La escucho sonreír y me enamoro un poquito más.
Pero amigo, verla o escucharla reírse a carcajadas mientras dice cosas sin sentido, me hace reír hasta en el alma.
Cuando se ríe de sus propios chistes, cuando no termina de hablar y ya está riendo, cuando le brillan los ojos de felicidad; yo siento como que el corazón me va a explotar de amor.
Verla reírse y aconsejarme es ponerme una curita donde más me dolía. (Hasta que llegó ella).

















