A los #clickdeplaymobil les encanta ir de #tabancos. Foto: @tioguti #finoenrama #urium (en Tabanco Plateros) https://www.instagram.com/p/BvrJ33DHd7v/?utm_source=ig_tumblr_share&igshid=1ai2bg9uyck8l

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Camino a la perdición
Ha llovido pero lo recuerdo como si fuera ayer. Hubo un tiempo en que también fui becario. Entiéndase lo anterior no como aprendiz de periodista (que sigo siéndolo) sino como sinónimo de trabajador en prácticas con salario miserable y chico para todo… para todo tipo de marrones (que sigo siéndolo). No obstante, he de decir que aquello no lo recuerdo como un marrón. Al contrario más bien. Uno de los jefes me reclamó de pronto y con su habitual tono cáustico e irónico me encargó un reportaje a doble página, “con buenas fotos”, sobre la decadencia y el peligro de extinción que corrían entonces aquellos establecimientos tan míticos y tan propios de Jerez como son los tabancos. Desechada ya la idea de convertirme en corresponsal de guerra, acepté la cosa como un reto mucho menor pero igualmente apasionante. Recorrí los pocos que iban quedando en el centro. Salteados, apenas quedaban tres o cuatro como mucho. Me sonaba el Gallego, en la calle San Agustín, repleto de jóvenes en las noches de Semana Santa aunque que a esas alturas estaba ya cerrado.
Pronto vi que el más auténtico era el del Nono. Junto a la antigua espartería familiar en la plaza del Arenal, resaltaba su espléndido mostrador de madera labrada (qué habrá sido de él) y su suelo de cáscaras de cacahuetes y altramuces. Y por supuesto, su robusta andana al fondo, como un decorado. Toritos, soles y sombras, morenitas… Exclusivamente vino, únicamente hombres y su eterno cartel de ‘Prohibido el cante’. Su dueño vendió el inmueble en tiempos de ‘boom’ inmobiliario (por cierto, ahí sigue el solar vacío y tapiado), decidió cerrar el local y pasar para los restos una plácida jubilación. Una manera lógica de poner punto y final a la historia de El Nono, un tipo que recuerdo circunspecto y con cara de malas pulgas. Lógico, también, si de terciar con borrachines día y noche se trataba. El caso es que tras el ‘estudio’ de campo, me puse a escribir y titulé aquel reportaje ‘Camino a la perdición’. Pronto hará de aquello una década y la verdad es que pienso que no pude estar más equivocado.
Quizás sí se perdieron como se conocían hasta entonces, pero la noticia aparecida esta semana de que incluso el modelo tabanquero jerezano se ha exportado a Sevilla deja en evidencia que no sólo aquel espíritu sigue intacto, sino que el renacimiento y reinvención de esos locales, muchos de ellos tugurios de mala muerte, se ha convertido en una inmejorable oportunidad de negocio. En Jerez han brotado como setas en cuestión de dos años a esta parte: algunos nombres emblemáticos han revivido, han surgido otros de nueva creación, y otros han hecho que el modelo, como decimos, haya dado el salto allende nuestras fronteras. A este paso, y con la creciente ola de emigración al extranjero por culpa de la crisis y el paro masivo, no sería de extrañar que El Pasaje abriese una sucursal en Picadilly Circus o que la tasca San Pablo montara una franquicia en Alemania. Allí es probable que tuviesen jerezanos para hacer de parroquianos a la salida de sus trabajos en hoteles y restaurantes.
Estos neotabancos ofrecen ahora actuaciones de flamenco en directo, vinos tinto, cubatas de garrafón y hasta tapas de ensaladilla y ali-oli. Siguen primando los buenos caldos de Jerez a granel aunque no tienen nada que ver con lo espartano y sobrio de antaño. Sin embargo, la esencia del negocio pervive y esta ‘new age’ de los tabancos debe necesariamente justificarse en algo más que en la importancia de los precios bajos en tiempos de recesión y contención del gasto. O puede que sea más simple aún: quizás solo sea una moda temporal en este Jerez tan dado a la novelería y la fiebre pasajera. ¿Consecuencia? Probablemente más temprano que tarde algún aprendiz de periodista vuelva a titular algo parecido a aquello de ‘Camino a la perdición’ y todo vuelva a empezar. ¿Algún becario, algún joven periodista? De repente pienso que pronto será más fácil que se hayan extinguido las redacciones, y por extensión los becarios, que esos templos del buen y mal beber que siguen representando los tabancos. Eso sí, al menos nos quedará un sitio ‘low cost’ en el que ahogar las penas. Por mucho que prohiban el cante.
25-10-2013
@pacomugica