Una jefa siempre nos decía: tengan todo el tiempo buena ropa interior y estén depiladas. Yo le agregaría a esta hermosa y práctica lista: y la casa siempre ordenada.
No que mi casa sea un desfiladero de visitas inesperadas o de encuentros que terminan acá -seguramente mis vecinas más viejas piensen eso- pero el último que vino, que llegó conmigo a la puerta, debe haber pensado que había pasado un huracán tropical o que tenía que pedir consejos sobre poner orden en Filipinas.
Esas cosas son las que a uno de a poco le van cayendo, que uno de a poco va entendiendo. Estar solo después de los 30 obviamente que no es lo mismo que a los 20. Creo que es infinitamente más divertido. A los 20 uno se divierte, pero en el fondo busca el amor, el príncipe azul, el rebelde que se enamore de una, la estabilidad de algún lado.
A los 30 ya tuve el amor, el desamor, el casamiento, el divorcio. Ya me di cuenta de que el amor de mi vida soy yo. Sí, es muy egoísta decirlo quizá, pero creo que muchas mujeres no se dan cuenta de eso, y no trabajan sobre eso. No es decir “voy a encontrarme a mí misma”, es decir “yo estoy primero que todos ustedes, y voy a tomar las decisiones en base a lo que quiera y me guste más”, y así empezar a vivir.
Claro que todo eso conlleva un proceso, una serie de aprendizajes en el camino, construir muros y derribar tantos otros. Procesar cosas, guardarse algunas y liberarse de otras, y por sobre todo, empezar a distinguir lo que nos hace bien, y tratar de dejar atrás o no darle importancia a lo que nos preocupa: si no suma, no sirve.
También voy aprendiendo cosas como que los hombres, sin importar la edad, están todos cortados con la misma tijera y los atrae más que una los ignore, caso contrario son medio pajeros. El juego del histeriqueo no tiene edad, y a través de cosas que voy viviendo, me voy dando cuenta de que es verdad que las mujeres lo inventaron pero los hombres lo perfeccionan.
Igualmente, a los 30 se vuelve un poco más simple. Una ya no tiene tanta paciencia, cuando le cae la ficha de una situación, le cae de verdad; ya sabe mejor lo que quiere y lo que no va a soportar. Todas cosas que van sumando, que van haciendo que una pueda divertirse siempre un poco más.
Todo este camino lo empecé hace 8 meses, y si bien hoy no tengo la verdad absoluta, y estoy firmemente convencida de que todavía tengo cosas para trillar, sí sé que he aprendido más en este tiempo que en varios años, me doy cuenta de que mis cambios, además de físicos -y a veces un poco hormonales- son más profundos.
Es por eso, que además de los cambios y todas estas cosas que mencioné, creo que hoy por hoy lo más importante que quiero transmitir es esto: siempre estén depiladas, con ropa interior presentable y tengan la casa ordenada. El resto va a ir llegando solo.