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Martín se despierta lentamente y se estira sobre la cama, arqueando la espalda, perezoso. Es sábado de mañana y Daniel se vino la noche anterior para quedarse el fin de semana. Con los ojos cerrados, el argentino rueda en la cama, buscando ciegamente contacto con su primo- sin encontrarlo.
Abre los ojos a medias y se da cuenta de que Daniel no estaba.
Podría haberlo soñado; Daniel llegó a la casa del aeropuerto antes que Martín llegase del trabajo, comieron un salteado de pollo y cebollas con esa salsa secreta que Daniel hace que es tan putamente deliciosa, y un poco de puré de papa. Martín le dice que extraña la comida casera, Daniel dice “Yo también te extrañaba” entre risas y lava los platos. Luego se besan, se van al cuarto a quitarse la ropa... y se acurrucan a dormir.
Realmente, pudo haber sido un sueño, así lindo y romántico, con comida casera y la salsa mágica esa. Se lo creería si no fuera por el olor a productos de limpieza que entraban por la puerta a la habitación.
Se levantó para ir al baño, lo encontró limpio, reluciente y oliendo a flores. Daniel definitivamente estaba en casa... y a juzgar por como brillaban las canillas del lavadero, estaba muy muy ansioso.
Se dio una ducha, se lavó los dientes y con toalla en la cintura, se fué a la cocina, donde se escuchaba el sonido de sartenes y platos, mezclados con cumbia del computador.
Entra la cocina y Daniel estaba de espaldas a él, sacando el último sartén del lavadero y secándolo con ... esos trapos de cocina son nuevos.
-Yo no compré eso- dice Martín, recostándose en el marco de la puerta.
-Los compré en el mercado, ya que estaba por ahi- Daniel cuelga el sartén por el mango, en uno de los clavos de la pared.
-Esos clavos no estaban ahí-
-Pero me cuidé para no romper la pared y arruinar la pintura- el paraguayo entró en defensiva inmediatamente, aunque se las manejaba para aún así, sonar tranquilo. Todavía no se volteaba a verle.
-Mmmm- Martín se mordió el interior de las mejillas para no sonreírse demasiado.- Y, decime una cosa..-
-¿Mmm?-
-¿Nos viene a visitar la mamá o soñaste con cucarachas?-
Hubo un silencio corto, Martín se tapó la boca para no soltar la risa y trató de respirar profundo por la nariz para calmarse.
Daniel se volteó hacia su primo, con la cara roja.-Le odio a tu chica-.
-¿Ah, que hizo Candela ahora?- el argentino se muerde el labio inferior, pero ya no evita la sonrisa. Camina hacia Daniel, divertido; la eterna pelea de su primo contra la señora de la limpieza, sumada con la forma adorable en la que trataba de desviarse del tema, era siempre una forma hilarante de empezar el día.
-¿Iba a fritar pirequitas para el mate, viste? Y agarré un sartén,- Daniel no se mueve de su lugar, y habla con las manos un poco, haciendo gestos exagerados.- Y agarro la sarten estaba todo resbaloso aikoa. Con grasa.-
-¡El horror!- Martín trató de sonar lo más burlón posible, y Daniel igual pareció tomarle enserio.
-Y luego pensé que si no lava bien ni una puta sartén, no le puedo confiar que no haya comida seca en alguno de nuestros platos-
-¿Nuestros?- Martín se estaba acercando lo suficiente para poder tomar a Daniel en brazos.
El otro le ignora la última pregunta, como si nada.- Así que saqué todos los platos, sartenes y ollas. Y los lavé todos. Y limpié los estantes. Luego sequé todo y los puse en su lugar. Y lavé el lavadero y el piso de la cocina que se mojó con todo el trajín--
-Dani-
El argentino lo abraza de la cintura, divertido, y Daniel pone las manos sobre su pecho desnudo, la vista fija en el vello rubio que sale de su piel. Luego alza la cabeza de golpe y mira a su primo a los ojos.
