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Llegó a la sala dejando caer sobre la mesa un enorme libro de pociones, con un resoplido cansado. — Sirius Black... — dijo su nombre, haciendo hincapié en el apellido, con fingida molestia en la voz, intentando parecer firme. — No me puedo creer que le hicieras eso a Snape. Y lo que es peor ¡No me puedo creer que me convencieras de encubrirte! — se quejó sentándose al lado del chico, con el ceño levemente fruncido. — Soy un prefecto, si siguen castigándome por tu culpa me van a quitar el puesto.












