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Warning: NSFW, kind of dramaboy issues.
Pairings: Hay piscas de argpara y una de ecuper, aparte de la principal.
Sebastián arrugó la nariz al entrar al baño. Había estado allí varias veces y siempre tardaba un poco para dejar de notar el olor.
—¡Sebas! —llamó Gregorio al entrar.
Sebastián le miró, notando que el dominicano llevaba su uniforme de basquetbol, intuyendo que este venía de algún juego de la cancha que quedaba cerca. Por eso le había citado allí.
—Llegaste rápido —comentó este, empezando a sacarse la remera deportiva por encima de su cabeza.
Sebastián suspiró para sus adentros. Entró a uno de los cubículos, el que se veía más limpio y se sentó sobre uno de ellos.
Gregorio entro detrás suyo, con sus pantalón y camiseta en mano y colgándolos de la puerta que cerró detrás de sí. Ahora solo vestía su jockstrap y sus tenis.
—Lo bueno de la ropa deportiva es que es fácil de quitar y volverse a poner —bromeó el Greg, bajándole la bragueta al uruguayo, quien había sido lo suficientemente inteligente cómo para venir sin ropa interior.
—Je —respondió Sebastián por educación. Ver a Gregorio con apenas algo encima siempre le causaba una erección rápida, y esta ocasión no fue la excepción. Pero sería obvio para cualquier otro amante casual de que no se encontraba totalmente cómodo, para cualquier otro menos Gregorio claro está, quien suspiró muy audiblemente cuando luego de colocarse encima de Sebastián, empezó a descender sobre la pija de este, no perdiendo el tiempo en comenzar a moverse.
—¿Te preparaste antes de venir? —cuestionó Sebastián, para no estar tan callado durante el encuentro.
—Ujú —respondió Gregorio, muy a gusto, usando los hombros de Sebastián cómo apoyo para empezar a subir y bajar—. Que mi partido terminó hace rato. Nos fuimos a tomar algo para celebrar. Luego me calenté, entré al baño del bar, me preparé cómo me enseñaste y te llamé.
Y eso resumía sus encuentros con Gregorio. El sujeto se emborrachaba, se calentaba y lo llamaba para coger.
Sebastián no recordaba una sola sesión en donde Gregorio no oliese a alcohol o se desnudase por completo. Pero lo que más le dolía es que hasta la fecha, ni siquiera por error, Gregorio jamás le había besado.
Sebastián pronto dejó de pensar, dejándose llevar por el momento entre gemidos y quejidos, empezando a tocar el cuerpo de Greg para provocarle lo mismo que este le provocaba con sus movimientos.
Para variar la cosa, esta vez ambos llegaron al orgasmo. Aunque Gregorio se quejó del liquido que ahora se escurría entre sus glúteos. Y gracias al jockstrap, Sebastián no tuvo que limpiarse de casi nada.
Gregorio se levantó y procedió a limpiarse con papel de baño que había traído del bar en donde se encontraba, específicamente para ese momento.
—¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó Sebastián, subiéndose la bragueta mientras miraba a Gregorio por encima de su hombro.
—No sé, a cenar —respondió Gregorio, metiéndose sus pantalones de vuelta.
—Oye… Um… te gustaría… —Sebastián habló inusitadamente bajo y algo tímido. Pero fue demasiado bajo. Gregorio no lo escuchó, y empezó a alejarse caminando sueltamente.
—Nos vemos en otra —se despidió el dominicano antes de salir del baño, dejando a Sebastián con varias de sus palabras en la boca.
—Venir a cenar en mi casa —completó Sebastián, mirando al vacío—. Quiero algo más que sexo. Quiero lo que tienen Martín y Daniel. Quiero lo que tienen Miguel y Francisco. Quiero tener eso contigo, Greg.
Sebastián suspiró.
—“Bueno, felicidades Sebastián” —se dijo a si mismo, caminando hacia la salida—. “Ya pudiste decirlo en voz alta, ahora te falta decírselo en su cara”.
