Cerca de muchas ex colonias británicas, Laos deja ver inmediatamente su influencia como ex colonia francesa. Los puestecitos para comer o beber abundan y esa "vida de rincones"; inunda el centro urbano de Luang Prabang, que es una mezcla de pequeña ciudad con campo. Por ello podemos ver por todos lados cómo la vegetación se entremezcla con las construcciones y cómo el Mekong atraviesa estas tierras con sus aguas oscuras - aunque no contaminadas - .
La celebración, el canto y el baile se ven tanto en la calle, como en las casas...y las personas, a diferencia de Tailandia o Vietnam, no se estresan ni enojan si es que no quieres tomar su Tuk tuk, o comprarles sus artesanías.
Fuimos espectadores de dos espectáculos de bailes típicos y de un atardecer desde el Phu Si Hill donde vimos el sol desaparecer tras los cerros sobre el Mekong. Además disfrutamos de las miles de estatuas de budas de distintos tamaños y formas que se encuentran depositados en la Pak Ou Cave.
Si bien Laos tiene una identidad propia, no podemos dejar de decir que está muy invadida por el turismo, lo que hace que muchas calles se llenen de puestitos de souvenirs. Sin embargo, esto nos deja ver gran parte de sus tradiciones reflejadas en sus formas de trabajar la madera, las telas, la piedra, entre otros.
Las cataratas Kouang Si se encuentran en un precioso parque natural situado a tan sólo 25 kilómetros de la turística Luang Prabang. Con un pequeño Zoo donde viven doce osos, lo que más destaca son sus caminitos de tierra en medio de la naturaleza que conducen a unas pozas hermosas de aguas turquesas y a un sin número de cascadas. Si se logra subir los senderos o trepar por el cerro, es posible llegar a la fuente de todo esto: el comienzo de la enorme caída de la catarata principal, que ha dado la fama a este lugar. Caminamos entre las aguas antes de su caída, temiendo ser atacados por insectos acuáticos, pero salimos ilesos. Toda una aventura.
Visitamos también a Little Pou Pou en la aldea de niños SOS, donde fuimos recibidos con los brazos abiertos por sus compañeros de pieza y encargados. Con una comida típica pudimos disfrutar de canciones y bailes que nos hicieron los niños llenos de alegría. Han hecho rendir cada ingreso que les ha llegado, pues la aldea SOS se encuentra en muy buenas condiciones.
Finalmente llegamos a la capital de Laos, Vientiane, donde presenciamos la influencia francesa en todo su esplendor. Almorzamos a orillas del Mekong, alucinamos con el Buddha Park y sus miles de estatuas y subimos al Patouxai, arco de triunfo, que nos brindó una hermosa vista de la ciudad.
Si quisiéramos resumir cómo Laos se presentó ante nosotros, diríamos que este país es simpleza, naturaleza, celebración, amabilidad de la gente y un ritmo de vida absolutamente relajado en un mundo dominado por el budismo.