Es por la mañna, ya estoy de 41 semanas y 4 dias. Desde el dia 12 ya me están intentando convencer para provocar el parto, dicen que no recomiendan pasar de la semana 41.. me han hecho monitores 4 veces, alguna eco y me han pedido que firme unos papeles conforme renuncio a la inducción bajo mi responsabilidad.
He pedido dos veces la maniobra de Hamilton a ver si Uko se anima a salir.. pero aún seguimos igual.. los últimos dos meses he estado muy muy cansada, extremadamente, con un humor terrible. Alguna vez me daba la sensación de que se quedaría dentro de mí para siempre, cosa imposible, pero estaba desesperada.
Al día siguiente de la última exploración perdí el tapón mucoso, pero ya está, poco más.
En algún momento estuve tentada a aceptar la inducción, pero sabía que lo mejor para mí y para mi bebé era esperar, a pesar de lo que me dijeran los médicos. Cosas de leer mucho, informarte y salir de los protocolos.
Hasta entonces todo estaba bien, las pruebas salian bien, tocaba ser pacientes, vendría cuando los dos estuvieramos preparados. Koldo nació a la 41.4 y todo fue bien. La comadrona insistía en cada visita pero yo estaba muy empoderada y quería hacerlo a mi manera, respetando mis tiempos, escuchandome. Y bueno, que la inducción me daba pánico. Le dije que era de horno lento, que necesitaba mas tiempo, y ella siempre decía "ja parlarem" a lo que yo le contestaba lo mismo cuando me proponía la inducción.
Ese medio día correas de nuevo (24 de marzo) y todo fenomenal, alguna contracción, pero nada destacable.. pido el tacto y la maniaobra de nuevo. Estoy ansiosa por conocerle y no me dejarán pasar de la 42, no habrá negociación.
En el tacto me dicen que estoy dilatada de 2.5 cm, 0.5 cm mas que hace 2 días, que bajón. Tengo el cuello del útero aún girado, pero la comadrona consigue hacer la separación de membranas y achucharle. Ya le toca la cabeza, Uko se enfada y me da patadas, esto me hace reir. Interactuar con él de la manera que sea, me emociona. Estas ahí dentro, calentito dentro de mí, aún me parece como si mi cuerpo hiciera magia. Un ser diminuto está vivo dentro de mi panza!
Es miércoles, son ya los quintos monitores y el sábado hago las 42 semanas. Al final pacto, quedamos en que el viernes por la mñana ingreso para inducción y antes de salir me hacen la dichosa pcr para descartar covid el día del ingreso.
Me voy para casa bastante decaída y nerviosa. NO quiero eso, no es el parto que yo he soñado y que he idealizado, no puede ser, no voy a lograrlo de nuevo, me siento triste. Quería volver a sentir todo aquello que fue el parto de Koldo.
El peso de mis expectativas me duele.
En casa, durante el medio día me noto rara, mancho un poco, pero es normal después del trasteo.
Descanso el rato que me queda y voy a por koldo al colegio, sale a las 16.30 y tiene inglés a las 17.15h.
La gente lleva semanas preguntándome como estoy, haciendo bromitas, y en el cole igual.. "que, no sale?", "aún asi?","has probado a caminar? relaciones? saltar? picante?".. basta ya! solo me falta comer guindillas mientras salto a la comba subiendo a la mola..
En la hora en la que Koldo está en inglés tengo dolores, no son como las falsas contracciones de hasta ahora que se ponía la barriga dura desde arriba hacia abajo. El dolor ahora es mas irritante, mas pinchazo, y empieza abajo. Es diferente, pero lo achaco a la maniobra del medio día. Además sólo me duele cuando estoy de pie. Si estoy sentada, no ocurre.
Koldo sale de inglés y voy a por Juan al Gavetat. Me dan dos pinchazos más conduciendo, son muy molestos, pero soportables. Se lo comento a Juan, que estoy muy incómoda. Aparcamos, otras de camino a casa. Tengo que pararme en cada una de ellas y respirar. No creo estar de parto, no quiero creerlo. Juan no deja de repetir que de esta noche no pasamos y avisa a los trabajadores.