Suspiró nuevamente, esta vez de forma más exasperada.
—“Te juro que si todo esto me explota en la cara, no volveré a enamorarme de nadie que no esté bien afuera del closet. Un desfile del orgullo gay bien afuera del closet”
Sebastián siguió rezongando todo el camino a su casa.
Mientras tanto, de vuelta en el bar, Gregorio rezongaba frente a un vaso de alcohol y con un aburrido René de compañía, de cómo había vuelto a caer en esa mala costumbre de coger con hombres.
—Con Sebastián —le corrigió René, sin tenerle nada de simpatía—. Es con el único que coges. Sólo con Sebastián. Porque, por milésima vez, tú quieres mucho a Sebastián. Estás enamorado de Sebastián. Sólo te pica el culo por Sebastián. Quieres tener los hijos adoptivos de Sebastián. Pero no tienes idea de cómo mostrar afecto salvo con sexo. Porque no eres un homosexual hecho y derecho, eres un cobarde y confundido marica de mierda.
Gregorio le miró achicando los ojos.
—Eres el mejor enemigo que he tenido.
René asintió, satisfecho con ese título.
—Gracias, hago mi mejor intento.
Gregorio suspiró.
—Hasta iba a besarlo —dijo apresumbrado.
—¿Besarlo? Carajo Gregorio —exclamó René, fingiendo indignación—. Una cosa es dejarle meter su guevo en tu culo, pero ¿besarse? Eres una ramera.
—Pero me dio una vaina que ni idea. ¿Crees que deba ir más lento e invitarlo a comer algo? —preguntó Gregorio, mirando a René y decidiendo para sus adentros ignorar cualquier cosa que no le ayudase.
—Okey, ¿te das cuenta de que acabas de pasar de “no soy gay, solo estaba borracho y caí de nuevo” a “no tengo idea de cómo tratar con mi crush sin recurrir a bajarme los pantalones?” porque de ahora en adelante, ya no hay vuelta atrás
—En serio, eres el peor.
—Eh, te pasa por entregarme tu virginidad y robarte la mía. Sufre cómo yo sufrí.
—Es lo justo —accedió Gregorio, viendo que no podía quejarse—. Ahora, ¿podrías por favor dejar de ser una gran perra y ayudarme? Te lo agradecería mucho.
—Ah, lo que hago por ser buena persona —habló René, sacando su celular de su bolsillo y marcando a un camarada.
Gregorio abrió la boca para comentar algo, pero decidió que no valía la pena.
—Que tal Dani… bien, todo bien. Escucha, voy a necesitar un poco de ayuda. Tengo a un idiota bisexual enamorado. Digo bisexual porque se acostó con muchas tipas antes, pero ni idea de si lo es realmente. Si, son complicados. Lo peor es cuando te toca ser su primera vez en todo. Ni te cuento del drama.
—René…
—Sí, cómo decía. Necesito tu ayuda, ¿tienes tiempo para irte de compras? Ah, entiendo. Bien, cuando termines de usar esa pija, me avisas. Y salúdame a Martín de mi parte.
René colgó su móvil y miró a Gregorio, mientras depositaba dinero junto a su trago a medio tomar para pagar la cuenta.
—Vamos bugarrón, tenemos que ir a tu casa para que te des una ducha antes de salir. Que aparte de que apestas a sudor, puedo oler lo que te depositaron en el culo desde aquí.
—¡Me higienicé antes de venir, muchas gracias!
Ambos se pararon, caminando mientras discutían entre ellos sin tomar en cuenta al barman que les miraba irse con una expresión de hastío en su rostro.
—This is the most fucked up thing, I hate my job —comentó Alexander para sí mismo.
Headcanon: La razón por la que Greg y Sebas tienen sexo mas que otra cosa, es porque Greg no tiene ni idea de romanticismo gay. ¿hetero? Yeah. All the time. Pero con otro hombre sus neuronas se cortocircuitan y es como “Error 001, mi no computar, aplicar procedimiento de emergencia: ¡Sexo!
