota y todo su cuerpo estaba temblando.
A duras penas pero Joel consiguió ahogar un gemido de terror al verle y caminó hasta su novio para abrazarle. Lo notó débil, frágil y lo imaginó rompiéndose en mil pedazos si lo apretaba un poco más.
Killian se dejó caer, las piernas se doblaron y Joel lo sujetó sin problemas, una mano rodeando su cintura, la otra aferrando su espalda y le besó en cuello para luego decirle con susurros que todo estaba bien, aunque no sabía si eso era totalmente cierto.
“Oh díos mío, Killian… Kili. ¿Qué ha pasado? ¿Quién te ha hecho esto? ¿Dónde has estado?”
“No… no lo sé. No me acuerdo. ¡No lo se!”
De pronto, Killian estaba llorando en sus brazos, sollozaba, le costaba respiraba y temblaba. Parecía una escultura, la más frágil del mundo a punto de romperse en mil pedazos entre sus manos.
Le faltaba una deportiva y su pie descalzo estaba dejando manchas de suciedad y sangre al caminar hacia él.
Todo su cuerpo temblaba, pero sus manos se movían incontrolablemente.
“No se… Salí de casa… iba… Nilo me dijo dónde ir… pero no me acuerdo…” Sollozó de nuevo; intentó apartarse de Joel, pero su novio se lo permitió y no le dejó ir, porque sabía que si lo hacía su cuerpo entero se vendría abajo.
“¡Killian!”
Joel le tomó las manos y con mucho cuidado, lentamente, le llevó hasta el sofá. Mientras lo hacía, se dio cuenta que tenía sangre en las uñas. Lo apretó contra él, le acarició la mejilla y la besó.
Ya le había llegado el olor a alcohol desde que lo había visto en la puerta, pero lo cierto era que todo el cuerpo de Killian apestaba a alcohol. Su marido no había probado una gota de alcohol desde poco tiempo después de haber empezado a salir juntos.
No le hacía falta ser policía o un gran experto en ada para hacerse una idea sobre lo que podía haberle ocurrido a su novio la noche anterior. Las noticias lo decían de vez en cuando ocurría demasiadas veces, era un mal de la sociedad y las marcas que veía en Killian no le hacían pensar en otra cosa.
Si no había venido por su propia volultad, si no había roto los años de sobriedad y alguien el había obligado a hacerlo, el resto era muy fácil de pensar. Así lo indicaban los rasguños y los golpes que veía en su cara; los arañazos y como parecía que se había intestado defender por la sangre en sus uñas.
En ese preciso momento, Joel odio en lo que se había convertido un mundo en el que el primer pensamiento que tenía era lo que alguien le había hecho a su prometido para llegar asía casa y tener una idea perfectamente clara de lo que le había ocurrido a Killian.
Cuando veía en la televisión, o leía en las noticias que alguna mujer, una chica o alguien era víctima de algún tipo de abuso, ataque o violencia, la situación sonaba lejana, cosa de otro mundo. Joel se cabreaba porque nadie debía pasar por algo así, se sentía mal por la personal pero luego se olvidadaba, como el resto del mundo. Seguía con su vida y el tiempo le hacía olvidar.
Llegaba la siguiente víctima y la misma violencia, las misma situaciones horribles seguían pasando, se sentía mal la siguiente vez que pasaba. Veía las manifestaciones, Killian y él, habían ido a más de una; había ido con su madre y con su hermana. Quería ser parte de la solución pero no se le ocurría que más hacer, además de ser una buena persona. pensaba que era suficiente.
Pensaba, egoistamente, que era afortunado. Su madre y su hermana estaban seguras y tranquilas, tanto su padre como su cuñado eran buenos hombres, jamás les harían daño. Vivían en un barrio tranquilo, en una ciudad tranquila.
Su familia esta segrura.
Y más egoista se sentía todavía al decirse a si mismo que Killian y éran dos hombres, esas cosas no les pasaban a los hombres.
Como se enfadaba Sara, su hermana cuando hablaba de las probabilidad y sacaba números. Le llamaba machista.
Ahora, con Killian en sus brazos y con todos los indicios que casi hacían vomitar a Joel, se dio cuenta de lo equivocado que había estado hasta ese momento.
Joel abrazó cuando consiguió que se sentara en el sofá, lo recostó sobre él, lo escuchó protestar y gemir. No estaba seguro si era por dolor, por miedo o que sentimiento alvergaba su novio en ese momento, pero no quería presionarle, así que simiplemente, y sin saber exactamente que hacer, porque nadie ni nada lo había preparado para aquella situación, acunó en sus brazos a Killian durante un momento más.
Lo escuchó sollozar y murmurar algo, pero no preguntó. Notó que se hacía una bola con todo su cuerpo, una bola cada vez más pequeña pegado a él y protestaba cada vez qeu se movía y le dolía algo; pero Joel dejó pasar esos primeros minutos, con la esperanza de que se calmara un poco y luego poder hablar.
“Necesito darme una ducha y cambiarme de ropa. Apesto.” Dijo finalmente Killian e intentó incorporarse con un gruñido de dolor.
“No, mi amor. Mientras lo sepamos lo que te ha pasado,” aunque Joel estaba bastante seguro de lo que le había sucedido y una ducha se llevaría las pruebas. “primero tenemos que ir al hospital, tienes cortes y tal vez te has dado un golpe en la cabeza. Te lo tienen que mirar.”
Y tenía que evitar quitarse las muestras de ADN de quien le hubiera hecho daño.
“Pero no puedo ir con estas pintas; así, sucio y con esta ropa.”
Killian intentó levantarse, pero Joel lo abrazó de nuevo, con más fuerza. Sabía lo que había ocurrido, sabía; por lo que decían siempre en los reportajes, cuando hablaba la policía y por lo que había leído; que lo primero era tomar muestras de su ropa, de sus uñas, del pelo y de cualquier lado y cuando encontrara las fuerzas de hacerle entender lo sucedido de hacerle el examen pertinente sobre la casi segura violación… porque por mucho que le costara pensarlo a él mismo, lo más probable era que a su novio, al amor de su vida alguien lo hubiera violado la noche anterior.
Pero no era el momento de decírselo.
“No te preocupes, te cambias allí, cuando nos hayan dicho que estás bien, los médicos saben más que nosotros.”
Las siguientes horas iban a ser duras, probablemente las peores en la vida de Killian, porque por muy mal que él mismo se sintiera, nada se podía comparar con el trauma por el que había pasado y por el que iba a pasar su novio.
Por suerte o por desgracia Joel lo sabía. Tal vez las cosas eran diferentes a como las pintaban en las películas y el examen era menos invasivo o por lo menos los médicos tenían el cuidado suficiente.
Alguna vez todavía tenía pesadillas con el día en el tuvo que pasar por el mal trago de presentarse en el hospital y decir que habían abusado de él.
El médico no parecía muy interesado en ser cuidadoso con él. Eran otros tiempos, le había repetido siempre su padre desde entonces intentando quitarle hierro a la situación o para evitar que pusiera ninguna queja contra el médico que le había hecho ciertas preguntas incómodas sobre lo mucho o poco que había bebido o sobre si le había dejado claro al tío que le había arrinconado contra la pared, que no deseaba que le bajara el pantalón.
El doctor Douglas era un hombre normal, ni muy mayor ni muy joven, que le hablaba sobre los riesgos del sexo, sobre preservativos, como si ser penetrado con un condón por la fuerza, hiciera menos terrible la idea de que el tío con el que estaba saliendo no había hecho caso a su negativa. Le había hablado sobre ser más cuidadosos y sobre entender lo que la otra persona quería.
Le había dado una charla sobre sexo, mientras el muchacho que tenía delante sentía un terrible dolor porque alguien que creía, le gustaba, se había propasado con él.
No le tomó como una víctima. Era un muchacho que no había sabido darle a otro hombre lo que quería, era su culpa por no entender al otro hombre. Le dijo que todo era más fácil con las mujeres, le dijo que probara a tener sexo con una chica mientras le estaba haciendo un test por violación.
Ni los médicos, ni su familia, lo tomaron en serio. Con los primeros no volvió a hablar del tema. Marco, su padre, le dijo que no se molestara a ir a la policía, se ganaría sus burlas y miradas, pero nadie investigaría su caso. Alba, rezó con él y estuvo a su lado, pero nunca le preguntó cómo estaba. Sus hermanas simplemente caminaron con pies de plomo a su lado unos días.
Luego todo fue normal.
La voz de Killian pegada a su pecho, lo sacó fuera de todos sus pensamientos; no era su momento. No era hora de darle vuelta a lo que había vivido él, de recordar su pasado, de volver a lo que había ocurrido, de lo que habría podido cambiar o hacer de otra manera entonces.
Su presente era Killian, su novio herido, el amor de su vida al que alguien había hecho mucho daño y al que ahora tenía que proteger y ayudar como fuera; porque tarde o temprano y seguramente antes de lo que Joel iba a estar preparado para saber que hacer y ser lobastante fuerte.
“Joel, no me encuentro bien… no sé donde he estado y la cabeza me va a estallar. Tengo ganas de vomitar.”
La voz de Killian le devolvió a la realidad. Le besó la cabeza y le ayudó a ponerse en pie.
“Por eso vamos al hospital.”
“Y luego dejas que me de una ducha.”
Otro beso en la cabeza por parte de Joel, consiguió tranquilizarle un poco más, aunque no hizo que dejara de temblar.
Parecía que nada de lo que hiciera sería capaz de conseguir eso.
Ya había puesto el coche en marcha cuando se dio cuenta que no había cogido ropa limpia para Killian. No iba a dar la vuelta, Killian necesitaba ir al hospital cuanto antes, así que decidió mandarle un mensaje a Trevor.
Si había alguien que estaba ahí siempre que había ayudar a Killian; ese era su tío.
Si la relación con sus padres había sido complicada siempre, pero eso no los hacía querer menos a su hijo. Querían lo mejor para él y ser teleoperador no entraba en los planes de dos ingenieros. Tampoco les gustaba la idea de verlo salir de jueves a domingocuando podía estar estudiando.
Venían la vida de modos muy diferentes y Killian decía que era cosa de ser parte de diferentes generaciones. Sus padres le juzgaban, Trevor por otro lado, hacía lo posible por mantenerse a su lado, ayudarle y entenderle.
La llamada pillo a Trevor todavía durmiendo, así que contestó sobresaltado a la voz apurada de Joel.
“Hola muchacho, buenos días. Que sorpresa que llames tan temprano. ¿Qué ocurre? ¿Va todo bien?”
“Te lo explico luego. Por favor, trae ropa limpia para Killian, nos vemos en la puerta de urgencias del Centrar Universitario.”
“¿Cómo que urgencias? ¿Qué le ha pasado a Killian? ¿Dónde está mi sobrino?”
“Lo explico encuanto llegues, te lo prometo.”
“Me estás asustando. ¿Qué ha pasado?”
“Ahora no, Trevor, por favor.”
“Te veo en urgencias.”
“Gracias.” Contestó Joel aguantando las lágrimas, más por ayudar a Killian para que estuviera lo más tranquilo posible que por si mismo.
Además ya estaba conduciendo y Killian le pidió que para el coche, abrió la puerta y nada más sacar la cabeza vomitó. Joel no dijo nada, se bajó del noche y fue a su lado, le sostuvo la frente, frotó su espalda, besó su cabeza y esperó.
Killian temblaba, no había dejado de temblar desde que había entrado en casa, pero tampoco había dicho mucho y Joel daría lo que fuera por saber qué era lo que estaba pensando, qué era lo qué le provocaba ese terror; qué había ocurrido durante las horas que había estado fuera de casa.
No dijo nada y simplemente esperó. Estaba dispuesto a darle todo el tiempo que necesitara. Se quedaron ahí, junto al arcén y si alguien les decía algo, si algún otro vehículo aparecía y les pitaba; Joel iba a reaccionar muy mal.
Siguió sosteniéndole la frente, le masajeó la espalda agarrotada para calmarle y cuando Killian le dijo que estaba listo, Joel le ayudó a limpiarsre un poco, se pusieron en marcha de nuevo para urgencias.
Le miró mientras conducía e intentó encontrar las palabras con las que poder decir algo, alargó la mano hasta la de Killian, la acarició y su novio se volvió. Tenía la cabeza apoyada en la ventanilla y la mirada, hasta ese momento, perdida en la calle que iba pasando a toda velocidad a su lado, le observaba triste y asustada.
