Historia de la pequeña con la mirada más bonita del mundo
(equipo de Mendoza)
En el 2016, justo en la esquina de la casa de mis padres que queda cerca de unas plazas, una camioneta municipal tiró varias perritas recién esterilizadas. Tenían el vientre todavía sensible con las heridas recién cerradas con puntos.
Ese montón de perritas se dispersó en poco tiempo, algunas fueron rescatadas por refugios de aquí y otras fueron a tránsito, pero una de ellas quedó sola, cosa rarísima porque es hermosa, completamente de color negro brillante y con la mirada más bonita del mundo.
Por suerte un día, se encontró con mi hermana que volvía de sus actividades a casa. Ella automáticamente conectó con la perra. Cuenta ella que simplemente supo que su nombre era India, y cuando se lo dijo en voz alta movió la cola y parecía encantada.
Hemos tenido otros animales no humanos en casa, pero tras la muerte sentimos tanto dolor, al punto que mi mamá decidió no tener más animales.
Cuando llegó India (o “Negra” para los amigos) se ganó a todos de inmediato y aunque aún no podíamos hacerla entrar a casa o llamarla parte de nuestra familia, se notó el cambio que hizo en mis padres. Mi papá, con su resistencia y todo a adoptarla, estaba construyéndole una casita de madera y chapa, la que atornilló en la vereda. Mi mamá incluía alimento para ella en la lista de compras e insistió en llevarla al veterinario por sus heridas de la operación. En esa visita de "solo heridas", terminamos poniéndole algunas vacunas y firmando su nueva libretita de controles.
Hoy hace años que vive con nosotros, la protegen las paredes de la casa y nunca le falta comida ni cariño.
Antes de la cuarentena, salía todos los días a la calle a andar con grupos grandes de perros callejeros y jugar en los espacios verdes, a recibir caricias y regalos de todos los vecinos (hasta llegó a tener sobrepeso por un tiempo).
Ella siempre va a ser una callejera de corazón, pero ahora lleva nuestro apellido y siempre tiene casa donde volver. La amamos con toda nuestra fuerza y no nos arrepentimos ni un poco de haber recibido esos ojos llenos de travesura e inocencia en nuestras vidas.











