Obra de Pedro Ruiz - Serie Oro "Cada uno sabe algo vital para que la tierra renazca, Entonces el lenguaje se convierte en el principal instrumento para hacer resurgir el humus fecundo que está en la tierra pero que está también en la memoria. Y casi entendemos porque en Colombia no es que se haya urbanizado el campo sino que se ruralizó la ciudad. Pero es que también a la ciudad hay que inventarla, como lo quería Rimbaud del amor. Y que no sea ya una ciudad enfrentada al campo, ni ajena al campo, ni que parasite del campo, sino un diálogo entre las construcciones humanas y los misterios de la naturaleza. Y el vasto bosque equinoccial requerirá que sus habitantes no vivan en el desconocimiento del mundo, ni en el aislamiento que hoy los desampara. Tenemos el deber de descubrir cuál es el orden que puede salvar a estas selvas, a esta agua, a estas nieblas, y como podemos aliar nuestra vocación urbana con este recuerdo de un reino mágico perdido. Más deseado cuanto más prohibido. Porque es evidente que lo que estamos viviendo no es un accidente sino una obsesión. Por eso dije al comienzo que lo más importante para nosotros debería ser que esto no está ocurriendo por primera vez. Que una historia que se repite y se repite, desde los tiempos de la Conquista, necesita una explicación, y casi se diría necesita un conjuro. ¿Qué relación podemos establecer entre el éxodo y el lenguaje? Lo que el éxodo arrebata, el lenguaje lo conserva. Así decía Aurelio Arturo: “Trajimos sin pensarlo en el habla los valles”. Lo que se pierde queda escrito en el alma. Cuanto más dolorosamente se perdió, cuanto más querido era lo perdido, tanto más arraiga en la memoria. Porque nadie abandona con gusto lo que ama. Y la memoria, como el amor, es aquello que no puede sernos arrebatado, es la voz que nos recuerda cada día todo lo que tenemos que recuperar."
William Ospina