“Todo va a salir bien.”
“Ya ha salido mal, Joel. No me acuerdo, pero lo noto.” Killian se llevo las manos al vientre y apretó las piernas contra su cuerpo para intentar acrecer una bola. “Joel, por favor perdóname… no sé lo que he hecho y me encuentro fatal, pero siento que he hecho algo horrible.”
“Shh, tranquilo.” Joel le acarició la cabeza mientras conducía. “No hay nada que perdonar, no has hecho nada malo y lo que te ha pasado, lo que sea que haya pasado… desde luego, no es culpa tuya.”
Killian desvió la mirada de nuevo a la carretera, dejó escapar unos casi imperceptibles sollozos y apretó la mano de Joel. No volvió a decir nada en el camino hasta el hospital, pero cada vez que lo miraba, Joel podía leer lo que decían sus ojos y lo que estaba pensando.
Se sentía culpable, incluso aunque no era capaz de recordar lo que había ocurrido. Una parte de él se culpaba por haber permitido que pasara. No era el único que se sentía culpable.
Un millón de pensamientos ya comenzaban a golpearse en la cabeza de Joel. El que le decía que podía haber hecho para evitar que nadie hiciera daño a su novio, que podía haber ido con él, que podía haberle convencido para aceptar la propuesta de Nilo.
Podía haber sopesado los riesgos de estar cerca de alguien que tenía problemas de alcohol y otras sustancias. Tenía que haberle protegido y no lo había hecho.
“Joel, tengo frío.”
“Ya casi hemos llegado.”
El temblor en las manos de Killian se extendió rápidamente al resto de su cuerpo. Al parar en el siguiente semáforo, Joel le echó por encima la chaqueta que había cogido justo antese de salir de casa.
“No quiero que nadie me vea.” dijo Killian con voz casi de ultratumba que apenas salía de su garganta.
“Lo se, mi amor, pero si alguien te ha hecho daño, es importante que te vea un médico.”
“Dirán cosas.”
“Nadie dirá nada, te lo prometo.”
“Siempre se habla… no me acuerdo lo que pasó, pero lo noto dentro… y duele y está en mi cabeza.”
“Killian, mi amor. No sabemos nada, a lo mejor… a lo mejor pasó algo y un gracioso… vale, al o mejor te dio algo, te hizo beber y te sentó mal.” Joel sabía que estaba mintiendo y se odiaba por ello. Pero no podía hacer otra cosa. “Vamos a esperar a ver lo que dicen los médicos antes de ponernos en lo peor.”
“¿Qué es lo peor, Joel? No me acuerdo y lo peor son muchas cosas y todas horribles.”
Joel sonrió y acarició la cabeza de su novio.
“A lo mejor, te sentó mal la cena.”
Prefería que Killian no lo supiera, que no lo recordara tan rápido, porque había pasado por ello, había pasado por ese dolor, por esa culpa, por ese sentimiento de haber hecho algo horrible y merecer el castigo que suponía ese dolor y una vez que ese sentimiento encontraba un hueco en el corazón, ya nunca se marchaba.
El resto del camino al hospital, los pocos minutos que Joel condujo, los dos se mantuvieron en silencio; Killian hecho un ovillo bajo la chaqueta y Joel concentrado en llegar cuanto antes al hospital.
Joel ayudó a su novio a bajar del coche. No tenía problemas para caminar o lo disimulaba bastante bien, pero le temblaban las piernas y estaba asustado por la sola idea de tener que atravesar las puertas de urgencias.
“No me dejes por favor,” gimió Killian cuando las enfermeras se acercaron a él.
“No voy a ningún lado.”
Joel le cogió una mano y con la otra le rodeó la cintura con fuerza, pero delicadamente para no lastimarle y no se apartó de la silla de ruedas en la que le hicieron sentar al entrar en el hospital.
De poco sirvieron sus protestas diciendo que estaba bien y que podía estar en pie.
“Cielo, tienes aspecto de cansado.” Dijo una enfermera que ni siqueira intentó tomarle la mano, pero logró que le mirara a los ojos. “¿Has dormido algo?” Su voz era tranquila y pausada, de quien sabe lo que está haciendo y que tiene alguna idea de saber a lo que se está enfrentando.
Killian negó con la cabeza.
“Creo que no… aunque no me acuerdo.”
“Estás nervioso ¿verdad?”
“Mucho.”
“Es normal, por eso estás en el hospital. Mi nombre es Verónica. ¿Con quien has venido? ¿Tu hermano?”
“Soy su prometido” Dijo Joel tal vez demasiado rápido y tal vez entrometiéndose donde no debía.
Pero la enfermera sonrió.
“Entonces vienes muy bien acompañado, así podrá cuidarte.”
“Pero yo solo quiero volver a casa y darme una ducha.”
La enfermera le hizo un gesto a Joel para que estuviera tranquilo. Nada le iba a permitir estar verdaderamente tranquilo, pero sentía que su novio estaba en buenas manos.
Killian comenzó a protestar y removerse en la silla de ruedas en cuanto la enfermera dijo eso; no importaba que el más leve movimiento le hiciera daño. Lo único que deseaba era irse a casa cuanto antes, meterse en la cama y olvidarse de todo.
Joel dio un paso hacia él, pero Verónica le hizo otro gesto y se agachó delante de la silla.
“¿De verdad quieres irte a casa teniendo el pie en carne viva?” Le tomó el pie lastimado y lo miró un momento. “No soy tan experta como nuestros médicos aquí, pero si te lo desinfectan bien y no te lo cuidan como se debe, te puede dar muchos problemas.”
“No quiero ser un problema para Joel… no quiero darle más problemas.”
Joel estaba a punto de saltar y decirle que jamás sería un problema para él, pero logró contenerse y dejar que Verónica siguiera haciendo su trabajo.
No se había dado, tan concentrado como estaba en Killian pero otra de las enfermeras se había ido a buscar a un par de medicos, uno al menos residente o como se llamaran los que llevaba mucho tiempo en el hospital y detrás de él iban dos que parecían estudiantes.
No le hacía gracia que su novio tuviera tanta gente a su alrededor teniendo en cuenta su situación, pero comprendía que aquellos estudiantes tenían que estar preparados para cualquier situación.
Sintió que se hacía daño en la palma de las manos con las uñas al apretar para no correr hasta Killian y abrazarlo, pero dejó que el médico se acercara él.
“Joel, estás muy lejos, hay mucha gente,” Protestó Killian mientras el médico le decía algo a lo que decía algo a lo que no le estaba prestando atención porque el miedo y el ataque de ansiedad iban creciendo dentro de él. “Quiero irme a casa, por favor, llévame a casa. No me gusta esto.”
Sin embargo a Joel no le quedó más remedio que quedarse a un lado. Se acercó y le tomó una mano.
“Estoy aquí mi amor. Todo va a estar bien.”
“Por favor, Joel, tengo miedo… duele mucho y tengo ganas de vomitar.”
“¿Podrías decirnos algo de lo que ha ocurrido? ¿Recuerdas algo?” Preguntó el médico, mientras comenzaba a inspeccionar las heridas superficiales que veía en sus brazos, cuello y rostro.
Quería ganarse confizana o por lo menos eso es lo que le parecía a Joel, como haría un experto en animales con un perro herido en medio de la carretera.
“No lo se, no me acuerdo. Salí de casa para quedar con… no se si puedo hablar de esta persona. Tengo que hablar Nilo, igual me meto en problemas. No quiero meterle en problemas.” Cada palabra la decía el doble de rápido de la anterior y las manos, a pesar de las laceraciones las movía a toda velocidad sobre el vaquero sucio y con algún agujero. “No quiero hablar de esto, porque no me acuerdo y no se si… a lo mejor no lo digo bien o me lo invento por culpa… Joel, si digo que he… La he cagado. Después de tanto tiempo, la he cagado, pero es mejor que no diga nada.”
De pronto, Killian estaba llorando.
Había pocas cosas que Joel no pudiera soportar y ver llorar a Killian era lo único que le hacía convertirse en un monstro capaz de destruir el universo entero con tal de proteger al amoar de su vida.
Porque Killian no lloraba nunca. Hacía lo imposible por esconder sus sentimientos; no importaba lo mal que lo estuviera pasando, lo mucho que doliera una migraña, un dolor de muelas. No había llorado con la piedra en el riñón.
Cuando Joel le había pedido matrimonio, sus ojos casi se habían derretido aguantando las lágrimas y solo había llorado porque estaban solos en casa y nadie más compartía ese momento con ellos.
Ahora, sin embargo, llorar era lo único que parecía fácil, lo único que el cuerpo le permitía hacer. Killian quería desaparecer, olvidar los pocos recuerdos que tenía de la noche anterior.
No comprendía lo que sentía cuando apenas se acordaba lo que había ocurrido. Pero sentía miedo. Temía que nadie supiera lo que le había ocurrido. Temía encontrarse de nuevo con ciertos olores que no hacían más que darle ganas de vomitar… le daban naúseas, oleadas de nauseas cada vez más fuertes e intensas. Le horrorizaba escuchar risas. De pronto la idea de escuchar la carcajada de alguien le hacía echarse a temblar y sentir la mano de alguien tocándole…
Sabía que no eran más que un médico, una enfermera, incluso Joel. Era gente que querían ayudarle; su novio. ¿Qué mal podía querer hacerle su novio? Y aun así cada vez que le había puedo una mano encima, había estado a punto de gritarle para que dejara de tocarle.
Temía estar a punto de volverse loco y lo que era peor todavía, temía que aquello no fuera más que el comienzo de la pesadilla.
Y eso trajo más ganas de vomitar.
Lo hizo, volvió a vomitar y gracias eso dejó de llorar porque se sintió mortificado por poner perdido el suelo, la ropa de las dos enfermeras y las deportivas de Joel que estaba allí a su lado.
“No pasa nada, Killi, tranquilo. Las lavaré en cuanto llegue a casa.”
A Joel no le pasó desapercibido que dos de los enfermeros tomaban muestras del vomito de su novio, aunque se aseguro de que Killian no se diera cuenta. Desde que había sumado dos y dos sobre lo ocurrido había imaginado que Killian había bebido o alguien le había hecho beber y desde luego luego le vino a la mente la idea de otras sustancias.
Si las había tomado voluntariamente o alguien le había obligado, era algo que no estaba seguro como prefería imaginarlo. Por un lado deseaba que su novio no hubiera recaído en sus viejos problemas con alguna adicción.
Sin embargo, peor le hacía sentir que alguien el había obligado o le había hecho daño para hacerle ingerir pastillas o le había administrado drogas o alcohol por la fuerza.
Trasladaron la camilla a uno de los boxes vacíos para darle un poco más de intimidad y tranquilidad a Killian y el médico que le estaba tratando le hizo un gesto a Joel para que se acercara.
“Vamos a ir con pies de plomo. Supongo que los dos sabemos ante lo que nos enfrentamos, aunque vamos a hacerle algunas pruebas más para estar seguros.”
“Entonces cree que le han…”
“No ha sido algo consentido.”
“Joder.” Suspiró Joel y se volvió hacia la camilla.
Killian se había hecho de nuevo un ovillo, aunque estaba dejando que una de las enfermeras le echara una mano para quitarle la ropa sucia y medio rota.
“Hubiera preferido que me hubiera puesto los cuernos por ir borracho perdido.” Siguió diciendo Joel. “Cualquier cosa antes que esto. ¿Podremos saber quien le ha hecho esto?”
“Es pronto para sacar conclusiones, pero si hay rastro en sus uñas o el que sea ha sido… descuidado.”
“Si se ha corrido dentro.” Joel sintió nauseas al decir eso, pero alguien tenía que hacerlo, por mucho que la imagen en su mente doliera demasiado.
“Esto siempre es duro, primero para quien ha pasado por el trauma como para los que estáis a este lado.”
“Joder, no diga eso doctor. No hay punto de comparación.” Joel volvió a mirar al interior del box. Killian vestía ahora una camiseta blanca y un pantalón de pijama. Incluso a la distancia en la que se encontraba, Joel podía ver unas marcas en sus brazos y otras en sus piernas. “No quiero imaginarme…” En el cuello había lo que parecían marcas de dedos o tal vez Joel se estaba poniendo en lo peor de lo peor. “Cuando lo veo en las noticias, me dan ganas de matar a quien hace eso, pero me siento una persona horrible porque pienso que Killian y yo estamos a salvo porque solo vemos noticias sobre mujeres. Me siento culpable porque hay hombres terribles, pero a salvo porque… Debe pensar que soy un monstruo por pensar así.”
