XX - Papá Suguru (parte 4 de 4)
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Suguru sobó su nuca por un momento antes de abrir la puerta de su casa, siendo recibido por Satoru, quién tenía los labios temblorosos y caminaba con un poco de dificultad.
—¿Sucede algo?
El albino trató de decir algo, pero solo logró gesticular sus manos, antes de respirar hondo y soltar un respiró profundo.
—Megumi —comenzó con suavidad, soltando unas cuantas lágrimas— me llamo... Me llamo mamá.
Suguru abrió la boca con sorpesa, antes de abrazar con fuerza a Satoru, acariciando su espalda con suavidad.
—Cariño, eso es... Eso es...
—¡Mochi, no!
Suguru frunció un poco el ceño, observando como Megumi llegaba corriendo a la casa, con un perro blanco enorme delande de él.
—¿Satoru? ¿Por qué hay un perro en nuestra casa?
El albino rió con suavidad, apartandose del abrazo.
—Bueno, es que tuve que ir al hospital y de paso fuimos al refugio...
Suguru frunció el ceño.
—¿Por qué fuiste al hospital? ¿Estás bien?
Satoru asintió, moviendo la mano, restando importancia.
—No pasa nada, solo pise un vidrio por equivocación.
—¿Y por qué hay un perro aquí? Cariño, no entiendo nada.
—Mami —Megumi dijo con suavidad, tirando de la manga de Satoru— ¿Suguru está enojado?
Satoru bajó la cabeza, observando al niñito mirandolo con curiosidad.
—¿Enojado? Nah, Suguru nunca se enoja, solo se preocupa mucho.
Suguru soltó un suspiró, agachandose con cuidado al lado de Megumi, alzando la mano para acariciar con cuidado el cabello de Megumi.
—Es correcto, Megumi, no estoy enojado. Solo me preocupa que Satoru esta lastimado y no sabía que ahora teníamos un perro, pero no estoy molesto.
Megumi frunció los labios, entrecerrando los ojos, sin creer del todo sus palabras, pero asintiendo con suavidad al final.
Mochi llegó a su lado, moviendo la cola con velocidad y jadeando.
—¿Por qué no llevas a Mochi al jardín?
El pequeño asintió, corriendo al jardín y siendo perseguido por Mochi, sin detenerse incluso cuando estuvo a punto de resbalar en el piso.
—Satoru, ¿Un perro?
El nombrado soltó un suspiró.
—Lo sé, lo sé, y no quiero que Megumi piense que fuimos al refugio solo porque me llamó mamá, no es así, lo juro, solo estaba feliz y pasamos por el refugio, tenían una feria de adopción y Mochi simplemente resaltaba entre todos.
Suguru soltó un suspiró, colocando una mano en su hombro.
No iba a regresar a Mochi, solo le preocupaba todo lo que había pasado en menos de ocho horas.
—¿Tu pie es el lastimado? ¿Puedo verlo?
Satoru asintió, sentandose en el sillón y levantando su pierna, retirandose la pantufla, dejando ver la venda que lo cubría.
—¿El vidrio entró muy profundo?
—No, no, esta vendado solo porque sangro mucho, pero ni siquiera necesite puntos.
Suguru sonrió, volviendo a poner la pantufla en su pie antes de poner una mano en su hombro.
—Esta bien, cariño, me alegra que estes bien y Megumi igual.
—Y Mochi.
Suguru suspiró.
—Y Mochi.
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Megumi siempre estaba más comodo cuando Satoru estaba a su lado, sonreía más cuando Satoru lo despertaba o cuando era él quién lo llevaba al parque.
Satoru tenía manos suaves, feromonas con olor a pan recién hecho y sabía cuando necesitaba abrazos.
Incluso si Megumi no se los pedía.
Y a Suguru no le molestaba, bueno, no la mayor parte del tiempo.
A veces, cuando Megumi se escondía detrás de Satoru cuando él se acercaba o cuando le hacia mala cara cuando él lo ayudaba a bañar a Mochi y no el omega, sí le dolía un poco.
No lo tomaba personal, claro que no, pero era díficil no sentir que él iba un paso atrás.
Inlcuso cuando Satoru le dijo que solo necesitaba un poco, solo un poco más de tiempo.
Después de todo, Megumi ya llevaba casi un año y con ellos.
Pero, teniendo en cuenta que ambos trabajaban, ese día iba a llegar en algún momento.
—No —se quejó Megumi, aferrandose a la camisa de Satoru— no te vayas.
—Solo serán dos días —le dijo Suguru, sosteniendo la maleta de Satoru, pero Megumi solo hizo un puchero.
El omega sonrió, besando la frente de Megumi y bajandolo al piso.
—La fruta esta picada en el rifregerador, en cuadritos, como te gusta y tus tazas con perritos están lavadas, cuida bien a Mochi, ¿Si?
Megumi asintió, sus manitas se hicieron pequeños puños, antes de sonreír.
—Te voy a extrañar, mami.
Satoru le regresó la sonrisa.
