Y no quiero, no quiero escribir este texto con palabras hermosas, no quiero adornarlo con color, ni hacerlo falso con mentiras. Quiero un texto crudo, un texto real. Porque quiero decirte que esto molesta, se vuelve irritante tener tu imagen en mis pensamientos aun cuando me esfuerzo en pensar en otra cosa; me violenta el saber que no pensás en mí con esta fuerza arrasadora; me desilusiona creer que nuestras charlas quizás no signifiquen nada. No sé en qué momento pasó que te colaste en mi piel y te aferraste a mis huesos; en qué momento tu presencia se hizo tan fuerte que me hizo dudar de todo el resto; cuándo instalaste la duda en mi ser, motivándome a cambiar todo aquello que me tenía tan cómoda. La comodidad de la rutina chocó de pronto con una incomodidad que ya no recuerdo cuándo fue la última vez que la sentí. Aquella incomodidad que se presenta para dar vuelta las cosas y hacerte sentir pero, además, sufrir. Lo que más incomoda es la incertidumbre, el no saber, ese sentimiento que te aprieta el pecho y te pone nervioso. El qué será el futuro si hoy actúo de esta forma. Porque quizás una pequeña duda abrió muchas más en mí y me hizo preguntarme si soy yo así o sólo soy una versión de mí que está demasiado cómoda como para atreverse a encontrarse.
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