escribo estas palabras porque a veces el corazón siente tanto que las palabras dichas se quedan cortas o se enredan.
Primero, quiero darte las gracias desde lo más profundo de mi alma por el paso que diste al conocer a la Agustina y a la Josefa. Para mí, ellas son mi vida entera, y ver que te abriste a compartir con ellas, a entrar en nuestro mundo y a querer conocerlas, significa más de lo que imaginas. Gracias por tu valentía, por tu paciencia y por el cariño que demuestras al aceptarme con ellas.
Sin embargo, también te escribo para pedirte perdón. Sé que soy arrebatada, que a veces mis impulsos y mis reacciones me ganan antes de pensar con claridad. No es una excusa, pero es algo en lo que estoy trabajando porque sé que mi forma de actuar puede herirte o alejarnos.
Lo que más tengo claro hoy es que no quiero perderte. Eres una mujer increíble eres demasiado valiosa como para dejar que mis arrebatos lo empañen. Te amo y mi único deseo es que sigamos caminando juntas, aprendiendo la una de la otra y fortaleciendonos aunque sea difícil.
Perdóname por mis errores, y gracias por ser tú.
Con todo mi amor,
Claudia Patricia Vega Jara











