Suzuki Jimny

seen from United States
seen from China

seen from Türkiye

seen from Germany
seen from United Kingdom
seen from United States
seen from Malaysia

seen from United States

seen from Germany
seen from Germany

seen from United States

seen from United Kingdom

seen from Malaysia
seen from India
seen from Germany
seen from Germany

seen from Italy
seen from Singapore
seen from United States

seen from United Kingdom
Suzuki Jimny

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming
75.) My Tzfat (Safed) sweater, featuring the old city that today is home to an a marketplace of artists. Picture taken in 2016. #sambarsky #sambarskysweaters #sambarskyknitter #knit #knitting #knitter #art #artist #sweater #intarsia #handknit #tzfat #safed #sefad #sefat #safet #zefat #zafet #zfat #israel #shuk #market #art #artmarket #artmarketplace (at Tzfat Old City) https://www.instagram.com/p/CTKxeUALnwM/?utm_medium=tumblr
keep the shabbas rollin’
A N. acababa de dejarle su prometida, a pocas semanas de la boda. Se arrastraba por la vida con su voz de fumador de Ducados y su kipá lila. Le deprimía todo lo que veía en Israel. Era un aprendiz de rabino de Massachusetts, se definía como antisionista pero su formación le exigía pasar tres meses en la ciudad santa. Durante nuestra primera birra en un etíope de Jerusalén dibujó en una servilleta la progresión de su desengaño amoroso. No era una recta ascendiente sino un barullo que subía bajaba y a veces volvía a la casilla cero.
Un viernes cogimos un bus y nos plantamos en Safed, cuna de la cábala, poco antes del inicio del shabbat. No habíamos planificado nada, yo porque soy yo y él porque iba como narcotizado por la depresión. Quizá confiaba en la hospitalidad ilimitada que muestran los judíos entre ellos. Al llegar nos sentamos a beber cervezas, sin intención de explorar, entre mujeres ultraortodoxas ultimando compras y nahmanim bailando tecno. En cosa de minutos las dos chicas de la mesa de al lado nos ofrecieron asilo. Estudiantes de enfermería, compartían un piso en el centro. Observantes hasta las últimas consecuencias. Me tuvieron que dejar un vestido largo para ir a la sinagoga, y callaron educadamente cuando decliné ducharme antes de ir (me había duchado esa mañana). Empezaban a dudar de mi judaicidad.
N. entró a la sinagoga por la puerta principal, la de los hombres, y nosotras fuimos por un puertucho trasero que daba a un pequeño cuadrado delimitado por cortinas. Era la esquina de las mujeres. Al entrar, una de nuestras huéspedes se giró para preguntarme delicadamente si era judía. Le dije que no, casi con culpa. Sacó una torá de una estantería repleta, me la dio e indicó que la siguiera. Al otro lado de nuestro cuadrado encortinado la sinagoga era una fiesta: los hombres cantaban y bailaban, se dejaban la voz, una catarsis grupal testosterónica. Las mujeres, hacinadas, coreaban púdicamente los cánticos, sentadas en filas, ojos fijos en sus torás. Intenté observar acríticamente, pero aquella cortina me perturbaba en lo más profundo. Me alivió que N. me dijera, a la salida, que había sido la peor experiencia sinagóguica de su vida: “I can’t have a spiritual experience in a place where women are treated like subhumans”.
Cenamos en casa de un matrimonio que nos pescó por la calle. Jubilados, con seis hijos esparcidos por asentamientos del país. Un póster del segundo templo en la pared. Decían cosas como “El pueblo judío no es consciente de sus derechos sagrados sobre este territorio” y “Volveremos a construir el templo”, según apunté en una libreta. Estaban en Safed de visita: habían sido colonos en Gaza y después de la expulsión levantaron una colonia ilegal junto a la frontera egipcia. Desde ese rincón incomunicado contribuían a la conquista de Eretz Israel. A N parecía que iba a explotarle la cabeza en su esfuerzo por ser diplomático.
Nos escabullimos y deambulamos hasta la madrugada. La hierba y el frío y una especie de desesperación compartida mantenían a flote la conversación. Fue ahí cuando me explicó que alguna gente se salta la havdalá, el ritual que marca el fin del shabbat, y alarga la fiesta unos días. “They keep the shabbas rollin’”. En Safed, sus calles empedradas y personajes cavilantes y ambiente onírico, un shabbat de duración indefinida tenía todo el sentido del mundo. Dormimos en casa de las chicas, que nos habían dado una copia de sus llaves.
Al día siguiente, comiendo con ellas, la conversación nos llevó a sus orígenes familiares y de ahí a la política. Las dos venían de familias de colonos; una había vivido en un asentamiento en Gaza hasta la evacuación de la franja en 2005, la otra en Jerusalén Este y Hebrón. Eran del tipo mesiánico fundamentalista. Eso puso de los nervios a N. En un momento dado les soltó que la biblia la habían escrito unos señores y no un poder invisible. Le contestaron que era un rabino de pacotilla. Pronto sentí el cansancio existencial que seguía a muchas conversaciones en aquel lugar. El padre de una de ellas había sido atacado por un palestino de Askar, un campo de refugiados en Nablus, que intentó acuchillarle a la salida de un asentamiento. Sobrevivió con heridas superficiales. Yo recordaba bien ese ataque: había estado en Askar poco después de que ocurriera y los niños del campo reivindicaban con orgullo al atacante, ya encerrado en una cárcel israelí.
En algún momento todos cedimos y nos pusimos a hablar de cualquier otra cosa. Seguí pensando en ellas durante semanas, su amabilidad, su higiene extrema, la dedicación con la que observaban el shabbat, el odio visceral contra los árabes y la determinación de dedicar su vida a la colonización de Palestina. Volvimos a Jerusalén algo abrumados y sin hablar mucho durante el camino, ni en las semanas siguientes, cada uno de vuelta a su casilla cero.
Places you see, when you travel the North // November 2016
Tzfat, Israel.

Anya is live and ready to show you everything. Watch her strip, dance, and perform exclusive shows just for you. Interact in real-time and make your fantasies come true.
Free to watch • No registration required • HD streaming