SIR CADOGAN, VEGALOVANIA Y ââSIX PACKER KID EL RENEGADOââ               (Parte 2: Una cĂĄlida bienvenida) La peculiar pareja desciende por las entrañas de la Tierra. Su improvisada luz parte en dos la oscuridad, y una importante conversaciĂłn pendiente rompe el silencio.
- ââ...que te digo que la tarta de chocolate es mejor, tĂoââ. - ââTu gusto estĂĄ atrofiado por el azĂșcar, Cadogan, la tarta de mermelada que hace Rosi en la taberna es la claveââ. - ââA ver, profesor, respeto tu opiniĂłn pero no entiendes lo que te digo porque no has comido la misma que yo, la de la pastelerĂa nueva. - ââNunca nos vamos a poner de acuerdo, es como discutir sobre la ley de gĂ©nero del 2028 con una mujer de esas con barba. No llegas a nada y si sigues acabas pillandoââ. - ââEntiendo lo que dices pero...ââ - Me detengo al escuchar otra vez esa especie de temblor profundo. - ââÂżHa oĂdo eso, profesor?ââ - ââVaya que sĂââ - ââÂżQuĂ© cree que es?ââ - ââSeguramente nada bueno, Cadogan, nada buenoââ. - ââÂżHay algo peligroso por aquĂ?ââ - ââNo te dije que trajeras la espada para rascarte la espalda. AquĂ hay cosas que no has visto en tu puta vidaââ. - ââVale. Volviendo a lo importante... cuĂ©nteme cĂłmo es que conoce este sitio.ââ - ââAh, sĂââ. - ââVerĂĄs, hace 20 años me mandaron una tarea desde el año 2043, una de las tantas que nos han ido encargando. La mayorĂa de ellas nos las encomendaron antes de viajar al pasado, pero ha habido alguna que otra añadida posteriormente. Dicha tarea consistĂa en viajar a una de las ciudades intraterrenas, concretamente ââMenseâ Odot-aritââ, y establecer vĂnculos con ellos. La finalidad era entregarles conocimiento y tecnologĂas para colaborar en su desarrollo, pues de entre los numerosos pueblos intraterrenos, ellos son unos de los mĂĄs ââatrasadosââ y apartados. Se han mantenido al margen de las demĂĄs hasta el momento, manteniendo un contacto muy distante y superficial, y se aferran a sus tradiciones con recelo. Me tomĂł un tiempo darme a conocer y establecer lazos con su gente y su lĂder, Onebuâno, pero al final logrĂ© ganarme su amistad y confianza y aceptaron las tecnologĂas que les ofrecĂamos. - ââÂżQuĂ© case de tecnologĂa era esa?ââ - ââEran moduladores y transformadores de Ă©ter, tecnologĂa que recoge la energĂa de punto cero en el ambiente y la almacena y transforma para diferentes usos, segĂșn las necesidades. Les entreguĂ© tambiĂ©n el conocimiento para usarla y desarrollarla, al menos las bases. Ellos mismos, aĂșn siendo tecnolĂłgicamente ââatrasadosââ respecto del resto de pueblos, son muy inteligentes y aptos en la investigaciĂłn y el desarrollo, a su manera. No eran trogloditas ni mucho menos, nos sacaban años de ventaja a los de la superficie... y ahora supongo que siglos. - ââPero, Âżla comprendieron y desarrollaron con Ă©xito? ÂżQuĂ© hicieron con ella?ââ -. - ââSĂ, y tanto. Cuando les dejĂ© habĂan avanzado mucho en la creaciĂłn de vehĂculos y algunas comodidades que facilitaban su vida, y tambiĂ©n en medicina y sanaciĂłn que era uno de los propĂłsitos principales. Aunque mi misiĂłn mĂĄs importante era lograr romper su aislamiento y evitar que su beligerancia y terquedad naturales los llevaran a desviarse por el mal camino. Aceptar ayuda, establecer relaciones, ser orientados en cuanto a quĂ© tipo de futuro aspirar. Fue una etapa interesante y bonita, y cuando considerĂ© que ya podĂa dejarlos a su aire y marcharme, ambos estuvimos de acuerdo en mantener esos vĂnculos vivos. - ââVaya, profesor, sĂ que es usted un verdadero pro. ÂżY cĂłmo lo hicieron, les dejĂł algĂșn tipo de transmisor?