Bestiario (XI)
XI Ciertamente era un asno, como tal rebuznaba. Encogía los brazos, enseñaba los dientes y soltaba un rebuzno. No se puede decir que diera gusto verlo.
Narices palpitantes, húmedas, aplastadas, frente y cara alargadas, ojos inexpresivos de bestia resignada, tenía en la barbilla cuatro pelos y medio.
Lo que se dice hablar, hilvanar una frase o saber comportarse eran cosas ajenas a este garañón, no…
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