El médico. Un hombre algo mayor que Joel, de unos treinta y tantos, que ya pintaba algunas canas y con gafas metálicas que tenía subirse por el puente de la nariz todo el rato, se lo quedó mirando unos segundos, tiempo que le dejó para desahogarse y que seguramente hacía con todos los familiares de los pacientes cuando más lo necesitaban.
Le puso una mano el hombre y le hizo acompañarle hasta que el box de Killian ya no estaba a la vista.
“Tengo dos hijos, dos chicos, Daniel y Rose. Sufro cada vez que mi hija, ahora que tiene catorce años sale con sus amigas. PIenso en las cosas que oígo por ahí y en lo que veo aquí en urgencias. A veces pienso que me hubiera gustado tener dos chicos, dos hijos varones. No eres el único que piensa así, porque el mundo, en ocasiones, es una mierda y nos hace tener pensamientos horribles. pero el luego, el mismo mundo nos hace despertar y estamos aquí.”
“Joel.” La voz de Killian desde el box dio por terminada la conversación.
“¿Puedo estar con él?”
“Debes estar con él.”
Joel informó al médico que Trevor estaba a punto de llegar y esperaba tener un momento para poder llamar a su hermano, Ellis e informarle o simplemente desahogarse llorar con alguien. No sabía que Ellis necesitaba exactamente, si el detective al que rogarle que investigara quien le había hecho aquello a su cuñado o Ellis su hermano pequeño con el que sentirse libre y cómodo para dejarse caer.
En cualquier caso, necesitaba su apoyo.
“Joel.” Gimió Killian y alargó la mano, quitándose de encima a las dos enfermeras que intentaban ponerle una via en la mano y trataban de limpiar y desinfectar su pie. “No te veía pensaba que te habías ido y me habías dejado aquí.”
“Oye, ¿Cómo te iba a dejar solo?”
Joel se acercó a la camilla, se sentó en el borde y le acarició el cabello y la mejilla. Los enfermeros habían cerrado por completo el box para hacerlo lo más privado posible; se habían llevado su ropa para buscar cualquier tipo de rastro o muestra que luego entregarían a la policía, como siempre hacían en situaciones de este tipo.
“No lo se, me siento solo desde… esta mañana de pronto todo se siente feo en mi cabeza.”
Joel chasqueó la lengua y arropó a Killian en sus brazos.
“Ay, mi niño.” Le besó la cabeza y comenzó a acunarlo.
“Pero esta ropa es muy cómoda. La mía… estaba tan sucia y olía mal.”
“¿A qué olía?” Joel no esperaba que el oloro de su ropa le recordara a quien le había atacado, per otal vez ayudara a averiguar algo.
“No lo se, pero me hacía sentir más… más sucio y… no se.”
El temblor empezaba a ser algo que Killian no podía controlar o tal vez era el modo en el que su cuerpo controlaba lo que estaba corriendo para evitar venirse abajo por completo.
El olor de Killian ese que tanto le gustaba a Joel, y que siempre le hacía imaginarse con él, enroscados entre las sábanas de su cama, se apoderaba el olor aséptico de la ropa de hospital que le habían puesto; aunque ahora era quien tenía que dar la paz que Killian necesitaba.
El tomó las manos, ya habían limpiado bien sus uñas para buscar rastros, al igual que habían hecho con su cabello. Si habían sacado algo, a Joel no le habían dicho nada, pero casi lo prefería para estar concentrado en proteger a Killian.
“Siento no haberme presentado,” Dijo la enfermera que estaba curando el pie de Killian. Era la más joven de las que se estaba ocupando de él y son sunrosia cálida, logró hacerle sonreír también a él. “Soy Tania y voy a estar todo el día por aquí, asi que si necesitáis cualquier cosa, no dudéis en pedírmelo.”
“¿Puedo irme a casa a casa ya?” Dijo Killian con un hilo de voz.
Ella sonrió.
“Lo siento, pero eso no depende de mi.”
Killian gimió y Joel le contestó con otro beso en la cabeza.
“¿Por qué no intentas dormir un poco?”
“No tengo sueños.” Protestó Killian. “Además, las pesadillas…”
Joel apoyó la barbilla sobre su cabeza. “Yo me encargo de ellas. Estaré despierto y atento para que nada te moleste. Tu descansa, lo necesitas.”
Lo necesitaba tanto que en cuanto cerró los ojos y se acurrucó contra el cuerpo de su novio, Killian se quedó dormido. Eso le permitió ver con atención las marcas que quien fuera había dejado en el cuerpo de su novio.
Ya tenía claro que había caminado una larga distancia con un pie descalzo, de modo que se había lacerado y dañado toda la planta del pie que ahora tenía en carne viva. Además de eso, tenía un de buenos moratones en la cara que estaban comenzando a hacer acto de presencia, uno en su mandíbula y otro en el pómulo derecho. Además estaban los hematomas que las marcas de haber sido agarrado con fuerza por las muñecas habían dejado unas manos grandes y fuertes y cuando se movió por culpa de algún mal sueño o simplemente del miedo, vio que en las caderas también se estaba formando la marca de haber sido agarrado con fuerza y de mala manera, por unas manos que no tenía intención de soltarle.
Además de eso estaba del daño que quien fuera podía haberle causado internamente. Le había visto quejarse, pero no había querido preguntar. Las pruebas, cuando las hicieran, darían la respuesta.
La de la cara y los pies se unían a otras que Joel no había podido verle con la ropa puesta, unos moratones en las costillas y lo que se dejaba ver perfectamente como marcas de manos en sus caderas apretándole con fuerza.
“Vamos a dejarle descansar,” Dijo el doctora Pierce al regresar
“Doctor,” susurró Joel en voz baja para no despertar a Killian y sin dejar de acariciar su mejilla y su espalda. “Cuando despierte, deberían hacerle la prueba de…”
El hombre se colocó bien las gafas y asintió, con seriedad.
“Sí, lo haremos cuando se encuentre un poco mejor. Disponemos de un par de días para llevarla a cabo y su cuerpo y su mente han sufrido mucho en estas horas; tanto que su memoria, ahora mismo lo ha borrado. Incluso sin hacer la prueba tendríamos indicios suficientes para hablar de abuso, pero si queremos encontrar a quien le ha hecho daño y que pague, necesitamos el ADN de su esperma.”
Joel asintió y sintió ganas de llorar. Las cosas habían cambiado verdaderamente mucho en los más de diez años que habían pasado, desde que le había ocurrido algo muy similar a él.
Cuando le había estado en una camilla casi idéntica a ésa, fue él quien pidió la prueba y los médicos le pusieron pegas porque había salido de fiesta, porque era un hombre y cualquier resto de semen sería visto como una relación sexual consentida y porqure lo había buscado, aunque lo dijeron con esas palabras. Por lo visto solo les valía si el tío que le había follado le había violado con verdadera violencia y había signos de violencia.
No encontraron desgarro interno, no le había pegado, porque Joel había tenido demasiado miedo para enfrentarse a un tio que medía el doble que él; por lo tanto no era violación. Simplemente dejó que le metiera en su coche e hiciera con él lo que quisiera. Se dejó hacer para que el peor momento de su vida terminara pronto, aunque, quien había esperado que fuera un ligue y tal vez algo más, no le dejó in cerrar los ojos. Le obligó a mirarle mientras le insultaba, mientras todo ocurría.
Nunca cotejaron el ADN del semen con nadie y nunca supo del tema. Aquel tío se convirtió en un desconocido, una sombra en su memoria, un fantasma que volvía de vez en cuando a sus pesadillas o le acompañaba como otras malas experiencias entre sus vivencias.
“¿Joel estás bien?” le dijo un enfermero. “Bueno, ya me imagino que no estás nada bien, pero si necesitas algo…”
Imaginó que tenía mala cara con todo lo que estaba pasando, pero no quería hablar de él mismo y de su pasado. Ahora se trataba de Killian y de lo que le habían hecho.
“No… quiero decir sí, gracias, solo quiero estar aquí con Killian, además su tío está al caer y seguramente habrá avisado a sus padres, están fuera pero pronto se pondrán encontacto ¿podrías avisarme cuando llegue?”
“Claro descuida y no te preocupes, vamos a cuidar de Killian y haremos lo que esté en nuestras manos para pillar al hijo de puta que le ha hecho esto.” Otra de las enfermeras protestó por sus palabras y le lanzó una mirada dura. “No voy a retractarme por eso. “Quien hace cosas así es un hijo de… Es un cerdo asqueroso y no hay otra forma de llamarle, porque no es una persona, no es un ser humano.”
“Es cierto, pero no es nuestra labor juzgar, Nico.” Dijo ella.”
“No es juzgar…”
“Chicos.” Joel estaba cansado. En cualquier eotra circunstancia esetaría encantado de contribuir en ese tipo de debate. Pero no era el día.
“Lo siento, no debería haber dicho eso.”
“No pasa nada.” Dijo Joel.
Los dejaron solos y bajaron la luz a su alrededor para que Killian pudiera descansar y Joel aprovechó para escribir a su hermano.
Joel: Ellis, ¿puedoes hablar?
Ellis: Día libre… dos días libres en realidad. Casi no lo puedo creer. Sofá, tele y a lo mejor quedo con estos… aunque seguramente me quedo aquí tirado con Nuki, no le veo con ganas de muchos paseos, creo que se hace mayor. Perdón te estoy dando la chapa. ¿Qué tal vosotros hermano?
Joel: En el hospital con Kili.
Ellis. ¿Qué? ¿Cómo que en el hospital? ¿Qué ha pasado?
Joel: Por mensaje no, no puedo. Siento molestarte en tu día libre. ¿Puedes venir?
Ellis: Joder, a la mierda el día libre. ¿Qué hospital? ¿Qué box? Estoy allí ahora mismo. Salgo ahora.
Joel: Es posible que te necesite también como policía.
Ellis: Soy tu hermano. Lo que sea. Ahora me cuentas.
Todavía no le había contado nada, pero ya sentía que se había quitado un peso de encima. Killian durmió entre pesadillas y sueños complicados durante las siguientes horas y no se enteró de la llegada de su tío al hospital; pero Joel no se movió de su lado. Temía que si lo hacía, notaría su falta, se despertaría y la agonía, comenzaría de nuevo.
Trevor dio unos pequeños golpecitos en la puerta unos minutos más tarde y le hizo un gesto con la cabeza a modo de saludo.
“Hola.” Suspiró Joel, sabía que podía cuidar de Killian pero agradecía no sentirse solo.
La violencia de género no era algo a lo que Trevor, fotógrafo deportivo, estuviera acostumbrado, pero viendo el aspecto de su sobrino, los golpes en su cara, cuello y muñecas, estaba claro que alguien le había hecho mucho daño y no había sido una trifulca en la puerta de un bar.
Por eso no tuvo que hacer muchas preguntas para comprender el estado de su sobrino.
A simple vista, no se veía mucho más que un par de golpes en la cara, las marcas en el cuello de unas manos y las uñas enrojecidas de haber peleado.
No dudaba de que su sobrino había peleado.
“¿Quién le ha hecho esto?” Dijo y se acercó a la cama.
Dejó su bolsa y su chaqueta en el sofá y apretó el brazo de Joel.
Para Trevor, tanto Killian como Joel eran lo más parecido que nunca había tenido a sus propios hijos y ver que habían lastimado de esa manera a uno y que el otro lo miraba con ese terror en los ojos, le destrozaba.
Joel negó con la cabeza antes de responder.
“No recuerda nada de lo que pasó anoche después de salir de casa… y sinceramente… creo que ahora es mejor.” Joel se quedó mirando de nuevo a Killian y le besó la frente. Lo vio fruncir el ceño y gemir, las pesadillas no le dejaban tranquilo y Joel daría lo que fuera por apartarlas de su ser. “Luego vendrán todos los recuerdos de golpe, dolerá mucho, demasiado, lo se pero al menos, él nos tendrá a nosotros. No estará solo en esto y con un poco de suerte, tal vez Ellis podrá echarnos una mano si está en la investigación de lo que pasó y no es uno de esos…”
“Las cosas han cambiado Joel.”
Trevor era una de las pocas personas que sabían todos los detalles de los que le había ocurrido a él y como le habían tratado quienes debían protegerle, creerle y tratarle como una víctima.