Es difícil de explicar, quería que sucediera ya, pero por otro lado nunca es buen momento para afrontar lo que es sacar a un bebé por ese agujero aparentemente tan pequeño.
Ya en casa las voy sintiendo sólo si estoy de pie y en movimiento, además son muy irregulares. Intento hacer la cena, recuerdo que Juan me preguntaba cosas y yo era incapaz de contestarle mientras, apoyada en el poyete de la cocina, transitaba una contracción.
Le digo que haga nuestra cena, que no se cuando empezará en serio pero hay que empezar a moverse. Le doy la cena a Koldo mientras mira dibujos en el sofá, no soy capaz de concentrarme y estoy nerviosa, quiero que cene rápido y que se vaya a dormir.
Empezamos a cronometrar las olas, cada cuanto vienen y cuanto duran. Las primeras que controlamos son cada 12/13 minutos, y duran unos 40s, son las 21.05h.
Me estiro en la cama con el peque, como siempre, abrazándole hasta que se duerme, y así tumbada siento una muy fuerte, bastante insoportable. Ahora ya empiezan a ser mas seguidas y incluso cuando estoy quieta.
Ceno, algo ligero, alcachofas rellenas de carne y mojando pan en la salsita, buenisimas jajajajaja y pienso que no puedo ir a mutua así, con las manos amarillas del colorante, tonterías de los nervios. Le digo a Juan que voy a ducharme, y le pido que haga lo mismo, necesito que huela un poco bien, conociéndome, estaré enganchada a él todo el parto. No se quiere duchar pero le medio obligo.
Antes llamo a mi madre, deben de ser alrededor de las 10. Les explico el qué y les propongo si quieren venirse ya y dormir aquí, así se ahorran venir más tarde. Me dicen que acaban de cenar y vienen.
Me ducho tranquilamente, me acaricio la tripa, "que poco queda para verte pequeño, que poco queda de esta super panza" . Me entra morriña, muy probablememente será la última vez que esté así, embarazada, siento pena y como siempre me pregunto si he estrujado bien cada instante de ese embarazo.
Salgo de la ducha, me visto y parece que las contracciones han parado, las íbamos cronometrando y han perdido el ritmo, de golpe han parado. Me desilusiono un poco.
Llama mi madre "No venimos, cuando veas que son mas seguidas y tal ya nos llamarás y en nada estamos ahí, puedes estar toda la noche así y prefiero estar en mi casa, pero tampoco avises a última hora, calcula que tardamos 20 min", sé que no, algo me dice que esto ya ha empezado y que será rápido, pese a que ahora todo haya parado de repente, llevo 20 minutos de tregua.
"Vale mama, ahora todo ha parado, no sé, te aviso luego", no cuelga el teléfono y la escucho decirle a mi padre "Es que no está de parto aún". La verdad que me entra la mala ostia. Ella que sabrá!, le estoy diciendo que sí y no vienen!!!! encima me pide que la avise pero no muy tarde, y tampoco muy pronto... que calcule.. estoy de parto, no estoy para preocuparme de estas cosas!.
Sólo han pasado dos minutos desde que colgué el teléfono y estoy sentada en el sofá, siento que viene una contracción que me corta el aire, muy dura, necesito ponerme de pie pero el dolor no me deja moverme ni hablar bien, Juan que ya no es novato me coge de los brazos, me pone de pie, y aguantandome en sus hombros intento respirar la ola. Siento una presión brutal y plof! un descanso, un globo roto dentro de mí, un alivio y todo encharcado, me echo a reír, "he roto aguas! y lo he mojado todo!" 22.50h. Estoy emocionada!! Nunca había roto aguas y me parece maravilloso (cosas de la embarazada loca). Necesito volver a cambiarme de ropa.
