Debía ser un día normal, una ocasión sin mucha importancia donde darían un barrido a uno de los viejos barrios pertenecientes al BookMoon-Pa, que perdió su gente y sus colores rojizos y pintalabios rosados, en faldas cortas y medias de red, para volverse como un pueblo fantasma con solo drogadictos que no tienen mucha capacidad cerebral para irse lejos, para esconderse de los uniformados y del detective retirado que paseaban entre latas de cerveza vacías y colillas de cigarro. Debía ser normal, pero desde que el sentimiento de angustia le atacó, Ryeohee debió saber que no sería para nada como otras ocasiones. Él no cargaba armas, no tenía ya los permisos para hacerlo y por ello llevaba “guardaespaldas” para cuidarlo en esas pocas ocasiones donde salía al mundo y dejaba que lo vieran luego de lo ocurrido. Debía sentirse protegido, pero no lo hacía, la ansiedad rápidamente corría por sus venas y le ordenaba que robarse una pistola, que estuviese alerta, que en cualquier momento se convertiría en la presa y así fue. El sonido de las armas de fuego le deja ensordecido rápidamente y su primera reacción es agacharse, echarse al suelo y buscar que ninguna de las balas perdidas le llegue directo al chaleco que portaba debajo de su ropa en colores negro y gris. Cuerpos caen alrededor de él y su instinto más animal, el que parecía despertar gracias al trastorno de estrés postraumático que le hacía sobrevivir, le hacen moverse en automático y alcanzan una de las armas que cayeron de las manos de los suyos, queriendo defenderse. Dispara y está seguro que se ha llevado algunos cabrones en el proceso, se siente tibio, energizado, una sonrisa se asoma en sus labios antes de recibir un golpe más directo que no es con un arma, es un puño que se impacta con él y le hace caer al suelo, abandonando su ventaja cuando de sus manos resbala el arma. Es apaleado de inmediato, por hombres que cree reconocer, pero no puede ponerle nombres ahora, le reclaman algo que honestamente no escucha y Ryeohee pelea, llevándose otro golpe que duele aun más cuando su pómulo se abre y la sangre corre caliente. «¿¡Creías que el BookMoon-Pa se dejaría vencer por ti, así como así!? ¡Por fin te tenemos, hijo de puta!» Ah, así que de ahí provenían aquellos vándalos, mafiosos de menor rango y poder si es que su interminable biblioteca de información mental no podía ni siquiera recordarlos. Ryeohee se ríe y logra cabrear aún más a aquellas personas, alguien de todos lo patea justo en las costillas y el policía se queja, escupiendo sangre cuando vuelve a toser. «¡Matémoslo aquí!» «¡Llevemos su cabeza con Jeongshin-nim!» «¡Torturémoslo en otro lugar!» Ryeohee entiende solo el nombre y le hace cuestionarse si es que aquel hombre, había vuelto y todos estos ridículos buenos para nada, solo querían impresionarlo cuando él, mejor que nadie, sabía que para conseguirlo debían trabajar muchísimo más duro que eso. El detective sonríe, riéndose una vez más. - —Lo único que me jode de todo esto, es que piensen que moriré en manos de pocas cosas como ustedes — -escupe a la bota de uno de los más cercanos, sabiendo que solo estaba provocando a la muerte. | @picdpipcr