-Esas cucarachas eran enormes- Daniel le hizo pucherito.- Y cuando desperté no pude dejar de pensar en cuando fue la última vez que cambiaste las sábanas-.
Martín soltó una carcajada y se tapó la cara con una mano. -Me estoy cogiendo una abuela, no puede ser-.
Daniel le empuja un poco, pero Martín mantuvo el abrazo firme para no alejarse; y sólo lo soltó para tomarle del rostro y besarle la boca. Dani no se resiste, y se deja guiar por su primo hasta que su espalda choca suavemente contra el refrigerador, y ahora él es quien abraza a Martín de la cintura.
Se separan un poco para saludarse.
-Hola- dice el paraguayo entre risas.
-Hooola, al fin- susurra Martín contra la boca de su primo.
Daniel se sonríe y frota sus labios con los de él, juguetón. -Te despertaste tarde, ¿todavía querés mate o vas a desayunar directo?-.
-Mate, siempre- el rubio se sonríe y baja unas manos a los pantalones del más joven.- Pero primero quiero hacerte un par de cosas, mirá que ayer no te pude tocar...-.
-A qué bien, yo quiero que hagas un par de cosas por mí- Daniel rodea el cuello de su primo con los brazos y se abraza bien a él, para luego besarle la mejilla, la quijada, y guiar su boca hasta llegar a ese sensible espacio de piel justo debajo de su oreja, y succionar gentilmente.
Martin cierra los ojos y traga saliva, dejandose llevar. - Vos pedís lo que querés, nene-.
-Mmmm- Daniel le susurra sensualmente al oído.- Tirá la basura-.
-Ah, no sabés lo que te voy a--
Martín para, se queda en silencio y parpadea un par de veces en confusión, luego abre la boca y luego la cierra. Luego la abre otra vez.
Daniel le sonríe inocentemente.
-La bolsa negra grande tiene todas las bolsas más chicas de basura de toda la casa, la mediana medio transparente tiene los plásticos-
El argentino frunce el ceño.- Me jodiste, puto-.
-Te lo ganaste por burlarte de mí- el paraguayo se ríe con ganas y le da unas palmadas a su primo en los hombros.- Dale, dale, que te hago desayuno-.
-Ah bue, dejáme ponerme ropa primero- Martín se aleja del menor y se voltea para salir de la cocina.
Daniel se cruza de brazos y se recuesta contra el refri, una sonrisa grande en la cara. Martín para y se voltea, recordando algo.
-El jueves- el rubio le apunta con el dedo y le sonríe también.- Te lavé las sábanas el jueves, después de que me llamaste a avisar que venías-.
Daniel suelta una carcajada y da un aplauso.
-¡Churro!-.
II.
Después del almuerzo Martín recoge la mesa y Daniel lava los platos. Martín se ofreció, pero Daniel tiene su forma de lavar, con un orden “x”, y Martín no se molesta insistir con eso.
-Te dejo a cargo de nuestros platos, entonces- dice con una sonrisa burlona.
Daniel ignora esa de nuevo.- Si tuvieses una chica que sirva, quizá lo podíamos dejar para el lunes, pero... -
-Ah, podés quedarte a vivir conmigo de una vez y dejarte de romper las pelotas con el odio a distancia que le tienes a la Candela, ¿qué decís?-.
Daniel se volte a mirarle mal, pero apenas lo ve reír a Martín, se sonríe un poco y menea la cabeza.- Que boludo que sos-.
Antes, conversaciones como esa generaban mucha tensión entre ellos. Su relación siempre fue complicada y entre las miles de cosas que lo cagaban todo, estaba el temor por parte de Daniel del anexo de Paraguay a Argentina. Claro que eventualmente se volvió más fácil perderle seriedad a ese asunto, especialmente porque Martín adoraba pinchar el tema solo por ser un jodón de mierda.
