La historia de la princesa Hase y su madrastra Terute: Primera parte
El deseo de Toyonari y Murasaki.
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Gracias a la intervención de Kannon, el príncipe Toyonari y la princesa Murasaki concibieron a una hija a la que llamaron Hase, pues en aquella población se encontraba el templo en el que oraron todos los días solicitando el milagro de convertirse en padres.
Durante el embarazo, los futuros padres se encargaron de conseguir a los mejores maestros para su hija. Cuando la niña pudo ponerse en pie y balbucear, comenzó con sus clases de música, poesía y declamación. Con el tiempo, la niña creció y se convirtió en una mujer muy talentosa para el koto y la escritura de poesía, además de ser bondadosa y alegre.
Hase era famosa en todo Japón. Siempre que Toyonari y Murasaki tenían invitados en su palacio, la princesa era la encargada de deleitarlos con sus exquisitas interpretaciones de koto. Así, poco a poco se fue dando a conocer, y las historias sobre ella no tardaron en llegar al palacio imperial.
Una tarde soleada, Murasaki murió. Mientras Toyonari y Hase lloraban desconsolados por la muerte de la amorosa esposa y madre, recibieron una misiva imperial: Hase era invitada a tocar el koto frente a los nobles miembros de la corte del emperador y la emperatriz. Padre e hija depusieron su dolor para prepararse, pues aquel no sería un acontecimiento cualquiera.
Entre ensayo y ensayo, Hase dedicaba su tiempo libre a transcribir sutras, con la esperanza de que su madre Murasaki alcanzara el paraíso de Buda. Por su parte, cansado de la soledad de su lecho, Toyonari se volvió a casar con una mujer de nombre Terute.
Aunque era hermosa, la mujer era superficial y su único deseo era desposarse con un hombre rico como Toyonari. El único defecto que tenía él era ser padre de una educada dama como Hase, que le significaba un obstáculo. Siempre que Terute ambicionaba algo, su hijastra intervenía en favor de preservar la templanza y austeridad de su padre. Además, ella era un recordatorio de que Toyonari ya había tenido una esposa a la que amó en demasía, y ello la hacía sentirse celosa. En un intento por hacer que su esposo olvidara a su antigua mujer, Terute no tardó en quedar embarazada.
Todos los sirvientes del palacio de Toyonari y la propia Hase pensaron que el carácter de Terute se templaría con la llegada de su primogénito, pero no fue así; se volvió aún más celosa y su desdén hacia Hase creció desmedidamente. Siempre estaba pendiente de cualquier oportunidad que le permitiera opacar y molestar a la muchacha; en una de esas, Terute se incluyó en el concierto de koto que se daría en el palacio imperial. Ante el escptisismo de su esposo y su hijastra, la mujer se defendió insistiendo en que podía acompañar la melodía del koto con la flauta. Aunque no sabía tocarla, en el mes que quedaba antes del concierto, se esforzó por superar la maestría de Hase, que había dedicado toda su niñez y juventud en dominar el koto y la declamación.
El día del concierto había llegado. Toda la familia de Toyonari se dirigió al palacio imperial , donde se tenía preparada una magnífica velada para los aristócratas del país. En los jardínes se dispusieron hermosas telas bordadas para que los nobles comieran bocadillos, bebieran sake y jugaran kemari mientras se deleitaban con la música. El emperador y la emperatriz aguardaban expectantes detrás de un biombo decorado con los emblemas del imperio.
Hase y Terute aguardaban nerviosas la señal del maestro de ceremonias: tras el gesto que anunciaba el inicio, Hase acarició suavemente la primera cuerda de su koto. Pronto, Terute se le unió con la flauta. Al cabo de unos minutos, se hizo evidente que la mujer no era buena con el instrumento: constantemente se equivocaba de notas, se quedaba sin aliento e intervenía cuando no debía. Hase se esforzó por guardar la calma y continuó con su interpretación dando lo mejor de sí. Los aristócratas, todos ellos educados en la música, desaprobaron a Terute, pero halagaron a Hase, que demostró tener experiencia y, sobre todo, sensibilidad para tocar piezas clásicas con elegancia y maestría.
Los sonidos incoherentes de la flauta eran tantos que Hase se detuvo unos instantes y cesó la vibración de su cuerda. En ese momento que no se escuchó la melodía, Terute tocó una nota falsa que se notó demasiado. Enfadada y avergonzada, la mujer no tuvo más remedio que pararse y retirarse. El concierto finalmente terminó con un estruendo de aplaudos y halagos para Hase.
Terute estaba furiosa, pues consideró que Hase lo había hecho a propósito para humillarla; no se daba cuenta que en realidad toda la culpa era suya, por entrometerse en el concierto sin saber tocar apropiadamente un instrumento musical. Decidida, planeó vengarse de su hijastra y deshacerse de ella de una vez por todas.
Continuará...
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