Aquí mi señor marido empieza a ponerse nervioso de verdad, "cuanto rato tenemos?, tenemos que correr?, llama a tu madre. Que hacemos?, voy a vestirme, tienes que cambiarte, voy a por tu ropa" y a mi me vuelve a dar la risa mientras intento tranquilizarle diciéndole que no pasa nada, que estoy bien, que todo irá bien, y me rio. Por esto los hombres no paren.
Llamo a mi madre, ya vienen, Juan me ayuda a vestirme entre contracciones, ahora ya cada 5 min y duran casi 1 minuto, esto se ha acelerado. A él le entra la cagalera literal y le escucho desde el comedor, está en el wc descompuesto, le voy pidiendo muy divertida que se relaje, que no pasa nada, que todo está bien jajajajajaja muy cómico, aún me río.
Llega mi madre para quedarse con koldo, Alma está con su padre, y le explico todo entre risitas. Antes de irme voy a ver a pequeño pollo y le beso y le abrazo, siento irme y dejarle allí, cuando se despierta a media noche siempre me acuesto con él y sé que esta noche lo pasará mal cuando no me vea. Además me invade la culpa por quitarle el puesto de mi niño pequeño consentido y que la próxima vez que le vea, todo habrá cambiado... se me rompe un poquito el alma.
Cogemos las cosas y me subo en el coche de mi padre, yo delante, Juan detrás, aunque antes me despido de mi suegra que sale a desearme lo mejor. Le explico a mi padre toda la escena de la cagalera del punky y de camino, otra contracción, me pongo de rodillas abrazada al cabezal mientras Juan respira para que yo le siga, mi padre se salta dos semáforos en rojo. Con el rollo del covid tenemos toque de queda a las 22h, así que no hay nadie por la calle.
Llegamos a la puerta de Mútua. Me bajo del coche, caminamos hasta la puerta principal que evidentemente está cerrada, hay que bajar por urgencias.
Tengo flojera de los nervios y me vuelve a dar la risa hablando con Juan, mientras respiro otra contracción, allí parada en medio de la calle, solos, descojonandome de risa y con un dolor que creo de muerte. En ese momento, la sensación de soledad en la calle es muy guay, siento paz. El Covid es una mierda, pero algo bueno ha traído y son las pocas aglomeraciones de gente.
Mi padre se baja del coche y se acerca un poco a ver si estamos bien. Le digo que si entre risitas y me despido. Nos mira desde lejos con los brazos en jarra, creo que está flipando.
En admisiones decimos que vengo de parto aunque de hecho es bastante obvio, "sigan la línia hasta el ascensor, y planta 2". Otra contracción en el pasillo unas enfermeras paran para preguntar y me dan ánimos.
Noto que son mas seguidas, ya no me da casi tiempo a recuperarme, pero claro, mi locura por inmortalizar momentos me lleva a hacer una última foto de pareja embarazada en el ascensor. Cuando es el tercero sabes que cosas te quedaste con ganas de hacer.
23.40h Entro en paritorio, es el mismo que donde tuve a Koldo, "buenas sensaciones entonces?" nos dice Teresa, la comadrona, "muchas" contestamos los dos a la vez.
Dentro, al otro extremo, hay un chico esperándonos, se presenta, se llama Chema, está de prácticas, y me parece recordar que me pregunta si me parece bien que esté presente. "Claro que si!", además me recuerda a un colega, al Antonio, el marido de mi amiga Albi, y me da muy buen rollo.
Voy bastante directa y les comento del tirón todo lo que ha pasado hata ahora, que tengo un tatuaje en la espalda, que un anestesista me vió por si quería epidural, pero que no la quiero, mi anterior parto fue sin ella y fue maravilloso. Quiero pinzamiento tardío del cordón y que me molesten lo mínimo. Le doy la carpeta con mi plan de parto.
No sé en que momento se lo lee, pero lo hace, porque durante los próximos minutos ella me comenta los pasos a seguir según lo que yo quiero. Acabo de llegar y ya me siento bien con el equipo.
