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(open rp) catching up in the cold
Silver sat against a tree and gazed solemly over the grounds of Stratford. The air was icy and heavy with freezing fog that had settled over the estate earlier that morning. Silver pulled his hat down further over his head to keep his ears warm and blew heated air into his gloves. The wolf glanced up at the dark sky and could tell it wouldn't be long until snow begins to fall. He shivered and wrapped his arms around himself, questioning why he was even sitting outside in the gardens in the freezing cold anyway. There wasn't much else to do, he guessed.
wolfofsilver ha contestado a tu foto“So I did a thingy para el workshop gráfico que tengo con silver en...”
D: No te gustan mis florecitas de metal ??
¡Presta más atención, cielo! Dije espero no se moleste :3
"Liam"- ¿Qué? ¿Quería que lo felicitara y diera una estrella dorada por haber sido capaz de articular correctamente su nombre?... ¿Estaba bromeando... cierto? Nada de palabras, gesto ni contacto visual, cualquier cosa que me mantuviera lejos de él en alguna forma seria lo más adecuado, quizás un poco de prejuicio de mi parte pero era necesario mantenerse siempre a la guardia con los demonios, su fama de arteros y traicioneros les hacia poca justicia en cualquier salón de las cinco razas, valoraba bastante mi alma como para dejarla a merced de alguien como él. Camina Glam, camina hasta que te duelan las piernas, un buen lema para una causa un tanto noble y compañía agria.
Glamdring & Liam vagando por los Caminos Rotos de The Hidden Wars
Por una mala broma de los dioses todos terminaron emparejandose de manera rapida y yo..me quede con uno de los demonios, solo los dioses saben lo que cruzaba por su mente cuando decidieron guiarlo hasta aquí y aun más al atarlo a mi suerte. Insensatos.
Glamdring en Caminos Rotos en el foro The Hidden Wars.
jissaforest:
Sí... Dioses...
(?)

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¿A quién hay que matar...?
¿...para que los usuarios nos recomienden temas para el tablón de anuncios? Empezaremos a hacer asesinatos al azar por las dudas.
Ecos del Pasado: Un rito soberano.
La brisa se alzó con fuerza hacía las alturas, era un viento que venía de muy lejos, del más apartado rincón de los sagrados cielos, un lugar conocido como "El Origen". Su designación probablemente estaba dada por ser uno de los sectores más antiguos y a la vez inexplicados en toda la creación. Su cabello rubio se alzó y ondeó con la fuerza del aire, brillando a la par de los rayos de sol que inundaban un balcón de mármol blanco. El trabajo en todo lo que le rodeaba era perfecto, carente de cualquier irregularidad. No había lugar a duda, magia creó aquella colosal estructura en donde se encontraba, la torre más alta en toda su dimensión. Alexandros, o el faro nocturno como muchos habían decidido apodarle. Allí, en el último piso, se encontraba uno de los objetos más primigenios y poderosos de la existencia, el espejo de agua. Las leyendas contaban que con las palabras adecuadas uno era capaz de ver cualquier cosa, no importaba si era pasado, presente, o futuro mas ninguno conocía como operaba realmente. Su función quizás más evidente era la de capturar la luz de la luna durante la noche y redirigirla para iluminar toda la ciudad a sus pies. Nada quedaba fuera de calculo. Artemis giró la mirada para encontrar que una figura idéntica le observaba justo en frente. Era como mirarse a un espejo sin hacerlo. Sus movimientos eran idénticos pero el cabello de uno llegaba a los hombros y el del otro se extendía cuidadosamente hasta las rodillas - ¿Qué has visto?