Al regresar a casa, Sebastián esperaba encontrarse un desastre. Pero para no variar, Gregorio superó sus expectativas.
—Esto es una pocilga –murmuro Sebastián, lo suficientemente algo para que Gregorio escuchase. Miraba con disgusto la mezcla de ropas usadas y envases de comida rápida que se desplegaban por toda la sala. Salía un fin de semana a visitar a su familia y volvía para encontrarse con que Gregorio convirtió su apartamento en un chiquero.
El dominicano estaba desparramado sobre el sofá, viendo una película y comiendo su desayuno al mismo tiempo. Al menos tuvo la decencia de pausar la película para mirar al uruguayo.
—No está tan mal –se defendió—. ¿De verdad te molestan un par de camisas en el suelo?
—Tus calzoncillos tirados ahí en el suelo… —dijo, inclinándose para tomar una de las prendas por la pretina y levantándose con ella para enseñársela a Gregorio—. Me molestan.
—Óyeme, el hecho de que tu no tengas nada que guardar en ellos, no significa que debas molestarte conmigo.
—Algunas personas preferimos guardar nuestros calcetines en un closet.
Gregorio rio de buena gana, lo que molestó a Sebastián. Había convertido su apartamento en un vertedero de basura. No quería hacerlo reír, quería destruirlo y alimentar a las aves con lo que sobrase de él.
—Ven a ver si los guardo aquí –le dijo Gregorio con un tono pervertido, agarrándose la entrepierna.
—Solo limpia este desorden, por favor –dijo Sebastián, soltando la prenda, tomando sus maletas y caminando hacia su habitación, la cual rogaba que hubiese quedado intacta.
—¡Pero ven a revisar!–insistió Gregorio.
Sebastián lo ignoró y siguió caminando. Oyó como Gregorio abandonaba el mueble, y sintió sus pasos rápidos caminando hacia él. Se volteó al mismo tiempo en que Gregorio abría los brazos, aferrándose a él en un fuerte abrazo.
—Me hiciste mucha falta –le dijo Gregorio, depositándole un beso en la mejilla.
—Yo también te extrañé –respondió Sebastián, sin poder evitar sonreír—. Igual no te voy a ayudar a limpiar este desastre.
—Te cambio sexo por ayuda —ofreció Gregorio.
—Buen intento, pero eso como ofrecerle oro al rey midas.
Gregorio volvió a reír, apretando con más fuerza a Sebastián y finalmente levantándolo del suelo, haciéndole soltar las maletas.
Sebastián rió bajamente, sujetándose a Gregorio mientras este daba una vuelta. Se sintió tonto, se sintió amado, se sintió en la cima del mundo.
Resumen: Al otro día de una parranda. Gregorio tomó mucho. Sebastián no. Martín solo se apareció por el café.
Martín arqueó una ceja al entrar en su cocina y encontrarse a Gregorio en ropa interior, mirando la cafetera mientras esta preparaba el café. Su expresión indicaba odio al mundo y desesperanza infinita. Obviamente había bebido demasiado.
—¿Estuviste en un accidente? —cuestionó Martín con cierto tono burlesco mientras le pasaba por el lado, abriendo la nevera para tomar algo de agua. No iba a preguntarle que hacía en su casa porque lo había visto llegar con Sebastián bien tarde en la noche. Y había estado haciendo ruido toda la noche, casi les echa agua para que se calmen. .
—No, sólo estoy muerto por dentro —respondió el dominicano con la voz ronca.
Martín soltó una risita.
—Muy buenos días —saludó Sebastián, entrando a la cocina con una gran y enorme sonrisa en el rostro. Se veía de muy buen humor para alguien que sólo vestía sus calzones y había estado gritando el nombre de otro hombre toda la noche.
—Buenos días, sátiro número dos
—Dime, ¿Qué fue lo que le viste a este?
—Para empezar… —Sebastián se puso al lado de Gregorio, tomando la parte trasera de los calzoncillos entre sus dedos y bajándola, dejando al descubierto los glúteos del dominicano.
