Mr Flowers | Treintayseis | Logos ai
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Monchi sujetó al pescado por la mitad. Jugueteaba con él como si fuera su pija. Lo agitaba en el aire molestando a cuanta señora puritana hubiera en el espacio circundante. Aquella tarde en Casa Paraná, algo sucedió además del ajusticiamiento a los dos guardias. Se había gestado un superpoder compartido. Tipo el de los Gemelos Fantásticos, que el unx no funcionaba sin la otrx. Cacha se reía fuerte, como el emoticón de Messenger al que le faltaba un diente en frente.
Se lxs veía armando kilombo entre los pasillos y eso alertó a los de seguridad. Monchi se llevó el pescado al pantalón, y con movimientos pélvicos híper exagerados hacía como si éste estuviera vivo. Vagando en su pecera de jeans ajustados al lado de su miembro viril. Y cuando creyeron que se lo robaría, le vinieron encima dos morochos gigantes a averiguar qué lo que etába pasando yera´a?!?!?. Acá somos una tienda de familia. Ete no é para dó puto como utéde. Retírense ahora.
Un nervio furioso activó a los demás dentro del cráneo de Cacha, quien le propinó una feró trompada al homofóbico laburante, mientras Monchi se sacaba el pescado a través del cierre y remataba la golpiza ante los ojos castos de una niña que venía sentada en el carrito de compras de su madre y nunca había visto salir nada de 36 centímetros de longitud de los pantalones de nadie. Mientras los criminales escapaban por la puerta principal con cientos de boludeces robadas para el camino.