Detesto las preguntas reduccionistas: ¿mar o montaña? ¿Europa o América? ¿Noche o día? Y en especial, la peor: ¿Cuál es su libro preferido? La peor, porque obliga a una simplificación de algo tan complejo como sagrado. ¿Cómo contestar en un segundo un nombre, sin caer en la injusticia primero, y en el arrepentimiento después, al omitir tantos libros y escritores amados? Sin embargo, si la situación, por equis razones (cortesía, amistad, piedad ante la simpleza del enigma) me impone un nombre, diré El extranjero… y secretamente les pediré perdón a todos mis otros dioses
Albert Camus

