—Yo a ti, corazón.
Satoru regresó la vista hacia Suguru, acercandose para besar sus labios.
—Te voy a extrañar a ti también.
Suguru le sonrió
—Cuídate, ¿Está bien?
—Claro.
Satoru le dio un beso en la mejilla a Suguru y un último a Megumi en la frente, le revolvió el pelo a Mochi y salió de la casa.
Megumi frunció los labios, moviendose en el mismo lugar con ayuda de sus pies, antes de cruzar los brazos, incomodo.
—¿Quieres hacer algo? —Suguru preguntó, alejandose unos pasos para que el pequeño no se sintiera tan incomodo.
—Quiero a mami.
Suguru le sonrió, asintiendo.
—Yo también —le respondió, antes de soltar un suspiró— pero se acaba de ir, debemos resistir algunas horas, al menos.
Megumi no contestó.
Y durante todo el día, solo hubo intentos fallidos.
Suguru le intentó leer un libro, pero Megumi le dijo que debían esperar a Satoru para que no se perdiera nada.
Le quiso poner caricaturas, pero Megumi cambió de canal a un documental de miel, ¡De miel! ¿Así de aburrido era estar con él?
Le ofreció hacer galletas, aparentemente no le quedaron tan ricas como a Satoru.
Suguru suspiró, sentandose en el sillón y observando a Megumi peinar el pelo de Mochi para sacar el pelo suelto.
No iba a forzarlo a convivir, así que lo único que podía hacer ahora era limpiar la casa.
Paso una hora, luego dos y después tres.
Megumi solo le llamó una vez porque tenía sed y no encontraba su vaso.
Pero más allá de eso, nada, porque fue al jardín y ahí se quedó.
Sin embargo, cuando las nubes comenzaron a oscurecer el cielo, Megumi regreso a la casa, abrazando a Mochi con un poco de miedo.
—¿Megumi? —preguntó Suguru con suavidad— ¿Está bien?
El pequeño asintió, pero antes de hacerlo, fue cuando un trueno retumbo por toda la casa, las luces parpadearon y seguido de eso, llegó el apagón.
El gritó de Megumi fue inmediato, los ladridos de Mochi acompañandolo.
La oscuridad lo ponía mal.
Suguru soltó la canasta de ropa que sostenía y corrió hacia él, extendiendo los brazos hacia él, Megumi corrió directo a él.
—Tranquilo, aquí estoy. No pasa nada. Estás a salvo.
—¡Quiero a mami!
—Lo sé —le susurró con suavidad, sentandose en el suelo con el pequeño en brazos, Mochi se acurruco con ellos rapidamente— le podremos llamar en un ratito, ¿Si? Solo debemos esperar.
Megumi dudó, pero luego, aún temblando, se acurrucó más cerca de él, buscando un poco de consuelo en él.
Suguru lo sostuvo, acariciando su espalda con paciencia.
—No pasa nada, peque, sé que da miedo, los trenos son muy ruidosos, pero estoy contigo, estamos juntos. No estás solo y no te dejaré solo.
Megumi sollozo un poquito, enterrando su rostro en su cuello.
—No te vayas.
Suguru respiró hondo, antes de negar con la cabeza.
—No me voy a ir nunca, Megumi. Nunca.
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Satoru regresó junto al aterdecer del día siguiente, un poco empapado, pero fue atacado por abrazos de Megumi y ladridos de Mochi apenas puso un pie en la casa.
Suguru le sonrió, caminando detrás de ellos.
—Hola —dijo con cariño, levantando en brazos a Megumi— ¿Cómo te fue con Suguru, Gumi? ¿Todo en orden?
Megumi enterró su cabeza en su hombro, antes de susurrar bajito.
—Papá me cuido bien, mami.
Suguru casi gritó al escucharlo.
Satoru le sonrió, levantando la mirada hasta su esposo.
—Solo un poquito —añadió Megumi luego del silencio.
Satoru soltó una risita.
—¿Sólo te cuido un poquito bien?
Megumi asintió.
—Así es —Megumi lo miró muy serio— porque tu me caes mejor.
Satoru sonrió, acariciando su cabello antes de que Suguru se acercará a ellos.
—¿No te caigo bien?
—Me caes bien —aclaró Megumi— pero mami me cae mejor.
El beta sonrió, antes de acercarse un poco y besar la frente de Megumi.
—Me conformo con eso.
El pequeño sonrió, antes de tenderle los brazos a Suguru.
—¿Me cargas, papá?
El beta asintió, sosteniendo con cuidado al niño, recargando su cabeza contra el cabello de Megumi.
Buscó la mirada de Satoru y gritó en silencio, solo abriendo la boca para demostrar su emoción.
Satoru sonrió, asintiendo con cuidado mientras acariciaba el pelo de Mochi.
Megumi bostezó contra Suguru y sus ojitos comenzaron a cerrarse, cómodo y al fin, confiando en Suguru.
Tanto que se quedó dormido en sus brazos.