Gregorio soltó un gruñido de protesta ante ser exhibido, pero no hizo nada más.
—Entiendo —aceptó Martín, asintiendo con la cabeza—. Pero que conste que he visto mejores.
—Claro, pero no diremos nombres, ¿oh si? —comentó Sebastián, cruzándose de brazos y mirándole de reojo con una expresión mordaz—. Que todo quede en familia.
—No es que tenga alma para que me importe, ¿pero podrías dejar de enseñar mi culo? —preguntó Gregorio.
—Shhhhh —susurró Sebastián, ahora pegándose detrás del dominicano mientras le abrazaba por la cintura—. No hables, empeorará tu jaqueca.
—Si, um, me voy a otra parte —comentó Martín, abandonando la cocina. Luego vendría por ese café ajeno.
—Imagino que a una habitación que no es la tuya —insinuó Sebastián.
Daniel acababa de cumplir dieciocho. No tenía idea de que iba a estudiar, no tenía idea a que universidad iba a ir y tampoco sabía si realmente quería vivir en un apartamento con sus primos para iniciar su vida de mayor y dejar la casa de su madre.
Lo que si sabía es que le gustaba Martín. No fue algo que descubrió luego de mil momentos, una villana y un anillo de compromiso como en las novelas. Sencillamente vio a Martín hablar con un posible interés romántico y lo supo. Le gustaba Martín.
—Mierda —masculló para sí mismo. Cómo si no tuviese suficientes cosas de las que preocuparse.
La habitación estaba oscurecida, habían decidido no ambientarse con música porque el espectáculo que ocurría era demasiado bueno para mezclarlo con algo más.
Sebastián estaba sentado sobre un sillón, vistiendo unos pantalones de cuero. Tincho sólo vestía su ropa interior, y estaba sentado en el brazo del asiento, de brazos cruzados, viendo la escena.
—Tu mascota es muy cariñosa —le dijo Martín a Sebastián, luciendo algo serio.
—Fuiste tú quien quiso presentarlos —le respondió Sebas, riendo ante la cara de su primo—. Y no es cariñoso, solo es bien caliente.
Ambos miraron a sus mascotas; quienes se encontraban frente a ellos en el suelo, al pie de la cama. Daniel estaba en cuatro, gimiendo calladamente mientras Gregorio se trepaba encima de él, penetrándolo despacio.
Daniel sintió que sus glúteos se abrían para darle paso a la pija de Gregorio. No era tan grande como la de Martín, pero el solo hecho de ser una diferente, mientras que Martín le estaba observando, era suficiente para darle una erección que ya goteaba pre-semen
—No te muevas mucho —le instruyó Sebastián a su mascota—. Sólo queremos que Dani se acostumbre a algo grueso antes de empezar.
—Porque Greg ya lo está —completó Martín, con cierta burla..
—Tengo más tiempo entrenándolo —justificó Sebastián, encogiéndose de hombros.
—Mi Dani puede con todo —habló Martín, con cierto orgullo, luego viendo a su mascota—. Puedes apretar y aflojar el culo si quieres, Dani.
Daniel no respondió. Tanto él como Gregorio no tenían derecho a hablar durante todo el momento. Las mascotas no hablaban, sólo obedecían la voz de sus amos.
Esta vez, Martín se lo dejó a forma de opción y Daniel eligió la que mas le gustaría a Martín: tensaba y destensaba su cuerpo, y Gregorio empezó a gemir a causa de los apretones que sentía en su verga.
El dominicano nunca pensó que llegaría tan lejos con Sebastián. Antes del uruguayo, había sido el macho de todas sus relaciones, ahora era la mascota. Lo más sorprendente es que no le importaba decirlo: le gustaba.
Martín caminó hacia el par con un juguete entre sus manos, arrodillándose frente a Daniel, quien alzó su cabeza para verlo. Sonrió al ver los labios entre-abiertos de Daniel, quien jadeaba y parecía suplicarle por algo con la mirada.