“Lo se, pero la sola idea de que Kili tenga que pasar por algo similar a lo que me sucedió a mi, me pone de muy mal humor.”
“No dejes salir a tu Hulk interior. Es lo que menos necesita ahora mismo Killian.”
De nuevo Trevor no preguntó más por el momento. Killian tenía las heridas físicas y desde luego tendría muchas en su interior, pero Joel no lo iba a pasar bien tampoco. Además, había tanto de su propia historia que iba a salir a la luz que no quería presionarle.
Si había algo que los dos tenían claro, era que Killian era la prioridad.
“Solo,” Joel se volvió hacia Killian y le besó la cabeza. “Lo único que me importa es que Kili no esté solo en todo esto.
“No no estará solo, siempre te va a tener a ti, estoy yo, tu hermano y por supuesto sus padres. ¿Donde le has encontrado?”
“Ha llegado a casa esta mañana. Parecía un zombi, creo que no supo cómo llegó. Le faltaba una deportiva, tiene un pie bastante mal, pero se curará. Ha caminado medio descalzo por no se cuanto tiempo, herido, atontado… Creo que le han drogado y le han hecho beber.”
“Oh no… pero eso no debería contar para todo el tiempo que lleva sobrio.” Dijo Trevor entre dientes intentando no sonar como realmente se sentía, con ganas de matar a quien había hecho daño a su sobrino. “No era su intención a hacerlo.”
“No lo se, la verdad es que no se nada y lo peor de todo es que podría llamar a Nilo porque es la última persona que le vio antes de lo que fuera que le pasara.”
“¿Por qué no lo haces?”
“Lo he hecho cuando Killian no estaba en la cama conmigo esta mañana, pero Nilo no parece saber nada. Si me está mintiendo y está involucrado en esto… Nilo es demasiado importante en la vida de Kili. No podría soportar descubrir algo así y la verdad es que yo tampoco ahora mismo.”
Los dos miraron a Killian un momento. Por muy diferentes que Joel y Trevor a veces parecían ser, tenían algo en común, Killian era la persona más importante en la vida de los dos. Joel apreciaba su vida tranquila, el horario regular en la oficina, tener el sueldo asegurado, aunque trabajar como comercial fuera duro y pesado, repetitivo en muchas ocasiones.
Pero llevaba unos años en el mismo puesto det rabajo y eso le daba una seguridad y una tranquilidad que ser freelance y moverse de periódico en periódico o vender continuacmente las fotos como hacía Trevor, no le daba.
Quería darle a Killian un futuro tranquilo, la familia que habían soñado, una casa y ahora que Killian se había puesto a estudiar y le veía tan serio y tan concentrado en su futuro quería ayudarle como fuera. Si tenía que hacerlo con un trabajo que no era lo que quería hacer con su vida, lo demás no importaba.
“Deberías llamar de nuevo a Nilo.”
“No quiero dejar a Kili. Si se despierta de una pesadilla…”
“Yo estaré aquí con él y tú volverás en seguida.” Le dijo Trevor, ya te lo he dicho no estáis solos. ¿Y que hay de tu hermano? ¿Le has avisado?”
Joel asintió.
“Entonces coge el teléfono y llama a Nilo, si sabe algo, sería un principio para saber lo que le ha pasado a Killian.”
A Joel le temblaban las manos cuando cogió cogió el teléfono de la mesilla. Cambió el sitio con Trevor, para que se quedara él junto a su sobrino, mientras se apartaba un poco para hablar con Nilo, pero sin apartar la mirada de Killian por si despertaba o si volvía a gemir buscándole.
“Joel, buenos días. ¿Qué tal? ¿Te ha dicho algo Killian como fue ayer?”
“Eso espero que me lo digas tú a mi, Nilo.”
Joel no quería sonar duro con él, después de todo era su amigo y una de las personas en las que más confiaba Killian, no creía que fuera culpable de lo que le había pasado a su novio, pero tenía que pagarlo con alguien y ya se odiaba bastante a si mismo.
“¿Joel qué pasa? ¿Va todo bien?”
“No, nada va nada bien, Nilo. Killian ha llegado a casa esta mañana herido, descolocado, no recuerda lo que pasó anoche, oliendo a alcohol como si se hubiera duchado en él y vomitando pastillas. Le han drogado Nilo, le han drogado y seguramente le han violado y tu eres la última persona que le vio antes de ello que yo sepa.”
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Solo tienen quince años pero Carlos y TK comienzan a intercambiarse mails entre Texas y New York por un trabajo del colegio, "4 mails para conocer un nuevo amigo."
Lo que comienza como un deber más pronto se convierte en una verdadera amistad, alguien con el que hablar y ser sincero cuando no hay nadie más con el que serlo.
Los dos tienen secretos, Carlos no sabe como decirle a sus padres que es gay y está conociendo a alguien, TK tiene problemas con las drogas, pero quiere conseguir dejarlo. Mientras los dos comparten sus emociones con el otro, poco a poco irán aprendiendo a conocerse y a descubrir sentimientos que tendrán que aprender a manejar
12 de Noviembre de 2009
Hola, TK.
¿Debería llamarte Tyler o de un modo diferente? ¿TK es demasiado cercano? A lo mejor no te gusta que use ese nombre porque no nos conocemos.
Lo siento, sé que suena muy extraño, pero no se me ocurría cómo empezar a escribirte. Después de todo eres un extraño que vive en el otro extremo del país y esto no es más que una tarea para el instituto.
Pero bueno, perdón de nuevo porque no me he presentado. Me llamo Carlos Reyes y voy al instituto aquí en Austin... aunque tú no estás aquí. Vale, da igual. Encantado de conocerte (si quieres responderme, claro).
El profesor nos ha dicho que contemos a nuestro "nuevo amigo" algo de nosotros, pero sabes, es muy raro. Porque no te conozco y no sé por qué tengo que contarte mi vida. ¿Y si eres un psicópata que ahora viene a mi casa para hacernos daño a mi familia y a mí?
Pues para que lo sepas, mi padre es ranger y yo voy a ser policía, así que si eres un psicópata no vengas a mi casa, acabarás en la cárcel... o peor.
Creo que me he pasado un poco para ser el primer mail que te mando.
¿Demasiado, verdad?
Bueno, al menos ya sabes que soy un controlador nato o por lo menos eso dice mi padre, que ha hecho muchos cursos de psicología en el trabajo y que me pongo nervioso con las cosas nuevas y de las que no entiendo mucho.
Ya está, ya sabes algo sobre mí y ahora soy yo el que parezco un psicópata o por lo menos eso me parece a mi. ¿Qué crees tú? Mierda estoy hablando con una pantalla de ordenador y te imagino riéndote de mí y mandando este correo a la basura porque no quieres saber nada de mi.
¿Debería decirte algo más? ¿Qué más puedo contarte? Tenemos la misma edad... creo. Soy pésimo en arte, pero soy el más rápido de mi clase para resolver los problemas de matemáticas. Gano todas las pruebas de atletismo, porque soy el más rápido de mi año también corriendo. Creo que pillaré a todos los delincuentes cuando intenten darse a la fuga.
Me gusta mucho leer, eso sí.
¿Me puedes recomendar algún libro nuevo que estés leyendo? Dicen que las novedades salen primero en New York.
¿New York es tan fantástica como dicen? Desde aquí, oímos hablar de New York y parece un sitio increíble y de fantasía como si fuera de la Tierra Media. Pero en realidad, está a dos horas de avión. No está tan lejos y cuando tenga dinero, tengo intención de ir y visitarla bien.
Ahora mismo estoy muy interesado en conocer mejor las culturas anteriores a la colonización europea y he visto que hay varios museos en New York donde hay cosas muy interesantes. ¿Es así?.
¿Compartimos algún gusto? El señor Taylor dice que nos han juntado por afinidades.
La verdad es que, si te soy sincero, tengo mucha curiosidad por saber quién eres.
Un saludo,
Carlos
13 de Noviembre de 2009
¡Hola, Carlos!
Encantado de hablar contigo. TK Strand, aquí, en el piso número 20 del centro de New York. ¿Eres de Texas? He visto muchas películas; bueno, a mi padre le gustan mucho los western, así que no he visto cómo es Texas hoy. Pero igualmente suena exótico para mí.
Vale, TK, puedes llamarme TK porque no me gusta que me llamen Tyler; cuando lo hacen pienso que he hecho algo malo. Así me llaman mis padres y los profesores, así que imagínate. Se me ponen los pelos de punta cuando lo escucho. La he cagado cuando alguien pronuncia ese "Tyler" y además con ese tono de que nada bueno ha ocurrido.
Así que por favor, TK, nada de Tyler, o Ty o Tigre o... cualquier otra cosa que se te pueda ocurrir. Siempre pienso que ya han sacado todos los motes posibles con mi nombre y mi diminutivo en el instituto y siempre sale el listo de turno con una nueva variante, una que hace gracia a todo el mundo y de la que todo el mundo se ríe de mí.
Perdona. Tú serás un controlador nato, pero yo me pongo a divagar con cosas... con cualquier cosa. Mi madre dice que tengo que centrarme en los estudios. Mi padre suele estar más tranquilo, porque su gran sueño es que siga sus pasos.
¿Quién es mi padre? Para mí es un héroe y para todos los que salvó el 9/11 y en sus años de bombero también. ¿Sabes que cuando era niño pensaba que mi padre era un superhéroe? Por eso empecé a leer cómics. ¿Te gustan los cómics? Este último año no he podido leer mucho, tenía la cabeza en otras cosas; pero tengo un armario lleno.
No te he dicho nada personal todavía sobre mí, ¿verdad? Me dedico a hablar de otras personas y al final, suelo no hablar de mi.
Vamos a ver. Me preguntas lo qué me gusta. Me gustan mucho los cómics, pero eso ya lo sabes. Los estudios... Bueno, sé cómo suena, pero soy sincero si te digo que estudiar no es lo mío. Eso está volviendo loca a mi madre.
Pero soy bueno en Educación Física, eso ya lo tenemos en común, y a mí el Arte se me da bien, me gusta dibujar y a lo mejor.... es bastante complicado, pero a lo mejor podría dedicarme a algo por el estilo. Siempre me ha gustado dibujar y cantar tampoco se me da nada mal; pero no es que le haga mucha ilusión a mi padre imaginarme haciendo ninguna de las dos cosas.
Dice que solo unos pocos pueden dedicarse a la música o a lo de dibujar y pintar, que hay que ser el mejor y meterle muchas horas... No es que me llame vago, no pienses eso, pero si que soy poco constante a la hora de mantener rutinas. Como he dicho antes, me disperso con facilidad.
Además, ponerme delante de un libro me aburre mucho. Si tengo que estudiar, puedo aprenderme lo que haga falta y saco la mejor nota, pero leer... sinceramente no es lo mío.
A mí también me dijeron que nos juntaban por afinidades, pero la verdad es que nos veo muy diferentes.
Igualmente encantado de conocerte.
27 de Noviembre 2009
Hola de nuevo TK.
Perdona si he tardado mucho en contestar... bueno, no lo siento, porque esto me parece una tontería. Tengo bastantes problemas y no me he acordado del maldito trabajo de correspondencia.
Dicen que tengo que intercambiar contigo al menos cuatro emails.
Así que venga, te cuento cuatro tonterías, tú me cuentas las tuyas y nos olvidamos de esto.
No, no tenemos nada en común, tienes toda la razón y no sé ahora mismo de qué puedo hablar contigo y que nos interese a los dos.
Además no estoy de humor.
Hagamos una cosa, hablemos del instituto.
No va mal, las clases son a veces aburridas y más ahora que se acercan los primeros exámenes. ¿Cómo lo llevas? Me es difícil concentrarme, tengo muchas cosas en la cabeza últimamente, pero espero sacar buenas notas. ¿Qué hay de ti?
¿Algo interesante que vayas a hacer el fin de semana? Yo tenía planes, pero por lo visto ya no los tengo más. Espero que me digas que vas a hacer algo divertido el sábado y que lo puedas hacer por los dos.
Venga, solo un par de emails más y listo.
Carlos
27 de Noviembre de 2009
Hola, Carlos.
No soy un acosador, si es lo que piensas por responder tan rápido.
Me he preocupado por tu email. Pareces muy diferente al Carlos del primer email. ¿Va todo bien? ¿Quieres hablar de ello?
