A mi perrito.
Camina cansado entre los árboles.
Su cuerpo sabe que le queda poco.
Olfatea... avanza... mira.
Entiende que debe desprenderse de los placeres terrenales, y sus amores terrenales también.
Su mirada se manifiesta. Solo quiere amor.
Un velo cae sobre nosotros, la magia del verdadero amor.
Nos desnuda ante nuestros sentimientos.
Nos expresamos, nos acariciamos... nos despedimos sin ningún viento en contra.
Esos ojos que solo claman paz, ya están entregados al otro lado.
Y sus respiros, ya están contados.
Nuestras manos se sueltan, y extrañamos el calor corporal.
Mi querido amigo, compañero. Mi perrito, ya no está.