- preguntó el hombre de larga cabellera, ni el tono de voz los diferenciaba realmente. Los ojos dorados de su hermano buscaron una respuesta en los espejos plateados que formaban la mirada de su gemelo - Nada bueno- fue toda la respuesta que obtuvo, aunque bastaba para saciar su incertidumbre. Él jamás podría comprender que es lo que Artemis veía a través de sus sueños o el Espejo mismo. Un rasgo heredado de su Madre. Sin embargo, lo mismo se aplicaba a la inversa. Existían ciertos aspectos de su propio poder que su hermano era incapaz de entender. Solo juntos formaban uno, pero nunca accederían a tal idea. Apollo, satisfecho con lo que había oído se alejó unos pasos para finalmente desaparecer en la cálida luz del sol. Nunca he visto semejante destrucción continuó hablando para si mismo mientras apoyaba sus brazos sobre la barandilla del balcón. El blanco resplandecía en la cercanía, y luego el verde y tonos de azul tomaban su lugar para formar una naturaleza perfecta. Allí no existían los problemas o el peligro, no quizás en millones de años, pero era inevitable que este algún día tocase a los dorados portones de la ciudad. Y él no estaría preparado, su fuerza no sería la suficiente esta vez y simplemente todo se perdería. No habría sol o luna jamás, solo vacío. No podía permitirlo ¿Pero qué podía hacer? En toda su larga vida amasaría el mayor conocimiento arcano y no le sería suficiente, un poder simplemente se escapaba a su comprensión. Su Madre tendría la respuesta, si solo estuviese viva. No movió ni un ápice de su ser en lo que el sol pasaba de estar en lo mas alto hasta ocultarse tras la linea del horizonte. La luna entonces emergió y cuando esta lo bañó en su luz se giró para darle la espalda. Solo ante él podía brillar de aquella manera y bañarlo en una luz mística que le hacia ver casi etéreo y quizás tan bonito como su progenitora. La idolatraba, le enorgullecía y por sobre todo la amaba. Un sentimiento cuyo significado se había evaporado junto con la vida de ella. Sabía que su hermano compartía esa característica con él, aunque nunca lo dijeron abiertamente. Ambos simplemente se echaban toda la culpa por lo sucedido en el pasado, tan fuerte era la aversión de uno al otro que las pocas palabras que cruzaban eran al estilo de ese día en concreto. Las historias entre los mortales no eran de escasear cuando se trataba de relatar las peleas entre ambos. A pesar de ello se respetaban, y muy en el fondo dependían de su gemelo, aquello estaba grabado en lo más profundo de sus esencias. Divagar en estos pensamientos le recordó la sonrisa de su Madre y como ella siempre repetía que la verdadera fuerza estaba en el corazón. Teniendo fe y confianza en los demás permitía a uno realmente realizarse. Del verdadero amor nace la creación, las palabras en un tono tan dulce hicieron eco en toda su mente ¿Qué si tenía razón? Había pensado ya tiempo atrás ¿Sería capaz de experimentar lo que su Madre quiso decirle? Era hora de averiguarlo. Sus ojos centellaron con una nueva determinación, debía de mostrar por qué existía el rumor de que su conocimiento mágico no tenía límites. Aprovechó la noche para andar, pocos conocían la organización de defensa de la Corte como él por lo que evitar a los demás guardianes no le supuso problema. Poco era lo que llevaba ya que ningún objeto material trascendería con su alma, esa era la base del flujo de almas ¿Sería suficiente para que su plan funcionase? Reencarnar como mortal era una idea que rondaba lo estúpido debido a la multiplicidad de peligros a los cuales se sometía. Tendría que enfrentarse a una de las fuerzas inmemoriales, algo incluso más antiguo que él mismo. Ir en contra de la propia naturaleza y flujo era una locura que sólo a Artemis podía ocurrirsele. Todo en pos del conocimiento, se decía a sí mismo. Algún día notaría cuan equivocado estaba con esa frase pues no sería racional lo que aprendiese sino todo lo contrario. Verdadero sentir; autentica emoción. Dejó su dimensión y pronto el sucio rojo de un sol enorme teñía sus ropajes blancos del color de la sangre. Si ya guardaba poca simpatía por tal cuerpo celeste, odio era lo que sentía ante la vieja esfera roja que iluminaba la Dimensión Oscura. Pero él iba más allá de donde cualquiera osaría a poner pie. Un sitio que pocos tenían conocimiento de su existencia. El sol jamás se escondía en ese infernal sitio por lo que su luna jamás llegaba a reflejar su