Me pongo la bata, me quito toda la ropa, incluida la mascarilla, me comentan que el pcr de por la mañana ha salido negativo, y como no estoy dispuesta a parir con mascarilla, no me la vuelvo a poner ni pregunto como proceder. Cosas de la pandemia...
Me piden que me tumbe para ponerme correas, y también para hacer un tacto. Cuando digo pedir es literalmente un "Si no te sabe mal.. podriamos...", todo con un increíble cariño y respeto.
Debo decir que este respeto se repite incansablemente durante todo el parto, pidiendome permiso para cada una de las cosas que han de hacer y hablandome desde el amor y la tranquilidad. Incluso para limpiarme durante el expulsivo me informan antes!
Estoy dilatada de tres centímetros, pero las contracciones son muy seguidas y fuertes, estamos de parto. Pero.. tres centímetros sólo? mierda! con koldo fueron 19 horas, pero estos dolores son mucho peores... y acabo de empezar!
Intento concentrarme en las respiraciones, muevo la cadera en forma de 8 como he leido en alguna parte e incluso hago algo como canturrear mientras asumo el dolor. Pero no, sólo necesito a Juan en cada ola, le necesito para no morir de dolor, para no tener miedo. Y necesito apoyarme en sus hombros que él me coja de la cintura y me ayude a respirar todas y cada una de las contracciones.
Teresa me pregunta si quiero que baje la luz y si quiero poner música. Lo primero sí, lo segundo no. No estoy para contestar muchas cosas ni pensar. Me deja una luz muy bajita y se marcha, va viniendo a ver como voy, pero no interfiere demasiado.
La pobre quiere ayudarme a encontrar una postura donde yo esté mas cómoda, y creo que para que suelte a Juan. Intentamos hacerlo encima de la camilla, apoyada en la pelota, pero yo lo de soltarme del punky no lo veo muy claro aunque lo intento, y le escucho a decir "ya se como va esto, va a ser que no". Y es real, tal y como me apoyo en la pelota, la suelto de golpe, Juan está lejos y me abrazo a Teresa, al acabar la contratación muevo la mano pidiendole a él que venga y voy diciendo no en bucle. Me bajo de la camilla y me vuelvo a poner frente a frente con él. Es mi espacio seguro, le necesito, si no está me siento sola y desprotegida, me entra el pánico, pierdo la respiración y me desconcentro. Lo estoy haciendo todo sola, pero necesito sentir su respiración al lado de mi cara, que me vaya animando en voz bajita al oido mientras respiro.
Todo en mi cabeza pierde el sentido y el control, recuerdo el parto de Koldo, no fue tan brutal, el dolor ahora es inmenso, no puedo respirar y cuando lo hago es profundamente para luego soltar todo el aire poco a poco, como por una pajita, eso hace que me maree. A ratos creo que me estoy muriendo, que algo no va bien. Pero nada mas lejos de la realidad.
Tengo ganas de hacer caca, sí, la vida es así, no quieres que suceda, pero es lo que suele pasar. En cuanto acaba una contracción voy al baño y sólo sentarme me da otra, Juan me va aguantando, pero delante del wc no hay espacio para él, y se pone a mi lado, que no esté delante me resta confianza.
Estábamos solos, y cuando Teresa vuelve yo vuelvo a ir al wc, noto que se pone nerviosa y me dice que vaya con cuidado, o que mejor que no vaya, le digo que si, que tengo que ir si o si, y me comenta que ha atendido partos en wc, pero que al mínimo cambio o sospecha tenemos que avisarla.
Vuelvo al lado de la camilla, no puedo más, parece que mis riñones van a explotar del dolor, eso es lo que llevo peor, la espalda, sólo quiero tumbarme, que pare todo durante un rato, aunque no puedo, mi cuerpo no me deja, necesito seguir de pie.
Entre contracciones ya no hay descanso, como mucho 10 segundos, y no puedo reponerme. Sigo apoyada en Juan, dejándome caer y diciéndole que no puedo (todas las puñeteras parturientas acabamos cayendo en el tópico).
