«Y esto nos lleva de nuevo a la función del velo en el Islam: ¿qué pasa si el verdadero escándalo que este velo se empeña en ofuscar no es el cuerpo femenino oculto por él, sino la inexistencia de lo femenino? ¿Qué pasa si, por consiguiente, la función última del velo es precisamente sostener la ilusión de que hay algo, lo sustancial, detrás del velo? Si, siguiendo la ecuación de Nietzsche de verdad y mujer, trasponemos el velo femenino al velo que oculta la verdad última, lo que verdaderamente está en juego en el velo musulmán se hace aún más claro. La mujer es una invitación porque representa la “indecibilidad” de la verdad, por una sucesión de velos debajo de los cuales no hay ningún núcleo último; al velarla, creamos la ilusión de que hay, por debajo del velo, la verdad femenina, la verdad horrible de la mentira y el engaño, por supuesto».