˛ ⠀ ⠀⋆ ⠀ ⠀𝗧𝗔𝗦𝗞 01: LA LEALTAD Y EL AMOR AMBAS COMPARTEN UN DESTINO TRÁGICO. ( @losavntos )
𝗩𝗲𝗿𝗮 𝗤𝘂𝗶𝗻𝗻 entrevista a 𝙋𝙖𝙨𝙞𝙛𝙖𝙚 𝙁𝙤𝙬𝙡𝙚𝙧.
Sabe que no debería estar allí, pero Vera Quinn siempre fue amable con ella y la tomó bajo su ala, como su aprendiz y asistente, por lo que Pasífae siente que algo le debe. Pero verla a Vera es como ver sus peores pesadillas vueltas realidad. El desastre de papeles, la desorganización, el estado en el que la ex-profesora se encuentra y el abrazo que le da la espantan. Sin embargo, ahí está y no va a irse hasta saber qué es lo que tanto necesita de ella. El espacio que se atrevió a ocupar en el sofá la incomoda. Todo la incomoda. Si tiene que ser sincera consigo misma, no quiere estar ahí, pero su obstinación es más grande y tiene que descubrir de qué va toda la situación.
Una tenue sonrisa le decora el rostro cuando Vera llega con los dos vasos de agua y toma el suyo para darle un comedido sorbo. Traga despacio, como si estuviera midiendo con desconfianza el contenido bebido. Se limpia las comisuras con delicadeza, con gracia perfeccionada en Pomona.
—Claro que no, Vera —replica negando con la cabeza. Su tono es afable y contrasta mucho con el sentimiento de terror que la invade al ver los ojos de su antigua mentora. Lo próximo que le dice pica su curiosidad, pero sabe que no va a decirle. Una investigación periodística en curso era una que mantenía su confidencialidad, y ni siquiera a ella le confiaría algo tan grande como lo que se trae entre manos. Por lo que solo asiente. Pasífae está paralizada. Algo en la mirada de Vera le dice que no está bien. Que está trastornada, y desconoce si se trata de una cuestión arrastrada desde siempre o que se detonó con lo que fuese que se había topado en su investigación.
Abre y cierra la boca ante el tono acusatorio. Se tarda en pensar en qué decir. En el estado en que se encontraba la morena, tenía el presentimiento de que cualquier cosa que saliera de su boca podría llegar a ser tergiversada o utilizada en su contra, de alguna forma. Así que decidió que mentiría. Le mentiría a quien había confiado en ella para trabajar a su lado.
—¿Cómo puedo yo… ayudarte a detenerlo, Vera? No tengo ningún tipo de poder —es lo que responde, ignorando deliberadamente la acusación previa. Tenía que saber cómo manejarse, por dónde ir. Está tanteando un terreno peligroso.
“La información es poder, Pasífae, creí haberte enseñado eso” es un ataque viperino. La mirada de Quinn está desenfocada, como si estuviera pensando en otra cosa. Pasífae carraspea y baja la mirada; el ceño fruncido un indicador de que el veneno había entrado con facilidad. “Necesito que me digas dónde y con quién estuviste el día de la muerte de Alfred y Otis” repite con lentitud. “¿Acaso no me oíste la primera vez?”
—Sí, pero… —se detiene. No sabe muy bien con qué objetar. Se remueve en el sofá, visiblemente molesta. Se toca las puntas del cabello recientemente cortado.
“¿Pero qué? — Por favor, háblame, Fae. Necesito tu ayuda. Hay que detener todo esto. No puede seguir sucediendo. Dime dónde y con quién estuviste ese día” es una petición desesperada, de una mujer que ha perdido sus cabales, lo sabe, y está a punto de ser indulgente con una historia inventada.
—Con Theodore Ryu, luego con Albertina Solanas —miente con facilidad—. Con Theo salimos a pasear por Dover por la tarde y luego… Con Alber pasamos tiempo en su habitación porque ella no estaba pasando por un buen momento —se inventó en el instante. No quería manchar a ninguno de sus amigos, y tampoco quería mancillarse ella misma.
Pasífae no tenía los medios para cuidar su espalda. Pomona había llegado mediante tanto esfuerzo, lo mismo que su ingreso al Círculo. Había dado todo y más de sí. Sudor, sangre y lágrimas habían sido volcados en sus intentos de alcanzar la grandeza. No iba a dejar que Vera Quinn arruinara todo por lo que había trabajado. La humillación y el fracaso no eran opción. Mentir era la única herramienta, junto a medias verdades, para zafarse del agarre que la ex profesora tenía en ella. La pena que le causaba la mujer comenzaba a consumirla, mas se dijo a sí misma que tenía que ser fuerte. No podía doblegarse. No tenía que rendirse a los pies de alguien que era persona non-grata. No podía perder.
