Desde que tengo memoria he categorizado y visualizado mis actos como si fueran de diferentes personas, no sé por qué siempre divido las cosas como si fueran ajenas y no las asumo como un todo, supongo que no me gustan las contradicciones y el desorden, y por lo mismo no he querido aceptar que al fin y al cabo eso somos todos.
Recuerdo que las dividía tanto que hasta en unas sesiones con mi psicóloga les pusimos nombres y formamos la personalidad y características de cada una, de cada “personita” que habitaba en mi cabeza. Creo que ahora lo veo como la película infantil “Intensamente” una actuaba y las otras se le tiraban encima diciendo que debía actuar más como María, o como Samanta, o como Laura, peleaban y peleaban y nunca estaban conformes, sabiendo que todas eran partes de la misma.
Pero esa historia no es sobre esas seis niñitas que hacían parte de mi personalidad e inseguridades sino sobre el número siete, que hoy, 5 años después puedo entender que también es parte de mi, y no algo o alguien externo que disfrutaba atormentarme y verme mal.
El nacimiento del “man de hoodie vinotinto” que es como lo he llamado siempre, fue periódico y enigmático, cada vez que aparecía medianamente entre mis sueños, las sombras y mis pensamientos, sentía una atracción inefable hacia él, siempre quería saber más, acercarme más, entenderlo y descubrir todo el misterio del que se se rodea, toda esa oscuridad. Pero a medida que me acercaba sentía una nube negra abrazándome y creciendo a mi alrededor, cada paso que daba hacía él me volvía más pequeña y más pequeña, cada vez me perdía más en su oscuridad.
Y pido perdón de antemano, me cuesta hablar y más sobre mi, todavía aún más sobre él, me cuesta hablar y más sobre lo que no conozco del todo, más de lo que no entiendo del todo, por eso los símbolos me ayudan... La fantasía aunque no lo crean puede ser más real que la realidad, al fin y al cabo solo es real aquello que antes podemos pensar e imaginar, además en nuestra cabeza la línea de lo que recordamos, imaginamos y soñamos es difusa; Pero bueno, no vamos a entrar en una discusión sobre lo que es real y sobre lo que no porque no acabaríamos nunca.
Perdón también por dar tantos rodeos y por pedir tanto perdón, volviendo a la historia de cómo conocí a este sujeto, de cómo y cuando me empecé a dar cuenta de que estaba presente en mi vida.
Todo empezaba en sueños, sentía que me perseguía alguien, sentía que desde algún lugar me miraba, pero no me sentía cómoda, sentía que no era alguien bueno, un color gris fuerte que me penetraba con su mirada en mis sueños.
Era así una semana o dos, donde ya despierta andaba paranoica pensando que también me iba a perseguir o a mirar desde lejos, no lo veía como una pesadilla, siempre lo he sentido real.
Luego era la voz, que al momento de describirla me quedo sin palabras, una voz de hombre pero no gruesa aunque sí imponente, empezaba a escucharlo en mi cabeza y no me pregunten por qué pero sentía el mismo color, la misma presencia, sabía que era él quien me daba órdenes todo el día, o me hacía fantasear con dolor, primero hacia mi misma, veía cualquier objeto corto punzante y me decía “clávatelo”, “córtate”, “mira cuánto placer se siente”, “házmelo a mi”, veía un jarabe, unas pastillas, etc, y me incitaba a tomarlo, a saltar. Todo era un juego para él, podía escuchar su risa sarcástica cuando lo rechazaba, cuando no llegaba hasta el punto que él quería, tenía siempre un tono burlón y retador.
Luego me decía que le hiciera daño a los demás, fantaseaba con ver a alguien quemándose, fantaseaba con el sufrimiento y el placer que se encontraba en el dolor.
Como buena católica en un principio pensé que era un espíritu, algún demonio perdido con ganas de arrastrarme, de robarse mi alma, sentía como si él se manifestara en mi cuerpo, y aunque lo dejaba, también intentaba acercarme a Dios y le pedía que me salvara de ese demonio; irónico.
Pero cada vez era peor, luego empecé a sentir que me seguía, en la vida real o bueno cuando estaba despierta, creo que lo “real” y lo “bueno” está sobrevalorado; yo iba caminando y lo sentía detrás mío, sabía que era él, un tipo alto de hoodie vinotinto pero sin un rostro definido, después no escuchaba solo su voz, sino que lo sentía siempre a mi lado, hablando e incitándome a terminar todo, a liberarme, a hacer las cosas bien de una buena vez, y aunque nunca he querido morirme, siento que en ese punto tenía tanto poder sobre mi, que dejé de escuchar a las demás que estaban en mi cabeza y en medio del trance solo lo escuchaba a él, me perdí en él, así como ustedes se pueden perder por amor, perder en una droga, o en una canción.
