Amazonía ecuatoriana
Ecuador esta dividido en tres zonas: la costa, la sierra y la selva. Habiendo conocido las otras dos, con pocos días restantes de visa, nos fuimos a conocer aunque sea un poco de la amazonía ecuatoriana. Como en otros países, las carreteras llegan hasta cierta parte, luego hay comunidades que viven dentro de la selva, donde solo se llega en bote o avión.
Llegamos a la ciudad de Puyo, que tiene un paseo turístico al lado del río muy bonito. Hay también un mirador desde donde se ve el volcán Shangay y el Chimbronazo, imponentes! No nos imaginábamos que en estas latitudes íbamos a encontrar picos nevados, pero la altura de estos volcanes es enorme. El Shangay se mantiene humeante, desde lejos se ve salir el humito de la cima.
Con ganas de alejarnos un poco de la ciudad llegamos al refugio de monos, unos kilómetros en las afueras. Ahí conocimos a Iban, el dueño del lugar y encargado del proyecto. Un suizo que llego a Ecuador hace ya muchos años, sin ninguna intención de cuidar monos, pero termino teniendo en su casa un refugio para estos animalitos. El proyecto busca darles una mejor calidad de vida a animales silvestres que rescatan del cautiverio o que quedan huérfanos tras ser cazados sus padres. Cuando es posible los reinsertan en su hábitat natural, pero lamentablemente muchas veces los animales se domestican y ya no son aptos para ese entorno. El trafico de animales si bien ha disminuido un poco sigue siendo fuerte, hay gente que se dedica a cazar animales para venderlos, y otros que los compran para tenerlos de mascotas, tristísimo.
La finca esta llena de plantas autóctonas y tiene un hermoso río donde se puede aflojar un poco el calor. Algunos monos y coatíes gozan de su libertad, mientras que a otros tuvieron que aislarlos en parques porque los machos al crecer se volvieron un poco dominantes y se producían ataques entre ellos.
En principio solo habían monos, pero con el tiempo les fueron trayendo coatíes, tortugas, guacamayas, tigrillos y otros animales que no les encontraban sitio y pasaron a formar parte del lugar. Para poder costear el proyecto, ya que no se cuenta con ningún tipo de ayuda externa, desarrollaron la parte turística. Permitiendo que la gente visite el lugar y cobrando una pequeña entrada.
Nos ofrecimos como voluntarios, para compartir unos días y aprender un poco sobre la flora y fauna de la zona. Colaboramos en la limpieza de las zonas donde se alimentan los animales, en la repartida de comida, en la reparación de algunos juguetes diseñados para los monos e incluso en la cocina. Siempre alguien se ocupaba de preparar la comida que compartíamos junto con Jonathan, Irene y Carolina que trabajan ahí.
Nos despedimos con la satisfacción de saber que hay gente que aun emprende este tipo de proyectos sin ningún fin de lucrar, únicamente por proteger la fauna del lugar.
El camino nos llevo a Macas, otra de las ciudades del oriente. Nos estacionamos en un parque muy bonito, aunque un poco abandonado. Era sábado, pero en las calles parecía el fin del mundo, no se veía a nadie. Nos contaron que la mayoría de gente por ahí busca donde escaparse el fin de semana…lo que no nos ayudaba con las ventas. Por lo general el fin de semana es cuando se puede juntar algo de plata, que necesitábamos para llegar hasta la frontera. Disfrutamos la tranquilidad, la vista al río, comimos rico en el mercado y al otro día nos fuimos a Sucua. Un pueblo cercano, un poco más turístico. Paramos en el parque principal, donde había gente vendiendo artesanías y con permiso de la policía municipal (cosa que nos sorprendió bastante), montamos la tiendita en la bondiola. Para sumar un poco más y aprovechar el tiempo muerto hicimos trufas, salieron riquísimas y vendimos casi todas! Por suerte acá la cosa estaba más movida y pudimos juntar dinero para seguir viaje. Pero antes de eso, unos días para disfrutar las bellezas que habían por la zona.
La amazonía ecuatoriana esta habitada en su mayoría por 7 comunidades indígenas. Cada una mantiene su cultura y tradiciones. Diferentes lenguas, comidas, vestimenta, etc. Algunos se mantienen aun aislados en la selva, pero otros en cambio vieron la veta turística y reciben visitantes a quienes les muestran sus danzas, viviendas, comidas, etc.
En Sucua la mayoría de los indígenas pertenecen a comunidades Soar. Sus habitantes practicaban la reducción de cabezas, llevándolas al tamaño de un puño. Se dice que en la actualidad algunos siguen practicándolo, incluso en Sucua corre el rumor de que algunos “gringos” (como nos llaman a todos los que somos de piel blanca) desaparecen porque existe un mercado donde se compran estas cabezas reducidas… a nosotros eso no nos asusto para salir a pasear!
Hicimos un paseo en bici, intentando llegar a un río pero que nos llevo a un abismo con una vista de la selva impresionante. En el camino cruzamos todo tipo de mariposas, todas diferentes! Paramos en el jardín botánico a refrescarnos y el cuidador nos invito a ver el museo, donde había todo tipo de flora y fauna del lugar. Tenían cuero de boas de unos 4 o 5 metros. Por ultimo pasamos por unas cascadas, a disfrutar un almuerzo al lado del río. Ahí conocimos al cuidador de las cascadas, Soar, que nos contó un poco sobre su cultura. Nos invito a pasar unos días con su familia, el padre era chaman y hacían rituales del Ayahuasca, San Pedro y otras plantas medicinales. Nos contó que para ellos es algo habitual, que experimentan desde muy chicos y los ayudan a limpiarse por dentro y conectarse con la madre tierra. La idea era intercambiar aprendizajes, algo que nos hubiera encantado, pero lamentablemente estas burocracias de frontera impiden que uno se quede el tiempo que le da la gana en un país. Nos recomendó que al menos fuéramos a la fundación Soar a probar algo de sus platos típicos. Ahí comimos bagre de río y probamos hormigas, que estaban tostadas, solo había que sacarle las patitas y adentro! Nos gustaron tanto que casi nos comemos todo el plato que nos convido la señora del lugar, quien además nos aseguro que son muy nutritivas!