ââ. - ââLo hicimos a su manera, mediante un curioso mĂ©todo que me sorprendiĂł y me hizo comprender el alcance de su potencial. VerĂĄs, los Lauaj-Enâsod (asĂ se conoce a su raza, pero los llamaremos Lauaj para abreviar) tienen un profundo entendimiento de las plantas, y llevan milenios trabajĂĄndolas y sacando provecho a sus propiedades, les gusta poblar sus ciudades de ellas y son una parte importante de su antigua cultura. Lo que hicieron fue entregarme una semilla para que la plantara en mi casa... ââWat da fakââ, eh? Esa semilla viene de un fruto y tiene la peculiaridad de que van siempre en parejas de dos. Cada una de esas semillas estĂĄ profundamente conectada con su ââhermanaââ, y cuando caen al suelo y empiezan a desarrollarse en la tierra fĂ©rtil, buscan la conexiĂłn con la otra a toda costa. Se comunican mediante algĂșn tipo de señal, sus raĂces se extienden con una fuerza y velocidad extraordinarias, y no se detienen hasta encontrarse. ââEstĂĄs flipandoââ, le dije a Onebuâno en aquel entonces. No terminĂ© de creĂ©rmelo hasta que lo vĂ con mis propios ojos. Ellos plantaron la suya en la plaza principal de la ciudad, y yo me fui con la mĂa a casa. La plantĂ©, y esperĂ©. ââTen paciencia, Sigmund. SabrĂĄs que se han encontrado cuando florezca tu planta, sĂłlo lo hacen si se encuentran.ââ me dijo antes de irme. LleguĂ© a pensar que igual no querĂan volver a verme la cara y me estaban haciendo la rula. Pero unos tres meses mĂĄs tarde, sin previo aviso,  floreciĂł de golpe en cuestiĂłn de segundos y se puso a brillar. QuĂ© paranoia. Poco despuĂ©s se fue apagando y quedĂł sin actividad, como una planta normal (eso sĂ, no se muere ni de coña .. probĂ© a no regarla pero creo que se chupaba el agua de la otra)... Hasta hace 3 dĂas cuando te llamĂ©. La planta empezĂł a brillar y a zumbar como nunca, quedĂł asĂ durante un buen rato. Si eso no es una señal de auxilio, que baje Akathos y me dĂ© sus chanclas. - ââWow... quĂ© puta locuraââ. - ââPues ya vĂ©sââ -.
Las horas siguientes las pasamos descendiendo poco a poco, la inclinaciĂłn de la bajada se hacĂa mĂĄs pronunciada. Tuvimos que hacer una serie de descensos peligrosos. Trepamos, nos deslizamos por roca lisa sobre la que pasaba una fina capa de agua. De vez en cuando aparecĂa alguna alimaña aqui y allĂĄ, algunos raros tipos de lagartos se escurrĂan por los huecos de la roca conforme el pasaje se hacĂa mĂĄs abrupto. ââÂĄCOññño..ââ espetaba Sigmund cada vez que le sorprendĂa uno pasando por su lado, levantando el camal por si le tocaba. Estos animales tenĂan los ojos extrañamente grandes, como si tuvieran que hacer tanto esfuerzo para ver que los ojos se les hinchaban. Como cuando estĂĄs en el vĂĄter y... -ââÂĄLA HOSTIA, CADOGAN, SACA LA ESPADA! Pego un salto del susto y miro en frente. Un lagarto.. no, un cocodrilo... no. Un bicharraco de 3 metros de largo y aproximadamente uno y medio de alto, se alza ante nosotros. Ojos hinchados y enrojecidos como un yonky, dientes como navajas de robar un euro y una saliva pegajosa que cae de su boca. Ah y tiene alas, DOS PUTAS ALAS. - ââÂĄPro-profesor, UN DRAGĂN!ââ digo mientras desenfundo la espada, que se me cae del acojone. Mientras la recojo me doy cuenta de lo ridĂcula que parece ante un puto dragĂłn. El rugido que se venĂa oyendo de lejos, sutilmente, ahora estĂĄ en Dolby digital surround Ex, calidad IMAX, y hace que se me baje el desayuno tan rĂĄpido como un gordo en las pistas blandas. - ââNo es un dragĂłn, Cadogan, pero si nos engancha nos la va a sudar el nombre, te lo digoââ -.  Sin darnos cuenta habĂamos entrado en una zona del camino ligeramente mĂĄs iluminada, y la anchura y la altura de la gruta eran mayores, y distintas. Pero no tenĂa tiempo para pensar en los detalles estĂ©ticos. El dragĂłn se tira sobre Sigmund como la parca, le suelta un zarpazo y lo manda a volar. - ââPROFESOR!