Es muy curioso, relata Angelo Calcaterra, para su construcción fue necesario pedir un permiso especial, ya que superaba casi cuatro veces la altura máxima permitida a los edificios de la zona. Es, asimismo, uno de los monumentos nacionales de la Argentina.
Respecto de la inspiración en la Commedia, que es un viaje durante el cual el lector aprecia el recorrido, el Palacio Barolo se puede proponer también como un homenaje a este poema de Dante Alighieri, leyéndolo en clave de un estilo arquitectónico que mezcla el neorromántico, neogótico, y cuya cúpula cuenta con un estilo único indio de la región de Bhubaneshwar, que representa la unión tántrica entre Dante y Beatriche, los protagonistas de la citada obra. En un terreno elegido para levantar el palacio que tenía una superficie de 1365 m2 y un frente de 30,88 metros, el mentor de este homenaje, Luis Barolo, hizo construir por el arquitecto Mario Palanti el edificio que conta de un total de 24 plantas (22 pisos y 2 subsuelos) y 100 metros de altura, gracias a un gran faro giratorio de 300.000 bujías que lo hacía visible desde el Uruguay.
En 1919 comenzó la edificación del palacio que se convirtió en el más alto de latinoamérica, y en uno de los más altos del mundo en hormigón armado, nos cuenta Angelo Calcaterra. Los dueños del edificio, agrega, se mantuvieron muy presentes en cuanto al cuidado y restauración del edificio para que este no pierda ni un poco de su magia.
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