Au revoir...
seen from Belgium
seen from United States

seen from Kenya

seen from United Kingdom

seen from China

seen from China
seen from United States

seen from Poland
seen from United States
seen from China
seen from United States
seen from France
seen from China

seen from United States
seen from Serbia
seen from Lithuania
seen from United States
seen from Japan
seen from Panama
seen from Russia
Au revoir...

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
Callejón Knockturn.
Evangeline que caminaba ahora junto a Theo, dio un bote al ver que un muchacho, que nada encajaba en ese cuadro, se paraba ante ellos. Le miró con curiosidad y después desvió la vista a sus hermanos, preguntándose mentalmente si era el dueño de la tienda a la que iban.
Theo vio al 'tipo' que se les cruzó, tenso. Les miraba como si les conociera de algo pero el muchacho recordó que no sabía quién era... Fuera quien fuera.
La mirada de Bastien se topó entonces con la del auror que le acució a preguntas hacía ya unos días. Quería gritar pero no le salían las palabras de sus labios. El tiempo pareció pararse. Su corazón galopaba en su pecho. "¿Se ha apagado la luna? Oh, Mon Dieu, nos han pillado".
La última salida.
Fuera había dejado de llover, pero el frío era el dueño y señor de las calles. Evangeline, portando de nuevo su máscara, se aferró de nuevo a su abrigo y aguardó a que sus hermanos terminaran de abrigarse para poder salir hacia el Callejón Knockturn.
Necesitaban más Poción multijugos, si querían seguir con la apariencia de Stephen, Tom y Aria respectivamente.
- ¿Os queda mucho? -Cuestionó la joven poetisa mientras se ponía los guantes.- La noche ya ha caído.
La sospecha.
- ¿Estás seguro de que era aquí? La auror señaló el piso al que Teddy la había conducido. Se ajustó la bufanda que llevaba y se dedicó a mirar la fachada con interés antes de mirar a ambos lados de la calle. Sacó la varita que tenía escondida en el puño de su abrigo y tras susurrar "alohomora", la puerta se abrió y les permitió el paso a su compañero y a ella.
El joven francés cerró la puerta del apartamento, asegurándose de dejarla bien cerrada. Ataviado con una gabardina color café en cuyo bolsillo guardaba sus obras reducidas, se disponía a ir a las calles muggle del viejo Londres a probar suerte en sus ventas. Bajó las escaleras con su habitual parsimonia, encontrándose en el rellano a una pareja que nunca antes había visto.
- Buenas tardes. -Musitó al pasar a su lado.
El cielo de París y el payaso sonriente.
El pintor se encontraba en Hogsmeade, en aquella plaza fugazmente iluminada por varios faroles repartidos de forma desigual. La luna no brillaba, las nubes cubrían con su manto grisáceo todo atisbo de este astro en aquella noche otoñal.
Bastien se encontraba en el mismo lugar donde hacía exactamente siete días había visto a la chica rubia, aquella que le compró el cuadro de la costa, y cuyo nombre no era capaz de recordar el joven en aquellos momentos. En teoría, ella volvería a pasarse por allí aquel viernes. Sin embargo, hacía ya más de una hora que tanto la plaza como todo a su alrededor habían quedado en un ambiente desértico.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
El arte de la pintura.
La noche era fría a la par que solitaria: viento aullante, manos heladas, calles vacías, luces tenues, murmullos en la lejanía.
Bastien se encontraba apoyado de espaldas sobre un farol, con las manos en los bolsillos de su chaqueta y la vista perdida en algún lugar de la plaza. Un charco a su derecha reflejaba aquella figura que no era suya, aquel rostro que había tomado prestado, que bien podría considerarse más un robo que un préstamo. Podía ver la ropa estrecha del antiguo pintor que ya no era. Sus obras se encontraban expuestas en la acera, sobre un manto grisáceo. Obras que no estaban firmadas, por supuesto.
La cabeza aún le daba vueltas al joven, la poción multijugos siempre le dejaba aturdido. Cuando ya pensaba que nadie más aparecería por el lugar, una muchacha joven y radiante se acercó hasta el pequeño puesto improvisado.