Compartimos con ustedes la presentación leída el día del lanzamiento por el poeta Carlos Cociña. De simio a simio, ambos poetas disfrutaron conocerse y compartir la alegría de la publicación de nuestro querido Mario Montalbetti en Chile que inaugura nuestra colección de poesía “Resistencia en la tierra” donde publicaremos a autores hispanoamericanos.
Simio meditando (ante una lata oxidada de aceite de oliva) Mario Montalbetti.
Una de las maneras de leer poesía es acercarse a ella sólo con la experiencia de los hechos lingüísticos expuestos y el propio conocimiento del mundo. Al abordar así el libro Simio meditando (ante una lata oxidada de aceite de oliva) de Mario Montalbetti, te encuentras con textos que hacen vibrar una experiencia sensitiva, al mismo tiempo que despliegan un conocimiento, una referencia,
sin embargo,
hay un amplio resto que no logras percibir, pero que claramente está en múltiples capas transparentes, que en su transparencia opacan, y generan espesor en momentos ininteligible.
Es el propio texto el que se hace cargo de ello, cito:
Como si fuera posible hacerlo
Como si fuera posible salir
estar afuera
no tengo dominio
y ese dominio apunta, cito:
un instante terroso de atenta incomprensión
El no dominio puede apuntar a la posibilidad de ni siquiera decir algo acerca de una taza de café que se bebe, que se ve entre palabras antes de ser emitidas. Por eso, cito:
el tiempo puede ser un desierto
donde tiempo puede ser el lenguaje, del que “no puedo (se puede) decir mucho más”
Esto ocurre en los poemas denominados Sabogal, quizás en referencia al pintor José Arnaldo Sabogal, calificado como indigenista, quien pide mirar hacia al mar interior y no al mar exterior, mares que son visuales, y que aquí se trasmutan en el desierto del lenguaje.
Así, incluso en esta mirada primaria de los poemas, aparece la metalingüística, que se puede leer en construcciones como, cito:
Pensamos que habíamos vadeado el río
pero fue el río el que nos vadeó.
Y más adelante agrega, cito:
Ha llegado el momento de caminar y no hacer camino
y más aún, cito:
Tengo un camino que sigo y otro que hago
y ambos sobran.
La lengua se construye así misma, y por lo mismo, el río de Arguedas puede ser huraño en Eliot.
Por lo mismo, una única posibilidad, si no única es, cito:
simio a simio
En estos poemas se plantea que no hay que decir nada, es más, qué es lo que no hay que decir está aquí expuesto como si para estar en ello, el lenguaje tiene que dejar de serlo, cito:
El único homenaje del lenguaje a este mundo es llorar a destiempo
Esta escritura no se conforma consigo misma, se tensiona cuando parece haber logrado asentarse, se despliega anulándose, en un constante desdoblamiento, en un apelar a su fragilidad, siendo esta lo que lo constituye, como objeto cierto en elaboración.
Arábica, que inicia el libro, parece un espacio móvil que se acerca a los contornos, también escurridizos de lo que se nombra. Le sigue, Sabogal, que interpela al lenguaje en su propia emisión, incluso en su canon, ironizándolo sin sarcasmo.
Entre los poemas que componen este libro, en Vietnam, se auscultar lo que puede fluir apartado del lenguaje, que en sus contradicciones revela lo que no se puede nominar. Ese puede ser su sistema binario que lo estructura.
Finalmente, tomamos este último,
hasta ahora,
libro,
y hacemos un espejo con un poema del primer libro publicado, Perro Negro, el poema Quasar:
Con este simio meditando, que ha ocupado todo el aceite de una de los fluidos de nuestra lengua, sí se puede apelar al pequeño tigre, espetándole que no se ha engendrado una metáfora inútil, pues no se ha engendrado ninguna metáfora, y esta es la unidad lingüística mínima, básica de esta escritura.
Es notable que este acto de los mellizos, Cástor y Pólux, en su primer caballo de fuerza de resistencia en la tierra latinoamericana, desaten la lengua con el extraordinario libro de Mario Montalbetti.
Santiago de Chile, septiembre 2016
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