Ni bien ambos se cruzaron, la batalla se hizo algo inevitable, y es que los dos se la tenĂan jurada desde su primer encuentro en el mundo de los vivos. Muy a pesar que en el fondo tenĂan el mismo objetivo, que no era otro que el salvar a Rukia Kuchiki de la pena máxima impuesta por la Central de los 46, ninguno de los dos darĂa el brazo a torcer frente al otro.
Renji habĂa ido en busca de Ichigo ignorando completamente las Ăłrdenes del mismo capitán comandante, dejando de lado su deber como teniente fue directo al encuentro de aquel que habĂa “robado” los poderes de Rukia. Él no iba esperar a que ese bastardo llegara hasta los cuarteles de su divisiĂłn para reciĂ©n ahĂ poder enfrentarlo.
No podĂa, ni querĂa, darse el lujo de perder el tiempo. No tenĂa tiempo, este no paraba y la ejecuciĂłn de su amiga estaba cada vez más cerca.
Si deseaba tener aunque sea un chance de salvarla, debĂa empezar a moverse.
— Te quiero hacer una pregunta, Ichigo… — el shinigami alzĂł su voz al mismo tiempo que apretaba la empuñadura de su katana, bloqueando asĂ la enorme y afilada hoja que esgrimĂa su oponente. — ÂżCĂłmo pensás salvar a Rukia? ÂżVos estás seguro de poder? ÂżSabĂ©s dĂłnde te estás metiendo?
— ¡Claro que sĂ! — vociferĂł con más dudas que certezas, aunque la seguridad de sus ojos aplastaba por completo aquellos sentimientos de incertidumbre. — Y que conste, yo no dije que “quiero salvar a Rukia”… ¡Yo la voy a salvar!
La fuerza del muchacho cambiĂł de un momento a otro, y al igual que ocurrĂa con sus palabras, esta preciĂł acrecentarse al punto de superar la del teniente haciĂ©ndolo retroceder.
Con mucha bronca en su sangre, Abarai se lo sacó de encima dándole una potente patada en las costillas, enviando asà al invasor unos cuantos metros hacia atrás. Como efecto colateral, el impacto provocó la destrucción de alguna de las edificaciones circundantes.
Una sonrisa torcida se dibujó en sus labios, sintiéndose satisfecho al haber liberado aunque sea algo de la enorme frustración que estaba experimentando.
— ¡No me hagás reĂr! Llegado el caso en que me derrotes, hay once tenientes y trece capitanes… ÂżCreĂ©s tener una chance contra todos ellos? ¡Sos un ridĂculo!
— Ya te gané una vez. Si esos otros tenientes tienen tu nivel, yo voy a ganar. — Ichigo sonrió de medio lado y sin agregar algo más, se lanzó sobre Renji sin titubear. — ¡Les pasaré por encima y salvaré a Rukia!
Nunca habĂa sido alguien demasiado paciente, por eso Renji no tardĂł en saltar hacia la yugular de aquel niño arrogante. No se aguantaba esa maldita confianza de aquel “falso shinigami”; y es que a sus ojos Ichigo no era más que un miserable humano jugando a ser algo que no era.
En un abrir y cerrar de ojos, decidido ya a dejar de contenerse, liberó la verdadera forma de su zanpakuto. Zabimaru pasó de ser una katana promedio a una especie de machete dentado, luciendo mucho más pesada y grande que antes.
Siendo la amalgama perfecta entre un látigo y una espada, esta era una hoja que podĂa atacar tanto a melĂ© como a una distancia moderada. Dicha particularidad le daba al pelirrojo una ventaja notable frente sus oponentes, algo que sumado a su experiencia y la maestrĂa que ejercĂa sobre el arma, marcaba una diferencia casi abismal frente a los abrumados enemigos que no sabĂan como defenderse de sus zarpazos.
Tres eran los ataques consecutivos que podĂa lanzar antes de que Zabimaru volviera a replegarse, cortando y desgarrando la carne de su presa cada que encontraba una abertura. Poco importaba cuanto el de cabellos naranja intentara bloquear o esquivar, al final el arma terminaba por darle debido a la velocidad y a lo impredecible que eran sus viperinos movimientos.
— Para evitar perturbaciones innecesarias, los segadores que poseen el nivel de un teniente o mayor deben sellar su reiatsu. Mi poder actual es unas cinco veces más fuerte que en el mundo humano. — sonrió con malicia el pelirrojo mientras avanzaba hacia donde Kurosaki estaba incrustado entre los escombros tras haber sido empujado por la descomunal fuerza del ataque.— Ya no te levantés, es inútil. No me podés ganar.
— Je.. ¡Muchas gracias, Renji! Si los once tenientes restantes tienen la misma fuerza que vos, confirmo que voy a poder ganarles.
Una gruesa vena se marcĂł en la sien del pelirrojo, quien rápidamente se elevĂł sobre ese despreciable humano que acababa de hacerlo sentir menos, algo que no podĂa dejarle pasar.
Cual serpiente, Zabimaru se extendiĂł hasta chocar con la gran espada de Kurosaki, siendo asĂ llevado hacia el cráter que habĂa dejado en el muro hacĂa segundos atrás. Pero eso no fue todo, el de las 6ta DivisiĂłn decidiĂł azotarlo dos veces más, haciendo unos profundos cortes en el hombro derecho y en el muslo izquierdo de su adversario.
La pelea iba tomando un rumbo totalmente unilateral, y a medida que Ă©sta se prolongaba se veĂa que uno estaba por encima del otro. A pesar de esto, el ryoka no estaba dispuesto a tirar la toalla, y poco parecĂa importarle el hecho de que su vida estaba pendiendo de un hilo.
Decidido a terminar con la pelea, Renji se acercĂł a paso lento mientras arrastraba su zanpakuto produciendo un chirrido insoportable, de hecho los dientes del arma llegaban a sacar chispas cuando se deslizaban por la superficie del suelo. Por otro lado, Ichigo parecĂa estar inconsciente puesto que no se movĂa o hacĂa el intento de levantarse, era una presa fácil ahora.
— Acá se termina todo, si te mato Rukia se salva.— luego de chasquear la lengua, con un gesto solemne Ă©l se dispuso a acabar con la vida de aquel que tantos problemas le habĂa causado.— Es corta.
A Ăşltimo momento, cuando la hoja de su zanpakuto se iba a rematar a Kurosaki, eso no sucediĂł puesto que de una manera inexplicable, este Ăşltimo logrĂł sostener la espada antes de que esta diera el golpe de gracia.Â
Ese suceso fue algo de no creer, algo que carecĂa de todo sentido.
Lo siguiente fue más confuso aún, sobre todo para Abarai, quien pudo sentir como una violenta ráfaga atravesaba su cuerpo cortándolo al mismo tiempo que Zabimaru era destrozada en el proceso. Varios fragmentos férreos y su propia sangre fue lo único que sus ojos pudieron contemplar antes que la vista se le nublara.
Un golpe de suerte en el momento justo. Ichigo, quien estuvo recibiendo una paliza por parte de su oponente, supo bien cómo moverse cuando vio una oportunidad, poniendo su vida en juego para sacar a relucir su mejor técnica.
Para Renji todo habĂa terminado, habĂa sido derrotado en una pelea de fuerza brutal. O al menos eso creĂa Ă©l, puesto que ese “simple humano” le habĂa ganado con ingenio, demostrándole asĂ que a veces las habilidades y la mal llamada maña, estaban por encima de la destreza y las capacidades fĂsicas.