"No hay que tenerle miedo a los muertos. Hay que tenerle miedo a los vivos".
— A.P
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"No hay que tenerle miedo a los muertos. Hay que tenerle miedo a los vivos".
— A.P

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A menudo me encuentro haciendo cosas de la vida cotidiana, rutinaria... y pienso en la persona que me crío y con quien crecí. No fue uno de mis progenitores, sino más bien que era mi abuelo. Aunque, con el tiempo comencé a decirle "papá".
Siempre lo vi ser un señorón, es decir, muy elocuente, recto, con una postura firme, totalmente erguida. Nunca se encorvaba, no agachaba la cabeza, si era necesario se agachaba y se ponía a la altura. No colocaba los codos sobre la mesa.
Además de su postura, tenía una manera muy formal al hablar (supongo que debido al cargo en su puesto y a su entorno). Tenía una letra cursiva con unos firuletes increibles.
Siempre estaba prolijo, bien arreglado, con su traje, afeitado o con la barba prolija y bien perfumado. Podía sentir su olor a la distancia, muchísimo antes de que apareciera.
Ya de anciano y entrado en la enfermedad, vivía de pijama y ropa cómoda. Pero aún así, mantenía su postura corporal, su elegancia al hablar. Siempre caballero y muy respetuoso (aunque un poco... bastante, racista). Sí, así era el abuelo. Era un tipo muy bueno, pero de vez en cuando se le chiflaba el moño y tiraba unos comentarios muy por demás.
Yo lo veía reir, joder, contar anécdotas graciosas de su vida, tontear con mi abuela, jugar conmigo (en una edad en la que yo le llevaba comida hecha de barro robado de las macetas de su jardín). Pero... aún así no perdía su postura... es decir, no se relajaba.
En esas anécdotas que contaba él o las que contaba mi abuela, siempre recordaban sus días de juventud y las cosas que solían hacer, decir y compartir... en esas anécdotas sonaba como el típico pibe de barrio. Salía a jugar a la pelota con los vecinos, se ensuciaba de barro, se trepaba a los árboles para robarles naranjas e higos al vecino, se peleaba con su padre, era rebelde, se compinchaba con los hermanos para hacer travesuras...
Pero bueno, a mi no me tocó esa faceta suya, sino una más adulta, seria, formal, responsable y madura.
Y es por eso, que a menudo pienso en él y me pregunto si él también haría, tal vez en privado, estupideces como yo, o por lo menos si las habría hecho de joven... por ejemplo, yo recién estaba comiendo una porción de flan que me quedó de ayer. Estaba comiendo en silencio, mirando por la ventana de la habitación el patio. Cuando ya solo quedaban los últimos dos pedacitos en el plato, el primero me costó mucho agarrarlo, casi que lo pasee por todo el plato hasta que logré cargarlo con la cucharita... en el segundo se estaba repitiendo la misma situación, cuando resolví que era más eficiente inclinar el plato cerca de mi cara y con los labios subir el pedacito a la cucharita para podermelo comer. Esto lo hice sin pensar. Solo... salió. Y cuando me di cuenta me reí sola, por lo raro que fue... en realidad podría haber inclinado el plato cerca de la cara, y con la cucharita empujar por el borde el pedacito de flan y comerlo... pero bueno.
Después de eso me quedé un rato largo mirando por la ventaba pensando: ¿Qué hubiera opinado él de esto?. Sé hubiera reído?, me habría dicho "eso no es propio de una señorita" como me decía en ocasiones... me hubiera mirado con desilusión? con desaprobación?... le habría recordado a su juventud?... imposible saberlo.
A veces hago cosas raras, torpes, sin sentido. Y ahí aparece ese pensamiento que me castiga un poquito, pero también me llena de curiosidad hasta llegar a la bronca que me da no poder resolver nada, no poderselo preguntar. 😔