Teresa me pone bolsas calientes en los riñones y me hace masajes y joder, en ese momento no sabe cuantisimo se lo agradezco. En algún momento ahí, en el lado izquierdo de la cama quiero llorar de desesperación y le digo a Juan "porque quise tener otro.." y en ese instante lo digo muy muy enserio.
Hablando sin tabús, en una de las contracciones allí de pie, con la comadrona detrás, echo de todo.. y pido perdón avergonzada, a lo que ella contesta que no pasa absolutamente nada, que es normal y que además eso significa que vamos muy bien. He perdido el control de mi propio cuerpo, o eso pienso.
Camino tres pasos, osea, llego al lado derecho de la cama, porque tampoco doy a más. En alguno de esos llamemosles "descansos" mi marido intenta descansar de mí (cosa perfectamente comprensible), pero eso hace que cuando empieza la siguiente contracción a mi me pille en plan sola y desvalida y sobretodo con miedo. Porque al final es esa la sensación, me siento aterrada.
Ya en el lado derecho de la cama al terminar otra contracción, mi cabeza y mi cuerpo dicen que no pueden más, hace un rato que una idea en mi cabeza va dando vueltas y la digo en voz alta pero muy bajito (porque no puedo ni hablar)
-"Mirad de ponerme la epidural porfavor"
Ahí entra el buen marido, del que me encargué de adoctrinar durante el embarazo y le dije que llegados a este punto me convenciera de lo contrario, que no me dejara vencer, que yo misma sabía que si me ponia la epidural luego me arrepentiria, pero que en ese momento podía flojear y tirar a lo "fácil", es un momento vulnerable.
-Pero eso no es lo que querías, vamos, que lo estas haciendo super bien y puedes jabata.
-Venga va, que todo va genial, que si quieres la ponemos pero estas aguantando súper bien! Ya queda poquito!
En ese momento no estoy en condiciones de decirlo, pero recuerdo perfectamente lo qie pensé "Hijos de puta, se están compinchando, tengo uno a cada lado y se han mirado entre ellos en plan cómplices, no me la quieren poner!". Esto no me desanima ni me molesta, sólo estan siguiendo mis peticiones cuado estaba en mis plenas facultades, desde la objetividad y me encanta que me respeten aunque me jode un poco!
-Cuando venís tan seguras de que no quereis la epidural y la pedís, suele ser que estais completas. Venga va, vamos a mirar si quieres y así te animas seguro.
- No se si podré tumbarme...
Pero me tumbo y Chema me pide permiso para hacerme un tacto ("pillalo de los pelos y sácame a ese niño ya!" pienso).
Parece una locura, pero mientras me está tocando, los dolores de las contracciones son mas llevaderos, he leído que puede pasar y estuve por decirle que dejara la manita ahí dentro toooodo lo que quedaba de parto, pero, sorpresa! estoy de 10cm!
"Esto ya está casi va, le toco la cabecita, ya está aquí".
Me pongo de pie otra vez en el lado izquierdo de la cama. Mis respiraciones no son iguales ahora se me entrecortan, han cambiado, ya me son fluidas, son cono intermitentes, y los dolores también.
Intento apretar así, no me resulta efectivo y después de un ratillo de asomarse la cabeza y volverse a meter Teresa me sugiere que me ponga a cuatro patas en la cama, con el cabezal subido. Ata una sabana a modo de lianas en la parte superior de la estructura de hierro para que pueda cogerme y apretar.
Esta posición me alivia todos los dolores, siento que las contracciones disminuyen en ritmo e intensidad y siento un poco de tranquilidad por fin. Puedo descansar un poquito si es que se puede decir descanso.
Empujo con cada contracción y noto como desciende, como me abro, pero paro. No quiero apretar, en mi cabeza me digo, "va en la próxima lo haces bien, tienes que hacerlo!" , pero no lo hago, quiero hacerlo, bueno, no quiero, quiero que acabe ya. Quiero saltarme esta parte. No llevo mucho rato así, pero Teresa me pone los monitores y no le gustan.
