Gracias por fumar
La película “Gracias por fumar” trata sobre un mercadólogo que intenta convencer a una audiencia con estigmas respecto al cigarro, que fumar es algo bueno y que deberían hacerlo. Sin embargo, este mercadólogo tiene una vida fuera de su trabajo que se ve impactada por esta misma.
El trabajo que desempeña Nick Taylor (nuestro protagonista), a mi parecer, es muy importante. En la película se menciona que vende “labia”, pero considero que no muchas personas tendrían la capacidad para desempeñar este mismo trabajo. Y a pesar de que varios pensaban que mataba a miles de personas, considero que no era necesariamente su culpa, él se dedicaba a vender y buscar nuevos clientes, pero la responsabilidad de fumar recae en cada uno de nosotros, no podemos culpar a alguien por una decisión que nosotros estamos tomando; esto lo demuestra las etiquetas de advertencia en las cajetillas de cigarro, las cuales son imágenes explícitas sobre las consecuencias que trae fumar (como cáncer de pulmón, enfermedades respiratorias graves, diabetes tipo 2, ataques cardiacos, etc.), y aun así las personas siguen consumiendo estos productos. Estas advertencias tal vez causen algún tipo de impacto en ciertas personas, pero en la mayoría no; de lo contrario, las empresas que venden cigarros hubieran quebrado ya.
También está la familia de Nick, que en este caso es su hijo, el cual desarrolla una gran habilidad para persuadir y comunicarse, pero a su vez está creciendo con valores morales que pudieran ser controversiales en nuestra sociedad, esto debido a estar involucrado, a veces de manera muy directa, a veces no tanto, en el trabajo de Nick.
Durante la película, al ver la forma en la que el senador se comportaba, me percaté que en realidad los políticos no tienen una preocupación social ante los productos, simplemente les importa verse políticamente correctos, ya que eso les da la aprobación de la mayoría de las personas. Y en mi opinión, ser políticamente correcto jamás se podrá. En algún momento tus opiniones no van a estar alineadas con las de ciertos grupos, y no está mal, eso nos permite abrir un espacio de diálogo y de intercambio intelectual.
Al final de la película, como cualquier otra persona, trate de buscar la relación de esta con mi vida personal. Me pregunté si un comunicador organizacional (la carrera que estudio), tiene un código de ética, y si yo lo tengo. Pienso que en todas las carreras debe haber códigos éticos que se espera que sigamos, pero depende de nosotros seguirlo o no, en especial cuando no estudiamos una carrera que nos obliga estrictamente a seguirlo (como psicología o medicina); y ahí es cuando viene nuestro propio código ético, que es el que nos dice si hacer algo o no.
Yo tengo uno, pero puede ser diferente al tuyo, y eso no lo hace malo o erróneo.
El fumador -Joos van Craesbeeck


