Seguro que no quieres hablar de eso, porque si no ya me lo habrías dicho. Pero, bueno, que sepas que estoy aquí, a cuatro horas de avión, es un poco más de lo que esperabas, pero tampoco tanto, una película más en el avión, pero a un click de Internet para lo que necesites.
Estoy lejos, pero me huele a que te han roto el corazón. Conozco la sensación, podemos tener quince años, pero nos enamoramos y a veces sale mal.
Creo que no te lo he dicho, pero soy gay y aunque un par de veces me ha salido mal, ahora estoy con un tío estupendo. Puede que duremos mucho, puede que nos vayamos a vivir juntos cuando acabemos el instituto.
No sé muy bien cómo funcionan estas cosas cuando te deja una chica, pero no creo que sea muy diferente. Así que si necesitas hablar, cuenta conmigo.
TK
1 de Diciembre 2009
Hola, TK.
La verdad es que he empezado este email una docena de veces y lo he borrado las mismas veces. No sabía qué decirte, porque no sé qué decirme a mí mismo.
Empecemos por lo fácil y que al mismo tiempo es tan complicado decir en voz alta.
Soy gay.
¡Sorpresa! (Aunque eso es lo que debería decirle a mis padres cuando me atreva a ser sincero con ellos)
Pero lo cierto es que no le he dicho a nadie que soy gay, excepto a los dos tíos a los que he besado y solo con uno he llegado a salir.
Soy gay y vivo en el fondo de mi armario porque no tengo el valor de decirle a mis padres que no voy a presentarles a la chica con la que estoy saliendo. Porque no hay ninguna chica, pero eso ellos no lo saben. Están deseando que lo haga y sé que les romperá el corazón cuando se enteren de la verdad.
¿Soy un mal hijo por no contárselo? ¿O soy un mal hijo por no pensar en lo mucho que les dolerá quién soy? No sé si puedo preguntarte esto porque te conozco de dos emails y en uno te he tratado bastante mal.
Pero, bueno, te preguntaré igual. ¿Cómo les dijiste a tus padres que eres gay? Solo tenemos quince años, pero veo que estás tan seguro de ti mismo y de tu identidad. ¿No crees que puedas cambiar... o que a lo mejor les estás...? Mierda, no te he preguntado. ¿Se lo han tomado bien?
Perdona otra vez, primero paso de ti y ahora te hago preguntas bastante íntimas. No me contestes si no quieres.
Carlos
2 de Diciembre 2009
¡Hey, Carlos!
Me dormí. Lo siento.
Vi tu email y me dormí, estaba agotado porque llevo tres días intentando estudiar para los finales del trimestre, pero no consigo que me entre la maldita historia.
Vale, volviendo a ti, porque la historia no es importante ahora mismo.
Eres gay.
Lo primero que tienes que entender, y te lo dice alguien que hace un año que sabe que es gay y que ha besado a dos tíos en su vida, es que no has hecho nada malo, no hay nada malo en ti. En cuanto a tus padres, si te quieren (puede que les cueste un poco), entenderán quien eres y te aceptarán.
Es difícil, lo sé; da miedo, lo sé. Me dio mucho miedo contárselo a mis padres, pero yo tenía la suerte de saber que ellos me aceptarían.
Mentira, sí, es una mentira, no lo sabía, estaba aterrorizado, porque mis padres son muy abiertos de mente y apoyan todas las causas sociales, pero temía que conmigo fuera diferente. Por ser su hijo, por... no sé, tuve pesadillas durante días hasta que los senté a los dos en el sofá y les dije que era gay.
Pero te prometo que a la larga todo irá bien. Además se trata de tu vida, tus sentimientos. No dejes que nadie, ni siquiera tus padres, y eso suena mal, muy mal, lo sé... nadie debe decirte lo contrario.
No respondas si no quieres pero, ¿te ha dejado el chico con el que estabas? ¿Quieres hablar de ello antes de decírselo a tus padres?
He pasado por eso.
TK
3 de Diciembre de 2009
Hola, TK.
Son las tres de la mañana, estoy seguro de que duermes, así que no te sientas mal por contestarme en unas horas... o días. Después de todo, no somos amigos ni nada.
No puedo decirles a mis padres que soy gay, TK. No ahora. No... Y ni siquiera sé por qué. Sé que me quieren, te aseguro que lo sé y sé que aunque les cueste (mucho, les costará mucho) al final me aceptarán y se lo podré explicar.
Pero ahora no puedo. Mi padre está trabajando en un caso muy importante y no puedo despistarle con algo así.
No digas que es una excusa, no lo es. Lo que siento es miedo, mucho miedo por muchos motivos diferentes, que no si quieres que te cuente y te moleste con ellos, pero no se trata de una excusa.
Tienes razón en algo. El tío con el que había empezado a tener algo... aunque no puedo decir que fuera mi novio ni nada parecido... resulta que no es tan gay como yo pensaba. Sí lo es, o por lo menos eso creo yo, pero él tiene más miedo que yo y ha decidido volver con su novia y venir a comerme la boca solo cuando se aburre. Ha vuelto con ella después de amenazarme con partirme la cara si le cuento a alguien en el instituto o en el barrio lo que hemos estado haciendo.
Ha sonado mal, lo sé, pero es justo lo que hacía conmigo en las últimas semanas. Me ignoraba en clase, en el comedor o cuando salíamos con los amigos. Pero cuando estábamos solos... Ya te imaginas como terminabna la cosa.
Eso no se lo puedo contar a mis padres, pero ellos se han dado cuenta que me ocurre algo, me conocen. Ellos piensan que me pasa algo malo, piensan que estoy deprimido por las notas, mis calificaciones han bajado, claro está. Menudo disgusto se han llevado con mi suspenso en Historia. Con lo que me gusta la Historia.
Pero se me ha roto el corazón y no he podido estudiar bien para el examen. No puedo suspender más exámenes, no por el primer tío con el que tengo algo. Eso me hace sentir como un tío sin personalidad que se enamora del primero que se fija en él.
Estoy hecho un lío, de verdad y no se que hacer, perdona por el tostón que te estoy soltando.
¿Has dicho que tienes un examen de Historia? Sé que estamos lejos, pero si hay algo en lo que yo pueda ayudarte... Tú no haces más que escuchar los problemas de un desconocido. Dime en lo que te puedo ayudar.
Carlos.
5 de Diciembre de 2009
Hola, Carlos.
Olvida mi examen. Al final logré sacarlo. Mi madre pasó todo el fin de semana conmigo enseñándome a hacer tarjetas para memorizar y me hablo del castillo mental... aunque eso no lo he entendido muy bien.
Ya te puedes hacer una idea, nada de ordenador, ni televisión ni amigos hasta que la Europa del siglo XIX se me metió en la cabeza y, cuando hice el examen ayer, supe que lo había hecho bien.
Pero volviendo a lo importante.
Ese tío que te ha roto el corazón no se merece nada y cuando se dé cuenta que te ha dejado escapar, que realmente le gustas y que ha perdido algo importante, será demasiado tarde porque tú habrás encontrado al amor de tu vida o... O... Serás feliz contigo mismo. No nos olvidemos que muchas veces estamos felices solos.
Vaya ya sueno con mi padre que estudio dos años de psicología... y no se ni por qué lo dejó, siempre dice que le gustaba mucho.
Ahora que me doy cuenta, hemos intercambiado ya cuatro emails. ¿Vas a dejar de escribirme? ¿Con esto tendrás suficiente para tu trabajo con el señor Taylor? Para mí sería suficiente pero la verdad es que me gusta hablar contigo y siento que aunque no sea ningún experto en nada... me gusta contarte cosas y me gusta también leer como te van las cosas
Creo que te lo he dicho ya, pero no soy ningún psicópata aunque lo parezca.
Puede que haya parecido otra cosa con mis emails anteriores, pero no tengo muchos amigos, no amigos con los que hablar de este tipo de cosas, ya, sabes, ser gay y mis... nuestros sentimientos.
Sé que no somos amigos, pero me gusta tener a alguien con el que hablar.
Bueno, no sé si me contestarás a este email o si hemos terminado el trabajo para el instituto.
En cualquier caso, estoy aquí para lo que necesites.
TK
7 de Diciembre de 2009
Hola otra vez, Carlos.
Soy pesado, lo sé.
Debería haber entendido que me has escrito esos emails para conseguir buena nota en el trabajo del instituto y yo debería haber hecho lo mismo.
Me siento estúpido porque espero que vuelvas a contestar, porque espero que quieras contarme de ti y poder...
No sé ni por qué te mando este email, probablemente ya habrás hecho que llegue a spam.
Soy muy pesado y hablo mucho, cuando en realidad no tengo nada que decir. ¿Sabes cuántas veces me han dicho eso para hacerme sentir mal o inútil? Supongo que será verdad, me creo uno de los cool kids del instituto y en realidad...
Da igual.
No te molesto más.
Espero que todo te vaya bien.
TK
12 de Diciembre de 2009
TK, lo siento.
Lo siento mucho. No hago más que leer tu último email y algo me dice que no va bien, que necesitas ayuda y que no he estado ahí para ti. Lo siento mucho, he sido un terrible amigo... porque eso es lo que somos, amigos, TK.
Soy tu amigo y tú eres amigo. Porque para eso están los amigos, para escucharse y darse consejos a las tres de la mañana. Pero yo no he estado allí ni a las tres de la mañana, ni a ninguna hora.
¿Va todo bien?
13 de Diciembre 2009
Hola, TK.
Probablemente te has enojado conmigo por haber tardado en contestar. Pensarás que te he dejado tirado y por eso ahora no me contestas. Yo lo haría, te soy completamente sincero.
Sin embargo, espero que no me hayas bloqueado... aunque espero que no te haya ocurrido nada malo y por eso no me contestas.
Lo que quiero que sepas es que estoy preocupado por ti.
Tu último email sonaba... no sé cómo explicarlo, me dio la sensación de que estabas a punto de decirme algo pero no lo hiciste.
Dime que no es nada serio.
Y si es algo serio, quiero que sepas que estoy aquí. Creo que conectamos en los primeros emails y no me gustaría... ¿Suena muy atrevido decir que no quiero perderte?
Espero que estés bien y espero también que me contestes.
Carlos.
14 de Diciembre 2009
TK, ahora es cuando me preocupo de verdad.
Ha pasado una semana desde la última vez que supe de ti. El email es el único modo que tengo para contactar contigo. Ojalá viviéramos ya en el futuro y hubiera modos mucho más rápidos de contactar con alguien.
Pero ha pasado una semana y este es mi tercer email... al que, tengo imedo, pero estoy casi seguro, no contestarás.
Dime que estás cabreado conmigo. Dime que te sientes mal porque pensaste que no quería saber de ti o que eras solo mi proyecto del instituto.
Da igual, pero dime algo, por favor. Ni siquiera tengo la dirección de tu casa para poder coger un avión y ver que estás bien.
¿Pero recuerdas que te dije que mi padre es Ranger? Puedo pedirle que te busque.
Dime algo, por favor.
Carlos.
14 de Diciembre 2009
Hola, Carlos.
Tengo a mi madre delante mientras escribo este email. Se que suena raro, pero no me quita la vista de encima.
Está muy preocupada, mi padre también y los entiendo (mi madre acaba de poner cara de ¿y no es para menos?)
No quieren que dé muchas explicaciones, dicen que eres un desconocido y que no tengo que airear mis problemas por ahí. Creo que no saben cómo actuar ellos tampoco conmigo. (Ahí está la cara de mi madre de "no nos esperábamos que hicieras algo así.")
La conclusión es que he hecho una tontería. ¿Sabes esas tonterías que crees que serán divertidas y luego te salen caras? Pues una de esas, y he estado desconectado estos días.
Creo que poco a poco me van a dejar volver a la normalidad... a su normalidad, porque tardarán en dejarme salir otra vez.
Mi madre quiere que termine ya. Dice que tengo que descansar y que ya tendremos tiempo de hablar.
Tendremos tiempo de hablar y te contaré... aunque mi madre esté aquí. De todas formas, gracias por preocuparte por mí, y no, no estoy enfadado contigo por no haberme contestado. Seguro que tú también tenías motivos... espero que los tuyos fueran menos estúpidos que los míos.
Hablamos.
TK
14 de Diciembre de 2009
Hola, TK.
