Quizá me haga falta un Snorkel.
Pondré mi corazón en un arca maltrecha, donde también quepa la poca dignidad que me quedó después de ti, y a su lado tenga lugar mi orgullo magullado; le haré cabida a lo aprendido a ver si me hace falta para después, tendrá un espacio el sentido común que habÃa dejado de lado de capricho, y en un rincón quedará mi fe burlada por creer en ficciones antojadizas. Habrá un sitio para la razón que, de puro gusto, caso omiso le hice; obviar lo evidente fue solo de narciso. Subirá a bordo la lógica y todas aquellas cosas que ignoré, o más bien tenÃa presente, pero en mi terquedad desprecié. La cordura se instalará donde pueda después de la ignominia que sufrió; la vergüenza es solo mÃa, aunque de nada me sirvió. En algún lado se posará el coraje que nunca ejercà y dejaré un área para atar los cabos sueltos que en su momento desestimé por cobarde, quizá para tomar conciencia nunca es demasiado tarde. Dejaré una zona para el beneficio de la duda que di por innecesario, y es que siempre la credulidad a lo idiota te vuelve un potencial producto incendiario. Algo de esperanza también tendrá su recoveco, aunque el miedo sea el huésped que duerma a su costado. Volverá la sensatez y se acomodará sobre mi herida, y aunque esta arca maltrecha tenga grietas y filtraciones que no sella ninguna resina, ya veremos si sobrevivimos ante el diluvio que se avecina. Memoria Selectiva.














