Pero este paisaje está desierto. No hay nadie. [...] Conservo un decorado sin personajes.
Tokio Blues: Norwegian Wood, Haruki Murakami
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Pero este paisaje está desierto. No hay nadie. [...] Conservo un decorado sin personajes.
Tokio Blues: Norwegian Wood, Haruki Murakami

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La muerte no existe en contraposición a la vida sino como parte de ella.
Tokio Blues: Norwegian Wood, Haruki Murakami
Nunca me había sentido tan sola como ahora. Y es curioso, porque nunca había estado rodeada de tanta gente.
OYC
Por eso ahora estoy escribiendo. Soy ese tipo de persona que no acaba de comprender las cosas hasta que las pone por escrito.
Tokio Blues: Norwegian Wood, Haruki Murakami
La muerte es un asunto grave. Quedé atrapado en este círculo vicioso, en esta asfixiante contradicción. [...] Estaba en la plenitud de la vida y todo giraba en torno a la muerte.
Tokio Blues: Norwegian Wood, Haruki Murakami

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Me gustaría tanto, por una maldita vez, sentirme bien. Conmigo. Con el mundo. Con la vida.
OYC
Dicen que somos la generación perdida. Dicen que somos unos fracasados, una decepción, unos inútiles. Dicen que somos egoístas, caprichosos, inmaduros, rebeldes. Dicen que no valemos para nada, que no hacemos nada, que no aspiramos a nada. Dicen que conducimos con exceso hacia el desastre nuestras vidas. Dicen que cuando nos pasen la batuta del mundo será el fin de éste. Dicen… Dicen muchas cosas de nosotros. Ninguna bonita, ninguna buena, ninguna alentadora. Y aun así se preguntan por qué actuamos como lo hacemos, por qué no tenemos sueños, por qué hemos perdido la esperanza. Pero, ¿quiénes son los culpables de que los jóvenes se hayan convertido en despreocupados deprimidos sin metas que viven cada día como si fuera el último porque, muchas veces, esperan que sea el último? Las mismas personas que tanto dicen. Nos llaman maleducados cuando son ellos los que nos han educado. Nos llaman egoístas cuando son ellos los que nos han enseñado a anteponer nuestra persona a cualquier otra. (“Quiérete a ti primero y después a los demás”, ¿cuántas veces habré escuchado esa estupidez de la boca de los adultos?) Nos llaman materialistas cuando son ellos los que nos han enseñado que el dinero es siempre lo más importante, lo que da la felicidad definitiva. Nos llaman inmaduros cuando son ellos los que nos tratan como a niños aún cuando esperan que respondamos como adultos. Nos llaman inútiles cuando ven en nosotros sus propios errores repetidos. Nos llaman fracasados cuando son ellos los que han fracasado educando a la siguiente generación. Dicen tanto y hacen tan poco que me gustaría ver… Me gustaría ver a esos que tanto dicen en la piel de un joven del siglo XXI. Me gustaría ver cómo aguantan la presión de tener que ser el mejor en todos los ámbitos de la vida. Me gustaría ver cómo aguantan el estrés de tener que llegar a todo y no poder. Me gustaría ver cómo aguantan la ansiedad creada por cada maldito “fracaso” que los adultos no dudan en recordarte. Me gustaría ver cómo aguantan fingiendo ser personas que no son sólo para encajar en el canon perfecto que ellos mismos han creado. Me gustaría ver cómo aguantan tener que renunciar a cada maldito sueño que tienen porque “así no vas a ganar dinero”. Me gustaría ver cómo aguantan lidiar con enfermedades mentales, como la depresión o la ansiedad, a las que ellos indirectamente nos han empujado. Me gustaría ver cómo aguantan, cuánto aguantan. Me gustaría saber qué dirían después de estar en la piel de “la generación perdida”. No puedo asegurarlo, pero seguro que ya no dirían tanto. Seguramente llorarían, seguramente recapacitarían, seguramente nos pedirían disculpas. Demasiado tarde, como siempre. Somos la generación perdida, porque vamos sin rumbo. Pero no somos la generación perdida, esa sin remedio. Somos la generación de las dudas, la incertidumbre, las preguntas sin respuesta. Somos la generación perdida tratando de encontrar un lugar en el mundo. Somos la generación perdida que lucha contra la verdadera generación perdida. La generación perdida es la que nos ha criado. E intentan arreglar sus errores con nosotros. Odian ver cómo cometemos los mismos errores que ellos, odian ver que seguimos haciendo esas preguntas a las que ellos no encontraron respuesta, odian ver cómo tratamos de aferrarnos a nuestros sueños, odian ver que luchamos por nuestra felicidad. Porque ellos perdieron toda oportunidad de arreglar sus errores, de encontrar respuestas, de soñar, de alcanzar la felicidad. Dicen que somos la generación perdida, y lo dicen con odio, porque saben que son ellos los que no tienen remedio, mientras que nosotros tenemos una brújula en nuestras manos. Y vamos a utilizarla. Y vamos a encontrarnos. Y vamos a ser la generación de la victoria, el triunfo, el renacimiento. Dicen mucho, y yo también tengo algo que decir: somos la generación perdida siendo encontrada. Mil sueños en la cabeza, esperanza en el corazón y una brújula en nuestras manos.
Una brújula en nuestras manos, OYC
Lo peor que puedes hacer con una persona es ponerla en un altar. Porque, si hasta los dioses nos decepcionan, ¿qué se puede esperar de los humanos?
OYC