Sentirse atraÃdo por el jacquard y sus patrones generalmente florales, es un gusto en común que tenemos los enamorados de la forma, color y estructura exótica de las miles de especies pertenecientes a la flora, uno de los tesoros más ricos de Colombia y el umbral de tantos oficios agrestes que han seducido al mundo entero con el fruto de su humilde labor, esa que muchas veces termina siendo una parte importante en el ‘patio’ del mercado de la moda, una industria estética-tecnológica que continúa retándonos a imitar perfectamente tanto dinamismo en una colección. Hacer que un tejido parezca que mágicamente se hubiese desprendido de los pistilos de una flor, o que una tela asemeje lo carnoso y peludo de un pétalo, no es para nada sencillo si se trata de fibras celulosas hechas por el hombre; es esa la razón por la cual habÃa durado años buscando un textil con tejido eplinglè, aquel que combina lo excéntrico del jacquard con lo singular del terciopelo y la espontánea caÃda del crepé, juntos en un mismo retazo, y durante esa búsqueda me pasó algo extraordinario: No encontré nunca esa tela —(actualmente es muy escasa su producción al detal debido al proceso artesanal + equipo láser para grabados que esta conlleva)—, pero por gracia divina, un dÃa cualquiera de paseo rápido por un pulguero, me veo cara a cara con el chaleco quimono que llevo puesto; una pieza excepcional, tan delicada y a la vez ostentosa; al verlo daba la sensación de que me alardeaba sus finos recamados, puntuales contornos y llamativos colores, que empecé a mirarlo como lo que serÃa pan para un pordiosero; estaba tan extasiada en ese momento que no dudé ni un segundo en adquirirlo, y al usarlo por vez primera me llevó a imaginar justo la conclusión de este apunte: «Pudo onÃricamente un jardÃn entretejerse y engendrar un bello ajuar 'ready-to-wear'». Y asÃ, muchas veces buscamos acabados cada vez más exigentes o experimentados; a mi juicio considero que en las escuelas de moda deberÃan enseñar, conservar, transmitir y practicar los antigüos métodos de elaboración artesanal de textiles como ejercicio lógico para comprender a profundidad qué es lo que manipulamos y cómo un pequeño paso cambia inmediatamente el resultado deseado.