—Chupa —dijo Martín, poniendo una de las puntas del dildo de dos cabezas frente a Daniel, rosando sus labios y luego empujándolo hacia al frente—. Mójalo bien.
Daniel abrió su boca, dejando entrar al dildo antes de empezar a ensalivarlo con su lengua, cerró los ojos para imaginar que era el miembro de Martín y el resto fue sencillo. Sabía que su amo igua iba a usar un lubricante antes de darle el juguete, pero la
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—Son buenos —mencionó Martín, honestamente asombrado de que la imagen le excitase tanto.
—Sí, lo son —reconoció Sebastián, quien moría por entrar a la acción, pero al mismo tiempo no quería interrumpir la escena.
Daniel y Gregorio en cuatro, dándose mutuamente la espalda, moviéndose hacia atrás y adelante, chocando sus culos el uno contra el otro. Jadeantes, pero sonrientes. Sus erecciones disminuían y aumentaban dependiendo en donde se localizaba la mayor parte de su placer: si en su próstata acariciada por el dildo o en las miradas de sus amos.
—Se merecen una recompensa —sugirió Sebastián—. Algo para llenar sus bocas.
Martin sonrió ampliamente. De esa forma lograba unirse a la acción sin interrumpirla.
Ambos se fueron acercando al dúo, quienes sonreían al verles venir. Pronto, no solo estaban dándose placer mutuamente, sino a sus amos. No había nada más placentero para una mascota que satisfacer a su amo.
Sebastián y Martín subestimaron las ansias de esos dos por hacerles sentir, y terminaron corriéndose sin querer; Martín sobre el rostro de Daniel. Sebastián aun dentro de la boca de Gregorio.
—Buen chico —suspiró Martín jadeante, casi yéndose de espaldas.
—Demasiado bueno —murmuró Sebastián, acariciando el cabello de Gregorio—. Pero no hemos terminado.
Las mascotas jadearon de expectativa. Justo lo que ellos querían escuchar.
FIN
Notas: Pues un poco de esto porque ya tenía el headcanon con urudom y luego vino el arpgara y hey, un guay para cada uno.
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Notas: Este se podría leer como una continuación de anterior, cuando ya estan a solas. Pero también como algo aparte.
Mierda II
Sebastián miraba a Gregorio dormitar –más bien roncar a pierna suelta- sobre la cama. El sexo había sido particularmente intenso, y el dominicano estaba comprensiblemente agotado. El lado bueno para él, es que siempre había sido rápido en recuperarse. El por el contrario, debería quedarse un rato más. Gregorio tenía demasiada energía y le envidiaba eso de buena manera. Era cómo un conejito Duracell.
—“Voy a extrañar eso” —pensaba Sebas, suspirando.
Gregorio y él habían iniciado una relación puramente sexual y así la habían mantenido por mucho tiempo. Gregorio se iba y venía a voluntad, y Sebastián lo llamaba cuando así lo quería. Se cumplían mutuamente y ambos estaban satisfechos con ello.
Pero Gregorio encontró a René. Y sus visitas se empezaron a hacer cada vez mas esporádicas, y más numerosas eran las excusas que daba cuando Sebastián le llamaba.
Sebastián no iba a esperar a que Gregorio terminara con él, especialmente porque sospechaba que el dominicano estaba tardando en hacerlo en honor a los viejos tiempos y por el temor a lastimarlo. Puras tonterías.
Hubo días en que Sebastián sintió algo por Gregorio. Pero nunca llegó a albergar esperanzas, destruyendo esos sentimientos apenas se daba cuenta de ellos.
La razón era sencilla: Gregorio merecía algo mejor. Era atlético, carismático, un monstruo en la cama dispuesto a probarlo todo.
Y Sebastián era el geek que iba a convenciones de Star Treek con un gusto por los juguetes sexuales. No más, no menos.
Y aun así…
—“De verdad, voy a extrañarte” —Sebastián se acercó al rostro de Gregorio, depositando un beso en su frente, luego se acomodó, dándole la espalda. Estaría bien.
