“/para mi es un honor, muchas gracias...” Finalizó el discurso el cual le habían pedido que hiciera con respecto a la donación que su fundación había realizado, Lana era una mujer importante, conocida en diversas partes del mundo gracias a su apellido y a los múltiples reconocimientos que le daban por sus acciones humanitarias, y no solo a ella sino a su familia, pues todo había empezado por sus abuelos Clarisse y Socrate Rouch. A la empresaria todavía le costaba sonreír sin mostrar el dolor que tenía en su interior. A pesar de que ya habían pasado casi dos meses de la muerte de su padrastro, todavía le dolía mucho. Sin embargo sabía que no podía ignorar ese tipo de eventos a los cuales la invitaban por ser su rama.
Al bajar de la tarima, le ofrecieron una copa de champaña la cual tomó sonriendo solo un poco como agradecimiento. No pretendía quedarse mucho a la celebración, su hijo estaba esperando por ella en casa, así que solo se pasearía un poco por el lugar. Mientras lo hacía, regalaba sonrisa de cortesía y agradecimientos verbales, cuando las felicitaciones por el discurso llegaban.
La mirada de Lana iba y venía entre las personas, y fue cuando creyó mirar a alguien conocido, que se distrajo y sin querer alcanzó a tropezar con alguien, dándose cuenta al momento en que parte de su cuerpo hizo apenas contacto con la otra persona. “Que barbaridad, discúlpame, ¿estás bien?” Por suerte llevaba su copa en la otra mano, por la que no había ninguna posibilidad de que esta se derramara.