Sé que debería sentirme aliviado por saber de ti y saber que no te han secuestrado ni nada parecido. Pero sigo notando que no estás bien y eso de que tengas a tu madre encima de y lo de la tontería me da mucho... o poco que pensar.
¿Tu madre lee mis emails también? Hola, madre de TK.
Sea lo que sea que hayas hecho, estoy seguro de que tiene solución y, aunque estoy lejos, me gustaría ayudar.
¿Hay algo que pueda hacer para echarte una mano o dos, si hace falta?
Soy un chico legal, madre de TK. Quiero ayudar a su hijo o solo escucharlo, lo que necesite, además estoy lejos para... jamás haría nada malo a TK, le conozco desde hace muy poco y ya siento que le aprecio mucho.
En cuanto a los días que no te contesté... Fue por mi padre, lo dispararon en el trabajo y estuvimos en el hospital con él hasta que le dieron el alta. Ya está bien, de baja y hecho un cascarrabias porque no quiere pasarse sentado y con la pierna en alto todo el día, pero todo está bien.
Ahora que llegan las vacaciones de Navidad voy a tener todo el tiempo del mundo para contestar a tus emails y ayudarte.
Adiós, madre de TK, que pase un buen día y le deseo unas buenas Navidades.
Por cierto, Tee, me tienes que enseñar el truco ese de las tarjetas para estudiar. Se me hizo muy cuesta arriba el último examen de Francés. Tu padre o tu madre no serán franceses y tienes tú un nivel estupendo para echarme una mano, ¿verdad?
No te molesto más, ni a usted tampoco, señora.
Descansa todo lo que te digan tus padres y me respondes cuando quieras y cuando puedas.
Un saludo,
Carlos.
16 de Diciembre de 2009
Hola, TK.
No hace falta que respondas a este mail. Solo lo escribo para... no sé para qué lo escribo exactamente.
Pero me cuesta dormir.
Me siento muy egoísta al decir esto porque sé que no estás pasando por unos días sencillos... Si te soy sincero, no lo se, no tengo ni idea por lo que estás pasando, ni lo que realmente hiciste. Siento que estás luchando con algo... me hago ideas, me imagino lo que puede ser, pero no quiero decirlo. Esto es algo tuyo y de tu familia, claro. De tus madres, yo no soy más que un tío que cree ser tu amigo desde la otra punta del país, y ni siquiera se si lo soy.
Después de todo solo tenemos quince años y hay cosas que no deberían ocurrir a nuestra edad.
Tee... sé que ya te he llamado así y a lo mejor no debería haberlo hecho. Dime si te molesta, o no me digas nada.
Solo quiero que sepas que somos dos desconocidos, que vivimos lejos y que nos hemos conocido por casualidad. Pero puedes decirme lo que quieras. Solo han sido unos días pero echo de menos hablar contigo.
En un futuro muy lejos del siglo XXI, donde la humanidad ha llegado a los confines del Sistema Solar, la tripulación de la FF126 encuentra al misterioso desnudo, herido e inconsciente Carlos en Charon, sin conocer su verdadera naturaleza… todos sus recuerdos han desaparecido.
Este hombre enigmático trae un peligro inesperado a la tripulación mientras forma una conexión profunda con TK, miembro del equipo médico de la tripulación, quien comienza a escuchar en su cabeza una voz que le trae recuerdos de sus antiguo pasado por cierta institución.
Mientras la tripulación enfrenta amenazas desconocidas, el misterioso pasado de Carlos se revela poco a poco, conduciendo a sorprendentes revelaciones y una lucha por la supervivencia. ¿Descubrirá Carlos su propia verdad antes de que sea demasiado tarde?
"Capitán Strand estamos llegando a Charon. Aterrizaremos en los próximos cinco minutos." La voz de Paul Strickland resonó en todas las salas de FF126. "Atención compañeros, tomad asiento, sabéis como son los aterrizajes en suelo de lunas sin atmósfera."
"No quiero huesos rotos antes de lo debido." Añadió la oficial Vega desde su puesto en la enfermería. "Aunque para vuestra información lo tengo todo listo en caso de que alguien sufra algún percance. ¿verdad TK, Nancy?"
"Ay ay Jefa." Contestó Nancy Gilligan con la seriedad casi militar.
"Pero vamos a rezar porque los dioses no lo quieran y nos protejan." Sentenció Torres justo después.
"Que los señores de la gran oscuridad nos protejan." Añadió TK en voz baja y agarró un pequeño colgante que escondía siempre bajo su ropa entre sus dedos.
La voz del capitán resonó con fuerza por toda la nave, haciendo que el resto de la tripulación guardara silencio de forma casi automática.
"Bien chicos. Ya sabéis lo que venimos a hacer." Dijo el capitán por megafonía. "Charon es una luna pequeña y posiblemente el valor para el uso humano es bastante relativo o inutil, pero nos han dicho que hay que echarle un vistazo antes de comenzar a cerrar las posibilidades del Sistema Solar y empezar a mirar una posible expansión más allá de las fronteras conocidas."
"Que bien habla tu padre, TK." Dijo Nancy y le dio un codazo a TK, sentado a su lado, mientras se abrochaba el cinturón de seguridad. "No me extraña que estén pensando en ascenderle."
TK presionó con fuerza su cinturón, lo último que quería era salir volando, contra el techo en el momento del aterrizaje, demasiados huesos se rompían en ese momento. Sin embargo, no llegó a escuchar el clic final porque estaba demasiado ocupado escuchando lo que su compañera acababa de decirle.
Sin embargo, no hubo más explicación en sus palabras.
"¿Cómo has dicho?"
"Comenzamos con la cuenta atrás." La voz metálica de Paul proveniente de su micrófono apenas dejó que Nancy le escuchara.
"Pensaba que lo sabías."
"¿Qué es lo que tenía que saber?"
"Nos acercamos a Charon, turbulencias de nivel cinco," Seguía diciendo la voz de Paul. "Nada que tenga ser terrible, pero quien pueda marearse que tenga a mano una bolsa por si siente náuseas, que luego los de limpieza se enfadan."
"Ya sabes."
"¡No, no sé nada! Dímelo tú."
"Bueno, tu padre ha estado hablando con los de arriba por lo impecable de su carrera hasta ahora, sus misiones. Quieren darle un premio o algo así, no estoy segura, es lo que he oído."
"Bajamos, señores, señoras o como quiera cada uno que le llame." Siguió diciendo Paul. "Agarraos donde podáis, cuidado con apretar demasiado los dientes y atentos al dolor de oídos, ya sabéis que el aterrizaje se notara mucho en los tímpanos."
"¿Mi padre va a dejar la FF y no me ha dicho nada?"
"Y en las cuerdas vocales si intentáis llevar una conversación mientras descendemos." Añadió Marwani desde el otro canal.
Torres asesinó a Nancy con la mirada y ella le devolvió otra mirada como quien no sabe que ha hecho de malo, aunque sabía que no había sido la mejor idea poner nervioso a su compañero justo antes de una misión.
"Lo siento. Además, tampoco sé lo que va a hacer, solo son rumores y pensaba que los había oído."
"Hace mucho aprendí a no escuchar lo que dice la gente. Me hace daño."
Owen Strand era un buen hombre, aunque no lo decía él; lo había escuchado muchas veces, de todos los equipos de exploradores con los que había trabajado. Los de arriba contaban con él para todo y su opinión era siempre tenida en alta estima.
Había puesto en marcha la mitad de los equipos que ahora viajaban por el Sistema Solar inspeccionando lunas, asteroides y vigilando la terraformación de Jupiter, aunque si se le preguntaba a cualquiera de las personas que le conocía, dirían que había formado a todos los miembros de la fuerza espacial.
Había recuperado de las cenizas dos equipos que habían sido destruidos tras una lluvia de asteroides uno y un ataque de piratas el otro. El segundo, era el nuevo 126 que ahora comandaba con nueva gente, excepto por Judd Ryder, único superviviente del ataque y que todavía no se había integrado a la perfección en el nuevo equipo.
En este nuevo equipo, también estaba TK, su propio hijo, al que Owen había arrastrado con él desde su último puesto, en Europa, la luna de Jupiter, para intentar sacarlo del agujero personal en el que se encontraba.
TK también decía que Owen era un buen padre aunque sus encontronazos eran recurrentes, porque sus personalidades eran muy diferentes la mayor parte del tiempo, aunque no era nada extraño tratándose de un padre y un hijo que pasaban la mayor parte del tiempo juntos en el trabajo y que encima convivían bajo el mismo el techo o los dos metidos en la misma nave durante semanas o más tiempo.
Las discusiones eran lo mínimo que podía ocurrir entre ellos.
El resto del equipo había sido cuidadosamente escogido por el propio Owen.
"¡Abajo que vamos!" Fue lo último que dijo el piloto Strickland antes de que el ensordecedor ruido lo llenara todo en el interior de la FF126 y comenzaran a descender al interior de la pequeña luna de Charon.
Se hizo el silencio en la 126, el mismo que se creaba cada vez que se acercaba un aterrizaje; más porque no serían capaz de escucharse entre ellos que por no querer decirse nada.
Paul estaba a los mandos de la nave, sus más de diez años de experiencia le permitían manejar cualquier nave fabricada por equipos humanos de la Tierra o sus colonias todavía adyacentes con los ojos cerrados. Sin embargo, le gustaba ser precavido y nunca daba por hecho nada.
Cualquier imprevisto en el espacio podía suponer un falló mortal y demasiado rápido para ser evitado.
"Todas las comunicaciones con la base son perfectas capitán." Le informó Marjan Marwani a Owen. Como oficial de comunicaciones, la teniente se tomaba muy a pecho su nuevo trabajo. "El comandante Tyson pide mantenerle informado cada treinta minutos de todo lo que ocurra."
"Mira que es pesado." Dijo Judd entre dientes. "Nos habla como si fuéramos cadetes recién salidos de la academia interplanetaria."
Mateo Chavez se removió en su asiento en la última fila. Él era efectivamente un cadete, el único que el equipo llevaba consigo. La mayoría de los equipos, estaban formados por dos o tres cadetes a los que debían entrenar y preparar pero Owen se había negado.
"Es un riesgo." Había dicho cuando había formado su propio FF. "Las nuevas colonias son todavía mundos desconocidos y contra más nos acercarnos al anillo exterior del Sistema solar, más nos acercamos a encontrarnos con lo imposible."
"¿Está diciendo que pronto nos encontraremos con seres de otros mundos?" Le había dicho el comandante Billy Tyson en su última reunión antes de salir hacia aquella misión en la que se encontraban.
"No estoy diciendo nada señor." Owen miró a su superior y a las otras cinco personas que allí se encontraban. "No digo nada, porque no sé qué decir. Han leído los informes y las especulaciones que están dando las mentes más brillantes de la humanidad. El acontecimiento puede ser inminente y puede no ocurrir nunca. Pero si ha de pasar, no quiero encontrarme al mando de un equipo donde la mitad de mi gente sean novatos. Con todos los respetos, pero de ser así, moriremos todos antes de que la amenaza con la que nos encontremos, saque sus posibles armas."
Normalmente, los equipos de expediciones contaban, al menos, con un cadete por especialización. Vega debería tener uno para enfermería y Judd debería tener otro bajo sus órdenes para ingeniería.
Sin embargo el capitán Strand lo dejó muy claro. Un solo cadete entraría en su FF. Quería el mejor equipo especializado para acercarse a los confines del mundo conocido.
Solo iba a contar con un cadete, alguien que aprendería directamente de él. Había perdido ya bastantes hombres en el pasado, bastantes cadetes por intentar enseñarles y darles libertad de tomar de tomar decisiones cuando no estaban preparados.
Las misiones a las que el equipo de la FF126 iba a enfrentarse, desde las que esperaba más sencillas, hasta las que podían costarles la vida a alguno de sus miembros, no podían estar en manos de cadetes.
"Tyson puede esperar." Contestó finalmente el capitán Strand sin dejar de mirar la pantalla y los dos mapas celestes que comenzaban a agrandar la visión de Chartone conforme se acercaban a él para tomar tierra. "Lo único que me importa es que pongamos esta preciosidad en suelo de la luna y tengamos visualización de lo que nos espera al otro lado de la puerta."
"Sí capitán. ¿Quieren que le diga eso al comandante?"
