28 de mayo.
Muchas veces no quiero escribirte porque siento que, cada vez que lo hago, es como morir en cada punto y coma de las frases que te dirijo. Tengo la noción, o al menos el pensamiento, de que debería olvidarte, de que debería seguir con mi vida, de que debería tomar esto como un aprendizaje para continuar con mis proyectos y, de alguna forma, mantenerme vivo. Sin embargo, todo esto pierde sentido cuando todo me lleva a ti.
¿Cómo no pensar en ti, si siempre estás presente? Cada objeto, cada espacio, cada calle, cada sensación, en los múltiples detalles de mi cotidianidad, lleva tatuado tu nombre. Es imposible no pensar en ti... es imposible no pronunciar tu nombre. A veces siento que deliro, que estás aquí, y hablo solo, como si pudiera decirte cosas. Es mi manera de querer sentir que aún estás a mi lado. Sé que es enfermizo, lo sé. Pero también sabes que siempre he sido algo dramático, quizás exagerado.
Hace unos días olvidé apagar la luz de la cocina. Cuando llegué a casa, la puerta brillaba, como cuando estabas dentro cocinando mientras escuchabas tus videos. Mi emoción fue enorme, algo en mí quería creer que estabas ahí. Pero luego la realidad me golpea, y me doy cuenta de que soy un imbécil por pensar que podrías volver.
Sé que no hay vuelta atrás, y no sé por qué te digo estas cosas. Me siento tan mal de que todos tengan derecho a saber más de ti, a hablar libremente de ti cuando quieran, o que incluso hayan podido despedirse de ti.
La última vez que te vi estabas enferma. Lloré al verte, tomé tu mano, te besé, y me sentí completamente destruido, vacío. Sentía tanta desesperación y, mejor dicho, siento tanta ansiedad. Es como si estuviera esperando un milagro, y ahí está el problema... los milagros no existen, solo para ilusos con fe. Tal vez tendría el valor de dudar, pero mi existencia es tan atea como la posibilidad de que vuelvas mañana o pasado mañana.
Estoy llorando, realmente pasándola mal, y me siento ahogado en todo esto. No consigo ni siquiera flotar, no encuentro más ganas que las de hundirme. Quiero, de verdad quiero olvidarte, pero ni tus cartas, tus acciones ni tu desprecio han podido arrancar el amor que te tengo. ¿Cómo se odia a alguien? O, mejor dicho, ¿cómo puedo odiarte? ¿Cómo te olvido? ¿Cómo te saco de mí, si estás tan dentro?
Puede que esta noche sea la más triste desde tu partida. No he dejado de pensar en ti ni un solo día. Te extraño. Mucho ha cambiado aquí en mí, pero mis sentimientos por ti siguen siendo los mismos. Quizás ya no significan nada para ti; seguramente ya me has olvidado. Y probablemente no te importe nada de esto, pero aun así, te deseo feliz aniversario...