ââ -. La piedra-linterna (la llamaremos asĂ) cae al suelo y no veo al profesor. Corro a por ella con poca visibilidad, sabiendo que en cualquier momento puedo estar done. La cojo, la levanto, veo el bicho a 2 metros. Su mirada (y sus dientes) me dicen ââMUERTEââ. No hay otra palabra en mi mente, mi cuerpo emite señales de miedo como una puta antena de radio. Levanto la espada, me tiembla la mano (el parkinson is real bois). Se me lanza, se viene. Suelto la piedra y me agarro la muñeca con la mano izquierda instintivamente, en un intento de parar el tembleque. ZAS. Si nunca te han atropellado se siente asĂ, ZAS y patrĂĄs. Me llevo semejante lambrĂo que cuando consigo comprender que estoy tirado boca arriba, me cuesta recordar quĂ© coño hago aquĂ, y cuĂĄntos metros he hecho antes de aterrizar. Pero mi cuerpo recuerda. Casi escapando a mi voluntad se levanta.. Se oye un rugido agudo. Creo que tengo la mano rota, y pierdo sangre pero no sĂ© de dĂłnde. Me tiro medio mareado a por la piedra, que brilla a unos pasos de mĂ. La levanto --- el bicho aparece de nuevo ante mĂ, se me pasa el aturdimiento de golpe. Antes de darme el golpe final, se levanta sobre las patas traseras y abre la boca en un rugido ensordecedor de dolor y furia, alas extendidas, mi espada atravesada en su paladar, pero parece que se la pela. Se abalanza sobre mĂ. Siento un meneo antes de tiempo, un placaje y, como un monigote, salgo disparado y caigo a plomo sobre mi lado izquierdo. La escena es la siguiente: El profesor, tras empujarme, espadĂłn en mano derecha y cogiendo la piedra al vuelo con la izquierda, gira sobre sĂ mismo y con una floritura ĂĄgil y precisa (digna de un puto pro) esquiva la dentellada y decapita al bicho limpiamente.
Mano en la cintura, levanta la espada y la enfunda como si acabara de terminar de barrer. ÂĄPLOM! el cuerpo cae al suelo con un estruendo. Me salpica entero de sangre. - ââÂżEstĂĄs bien, Cadogan?ââ -.  - Estoy vivo, creo. Profesor, sĂ© que es usted el puto amo de la espada pero siempre me sorprende. Eso sĂ, tiene el antebrazo hecho mistos.ââ -. - Lo sĂ© -. Se gira mientras me habla y levanta la luz... - ââPROFESOR DETRĂSââ -. En una escena digna de pelĂcula de terror, aparece de entre la tiniebla la cabeza de otro de esos bichos de mierda, igual de loco, a dos palmos de la del profesor. Se gira. Un palmo. El bicho abre la boca; 0 palmos left. PLAF. La cara del profesor llena de sangre, pero no la suya sino la del bicho, que o sabe tirar lanzas por la boca o se lo acaban de follar por detrĂĄs. La punta de lanza, rozando la nariz del profesor, vuelve sobre sus pasos y desaparece. A penas le da tiempo al bicho a gritar cuando le ensartan varias lanzas por el torso y cae seco al suelo. Momento de incertidumbre, se oyen pasos al trote. Ahora quĂ©. Siento como que ya me la pela todo. Se hace la luz, y se revelan las siluetas de unos diez hombres rodeĂĄndonos y apuntĂĄndonos con sus lanzas. Cubiertos con una especie de armaduras ligeras y poca ropa, nos miran y pegan cuatro gritos de los que no me entero de una mierda. CĂłmo definirlo... Si la mala hostia tuviera un idioma, serĂa Ă©se. - ââProfesor, yo no sĂ© quĂ© coño dicen. ÂżSon estos sus amigos? DĂgame que sĂ porque si no me cago en su puta planta.'â-. - ââSĂ, Cadogan, pero creo que aĂșn no han caĂdo. Dicen que..ââ - ââVENGAN CON NOSOTROSââ -. dice el cabecilla de los lanceros terminando la frase a medio grito, en perfecto castellano (Âż?Âż?). - ââVamos, lo resolveremos sobre la marchaââ -. dice Sigmund con serenidad, entregando su espada a un soldado mientras otro recoge la mĂa de la cabeza sin cuerpo del bicharraco.
Empezamos a caminar escoltados (escoltados con lanzas en la nuca) por esta gente. Caminan firmes, y por las formas disciplinadas parecen claramente soldados o guerreros. Conforme avanzamos, la gruta se convierte poco a poco en un corredor amplio y la luz empieza a clarear, mostrando mejor el lugar en el que estamos. Â
Paredes de roca tallada y angular, con lo que parecen ser grabados o inscripciones en ellas. Una amplia sala se abre ante nosotros para dar paso a una especie de entrada bien definida. El agua del rĂo subterrĂĄneo corre a ambos lados del paso, y conforme nos acercamos al umbral de piedra y me empieza a sudar la patilla, me pregunto si podrĂ© correr yo igual pero por mi vida. Puta planta loco.
ContinuarĂĄ