luz. Era un astro muerto y perdido en el firmamento cuya creación no podía atribuirsele a nadie más que a él mismo. Poner un pie en ese lugar hizo crepitar y hacer visible su propia aura, lo que antes era oscuro se transformaba en piedras de un gris y azules sucios, una entrada hacia el centro mismo de la Luna Oscura. Su expresión era tensa y para nada agradable, casi como un instinto animal, mostraba sus dientes a los seres que sabía dormitaban encerrados en ese material. En aquella etapa de su vida había requerido de toda su magia para sellar a los Espectros en la luna infernal y esto quizás repercutiría para siempre en su vida. Parte de su poder permanecía allí, asegurándose que jamás pudiesen escapar de su prisión y mientras así fuera el guardián no podría emplear todo su potencial. Apenas una gota de poder mal utilizado podía significar la liberación de la Destrucción en las dimensiones. La misma que tenia pensando frenar con su futura acción. A medida que se adentraba en tan corrupto lugar su aura hacía más presencia para contrarrestar la sensación de encierro y opresión que emanaba de las paredes. Sus mirada argéntea iba y venía, casi podía palpar el odio que le proficiaban y como se arremolinaban cerca suyo. El pasillo se abrió en una habitación semiesférica y en su primer paso la luz que le rodeaba se condensó. El sonido del metal resonó con fuerza en aquella sala vacía. Llevaba botas pesadas de metal que le llegaban hasta la rodilla, guanteletes y un peto que calzaba justo para su figura. Todo era níveo a excepción de complejos e intrincados patrones que se dibujaban en la armadura en mismisima plata. Algunos eran reales símbolos mágicos y otros solo hacían al perfecto decoro de la armadura. Artemis se frenó justo en medio y extendiendo su mano, una espada del mismo metal se materializo sobre ella. -Querida amiga, hemos de separarnos hoy. Has de seguir cumpliendo el trabajo que te has propuesto hasta que el destino nos vuelva a unir, Argetlam- Hizo un corte vertical en el aire y los mismos hilos del espacio fueron cortados, la hendidura tenía el suficiente espacio para que el hombre pudiese cruzarla. Del otro lado no se veían más que prados verdes y un celeste cielo, el mundo humano. El guardián dio un beso al metal frío de arma y la vio caer del otro lado, acunada sobre los vivos pastos. Su caso sería distinto él ya no se movería por las dimensiones con esa forma. En su otra mano ahora tenía un viejo pergamino el cual abrió con total calma. Su contenido parecía ser poco mas el sabía la verdad, ese pequeño pedazo de hoja tenía una magia acumulada lo suficientemente poderosa para realizar la tarea encomendada. El rubio posó su dedo indice y anular sobre la primera silaba y extendió la mano en dirección a la pared. La escritura se grababa y extendía sobre la piedra misma. Su mano se seguía moviendo de un lado a otro con las palabras yendo de la hoja a sus dedos, y de estos a la pared en un continuo flujo. Le tomó varios minutos terminarlo, de hecho el paisaje había cambiado para mostrar un lago. La luna se veía en lo alto y a la vez reflejada en el agua. La habitación titilaba en un brillo de plata proveniente de las palabras que casi la habían cubierto por completo. Quedaba ultimar un detalle, su recipiente. Visualizó a un humano lo más parecido a sí mismo posible, con cada detalle que le daba su propia piel se volvía más traslucida y aquél ser más material. El sello creó una conexión entre ambos y finalmente obligó a la esencia del guardián a ingresar al recién creado cuerpo. Le costaba horrores mantener la concentración para finalizar aquello, sabía que su poder se estaba volviendo contra sí mismo, como una serpiente mordiendo su propia cola y cuando este se hubiese enroscado lo suficiente la fuerza de las palabras terminarían de atarlo. Sin embargo el lazo que manifestaba jamás sería roto. Perdía la conciencia, la luz se extinguía, se sentía caer y la luna observarle. Inmortal no más, su cuerpo físico cayó al centro del lago. Así se completa...El Rito Soberano.