“Eso no me sirve, Pasífae. Tú lo sabes” la morena se puso de pie, borrando toda la distancia que había entre ambas. La tomó de las manos con fuerza, tanta fuerza que empezaba a doler. Los ojos desenfocados, idos. Una mirada que ya había visto en otras ocasiones, en su padre. De repente se vio en su casa, siendo una niña que se convencía que saldría el agujero en el que estaba viviendo.
—Me estás lastimando, Vera —masculla entre dientes. La mujer parece no oírle. O tal vez no quiere hacerlo, porque ejerce mayor presión—. No sé qué más quieres que te diga. No tengo más recuerdos de esa noche.
Pronto el contacto es roto y la periodista se aparta para buscar algo. Revuelve papeles, los deja en un sitio, los vuelve a poner en donde los había sacado. Pasífae puede ver mejor las demás fotos que no son las de Amelia, Otis y la de Roman Buchanan marcada con un círculo rojo. Les prestó atención al entrar, pero parecieron esfumarse de su mente en cuanto Vera puso la grabadora entre ellas. Ahora reconoce nítidamente a Sylvie Hastings, a Alderich, a Ophelia, a Savar. Su ceño se frunce. También ve a Melodía Buchanan, foto que Quinn aparta mientras sigue buscando por más. Saca otras cuatro fotografías y las toma junto a la de Melodía. Se devuelve hacia donde Pasífae está.
“Dime qué sabes de las Señoritas de Artemisa” le demanda con desenfreno mientras acomodaba las imágenes en el centro de la mesa. Las coloca de forma que las cuatro muchachas rodeen a Melodía Buchanan.
La mirada de Pasífae está genuinamente plagada de confusión. Vera sabía que ella no había sido lo suficientemente agraciada para formar parte del grupo. El resquemor del pasado resurgió, pero como forma de decepción. Pasífae estaba decepcionada de sí misma. Era dura, severa consigo misma. ¿Cómo no había logrado captar la atención de la matriarca de los Buchanan? Tragó en seco y negó con la cabeza.
“Dime qué sabes” repite impaciente.
—Que son un grupo selecto de chicas amparadas por Melodía Buchanan. Que tienen sus propias reglas y códigos. Que hacen un pacto propio. Que las elegidas son Sereia Tennant, Ellen Myers, Svetlana Kostornaia y María Magdalena Almaguer.
“Eso ya lo sé, Pasífae. Ya lo sé. Necesito más. Dame más. ¿Las viste la noche de la muerte de Alfred y Otis?”
—No. Ya te dije que estuve con Albertina en su habitación —repite. La mirada de Vera le quema. Siente la decepción ajena. Es una decepción mórbida. Una decepción que hace que Pasífae baje la mirada, sintiéndose pequeña. Llevaba tiempo sin sentirse de ese modo. No desde Pomona. No desde que abandonó su casa—. No sé qué quieres que te diga. Más que eso no sé.
“Tienes que tener algún dato más” frenética, Vera insiste.
—Solo que ellas encontraron a Amelia —dice en voz baja—. Nada más.
“Eres una puta decepción, Pasífae. ¡Eres una inútil! ¡Una inservible! ¿¡Cómo es que no tienes más información para dar?!” la exaltación en la voz femenina asusta a Pasífae, que siempre tiende a no dejarse espantar. Nunca había visto a Vera Quinn de aquella manera y contrastaba tanto con el abrazo que le había dado al recibirla que su cabeza no podía procesar lo que estaba ocurriendo.
—Lamento no poder darte lo que quieres —se puso de pie para mirarla a la cara, frente a frente—. Pero Vera… No estás bien. Creo que necesitas ayuda. Yo… puedo hablar con Maude y de seguro estará dispuesta a ayudarte a pesar de todo.
“No necesito ayuda. Necesito información, Pasífae. ¿Qué parte no entiendes? Ese lugar es la boca del infierno” vuelve a pronunciar aquello con lo que abrió la conversación. “Si no me vas a dar nada, mejor vete. Porque no quiero ver tu cara si es así como vas a pagar lo que he hecho por ti” tomarla bajo su ala, se refiere.
Pasífae frunce los labios. No le gusta sentirse como está sintiéndose en ese momento. No le gusta decepcionar a quienes tanto le debe, pero no tenía más para decir. No conocía el interior de las Señoritas de Artemisa. No sabía más de lo que había oído por ahí. Había un dato que estaba guardándose, mas decirlo era traicionar al Círculo, y no estaba dispuesta a dejarse amedrentar. Por más que doliera, por más que las lágrimas se calcificaran en su interior, mantendría la boca cerrada.
—Adiós, Vera. Espero que consigas la ayuda que necesitas.
Aquella fue la última vez que Pasífae Fowler vio con vida a Vera Quinn.