"Lo que quiero que le digas, Marjan, y dile que son mis palabras exactas, es que le cedo todas las medallas que los de arriba tengan pensado ponerse si esta misión sale bien y consiguen instaurar una luna que rodee a los que llaman insurgentes. Todas para Tyson, pero que me deje tranquilo mientras pongo a mi gente al seguro y hacemos esta misión según todos los protocolos."
TK sonrió, el gesto orgulloso de un hijo hacia su padre.
Podía tener todos los roces con su padre por mil motivos diferentes, pero no cabía duda de que su padre era uno de los hombres con los principios más claros que TK había conocido en su vida. Al menos en lo que se refería al tipo de hombre de uniforme quería ser, su padre siempre sería su ejemplo a seguir.
"El comandante Tyson le manda un saludo de los que usted entiende capitán." Dijo Marjan.
"Por supuesto, no esperaba menos de él." Contestó Owen, haciendo un esfuerzo por no reír y mostrarse profesional.
"Algún día te meterás en problemas papá." Dijo TK levantando la voz para que su padre le escuchara a través del intercomunicador de su asiento en la enfermería.
"A mi edad ya no me importa demasiado, hijo."
"Y menos con el currículum del capitán." Añadió Mateo que siempre sacaba pecho de lo orgulloso que estaba de formar parte del equipo de Owen Strand.
"O por qué dentro de nada estarás en un puesto diferente, haciendo otras cosas y no tendrás que vérselas con el comandante."
"¿De qué estás hablando, TK?"
La pregunta de Owen se quedó en nada porque estaban llegando a su destino.
"Ahora sí, chicos." La voz profunda de Paul hizo a todos guardar silencio. "Necesito silencio y concentración por parte de todos. Estamos a punto de aterrizar y ya sabéis lo que eso significa."
Era una tradición humana desde que la primera nave se había posado en Marte casi 300 años antes. Una cosa era mandar robots a los diferentes planetas y lunas y otra muy distinta mandar las naves tripuladas.
300 años habían dado para todo tipo de accidentes, desde los más estúpidos por culpa de las inclemencias del tiempo, hasta los provocados por fallos humanos, por no haber estado preparados o porque las tripulaciones no habían estado atentas en el momento adecuado y mucho menos en el momento del aterrizaje.
Dejaron de respirar, todos habían sido entrenados para ese momento, aunque ninguno había llevado a cabo una misión como aquella en sus vidas. Estaban nerviosos y emocionados a partes iguales, estaban a punto de hacer historia, sus nombres podrían aparecer en los libros del futuro.
Charon era el final de la era conocida, la última luna que el hombre habitaría en el Sistema Solar antes de plantearse el salto al siguiente planeta habitable.
Cualquiera sabía que esa era una empresa, que cuanto menos, tardaría cientos de años en llevarse a cabo, nadie de los de aquella generación, ni las siguientes la vería llevarse acabo, pero completar aquella misión, poner la bandera de la Tierra, ese globo terráqueo rodeado de estrellas en fondo verde esperanza, en Charon y ver cómo se creaba una nueva colonia allí, cerraría un capítulo enorme para la humanidad.
Nadie podría decir eso más que ellos.
El equipo de la FF126 iba a poder decir que ellos cerraban la conquista del Sistema Solar y Paul sabía la gran responsabilidad que tenía en sus manos mientras manejaba los mandos de la nave con ayuda de la AI de la nave para ponerla en el suelo de Charon.
"Apagando motores, entramos en modo aterrizaje." Dijo una voz femenina.
"Te dejo el control Annabeth."
"No es necesario timonel Strickland." Contestó de nuevo la voz de la 126 que conseguía sonar casi completamente humana. "Además en mi programación no tengo permisos para realizar todos los comandos necesarios para el aterrizaje, necesito un humano, timonel en caso de emergencia y supervivencia."
"Qué optimista suena." Dijo Mateo por lo bajo pero todos le escucharon a través de sus conexiones.
"Es el límite de las AI, no pueden pensar por nosotros." Le aclaró Judd. "No pueden tampoco, decidir cuando se trata de la supervivencia de los humanos, ni para ponernos por delante de cualquier otra cosa, ni en el caso de que quisieran acabar con nosotros."
"¿Por qué iban a querer acabar con nosotros? Los hemos creado para ayudarnos." Siguió diciendo Mateo.
"Una vez que das libertad a cualquier tipo de inteligencia, esta puede rebelarse contra su creador. Se demostró en todas las simulaciones y lleva pasando desde hace más de 500 años."
TK lo había estudiado, porque era su gran pasión, el estudio de cualquier tipo de inteligencia y su gran fascinación por la inteligencia artificial, le había metido en alguno de sus problemas más grandes.
"Me tendrás que explicar eso, Ty."
"Qué si cerramos el pico y nos concentramos en pisar tierra antes de ponernos filosóficos." Protestó Paul y lanzó una mirada asesina a Mateo para que no dijera nada más. "Muy bien, entonces Annabeth; ahora que parece que nuestra tripulación nos deja trabajar tranquilos; necesito que hagas los cálculos necesarios para encontrar el mejor punto más plano, seguro y lejos de turbulencias y mal tiempo atmosférico para que aterricemos sin problemas."
"¿Cuánto tiempo quiere que permanezca la FF126 en Charon, timonel?"
"El tiempo necesario para que le llames Paul." Bromeó Nancy.
"Lo siento enfermera Gilligan, no dispongo de ese comando."
"No le hagas caso Annabeth." Paul se giró hacia Owen esperando que le dijera algo.
"Annabeth. La misión es rápida. Solo tenemos que averiguar si la Luna es estable para colocar una primera cúpula en la que una pequeña comunidad humana pueda trabajar para hacerla habitable con el tiempo."
Tras unos instantes de silencio, la voz de la AI volvió a sonar.
"El tiempo que me solicita capitán Strand será de dos días, tal vez tres si el tiempo nos acompaña y por lo que tengo en mis archivos, parece que así será, siempre y cuando no haya algún tipo de cambio de última hora, de lo contrario en menos de veinticuatro horas, la misión será abortada. ¿Quiere que sopese la posibilidad de anteponer la seguridad de cualquier bien guardado en la nave a la seguridad de la tripulación."
"Eso nunca está estipulado como aceptable, Annabeth." Dijo Owen, visiblemente molesto, a la vez que sorprendido por semejante posibilidad.
"Al parecer tanto el almirante Hudson como el comandante Tyson lo pusieron en mis registros treinta y tres horas antes de partir como último recurso, lo llamaron, Tratado Hermes."
Los cuchicheos pusieron más nervioso a Owen porque no quería que su tripulación pensara que les estaba ocultando algo.
"No cuentes con ello Annabeth."
"Capitán, el comandante Tyson es el único que tiene poder para negarme el uso de este recurso."
"Annabeth, formas parte de mi tripulación, por lo tanto cumples mis órdenes, de lo contrario me veré obligado a desactivar tu uso completo. ¿Me has entendido?"
"Sí capitán." La voz, aunque metálica y no humana, sonó dolida y atemorizada.
"Así que, por favor, desactiva cualquier protocolo que tengas grabado y en el que pueda peligrar la integridad de la tripulación, en beneficio de cualquier otra cosa."
Se volvió a hacer el silencio durante un momento mientras la nave seguía su camino para aterrizar. No fueron más que unos segundos, antes de que la voz de Annabeth volviera a escucharse.
"He tenido que dejar constancia de sus indicaciones y sus órdenes. Tanto el comandante Tyson como el almirante Hudson sabrán de ellas."
"No sé si me estás amenazando Annabeth, pero dime que lo has hecho, dime que has quitado esos protocolos."
"Los he quitado capitán."
"Bien, ya hablaremos de qué protocolos son ellos, mientras el equipo lleva a cabo la misión. Por el momento, Paul, Annabeth, por favor, vamos a poner la nave en tierra."
Owen asintió a Paul, para darle la orden, llevaban trabajando ya el suficiente tiempo juntos como para que se entendieran sin palabras.
"Entonces, Annabeth, encuentra un sitio que nos permita estar tranquilos en el peor de los casos."
"Ya lo he hecho timonel. ¿Quiere que nos pongamos en camino y aterricemos allí?"
"Sería perfecto. Gracias Annabeth."
"Es un placer Timonel."
"Y por favor, llámame Paul."
De nuevo se hizo el silencio.
"Lo siento timonel pero no tengo acceso a ese tipo de códigos, tutear está fuera de mis capacidades y de cualquier AI, no estamos programados para asemejarnos a los seres humanos en sus interacciones."
"Vale, vale. No hay forma de humanizarte."
"¿Y no piensas que sería mejor así?" Dijo Mateo con voz nerviosa. "He leído muchos libros sobre los riesgos de tomarnos a la ligera la libertad de las AI. Nos querrán dominar y luego exterminar."
Todo el equipo lo miró en silencio, mientras la nave se acercaba poco a poco a Charon para terminar de aterrizar en el suelo lunar. Poco a poco iban conociendo su faceta dramántica y conspiranoica. Sin embargo en algún momento a todos se les había pasado por la cabeza esa idea de que las máquinas podían sobrepasar a los humanos en capacidades y tomar la decisión crítica y definitiva de acabar con la humanidad.
Ninguno lo dijo en voz alta de todos modos.
El aterrizaje era siempre un momento que ponía nerviosos a todos, pero eran profesionales, controlaban el momento. Conocían los riesgos, las veces que naves se habían estrellado en suelo de planetas, naves y asteroides por motivos de todo tipo. Todos aguantaron la respiración casi al mismo tiempo, la tensión se sentía en cada uno de los asientos, del mismo modo que golpeaba el casco de la nave mientras luchaba por tocar tierra en Charon.
Era cuestión de unos pocos minutos, pero siempre se hacían eternos.
"FF126 tocará suelo de Charon en 35 segundos." Dijo la voz de Annabeth desde los altavoces. "20 segundos para el aterrizaje, no hay turbulencia siento viento, cielo despejado y todo tranquilo. 10 segundos, preparados para tomar tierra."
Los asientos se agitaron ligeramente cuando la nave tomó finalmente tierra y un suspiro general recorrió el puente.
Marjan dio un golpecitos a los reposabrazos de su asiento y se puso en pie como todos los demás para preparar el desembarco en la luna. Era cuestión de rutina, todos sabían lo que hacer, quien bajaba, quien se quedaba.
Cinco minutos más tarde, Owen estaba terminando de dar las órdenes necesarias a Annabeth en la consola de mandos para que se encargara de cuidar de la 126 mientras ellos estaban fuera y TK, Paul y Marjan estaban preparados para abrir las compuertas que los separaban de la última luna que el ser humano iba a explorar en el Sistema Solar.
"Muy bien chicos. Vamos a salir." Owen dio la orden a Annabeth para que cerrara una compuerta detrás de ellos y comenzara la cuenta atrás para abrir la que los separaba del suelo de Charon.
Sin embargo el ordenador central no lo hizo. Todos intercambiaron una mirada, porque nadie quería decir la frase maldita de todo viajer que se movía entre planetas. "Aquello nunca pasaba", porque entonces pasaba y lo hacía a lo grande, a lo malo y a lo peor.
"¿Cap?" Preguntó Judd en nombre de todos.
"Lo se, que nadie lo diga."
"¿Decir el qué?" Preguntó Mateo a través de los intercomunicadores, mirándolos a todos por las pantallas, de uno a otro de sus compañeros como si pudieran verle, sin entender que era lo que se había perdido y lo que los demás sabían más que él no comprendía.
"Silencio, cadete." Le soltó TK, le lanzó una mirada asesina y luego se echó a reír. "Te lo cuento más tarde, pero no atraigas la mala suerte ahora, Mateo y cierra el pico por favor."
"Capitán Strand." Dijo de pronto la voz metálica y femenina de su ordenador entral resonó en el pequeño espacio en el que estaban apretujados.
"Annabeth. ¿Podrías explicarme porque no estás siguiendo mis órdenes?"
"Recibo señales de un ser humano vivo a quinientos metros. Mi protoclo interno que ante cualquier imprevisto tengo que preservar la integridad de mi tripulación. No debería haber ningún ser humano aqui."
Las palabras de Annabeth eran muy obvias, por supuesto que no debería haber un ser humano en medio de una de las luna de Plutón. Eso hizo temer a Owen que la IA de su ordenador central tuviera algún fallo o peor aún, un virus de contrabando.
"Disculpa Annabeth. Cuando dices quinientos metros y cuando hablas de humano ¿estás hablando fuera de la FF126? ¿Crees que hay un ser humano con vida en el suelo de Charon?"