Pero Daniel se dio cuenta, de que como países- formados por humanos, sentirse humanos era una tentación constante y se hacia difícil notar el borde entre la humanidad que sentían y lo que representaban.
Y cuando Martín le decía pavadas como proponer que vivan juntos, eran parte joda y parte verdad. La joda era por ser un país y saber que eso no se puede, y la verdad era por sus sentimientos humanos- egoístas y románticos, por lo que quería. Y el rubio se ríe para restarle importancia a esa verdad.
Porque si no hace, duele. Y si calla y no lo dice, duele también.
Daniel nunca sabe como contestarle, porque si lo toma como país, se van a lastimar. Y si lo toma como un humano... sea cual sea su respuesta, sería una mentira, porque no son humanos.
Se va por lo seguro, reírse también y mandarle a que se deje de macanear.
III.
Los vecinos le palmearon la espalda con manos sucias de barro, hablando de su triunfo en el juego. Le halagaron, especialmente, y agresividad de Martín en este juego en particular.
-¿A qué se debe tanta garra?- le pregunta el Gordo Jesús.
Martín respondió que se levantó tarde, comió mucho... y que el novio estaba en casa y a pesar de que se habían extrañado un montón, todavía no habían... disfrutado completamente de la visita. De ahí el excedente de energía.
Las palmadas de felicitaciones pronto pasaron a ser de pena.
-Pero che, si el novio está en la casa, ¿por qué venís al rugby?- le dice el Fasolita, tan querido por la comunidad el pibe.- Andá, sacálo a bailar loco-.
Todos se ríen y Martín se alza de hombros. Daniel es así, no le gusta que Martín cambie sus planes y su rutina porque él está en la casa- sobre todo el rugby de los sábados a la tarde, que a Tincho le encanta.
Es esa parte del fin de semana en el que se sienta con su gente, así sin reglas ni trabajo ni estrés. Le gusta que de repente, la gente no se de cuenta de quién es él, y no le deba nada. Se siente humano- porque es tan fácil caer en la tentación, en la comodidad y el placer de ser humano. Martín juega y putea y se ensucia con sus hijos y señores, siente su piel tan viva y el aire tan fresco en sus pulmones; de paso y con amor, se rompen algunas narices.
Martin le dice que no lo soporta cuando quiere hacerse el mártir, pero sabe que Dani le dice que vaya porque entiende. Igual, Martín le invita a mirar el juego y el otro dice que mejor se queda a arreglar el jardincito- esa es su rutina de los sábados de tarde, en su casa como en la de su primo.
Claro, no todo siempre va como la rutina lo dicta.
Como Martín llegando a casa sin ducharse, lleno de barro y algo de sangre, oliendo a sudor y... más barro. Así en medio de la sala. Daniel lo ve, sus ojos se agrandan como platos y abre la boca grande en un grito sin voz.
-Pará - le interrumpe Martín alzando las manos, mostrando las palmas y su inocencia.- Antes que mandes a la mierda, se cerraron las duchas y no pude bañarme antes de venir-.
Daniel le mira de arriba abajo, se muerde el labio inferior, y alza la vista.-Me estás ensuciado el piso-
-Ya sé, disculpá-
-Estás roñoso-
-... Si. Ya.-
-Puerco, y olés mal- Daniel no le deja de examinar entero, y Martín siente algo extraño.- Que desastre que sos-.
-Ey- Martín frunce el ceño, molesto, y esta a un paso de putearle a Daniel por cruel y desubicado... si no fuera por que... acaba de notar algo.
Oh.
-Vos te estás babeando encima-.
Daniel alza la vista, parpadeando varias veces, como saliendo de un trance.- Perdón?-
-Vos me estás comiendo con la mirada, loco- Martín sonríe de gusto.- No te puedo creer-.
- ¿Qué decís? Si estás asqueroso,- Daniel menea la cabeza en negativa, y se ríe fingido, mirando a todas partes menos la cara de su primo.- Nada que ver, churro, nada que ver-.
