Yo y mi mejor amigo (platónico) tomando las clases de natación de la municipalidad
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Yo y mi mejor amigo (platónico) tomando las clases de natación de la municipalidad

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Eran las cuatro de la madrugada cuando Tulio llegó a casa, arrastrando por la puerta a su mejor amigo, quien balbuceaba tonterías incomprensibles bajo los efectos del alcohol. Si el escalofrío que recorrió su columna fue producto del relente nocturno o del roce cálido del aliento de Bodoque contra su cuello, no sabría decirlo.
Tampoco es que le importara, estaba demasiado ebrio para pensar con claridad y mucho menos para la introspección. (En realidad, nunca es introspectivo, esta muy ocupado siendo famoso).
Consideró dejar a su delirante amigo en el sofá, hasta que divisó por el rabillo del ojo unas manchas misteriosas en la camisa y los pantalones.
Recordó lo costoso que era el mueble (perdió la cuenta del precio tras el quinto cero) y lo delicada que era su tela. Pensó entonces en su cama, sus mucamas cambiaban las sábanas cada mañana, así que la mugre no sería problema, pero eso implicaría dormir él en el sofá, y no va permitir tal cosa en su propia casa.
Las habitaciones de invitados estaban lejos y lo único que los mantenía en pie era la estatura de Tulio, no se creía capaz de subir las escaleras con el peso muerto de su amigo a cuestas.
(Quizás debería comprar un ascensor.)
Al final, lo dejó dentro de la tina. Un lugar fácil de limpiar.
Juan Carlos, boca arriba, seguía cantando la misma canción desde que salieron del bar. —Gran pecador, con las... —decía, apenas inteligible, arrastrando las palabras con nula modulación.
Tulio abrió el grifo, dejando que el agua helada cayera directamente sobre Bodoque.
— ¡CONCHETUMARE! —gritó, seguido de una ráfaga de insultos que Tulio ya no alcanzó a oír, pues escapó rápidamente del baño para evitar la represalia de su, a veces, violento amigo.
Se dirigió a la cocina y descorchó uno de sus vinos antiguos. Se sirvió en una copa (la de plata, no la de oro, para no manchar esta última con la suciedad de la calle) como si no hubiera bebido suficiente, pero necesitaba quitarse el sabor de la cerveza barata de la lengua.
Fue una noche distinta, pensó tras el primer sorbo. No se divertía así en un Año Nuevo desde hacía mucho; no desde que Patana empezó a trabajar en el programa y lo obligó a pasar las fiestas con la familia de su hermana (o la de su cuñado, en realidad). A veces invitaba a Juan Carlos, y otras veces él aceptaba, pero nada de este estilo había ocurrido en buen tiempo.
La velada había comenzado a eso de las siete de la tarde. Su mansión estaba vacía debido a la ausencia de empleados, a quienes había dejado ir por las fiestas (y porque legalmente estaba obligado tras aquella demanda), no sin antes forzarlos a decorar y cocinar una cena digna de alguien como él.
Se suponía que se reunirían a las siete y media, pero Bodoque llegó pasadas las ocho. Cuando sonó el timbre, Tulio abrió con un gesto ensayado, intentando parecer un anfitrión distinguido con su traje negro nuevo y su corbata favorita.
Juan Carlos estaba allí, plantado con una camisa arrugada, bufanda, una bolsa de supermercado llena de cervezas tibias, otra con chispop y su típica chaqueta de cuero. Los ojos de Tulio se fijaron en su rostro, ahora adornado con una barba que no tenía el mes anterior.
Bodoque era así, a veces tenía barba y a veces no. Tulio prefería cuando la llevaba; no sabía explicar por qué, solo que, de algún modo, lo hacía sentir menos raro... menos confundido.
En todo caso, su amigo solía ignorar el sentido común y vivir como una contradicción con patas, apostaba cuando no tenía dinero, compraba helado en pleno invierno y ahora decidía que la barba se quedaba, incluso en uno de los veranos más calurosos de los últimos años.
Solo ver lo abrigado que estaba su amigo le ponía los pelos de punta.
— ¡Pasa, pasa! —exclamó Tulio, demasiado efusivo, agitando los brazos.
El periodista entró sin decir nada. Apenas un arqueo de ceja, apenas una sonrisa que parecía más cansada que alegre.
Un par de horas después, la mesa era un campo de batalla de huesos de pollo, copas vacías y servilletas arrugadas. Tulio se había aflojado el nudo de la corbata y sudaba como si hubiera bailado toda la noche, aunque solo se dedicó a hablar, hablar y hablar.
Bodoque le propuso ir a un lugar (Tulio ya no recordaba el nombre). La perspectiva de tomar aire libre y el alcohol en sus venas lo hicieron aceptar de inmediato. Salieron a carretear con otros adultos, algunos mucho más jóvenes y otros bastante más demacrados que ellos.