"Soy una inteligencia artificial, pero estoy limitada como si fuera un ordenador capitán. No estoy programada para creer o pensar nada. Mi programación me permite comprender las lecturas de una vida humana como cualquier aparato médico. Fuera de la 126 hay un ser humano vivo y aparentamente sano."
Los tres se miraron confundidos, como quien escuchaba a otra persona hablar en un idioma totalmente desconocido e incomprensible.
"¿Annabeth, confirmas que hay un ser humano ahí fuera, en una luna jamás pisada por uno de nosotros?"
"100% capitán."
"¿Papá?" Dijo TK tras unos momentos de silencio. "¿Seguimos adelante con la misión o le decimos primero a Tyson y la federación lo que ha descubierto Annabeth?"
"Ahora mismo no sabemos exactamente lo que ha descubierto Annabeth; si es que ha descubierto algo." Contestó Paul acercándose a la compuerta. "Hasta donde sabemos, es imposible que haya un ser humano con vida ahí fuera. Es posible que Annabeth tenga algún tipo de despite."
"Debemos comprobarlo, capitán." Añadió Marjan.
Owen asintió y TK suspiró, se pasó la mano por el pelo y se apoyó en la pared mientras se ponía el traje en su sutio. Odiaba las improvisaciones de su padre, porque siempre traían problemas. Pero no le quedaba más remedio qeu seguir las árdones del capitán de su misión.
"Annabeth, abre la compuerta en cuanto tengamos los cascos puestos y tengas lecturas correctas de nuestros trajes."
"Correcto capitán."
Diez minutos más tarde estaban fuera, TK marcaba en su cabeza su enésima misión, caminando por suelo extraterrestre, aunque para alguien nacido en Marte, todo suelo era extraterrestre. Había pisado dos docenas de lunas, pero aquella, que podía convertirse en su última exploración interplanetaria o lunar era especial, se sentía diferente. También le hacía sentir que algo iba a cambiarlo todo para siempre, aunque comprendía lo que era exactamente.
"¿Quieres que revisemos primero lo que Annabeth cree que es un ser humano?" Dijo TK a su padre a través del intercomunicador.
"Sí, quiero evitarme sorpresas o posibles amenazas. Paul, Marjan, dirigiros hacia el sur para empezar una primera exploración de la luna, así nos podremos marchar cuanto antes."
"¿Está seguro capitán que es una buena idea separarse?"
"Annabeth, ¿Cuántas lecturas de humanos has encontrado?"
"Una, capitán."
"Estoy seguro Paul. TK y yo iremos a comprobar si se trata de una anomalía o... si es posible que algún humano haya llegado aquí."
Se dividieron y padre e hijo siguieron el mapa que su IA les puso en la parte izquierda del visor del casco. Tan solo tuvieron que caminar unos momentos hasta ver una sombra oscura en el suelo no muy lejos de donde se encontraban ellos.
TK siguió caminando, pero Owen le detuvo al darse cuenta que efectivamente, la sombra, tenía una forma humana cada vez más definida, pese a que no se movía.
"Papá ¿Es esto posible?"
"No hasta donde yo sé. Así que vamos con cuidado. Sea lo que sea eso, es algo a lo que nunca nos hemos enfrentado"
Se acercaron un poco más, el resto de la luna que tenía a su alrededor estaba completamente vacía de vida y todo lo que podían ver era roca y arena rodeadas de la más completa oscuridad.
Owen controló las lecturas que Annabeth le estaba dando sobre Charon. Fría, sin atmósfera y sin duda el trabajo de terraformación que habría que hacer para que fuera habitable para los seres humanos sería largo, pero no muy diferente al que ya habían hecho en otros lugares.
"Papá." TK ya se había acercado lo suficiente al otro humano como para darse cuenta de lo imposible. "Tienes que ver esto y tenemos que llevarle a la 126."
"¿Por qué?"
TK le hizo un gesto para que se acercara. El capitán obtuvo la respuesta en cuanto vio la imagen que TK quería mostrarle desde sus aparatos médicos y las lecturas que mostraban en su pantalla personal.
La respuesta era muy clara y definitiva, aunque para los conocimientos que les había dado la ciencia hasta ese momento era imposible.
Había un hombre en el suelo, un hombre cuyos parametros más preliminares eran exactamente los mismos que los de ellos.
Se trataba de alguien joven, como TK. Alguien que estaba inconsciente, tendido en el suelo de Charon, sin el traje que necesitaría cualquier ser humano para sobrevivir en aquellas condiciones para sobrevivir... pero que sin embargo, estaba vivo y respiraba sin problemas. No mostrar heridas aparentes y la pantalla médica de TK decía que simplemente parecía dormir.
"Annabeth..."
"Humano, su cuerpo tiene la edad de un hombre de entre 25 y 27 años. Respira con normalidad, no sufre hipotermia ni ningún tipo de afección visible. Presenta hematomas que parecen provocados por violencia física. Requiere de atención médica por con contusiones y un estudio más a fondo..."
"Gracias Annabeth."
"Sí capitán Strand, ya nos seguimos encargando nosotros. ¿Puedes pasarle toda la información que has recopilado a la pantalla de mi hijo."
"Por supuesto. Sanitario Strand, ya tiene la información en su consola."
"La veo, pero tiene que ser imposible." TK tenía ganas de poner tocar esos datos, pero no eran más que números y gráficas sin sentido, imposibles allí. Veía los datos de una persona sana, un hombre joven en problemas sí, pero un hombre en medio de una sala, en medio del final del sistema solar. "Papá, esto no puede estar bien, no puede ser real."
"¿Qué ocurre hijo?" Preguntó Owen.
Padre e hijo miraron el cuerpo del humano.
Estaba fuera de lugar, no había otro modo de decirlo y era lo que ambos estaban pensando, pero ninguno de los dos se atrevía a decir en voz alta, porque eso lo haría todavía más real.
Charon no disponía de oxígeno o atmósfera habitable, como no lo tenían ningún otro planeta o luna que no fuera la propia TIerra; por no hablar del devastador frío que acabaría con la vida de cualquier persona en cualquiera. Ninguna persona, ningún ser humano podría sobrevivir en la superficie de aquel lugar sin un traje adecuado.
Pero ahí estaba, un ser humano joven, sano, solo inconsciente, desnudo, porque confirme que se iban a acercando a él, se dieron cuenta que entre las anomalías que mostraba toda aquella escena, casi la que más llamó su atención fue, verle ahí tirado, desnudo en medio de la nada.
Si bien erea cierto que su cuerpo mostraba algunos golpes y que la pantalla de TK lo describía como probable enfrentamiento con más de un atacante superior a él; dejado allí a la espera de su muerte.
"Capitán." Dijo la doctora Vega por el intercomunicador.
"Adelante Vega."
"Si la información de Annabeth es correcta y a falta de imágenes que comprobar, el desconocido que tenéis delante, puede que esté sano de enfermedades o afecciones, pero TK, alguien le ha dado una buena paliza. Ten cuidado si intentas moverlo."
"Jefa, ¿puedes mandarme lo que sabes? "
En cuestións de seguidos TK vio colocarse la información en su cosola delante de sus ojos.. Le dio las indicaciones a su aplicación personal de Annabeth, para que se lo pusiera en órden y pronto dibujó e nsu mente lo que imaginaba que podría haber pasado en cualquier esquina de cualquier ciudad de Marte, o de la Tierra.
Un par de posibles huesos rotos, dos costillas fracturadas, un hombro dislocado y un par más de muestras de contusiones variadas.
"¿Qué hacemos papá? O alguien nos está tomando ele pelo a con una broma muy cara o estamos ante algo... Papá, da igual como lo miremos. Es imosible, nos metemos en un lío o dejamos que se rían de nosotros."
"¿Tú qué crees? No vamos a dejarle aquí. Vamos, entre los dos le llevaremos a la 126."
"Así que nos saltamos todos los protocolos y le llevamos con nosotros aunque podamos estar poniendo en peligro a toda la humanidad."
"¿Tu prefieres dejar a un ser humano?" TK odiaba cada una de esas miradas tan severas de su padre cuando le juzgaba por algo que había dicho sin pensar. "Te recuerdo que hastsa que alguien me diga lo contrario, también él forma parte de esa humanidad."
TK dio un respingo y por un momento dejó respirar dentro del traje, sabía que cuando su padre decía algo así, tenía un plan en la cabeza y las cosas solían complicarse hasta que se líaban demasiado.
"Papá, conoces las reglas y por una vez deberías seguirlas. No podemos llevar... nada ni nadie dentro de las naves sin permiso directo y menos alguien que no en teoría no debería existir."
"Hablaré con Billy en cuanto le dejemos en manos de Vega y Nancy."
"¿Estás seguro papá? Los protocolos..."
"Ay TK, siempre con los protocolos. Esos protocolos, ahora mismo, podrían costarle la vida a un ser humano por no ser lo bastante rápidos."
TK se agachó para mirar más de cerca al hombre inconsciente del suelo.
Le producía cierto pudor verlo desnudo, aunque estaba acostumbrado como parte del equipo médico de la 126 y de su paso por las expediciones militares.
Tampoco era ajeno al cuerpo desnudo de otro hombre, pero esto era algo diferente. No se trataba de tener un amante en su cama o de conocer a alguien en un bar, enrollarse y dejarse llevar.
había algo diferente en él, ya no porque fuera algo imposible, ya no porque estuviera herido. No, había algo que le hacía mirarle, que no le permitía apartar la mirada de él. Intentó Volver la cabeza durante un minuto, pero tenían una misión que cumplir y regresar a la nave; pero al hacerlo, notó que una fuerza imposible tiraba de él, podía sentir, una mano que le agarraba de la barbilla, unos dedos que se clavaban en su mejilla y una voz iba alzando el tono en su mente, para que mirara al hombre tendido en el suelo.
"No me dejes, no te vayas. Te necesito, aunque no se tu nombre y no te he visto nunca."
Sacó el pequeño ordenador que guardaba en el bolsillo de su traje e hizo que se iluminara su guante derecho y las huellas con las que podía sentir como si no llevara nada en las manos. Las colocó sobre la cara del hombre.
No estaba fría, como debería en aquel entorno remoto y prácticamente muerto, sino que su temperatura era normal y sintió que se estremecía por su contacto.
Estaba demasiado bien; como lo estaría alguien a que acabaran de colocar allí para ser encontrado. Tk se preguntó si eso era precisamente lo que había pasado, si alguien tenía un extraño juego mental y habían dejado allí aun hombre para ser encontrado por ellos.
"TK, hijo, sigo siendo tu capitán" TK se dio cuenta que su padre sonaba enojado y se preguntó cuanto rato llevaba hablando con él sin que le hubiera escuchado. "y te estoy dando una orden, le llevamos a la nave. Cógele de ese lado, yo le cojo de aquí y volvemos a la 126. Cuando vuelvan Paul y Marjan, dejaremos que Annabeth haga el último reconocimiento de Charon."
"Nos vas a meter en problemas, como siempre, papá."
"Es posible... Es muy probable, pero este hombre necesita nuestra ayuda y hasta ahora, nuestro equipo nunca ha dejado de ayudar a nadie."
De nuevo, TK se fijó de nuevo en el tipo tendido todavía en el suelo. Se le veía desvalido y siendo un completo desconocido, no podía hacer otra cosa más que sentir lástima por él y una parte de su ser sentía unas ganas desesperadas por ayudarle; otra además, se sentía obligado ae hacer caso a esa voz, cada vez más fuerte que le suplicaba.
Suspiró y dejó caer los hombros, sabía que no tenía más remedio que seguir las órdenes de su padre.
Entre los dos cogieron y cargaron con el hombre inconsciente hasta la vuelta de la compuerta.
"Annabeth, abre la compuerta, TK y yo vamos a entrar."
"No puedo hacer eso capitán."
"¿Cómo que no puedes dejarnos entrar?"
Los dos Strand se miraron y Owen le hizo un gesto a TK para que se hiciera con todo el peso del hombre inconsciente y se acercó a la compuerta. Apretó unos cuantos botones y abrió un cuadro de mandos.
"¿Por qué dices eso Annabeth?"
"Les acompaña un individuo que no forma parte de su tripulación. No puedo permitirle entrar en la 126 sin el permiso del comandante Tyson."
"Vamos Annabeth, nos has dicho que necesita ayuda ¿y ahora no nos vas a dejar ayudarle?"