Cuando estaba a punto de encontrarme con él cara a cara, un miércoles en la madrugada de febrero, le hice caso y cogí diferentes cajas y tarros de pastillas, en su mayoría analgésicos, y aunque yo no me quería morir empecé a tomarme una por una, suena raro, lo sé, pero en serio no me quería morir, estos 5 años he dedicado mucho tiempo a pensar en ese día, en el nivel de consciencia en el que me encontraba y en realidad considero que ese día bajé al infierno y volví a la vida, volví para enamorarme de la vida y aferrarme a ella con más fuerza que nunca.
Lo sé, probablemente me estén juzgando por hablar del infierno, y de cosas sumamente cristianizadas como el bien y el mal, les pido perdón y esta vez no pediré perdón por disculparme tanto, pero así es cómo crecí, rodeada de esta doctrina, probablemente los lectores que han crecido con doctrinas diferentes pueden comparar estas palabras con alguna más acorde a sus creencias, siéntanse libres de hacerlo; y no, no digo que fui al infierno y me encontré lugar repleto de llamas y un hombre rojo con el tridente, no me refiero al infierno que muestra la literatura católica, solo supongo que si existiera un lugar donde las “almas” de los “pecadores” son eternamente torturadas, mi infierno sería en el que estuve ese día, y creo que así como todos deberíamos tener nuestra propia percepción del creador, también todos deberíamos tener nuestra propia versión del tártaro y eso no lo voy a discutir.
Me arreglé para ir a clase como de costumbre, tal vez un poco más sonámbula y dispersa de lo normal, un poco más perdida, más callada, por lo demás todo seguía igual, así tú te quedes atrás, el mundo sigue, así es y así siempre será. Los recuerdos ahora son difusos, tengo lagunas, pero hay momentos que siempre van a quedar, seguía tomándome las pastillas, con mi termo de agua a la mano, mientras escuchaba al profesor dar clase como de costumbre, pero poco a poco venían cosas nuevas, era toda una experiencia sensorial.
Lo que más me impactó es cómo poco a poco todo se iba apagando, todo se volvió lento, con cada pastilla, la confusión crecía, se hacía más lento todo, menos mi corazón, uno, dos, tres; pum, pum, pum.
Recuerdo que ese día tuve un quiz de química, y durante toda la clase estuve intentando escribir algo coherente, pero me costaba sostener el lápiz, me costaba no quedarme dormida sobre el pupitre, creo que esa fue la peor parte, luchar para no quedarme dormida, seguía y seguía tomando las pastillas, para eso supongo que no era tan torpe; al final de la clase ni sé qué entregué, por supuesto todo estaba mal... me estaba muriendo, ¿¿ la vida estaba huyendo de mi cuerpo y tenía que pensar y resolver un examen de química ?? Hay cosas que no tienen mucho sentido, estuve todo el día así y aún no puedo creer que solo se hayan dado cuenta de lo que en realidad pasaba hasta casi la 1 de la tarde, (hoy agradezco que lo hicieran) es irónico cómo todos estamos rodeados de personas que viven en su propio mundo y son ignorantes e indolientes con lo que está en frente de sus narices.
Luego dejé de sentir las piernas, no me querían hacer caso, solo sentía cosquillas y en ese momento, por primera vez en el día fui consciente de lo que estaba pasando, fui consciente de que aunque él me dijera que todo estaba bien, nada estaba bien en realidad, me iba a morir.
y ya me había gastado toda mi suerte.
ellos iban a pensar que era suicida,
cuando mi madre me veía como una niña fuerte.
¿y a mi familia? ¿A ellos quién los cuida?
¿iban a entender que era culpa de esa mente retorcida o también iban a pensar que era una malagradecida?
¿Podrían ellos vivir con algo tan fuerte?
¿Cómo iban a actuar cuando vieran mi cuerpo inerte?
me imagino a mi mamá gritando que me despierte,
sin entender que la oscuridad a cualquiera pervierte.
Después de ser consciente de la realidad y de pensar en pedir ayuda, pasó algo demasiado irónico, ahora cuando lo recuerdo no puedo evitar esbozar una sonrisa de lástima, fui consciente de que la vida se me escapaba y aunque de cierta forma tuve algo de miedo, no fue suficiente para pedir ayuda, le temía más al qué dirán que a la muerte, le tenía más miedo a la reacción de mis papás, la decepción, los gritos, los chismes, los problemas que vendrían detrás de esa incoherente acción que a morir y dejar todo como si nada.
Y esto ahora me da risa ya que me muestra una parte importante de mi personalidad, en varios casos de mi vida me he dado cuenta de que no me importa hacerme daño o hacer cosas que no quiero de verdad, con tal de no generar caos y problemas, ya sé que está mal, y si alguno es igual por favor reflexione... creo que ahora soy un poco más egoísta, algunos dicen que no es egoísmo, qué es amor propio y eso suena mejor supongo.
No sentía los pies, no me respondían las piernas, sentía un cosquilleo en los brazos y me costaba estar despierta, el corazón corriendo y el cerebro durmiendo.
(Decidí contarles un poco más sobre mi y sobre uno de los capítulos de mi vida que más me ha marcado, coméntenme si les gustaría que siguiera con la historia) 👁🤍