Martín aprovecha para acercársele, entretenido con todas las expresiones que hace la cara de Daniel en segundos.
-¿El maniático de la limpieza se excita con verle al novio todo puerco y sucio?¿Te parece sexy esto, Dani?- Martín se burla casi cantando, y Daniel se tensa visiblemente.
-Pará-
-¡Qué pervertido que sos, no lo puedo creer!-
-¡Pará, te dije!--- Daniel se interrumpe con cara de susto.- Tenés sangre en el pelo-
-No me vas a cambiar de tema esta vez, nene-
-Enserio te digo, tenés sangre ahí- Dani se acerca un poco más para tocarle la cabeza, buscando gentilmente una herida.
Martín se alza de hombros, ya se disculpó varias veces con el Negro Roldan por el cabezazo a mitad del juego.- No es mía-.
Le ve a Dani a los ojos y puede notar en ellos como el tenso hilo de autocontrol del paraguayo se soltaba, que provoca un impulso fuerte en su interior y el menor se abalanza contra él, abrazándole el cuello para estamparle un beso duro en la boca.
Martín da unos pasos hacia atrás de sorpresa, y el bolso con su ropa limpia sin usar se cae al suelo. Daniel se frota contra el cuerpo de Martín, gimiendo y besándole con hambre y eso ayuda a que el rubio se recupere enseguida, para tomarlo directo del trasero y alzarlo. El menor instintivamente cierra las piernas alrededor de la cintura de su primo y gime con gusto cuando Martín le corresponde el beso apasionadamente.
Agradece el argentino, que Daniel ande con pantalones de básquet por la casa, esos holgados, de tela fina fácil de estirar, y de sentir sobre ella. Sin meter la mano en ellos, Martín se abre paso entre las nalgas de Daniel con los dedos, por sobre la tela, para manosearle ahí donde le tenía ganas desde la mañana.
Daniel se vuelve ruidoso, con jadeos y gemidos y palabrotas en guaraní ahogados todos en besos necesitados. El entusiasmo del menor acabó rompiendo el foco de concentración de Martín, que tuvo que interrumpir el beso para esconder la cara en el hombro del paraguayo y reírse con ganas.
Daniel suspira un poco y le da un par de palmadas en los hombros.- ¿Que pasa?-
-Es que no te estoy haciendo nada y ya estás así...- dice entre risas, la cara aún escondida- ¿tanto te gusto así, chancho?-
Daniel hace un pucherito que Martín no puede ver, pero sabe.
Eso sólo lo hace reír aún más. Daniel es encantador por todas las razones equivocadas. Sus sonrojos de vergüenza, sus pucheritos, su manía con la limpieza, y su nueva, recién descubierta... perversión. La facilidad que tiene Tincho para seducirlo le alimenta el ego tanto como le divierte (y lo disfruta mucho, después).
Pero ahora tenía barro seco en el culo y no se sentía sexy para nada.
Finalmente, alza la cabeza para mirarle. -Dani, me quiero bañar-.
Daniel suelta un suspiro chico, pero asiente.-Mejor, la verdad es que si seguíamos no sé donde lo íbamos a hacer... mirá que tu sofá no tiene un año todavía y las sábanas de la cama las volví a cambiar... y--
-Dani-.
El paraguayo le sonríe y los dos comparten un beso más tranquilo. Martín le habla despacio contra su boca.
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feliz año nuevo para vos también, mi argentyra banks <3 sos una de las personas que con sólo verla en mi dash ya me siento lejos de cualquier tipo de estrés y me hace sonreír así de fácil <3
Te debo mucho, por todas las veces que en este año me deprimí y mi cura fue leer tu fic "Amor en un antro argentino", gracias ;3; ♥♥
TE DESEO LO MEJOR Y QUE TE LA PASES ROCKEANDO PORQUE GENTE METAL COMO VOS SE MERECE COSAS METAL Y AWESOMES