Embajadores del vómito
¿Qué condiciona el hecho de que un tÃo nos cause repulsión? ¿Son la naúsea o la tirria efectos exclusivos de una fisonomÃa asimétrica o de un rostro elefantiásico? Familiarizados con lo extraño, y precisamente porque lo admiramos, pensamos que lo fÃsicamente monstruoso ya no es representativo de la angustia o el vahÃdo, que hace falta algo más. En estos tiempos del destape cerebral es necesaria una conducta, formar parte de un patrón, de un estereotipo para repugnar. Y tenérselo tan creÃdo que no pueda evitar cumplirlo a rajatabla, ejecutarlo como dios manda.
Estereotipos hay muchos, y la edad nunca supuso un problema, viejos cochinos aparte. Asà que contamos con el repelente niño vicente, al manso traicionero, al pijo que canta canciones marxistas, al padre modelo, a poli malo o a la marica pepera. ¿Y el que pita a deshoras -y a horas-? Da igual que sea alto, moreno y guapo, porque detrás de ese perfil apolÃneo, dentro de ese tórax de escándalo, habita la grima sudando. FÃjate bien en su mirada, mira cómo tuerce el gesto, sólo asà descubrirás el asco