Gregorio murmuró algo inentendible, moviéndose y de pronto abrazándolo, acurrucándose en su espalda.
Sebastián tragó en seco, nervioso al sentir un latido fuerte en su pecho.
—“Mierda” —pensó. Aun le quedaban cosas por arrancarse.
FIN
Sebas cantando “MY heart will go on”. Nunca he oido esa canción.
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Sebastián y René habían trabajado duro para la colección de verano. Faltaban pocos días para entregar las ropas, y aun seguían teniendo problemas con una prenda en particular: pantalones cortos de lino y camisa manga corta. Se habían quedado hasta tarde para mirar la ropa a fondo, en un estudio rodeados de maniquíes. Necesitaban hacer algo al respecto.
—¿Qué te parece? —preguntó Sebastián, sin dejar de mirar al modelo con escrutinio.
René miraba la ropa con ojos inquisidores, observando como la ropa quedaba en el cuerpo e imaginando como se vería cuando caminara en la calle. Parecía perfecta, pero ese era el detalle; parecía, no lo era.
—¿Y si le agregamos una bufanda? —sugirió.
Sebastián lo miró incrédulo.
—¿Bufanda en verano?
—Lo sé, lo siento. Es que me desespero.
— ¿Saben que me desespera a mí? —Habló el modelo, sin dejar de hacer la pose—. Verme como un idiota y más marica que los dos maricas que me vistieron así.
—Greg, los maniquíes no hablan —observó Sebastián—. Date la vuelta.
Gregorio murmuró algo acerca de su sueldo mientras obedecía la orden.
—Me alegra saber que al menos la retaguardia quedó perfecta —mencionó Sebastián, sonriendo un poco.
—Lo sé, es genial. ¿Y si rehacemos todo menos eso? —Propuso René—. La verdad, tenemos algo de tiempo.
—Acepto. Gregorio, desnúdate.
Gregorio les miró por encima del hombro con sospecha.
—¿Para trabajar o para…”trabajar”? —Quiso saber—. Porque mis medidas siguen siendo las mismas.
—Solo quítate la ropa, estamos estresados y eso es relajante —dijo Sebastián, cruzándose de brazos—. Y hazlo despacio.
Gregorio suspiró mientras se desabotonaba la camisa. Si tan solo no le gustara tanto desvestirse ante la mirada de esos dos. En otra vida debió haber sido stripper.
Esto me tomó exageradamente demasiado por tres motivos: 1) odié lo que escribí de noche, so, reinicié. 2) finde problemático, como siempre. 3) Y de pronto no tengo idea como escribir insinuaciones. La parte de gente alrededor revoloteando va sin numero. Jaja, meh. Lamento mucho la tardanza para un flash dear.
Indirectas.
—¡Te ves bien!
—¡Gracias!
Este intercambio fue de varios entre Martín y Daniel, apenas se encontraron en la fiesta de Miguel. No fue algo a lo que Martín le prestó atención, hasta que mientras estaba bebiendo algo y conversando con Miguel junto a las bebidas, Daniel pasó para tomar, una, rosando su cuerpo contra el suyo mientras tomaba una.
—Perdón —dijo mirándole a los ojos de una forma exageradamente fija para luego retirarse tan rápido llegó.
—No problema —musitó Martín lentamente, viéndolo irse. Daniel no le había dado mucho para sospechar, pero Martín sintió la sutil pista en cuanto le vio a los ojos.
—Pues, cómo te seguía diciendo… —Martín volvió a centrarse en Miguel, continuando la conversación con una sonrisa entretenida en sus labios. ¿Cuántas pistas podría darle Daniel antes de rendirse?
La fiesta siguió, y Daniel también. Y por cómo se comportaba, al parecer le era entretenido soltar sus pistas.
La próxima fue cuando Gregorio alzó la cámara, gritando que iba a tirar una foto y todo el mundo corrió para apretujarse entre ellos y salir en ella. Daniel se colocó frente a él, se inclinó hacia el frente y básicamente hizo de la foto imposible de salir en publicaciones familiares. El alcohol estaba matando su sutilidad, muy, muy rápido.
