Todos los convenios y tratados reconocen usos médicos y científicos de cualquier psicofármaco, todos afirman que su objetivo es el gran tráfico y todos otorgan alto valor a las campañas de información y prevención. Consecuentemente, no dejarían de ser cumplidos si fuesen puestas en práctica tres medidas:
1) Tornar efectiva y no sólo potencialmente accesibles a terapeutas y científicos, para usos médicos y experimentales, todos los psicofármacos descubiertos, garantizando que los laboratorios competentes los elaboren con las debidas exigencias de pureza. Evitar los posibles abusos de abastecedores y fabricantes lícitos no parece un problema comparable al de evitar algo semejante en el caso de abastecedores y fabricantes ilícitos.
2) Dirigir efectiva y no sólo teóricamente la acción penal sobre el gran tráfico, tomando medidas que se concentren en la corrupción de los cuerpos armados y en las conexiones de los servicios secretos con el asunto.
3) Garantizar que la información en el campo de las drogas merezca su nombre, ofreciendo datos farmacológicos en vez de farmacomitologías contraproducentes.