la ruptura de la cañería lo descubre con la guardia baja, mojándolo sin poder hacer nada al respecto más que tratar de apartarse. ‘ genial ’ ironiza, porque quién sabe si sus cigarrillos o el teléfono se hubieran visto humedecidos. no le da tiempo a comprobarlo, pues mientras desliza dígitos por la cabellera en un gesto de fatiga, va a buscar los iris de su acompañante. ‘ ¿qué tocaste? ’ inquiere, pues es inevitable que el primer pensamiento fuese ese, que contrario tocó algo que no debería. con cuidado, opta por acercarse, queriendo dar un vistazo general a la cañería, ¿quién si quiera podría imaginar que un lugar así tendría corriente de agua? suspira. ‘ ¿cómo son tus conocimientos en fontanería? ’ los propios, nulos, pero bien podría tratar de arreglarlo con alguna que otra chapuza. ‘ ¿o deberíamos irnos de aquí y que se convierta en problema del próximo que venga? ’