Un día de abril Hoy es un día de abril, ¿te soy sincero? No había tomado mi pluma para escribir desde hace un mes, y hoy que lo vuelvo a hacer lo hago para decirte que te odio. Odio la manera en que puedas ocultar tan bien las cosas pero amo como tus ojitos me dicen la verdad. Odio que no me aceptes ahí dentro, porque bien sabes que estoy luchando por entrar, y quizá ya tienes la puerta abierta, pero me detienes ahí y no me dejas pasar. Odio, tu cuerpo, templo de vida y de desastre imaginable y lo quiero, porque si es necesario cambiar de fe, como un catolico ciego me vuelvo adicto a tu palabra. Y odio lo mucho que me gustaría besarte la piel, erizarte cada rincón de él, volverte gallinita hasta el último cabello. Y odio tus dedos que se meten tan perfectamente en los míos. Y odio tus labios, arqueados por tu bella sonrisa. Y odio tu forma natural de ser buena. Y que digas lo contrario y pelear y seguir viéndote perfecta. Odio verte perfecta, porque amo admirarte imperfecta. Odio tus ojitos cafés que provocan insomnios insoportables, días sin sueños que me provoca llamarte y decirte, te quiero. Odio no poder mentirte, ni mentirme y decirme que no, que no te quiero aquí y aclararte que si, que si me puedo ir. Odio, tú intelecto y tus buenas críticas, me hacen querer estar contigo, y que me enseñes y yo enseñarte y seguir caminando de la mano, riéndonos de la mala política, de tus anécdotas graciosas cuando niña. Odio querer saber de ti y conocer tus secretos y guardarlos y también amarlos como quiero hacerlo contigo. Odio no tener el valor, de ir por ti, te odio por provocarme tal insatisfacción. Odio que seas una inquieta y se te salga la risa en el momento más serio, muchacha que no ves que el sonido de esta misma me vuelve loco, un loco precioso maniático, que le dan ganas de arrancarte la nariz a besos, de llenarte la carita de chupetes. Odio reírme de ti, de tus caras bobas, y tus incoherencias y que me encantes toda boba. No seas tonta, mejor vuélveme loco con tu mal humor, con tu mal trato, con tus palabras directas, que aunque por mucho que lo has intentado, siempre logra sacarme más de quicio tu voz, cuando mencionas mi nombre. Odio prometerte que no te escribiré más. Lo siento, hoy recaí y quizá mañana lo haga de nuevo, y toda la semana que viene, y el próximo mes, yo que madre se, pero no sabes cuántas ganas me dan por estar contigo. Te odio, ¡te odio!, ¡te odio!... Pero para que me hago pendejo, si bien sabemos los dos que no puedo odiarte. Amo quererte y que me gustes de una manera incontrolable, hoy es un día de abril, y volví a escribir de ti.











