Sin decirse nada
Se vieron desde lejos, ese cruce de miradas que pareció durar minutos no fue más que un segundo que desapareció entre cientos de miradas ajenas cruzándose al unÃsono.
Pero no fue asà para ellos.
No bastó con esos ojos que se encontraban a la distancia.
Él caminó hacia ella pensando en qué le dirÃa, sin decidirlo y con miles de opciones inseguras por elegir en un trayecto de no más de diez segundos.
Ahà estaban los dos, parados frente a frente, mirándose sin decirse nada.
Él tomó aire para decir unas palabras.
Ni siquiera era consciente de lo que dirÃa, no habÃa podido pensar en qué decirle, mucho menos al verla tan de cerca.
Quedó atónito y en segundos recorrió su rostro entero con sus ojos, recordando el dulce de mirada, la suavidad de su piel, el sabor de boca, la ternura de su voz…
Ella no dijo nada, no pensaba decir nada.
No necesitaba decirle nada.
Levantó su vista lentamente a medida que dibujaba una sonrisa de reencuentro en su boca.
En sus ojos podÃa verse todo lo que pasaba por su mente en ese momento.
Tomó sus manos, las apretó fuerte mientras él no paraba de fijar su mirada en sus ojos y boca.
Estaba muerto por besarla otra vez.
Ella cerró y apretó sus manos a medida que se acercaba aún más lentamente hacia él.
Ambos se besaron y en ese momento todos los recuerdos más lindos que siempre quisieron repetir pasaban por sus cabezas.
Él la tomó por las mejillas con ambas manos sin dejar de besarla.
Ella no hizo más que abrazarlo fuerte sin querer soltarlo jamás.
Ambos separaron sus bocas un momento para mirarse a los ojos.
Siguieron sin poder decirse nada.
No necesitaban decirse nada.
J.S. Nin.