Luego Martín estaba sentado sobre el sofá, hablando con María acerca de cierto partido de futbol que querían planear.
Daniel vino muy alegre, se tiró sobre el regazo de Martín, para luego disculparse diciendo que no lo vio y tomar otro espacio vacío en el sofá. Tecleó algo en su celular y volvió a partir.
Segundos más tarde, Martín atendió el sonido de alarma de su celular para descubrir que le habían enviado un mensaje.
Abrió los ojos plenamente al abrir el mensaje y ver que Daniel, Gregorio y Miguel se habían juntado y decidido que lo mejor que podían hacer era bajarse los pantalones y dejarse fotografiar el culo. Porque pensaba que la idea realmente había sido de Miguel…
El mensaje venía con una “kissy face” y una pregunta: “¿Cuál de esos quieres besar?”
—Vaya —dijo María, que al ver la expresión de Martín se acercó para ver el mensaje—. Qué bueno que solo te deja escoger uno, así me quedo con los otros dos.
Martín la miró con una sonrisa de complicidad.
—Entenderás que dejaremos esta conversación para después.
—Sigue tu destino, joven guerrero —respondió la chica, con aires de sabio monje tibetano—. Y envíame esa foto, si no es mucha molestia.
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Entraron al cuarto de forma apresurada, desvistiéndose al tiempo en que se besaban de forma torpe.
Martín cerró la puerta dándole una patada mientras Daniel reía de la prisa en que su primo parecía querer quitarse la ropa. Ni que estuvieran en llamas.
—Migue te va matar —comentó Daniel mientras se retrocedía ante los avances de Martín hasta caer sentado en la cama.
—Se morirá de celos antes de que pueda hacer algo —respondió Martín, terminando de sacarse los pantalones y jalando los de Daniel. Diablos, su primo se veía bien en ropa interior. La prenda le daba un toque que la única forma en que podía definirlo era una sola palabra: tentación.
Martín se recostó sobre Daniel, quien se dejó caer sobre la cama, abriendo ligeramente los labios para recibir a Martín con un beso, colocando sus brazos alrededor de su cuello.
El olor a alcohol no le molestaba a ninguno de los dos, más bien parecía instigarlos a entrelazar sus lenguas, mordisquear sus labios y en el caso de Daniel, pasear las manos alrededor de la espalda desnuda de Martín.
El argentino empezó a moverse, frotando su entrepierna contra la de Daniel, mientras gemía cada vez que paraba de besar a su primo para buscar un poco de aire.
—Amo cuando haces eso —musitó Daniel, su sonrisa llena de lascivia.
—Lo sé —respondió Martín, satisfecho, tomándose un segundo para apartar un mechón de pelo pegado al sudor en la frente de Daniel.
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No pasó mucho para que la ropa interior también quedara en el piso o al borde de la cama, próxima a caerse.
Martín sonrió al ver a Daniel darle la espalda, apoyándose en manos y rodillas, las cuales apoyaba sobre el colchón bien separadas la una de la otra. Si quería penetrar a Daniel, tendría darle algo que lo hiciese rogar por ello.
Y Daniel no suprimió el gemido que se formó en su garganta tan pronto sintió la lengua de Martín curiosear su agujero.
—Joder —dijo extasiado, dejando de apoyarse sobre sus brazos lentamente, apoyando su rostro sobre la cama, pero manteniendo sus caderas bien arriba para Martín.
—No pares Marti, no vayas a parar —le pedía en un tono suplicante.
Daniel tenía los ojos entrecerrados, por lo que pudo notar cierto brillo fugaz que iluminó la habitación por unos instantes, varias veces.
Martín también lo notó, y dejó lo que estaba haciendo para enderezarse y girar hacia la puerta, encontrándose a Sebastián y a Gregorio, el primero con su celular mirándolos entretenido. El segundo parecía algo perturbado por las acciones del primo menor.
—Eh… perdonen, no sabía que estaba ocupado —dijo Gregorio, tomando a Sebastián del brazo y tirando de él para hacerlo salir.