En las últimas visitas de revisión, después de algunas contracciones, los monitores decían que a Uko le costaba reponerse, pero no era por norma y le quitaron importancia.
Ahora, ya en el explusivo, vuelve a pasar y le pregunto que eso que quiere decir, "pues que lo mejor sería que no tardara mucho mas en salir", me asusto un poco la verdad, viene la gine (a la que no le veo ni la cara) y las escucho de fondo hablar, a mi lado, pero muy lejano todo. Sólo me quedo con que no pasa nada, que todo va bien, pero a pesar de eso, cuando la gine se va, Teresa ya no me quita los monitores, me quita las correas que me aprietan, pero todo el rato me los aguanta, me ponga como me ponga, ella está allí, para mí. Para Uko y para mí. Y Juan, y Chema. Y eso me hace sentir muy bien dentro de todo. Acompañada.
Entonces sucede algo para mi muy bonito y genial. Digo de cambiarme de posición de sentarme en la camilla transformer, como con Koldo, a ver si funciona, necesito cambiar de postura, ahora mismo estoy muy agusto pero no es efectivo y esa gran mujer que me acompaña me dice "lo que tu quieras, lo que tu nos digas, tu mandas" y Juan me dice "el parto es tuyo cariño, ves, tu decides todo", y eso es para mí lo mas maravilloso que podía oír.
Me ayudan a sentarme como yo quería, pero a la primera contracción salto de la cama literalmente (bueno, todo lo rápido que podía en ese momento, que yo lo recuerdo en plan salto super ninja).
Teresa y Chema vuelven a cambiar todo, creo que ellos ya saben que ahí me voy a quedar, de pie.
Ponen todos los empapadores en el suelo y bajan la luz esa redonda de quirófano para iluminar la salida de Uko, yo me cojo de nuevo a Juan, pero esta vez mas abajo, de la camiseta, y sin querer me arrugo, me pongo en plan sentadilla.
Noto cada una de las contracciones, aprieto muy poco a poco, y cuando la contracción para, yo paro de empujar, pero manteniendo la cabeza de mi bebé en ese lugar, hasta donde la he llevado. Lo hago con calma, concentrada, "lo estas haciendo muy muy bien y sin guiarte, tu sola!" no me tienen que pedir que pare para no desagarrarme, ni que apriete mas, simplemente me sale solo, es innato, y yo estoy flipándolo, de dolor y de sorpresa, de que yo, de que mi cuerpo, sea capaz de hacer tal cosa.
Ellos me aguantan con gasas para no desgarrarme nada, Teresa guía a Chema le dice donde hacer presión en cada pujo, les escucho de lejos pero no me molestan, son super respetuosos con mi momento.
-"Papi, que sepas que Chema se lo está pasando mejor que tu".
Y yo pensando que cabrones eran todos disfrutando a mi costa, aunque ese momentazo era MIO y me sentía semidiosa.
Noté el aro de fuego, ese escozor que hace que pienses que te vas a rajar entera, de arriba a abajo, pero ya lo conocía y sabía que eran sólo unos segundos, ahí paré de apretar, la contracción se había parado y tomé aire. Me toqué, ahora lo que mas me dolía era la parte de la uretra, quería aguantarmela, apretar para calmar la zona pero no podía alcanzar a tocarme y hacer presión, mantener el equilibrio (recordemos que estaba haciendo una sentadilla), y apretar en la siguiente contracción. Así que venga, palante! empujé y saqué la cabeza.
No recuerdo haber gritado hasta ese momento, pero cuando salieron los hombros y sentí ese movimiento por dentro tan raro, grité que me dolía mucho mucho, nadie me hizo ni caso claro! estaba saliendo Uko, y de pronto plof! el vacío, el descanso (ese momento de "dolor extraño" debió de ser la rotación de los hombros para salir junto al momento donde el bebé estira las piernas aún dentro del utero para hacerse camino).
