Ella no era lo que aparentaba, detrĂĄs de esa dulce sonrisa se escondĂa una fiera lista para buscar a su nueva presa, por un momento su mirada se cruzĂł con la mĂa y un sonrĂas hizo acto de presencia en un rostro que perfectamente pudo ser tallado por los mismos ĂĄngeles, esos ojos azules que me escaneaban tratando de encontrar algĂșn error en mi. Pero no podĂa, no existĂa ningĂșn error y ella lo sabia me lo dijo su malĂ©vola sonrisa. Ella habĂa encontrado a su presa, le sonreĂ. Yo tambiĂ©n habĂa encontrado a la mĂa
Buena suerte. Que empiece la cacerĂa Bella Principssa