—Pero no se molesten por nosotros, ustedes sigan en lo suyo —replicó el uruguayo, resistiendo a Gregorio.
—Largo Sebas —le dijo Martín. No estaba molesto, pero si quería su privacidad…esta vez.
—Ya deja eso —masculló Gregorio, tirando con fuerza de Sebastián y haciéndolo salir finalmente.
Daniel solo atinó a reír.
*--------
—¿Le acabas de tirar fotos a tus primos cogiendo? —cuestionó el dominicano, luego de cerrar la puerta.
—OTP —explicó Sebastián sonriendo con simpleza, revisando dichas fotografías. Hermosas.
Gregorio le miró con honesta sorpresa.
—Eres… eres la persona más PERVERTIDA que jamás he conocido —le dijo Gregorio en tono serio, pero sus palabras no sonaban como si fuese un reproche, más bien llenas de admiración y deseo—. Eres tan… perverso.
—¿Crees que esto es perverso? —Preguntó Sebastián, sin sentirse mínimamente insultado por las acusaciones –en realidad, se sentía excitado por ellas-, mirándolo de reojo—. ¿Y qué me dices del plan de cogerte en el baño con la puerta abierta? Te imagino sentado sobre mi pija, dándome la espalda. Y cada vez que alguien se asoma, lo primero que ves es tu cara extasiada y tu pija erecta mientras subes y bajas sobre la mía.
Gregorio soltó un resoplido, su cuerpo pareció temblar ante la idea. Le encantaba.
—Estás demente…
Sebastián sonrió con sorna, tomando a Gregorio de la remera y tirando de él hacia el baño.
—También eres parte de mi otra OTP, Greg —fue lo que le dijo antes de hacerlo entrar al baño.
Daniel se recostó sobre la cama, sintiendo a Martín depositar todo su cuerpo sobre el suyo. Amaba cuando hacía eso, le gustaba sentir el cuerpo del argentino cubriéndolo por completo. No solo le excitaba, sino que le hacía sentirse protegido, por extraño que parezca. Claro esta, sentir la pija de Martin
El colchón crujía ante las embestidas de Martín, quien levantaba sus caderas para golpear el culo de Daniel con ella, disfrutando del interior de Daniel. Estaba extasiado ante el calor que desprendía el cuerpo de Daniel. Quizás demasiado, porque debió haberle importado lo que pasó a continuación.
—¡Pero qué carajos! —Estalló Miguel al entrar en su habitación, agarrándose la cabeza con una expresión de terror—. ¡¿Qué mierda están haciendo en mi cama?!
Ninguno de los dos pareció prestarle atención a Miguel en ese instante. Martín estaba muy cerca de su orgasmo, y la pasión de sus movimientos se transmitía a Daniel.
—¡Martín Hernández! ¡No te atrevas a correrte sobre mi cama! —le gritó, señalándolo con el dedo amenazador, reconociendo esos gemidos idénticos a los de películas porno cuando estaban a punto de correrse.
En ese momento, se oyó un gran alboroto en el primer piso, y Julio subió hasta la cima de las escaleras para gritarle a Miguel:
—¡Ey! ¡Francisco está haciendo stripper encima de la mesa!
—¡Me compras sabanas nuevas! —gritó Miguel antes de bajar corriendo las escaleras porque prioridades.
Daniel rió bajamente, y Martín respondió con una sonrisa. Era lo mas que podía hacer antes de fruncir el seño y gemir con tono aliviado. Una clavada profunda en el culo de Daniel fue lo último que necesitó para alcanzar su orgasmo.
Daniel miraba a su primo complacido. Ver a Martín correrse era uno de los gustos de su vida. Pero lo mejor venía después, cuando Martín se concentraba completamente en hacerle llegar al orgasmo.
—Tú te lo buscaste —le dijo Martín al ver su miembro erecto aun sin correrse.
Daniel sonrió expectante. Terminarían comprándole a Miguel una cama nueva, pero iba a valer la pena.