Me quedé quieta, sonreí, y miré a Juan, seguro que él ni se dió cuenta, pero yo dije un "ya está" o algo así. Entré en un trance de medio segundo donde me perdí exhausta y feliz. Lo he olvidado, pero ese momento tiene un nombre, es el instante donde todas las mamíferas tardan en reaccionar después de ese esfuerzo brutal, el cerebro tarda en asumir y no piensas ni en donde estará tu cría.
Teresa me llamó, cógelo! cógelo! me lo estaba pasando entre las piernas, así de pie, ella desde el suelo. Mi bebé estaba allí esperándome, esperando mis brazos y conocernos por fin! lo cogí, calentito y resbaladizo, aún noto esa sensación de su cuerpecito viscoso, de ese olor a vida, a mi hijo, al que acababa de sacar de dentro de mí después de 9 meses, después de haberlo notado moverse, después de miles de miedos, de acariciarle, de hablarle, de bailar con él, de quererle infinitamente, de imaginar su cara.
No podía subirlo hasta mi pecho, me advirtieron que el cordón era muy corto, que no tirara o se rompería y podríamos provocar una hemorragia.
En algún momento alguien me desató la bata, supongo que Chema, y yo me apoyé en la camilla sin llegar a sentarme. Lo puse contra mi piel, sólo podía mirarle sin creerme todo lo que estaba viendo. No lloraba, estaba tranquilo y me miraba, hizo algun ruidito pero llegó a este lado de la piel con tanta paz..
No podía parar de decirle,
-Hola mi amor, hola cariño.
Una y otra vez. Hola otra vez al amor. Ya estaba aquí, conmigo. Cuánto le había deseado.
Ese primee encuentro me parece tan maravilloso, todo el amor infinito desbordado en minutos, sentidos de golpe. Sin freno.
Juan hizo fotos de ese momentazo, Teresa hizo fotos de los tres en las que yo ni miraba a cámara, me tuvieron que avisar. Estaba en mi planeta, "en nuestro" planeta lejano lleno de felicidad.
Me ayudaron a tumbarme en la camilla con Uko encima de mi, sin despegarnos, para que no me resbalara con los líquidos del suelo, aunque si soy sincera jamás me hubiese caído.
Teresa era tan amor que me quitó los calcetines antideslizantes que llevaba, los lavó y me los metió en una bolsa.
Dejamos latir el cordón hasta que no hubo sangre y me pidieron permiso para cortarlo. Juan no quiso hacerlo. Y ya pude ponerle en mi pecho y besarle mucho, olerle y abrazarle.
Me preguntaron si quería que me pusieran oxitocina para sacar la placenta y me explicaron el porqué lo creían mejor, y acepté. Salió, pedí verla y que nos explicaran como era, como funcionaba y guau! me pareció brutal! sólo me quedé con ganas de hacer una impronta de ella (lo dejo para el siguiente parto jajajajaja).
"Lo he vuelto hacer, sólo puedo mirarle y pensar en que he vuelto a gestar y sacar de mis entrañas una nueva vida. Y me siento tan animal, tan viva, tan mágica.. que me parece maravilloso e increíble. Ha sido rápido e intenso, muy muy intenso, pero a nivel emocional vuelve a ser demoledor, pero en positivo. Cambia tu percepción de ti misma y de la vida, de los bebés, de las madres, de la naturaleza. Es tan salvaje... "
Solo quiero acariciarle y olerle, olerle entero. Su cabecita. Alargar todos esos minutos, que se pare durante horas en ese instante. Y eso también me parece maravilloso. Ese reconocimiento de mamá bebé por el olor es un instinto super primario y que florece sin más.
Me levanto sola de la camilla y me siento en la silla de ruedas para que nos suban a la habitación.
Durante las siguientes horas Juan duerme un rato y yo sólo puedo revivir todo una y otra vez, y mirar a mi cría. Tan perfecta y maravillosa. Tan mía y tan suya. Y ya daría la vida por ella.
Las horas pasan super rápidas y yo no duermo nada, pero no quiero perderme ni un segundo de todo aquel espectáculo que necesito sentir, retener y procesar.