Bailaron, bebieron y se besaron con un par de amigas que habían decidido festejar el Año Nuevo de la misma forma que ellos. Corearon junto a otros desconocidos el conteo transmitido en la televisión y se abrazaron en celebración, seguidos por cientos de personas más que también se fundían en abrazos con extraños. Fue tan divertido que, por un momento, olvidó lo asqueroso del lugar, el sudor de la gente y ese pequeño enojo de no ser reconocido entre la multitud. Además, los gritos y los fuegos artificiales fueron ideales para acallar esas molestas voces en su cabeza.
Regresó al baño para revisar cómo estaba su amigo, una vez que dejaron de oírse garabatos saliendo de la única habitación con las luces encendidas.
Bodoque yacía ligeramente inclinado hacia adelante, con los brazos apoyados en el mármol de la tina. Tenía el cabello oscurecido por el agua y pegado al rostro, mientras las gotas resbalaban por su cuello. Al menos su ropa estaba en mejor estado, no tan empapada como su cabeza. Aunque ya no llevaba puesta su chaqueta de cuero, la cual se encontraba tirada en el piso. Juan Carlos se inclinó aún más al notar a Tulio en la puerta, y su polera se aflojó, revelando la línea marcada de sus clavículas.
Eso era lo único en lo que Tulio podía concentrarse, mientras sus pensamientos flotaban a la deriva por el alcohol y el ceño fruncido de su amigo frente a él.
—Has estado muy callado —dijo Bodoque, con las palabras todavía arrastradas por la cerveza.
—Solo… —carraspeó Tulio, haciendo un gesto vago con la copa en la mano—. Estaba pensando.
—¿Primera vez?
Y Tulio volvió a la realidad.
Tudoque resumen
PLEASE PLEASE PLEAAAASE..........
Tan solo un Tudoque mas 😭❤️🩹 extraño verlos con vida
Un paparazzi los pilla un domingo por la mañana en Santiago. Tulio siempre está preparado, pero los nervios de Bodoque lo mancharon antes de las 34 fotos que les tomaron.
Dos cosas, uno, ADORO TU ARTE, recientemente lo descubrí y soy ahora tu fan😭💖 y dos ahsjwhsaj esta es mi pregunta.
Como es el lenguaje de Tulio y Bodoque en la intimidad AAAAA (estoy haciendo un escrito/fic(?)) pero adoro tanto tus headcanon que preferí preguntarte a ti. 😔🫶
Espero que tengas un buen día y que me leas. 🫶
Muchas gracias por los comentarios positivos, me siento feliz de que mi contenido les sirva cuando estén buscando inspiración 🖤 Lenguaje en la intimidad... Jajajaja, bueno, tú sabes que son opuestos, Bodoque sería explícito y Tulio no lo sería. Ternura mal disfrazada por parte de Tulio, galantería de parte de Bodoque, se criticarían mutuamente, mucha ironía, y habrían muchos silencios incómodos que seguro Bodoque se apresura por romper;
— Vas a portarte bien y no se lo dirás a nadie… — ¡Pero si yo no tolero a nadie! — … (Silencio incómodo en el que Bodoque odia su vida). — Arruinas todo, payaso.
Tulio a pesar de sentirse un hombre hermoso, increíble y deseable, se volvería inseguro en la intimidad en los primeros encuentros, lenguaje torpe, sobreexplicado weas que nadie le pide; “O sea… no es que esté diciendo que esto sea raro, porque no lo es, lo llevo esperando toda mi vida, p-pero... jajaja tampoco es… habitual, ¿entiendes? ¿me entiendes, Bodoque? Pero me parece bien. ¡Quiero decir...! Bonito. ¡Hermoso! Una novela de la vida real... Eso quería decir...” *Palmazo al rescate*. E incluso… Al comenzar Tulio intenta llevar el control como hace en el noticiario y en su vida personal, exigiendo mucho, todo a su pinta, (también fue extremadamente mimado por su madre), pero para Bodoque domarlo es tarea fácil.
Bodoque pasaría por momentos en los que no habla nada, su cuerpo es el que habla, lenguaje mínimo, seco, directo, a la defensiva (porque estarse metiendo con Tulio le da mucha verguenza personal); "Relájate, puberto. Si no te gustara, no tendrías esa expresión estúpida". Aunque dice poco, cuando habla, pincha justo donde duele, donde incomoda, donde avergüenza, y eso le gusta mucho a Tulio… Lo erotiza, lo vuelve vulnerable en su interminable intento de verse perfecto, le permite relajarse y volverse sumiso. Pero también imagino que Bodoque, en la previa al sexo, pasa de decir los mejores halagos de su menú, aquellos tersos y tentadores para que Tulio caiga en la atmosfera (incluso algunas confesiones salen sin querer)... a la brutalidad, los insultos, y hacerlo sentir una puta. Según lo que yo veo, Tulio nunca dejaría de desesperarle, generarle rabia, un malestar mínimo...

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No fucking way..........................
La referencia del paparazzi, tomando más fotos de su supuesto romance escondido, sólo me hace creer que es el fanservice más grande que hayan hecho jamás...
Salúd conchetumare 🍾🍻
Toda niña tiene fetiches
Ya se concentró, nos jodimos. (Qué bueno que volvió este trend).