Partículas blancas, partículas de sangre, partículas de un amor desvaneciéndose por lo mismo que lo había unido: el miedo a morir.
Quizás, antes de cerrar los ojos escuché la risa de una pequeña. La risa de tres pequeñas. La risa de la ingenuidad, y luego la ingenuidad corrompida por un misterio.
Que tonta había sido esa niña.
Que oscuro había sido ese misterio.
Que amor tan enfermizo había sido aquel.
Una obsesión llamada Damián.
- Damián












