Ayer vi banderas colgadas.
No en gesto de apoyo y unión ciudadana sino cómo enfrentamiento y recordatorio. De imposiciones.
Estamos creando ciudadanos de primera y segunda. Y tercera, cuarta...
Cuándo tus exigencias al estado implican menos derechos para otra persona, no estás siendo democrático. Estas menoscabando el significado de ser una persona y ciudadano con derechos dentro del mismo país que tu en base a tus preferencias.
Si ya de por si da asco y hastío ver que los que nos gobiernan hacen la vista gorda ante esas situaciones, protegiendo al abusón frente al abusado, más triste y degradante es ver a vecinos, compañeros gente que son iguales, jaleando esas actitudes, exigiendo y aplaudiendo castigos que no aceptarían para ellos, "los suyos", por ser excesivos y sin sentido.
Hoy hablando con mis progenitores, hacía incapié en que precisamente existe mucha gente de este tipo. Mi padre dijo que eran 4 gatos.
A los 15 minutos, entrando en el vagón del metro, nos encontramos a una pareja con las banderas del aguilucho. A nuestra derecha, ironías de la vida.
Esta tarde antes de volver a Salamanca hemos vuelto a hablar del tema. Siguen sin ser tanta gente. A pesar de ver fotos de la que fue mi Plaza Mayor llena de abanderados del desprecio. A pesar de que reconociese a vecinos en primera fila.
Lo que se ha hecho hoy es represión. Es quitar la posibilidad de elegir, de opinar sobre el hogar de uno mismo. Igual me da, sí, no.
Poder decir estoy aquí y quiero dejar constancia de ello.
Decir que se es equidistante en este tema es cómo los que piden que los fascistas puedan llevar sus exigencias al estado. Hay uno de los lados que mina la libertad y dignidad del otro.
¿Por qué coño siempre se defiende al que perjudica?
Desde mi casa, en tierras madrileñas, no me salpica lo que ocurre. Y sin embargo...
Nadie debería ser ahogado por el estado como hoy está ocurriendo.
España, país de zarzuela y castañuela, la vergüenza el sentimiento nacional.