El clavel.
Ya no es lo mismo cuando el clavel se marchita, cuando alguna vez el sol resplandecía de manera acogedora sobre su follaje.
No ayuda que la tierra se volviera áspera justo cuando tus vivaces flores estaban en la cumbre de su belleza, rebosaban de elegancia.
Devolvé el duelo hacia la tierra, mi clavel herido; sobre tu sien brilló una estrella, que irradió encanto pleno, tan incandescente que pronto se apagó, dejándome sin consuelo.
-T. アイザック。
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