Mirar dibujitos desayunando en la cama un sábado a la mañana. @jota_darkoÂ
Cambiar la cama de lugar ÂżSabĂ©s quĂ© pasa con esto de escribir sobre el amor? Que no le podĂ©s esconder un monstruo bajo la alfombra a la historia. No, no podĂ©s. Todo lo contrario. No hay nada para ocultar. TenĂ©s que desarmar el corazĂłn, desplegarlo arriba de la mesa y mostrarlo por partes, ahĂ, adelante de todos.
Hace un año nos sentamos en el sillĂłn ese verde oscuro que elegimos juntos en esa ciudad inmunda que tanto te gusta. Estábamos apoyados de costado, mirándonos de frente, con el codo en el respaldo y la mano sosteniendo la cabeza. Se nos tocaban las rodillas y yo atinĂ© a entrelazar mis piernas con las tuyas, pero enseguida me arrepentĂ. SabĂa lo que te iba a decir y pensĂ© que no, que mejor dejarlas donde estaban.Â
Se me rompiĂł el cosito de amarte, MatĂas, y me parece que vos no me lo querĂ©s arreglar. TambiĂ©n me parece que se te rompiĂł a vos el cosito de amarme y no lo querĂ©s decir.Â
No ibas a decir nada, lo sabĂa. Las decisiones difĂciles siempre las tomĂ© yo. Eso sĂ que lo decĂas siempre. AbrĂas la valija, hacĂas una pila de remeras, otra de camisas, cuatro jeans distintos y dos pares de zapatillas. Elegime vos, yo no sĂ© quĂ© llevar. Diez años viajando juntos por el mundo y nunca fuiste capaz de armarte la valija solo. El gran dilema es que yo tampoco sabĂa quĂ© llevar porque no me gustaba nada, pero como algo habĂa que elegir, entonces señalaba, esto sĂ, esto no, y la verdad era que no me daba cuenta, que pensaba que me gustaba todo, que estaba eligiendo entre lo mejor que habĂa, ÂżentendĂ©s? SĂ, de entre la ropa, sĂ.Â
Ayer te llamĂ© y te dije que habĂa que firmar. Te dije: “Me parece que ya es hora, Mati… pasĂł un año, hay que firmar”. Te querĂa decir algo asĂ como “Quiero el divorcio”, haciendo fuerza en la R, arrastrándola un poco,  como en un culebrĂłn colombiano pero no me salĂa decirte esa palabra. Divorrrrcio. Cuando me contestaste que no podĂas, reconozco que me sorprendĂ. -ÂżCĂłmo que no podĂ©s? ÂżQuerĂ©s volver? -No, tampoco. -Entonces firmemos de una vez -SĂ, tenĂ©s razĂłn, gracias por tomar siempre las decisiones más difĂciles. #unaremeraquediga El duelo del amor eterno sĂłlo se sufre una vez en la vida o, si sos un negador, no lo sufrĂs jamás. Suele ser ese el mismo porcentaje que separa a la poblaciĂłn entre los que se preguntan quĂ© quieren realmente en la vida y se proponen lograrlo, y los que viven por inercia, asĂ, sin más. A mĂ, lo del amor eterno, me durĂł diez años. Una edad clave, segĂşn mi analista, desde los 20 hasta los 30. “Son diez años de entrenamiento para un samurai, vos ahora podĂ©s hacer lo que quieras, tenĂ©s la experiencia de una señora de 60 en un cuerpo de 30”. Siempre me dijeron que tengo un aire a Uma Thurman y sĂ, creo que el amarillo me sienta genial. Diez años adormecida, creyendo que nunca más ibas a usar el filo de la katana más que para cortar verdura cuando de repente te encontrás con una realidad ensangrentada de la que tenĂ©s que escapar porque eso de que el amor lo puede todo es mentira y que coger una vez al mes no es nada normal.
Pará, sigue. Una madrugada te lavantás de la cama, desorientada. La noche anterior se te ocurriĂł moverla de lugar porque pensaste que estaba bueno cambiar –porque quĂ© se yo, te dieron ganas- y entonces te tropezás con unas zapatillas suyas mal guardadas y te rompĂ©s el labio de un mordisco cuando te das la cara contra el suelo. Y ahĂ, mientras te limpiás la sangre mirándote en el espejo del baño, te das cuenta que amás más a la gata que te está mirando sentadita en la tapa del inodoro que al pibe con quien compartĂs anillo y que sigue roncando en la habitaciĂłn. –Hay que firmar acá y acá – dijo la abogada que es amiga nuestra, bah, ahora, amiga tuya, porque en la repartija siempre salĂ perdiendo yo. –SeguĂs teniendo una firma de mierda – te dije y sonreĂ mientras dibujaba la mĂa sin mirar el papel, mientras te miraba fijo, mostrándote cĂłmo los ojos se me llenaban de lágrimas, cĂłmo te estaba entregando mi corazĂłn desarmado, desplegado arriba de esa mesa, por partes, ahĂ, adelante de todos.Â
texto: Gabi Valenti video: Mariana Horno








